martes, 12 de febrero de 2019

Sufrir Bullying de forma crónica altera la estructura de determinadas áreas cerebrales e incrementa el riesgo de padecer una enfermedad mental

Un reciente estudio ha mostrado víctimas de Bullying continuo tienen mayor riesgo de padecer Depresión, Ansiedad o Hiperactividad al llegar a la edad adulta.

A nadie se le escapa que cualquier situación adversa y estresante tiene efectos negativos más allá de la propia experiencia, como se observa, por ejemplo, en el Trastorno por Estrés Postraumático. Tampoco tomaría a nadie por sorpresa escuchar que cuando una experiencia adversa se experimenta durante un largo periodo de tiempo y de forma habitual, incrementa esos efectos, como en el caso de Trastorno de Estrés Postraumático Complejo. Además, recientes investigaciones han demostrado qué, cuando esto sucede en la infancia, ello tiene un fuerte impacto sobre su estructura cerebral, aumentando el riesgo de psicopatía. Parece, pues, obvio que ser víctima de Bullying durante un periodo continuado, puede tener este tipo de efectos. En Diciembre de 2018, la revista Molecular Psychiatry publicó un estudio liderado por Erin Burke Quilian, neuróloga e investigadora del King´s College de Londres, en el que se detalla cómo y de qué forma, el ser víctima constante de Bullying altera la estructura cerebral.

Bullying


En dicho estudio se encontró que aquellos adolescentes que sufren Bullying de forma continuada, tienen mayores probabilidades de padecer  síntomas propios de Depresión, Ansiedad e Hiperactividad a la edad de 19 años. Estas mismas personas, además, muestran alteraciones con respecto a las áreas izquierdas de su Putamen y Núcleo Caudado, con respecto aquellos que sólo sufrieron acoso de forma puntual y resto de la población. Hay que recordar que ambas estructuras forman parte de los Glangios Basales y que intervienen tanto en el movimiento y en el aprendizaje.

En este estudio participaron 682 adolescentes que forman parte del proyecto "IMAGEN", un estudio longitudinal acerca del desarrollo cerebral durante la adolescencia y la salud mental. a los participantes, distribuidos entre Inglaterra, Iralanda, Francia y Dinamarca, se les sometió (a las edades de 14, 16 y 19) a un test en el que se les preguntaba si habían sido víctimas de Bullying, desde cuando y con qué frecuencia, de la misma manera que fueron sometidos a escáneres de Imagen por Resonancia Magnética Estructural.

¿Qué es el Bullying?


Se entiende por Bullying el maltrato físico y/o psicológico deliberado y continuado que recibe un niño por parte de otro u otros, que se comportan con él cruelmente con el objetivo de someterlo y asustarlo, con vistas a obtener algún resultado favorable para los acosadores o simplemente a satisfacer la necesidad de agredir y destruir que éstos suelen presentar. Este puede ser de diversos tipos:
  • Físico: cuando requiere algún tipo de agresión física, por ejemplo: Golpes, empujones...
  • Social: cuando se excluye de un círculo social o margina públicamente a la víctima. 
  • Psicológico: cuando se infieren en burlas o en minar la autoestima de la víctima, de la misma manera que infundiendo temor en ella.
  • Verbal: cuando se cae en el insulto, motes o resaltar defectos físicos.
En definitiva, el Bullying implica una repetición continuada de las burlas o las agresiones y puede provocar la exclusión social de la víctima. Aunque el término original, anglosajón, se refiere a cualquier contexto, incluso de hijos a padres, en castellano el término es aceptado únicamente cuando sucede entre pares.

Conclusión


El Bullying es un problema creciente en las escuelas del mundo occidental, agravado por el temprano acceso de los jóvenes a las redes sociales, que ha originado otro gran problema conocido como Cyberbullying, o Ciberacoso, que en muchos casos, escondidos en el anonimato, proporciona mayores herramientas a los perpetradores.

Bullying

A la luz de los resultados del estudio liderado por Burke Quilian, es importante prevenir que esta práctica se produzca para incidir positivamente en la salud mental de las próximas generaciones. Es por ello recomendable implantar en centros educativos programas de educación e intervención, tanto para los alumnos, como así para los padres. 

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