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miércoles, 12 de diciembre de 2018

Siete señales de qué estás siendo demasiado duro contigo mismo y cómo combatirlas

En ocasiones, se sufre más por la presión que nos autoimponemos qué por las circunstancias que vivimos o por la falta de recursos a nuestro alrededor. Estar atentos a una serie de señales puede ayudarnos a identificar si nos encontramos en dicha situación y seguir una sencilla lista de pasos podrá ayudarnos a escapar de ella o mitigar sus consecuencias.

El ser humano tiene una tendencia natural a no juzgarse a sí mismo de la misma manera qué a los demás. Normalmente, esto se traduce en ser más benévolo con uno mismo, como un mecanismo para preservar la autoestima y, en ocasiones, al excederse en esta práctica, se traduce en problemas como narcisismo o lo que se conoce cómo el Síndrome de Pollyanna (optimismo exacerbado y desadaptativo). No obstante, otras personas tienen la tendencia opuesta y acostumbran a juzgarse a uno mismo con una dureza exacerbada. Esto puede ser una auténtica carga para estas personas, bien porque esa pobre impresión sobre ellos mismos les conduzca a la depresión, o bien porque se traduzca en una tendencia al "perfeccionismo" cuyas expectativas irreales se traduzcan igualmente en problemas derivados del estrés y la ansiedad surgidos de esa misma autoexigencia.



Estas personas tienden a racionalizar esa percepción negativa que adoptan de si mismos, de manera qué es difícil qué ellos mismos terminen siendo conscientes de la existencia del problema. Por ello, la psicóloga y escritora Alice Boyes, en un artículo escrito para Psychology Today en octubre de 2018, sugiere siete señales a las que prestar atención y consejos para actuar una vez qué son identificados. Estas son:

1.- Te bombardeas por errores cuyas consecuencias son insignificantes


Muchas veces el problema es qué esos errores y defectos que provocan estas sensaciones son objetivamente ciertos, pero la importancia qué se les da es desmedida. Es completamente imposible no cometer una serie de pequeños fallos en nuestro día a día, por muy cuidadoso que uno sea. Por ejemplo, una persona que siempre sea muy meticulosa a la hora de hacer la compra, tanto para qué los productos no caduquen, cómo para que tengan la mejor relación calidad-precio, puede ocasionalmente comprar una ristra de yogures que termine caducando mucho antes de qué de tiempo a comérselos o no darse cuenta de qué en la bolsa de manzanas ha incluido, por error, una ya podrida.

El consejo que aporta la doctora Boyes para este problema es fijarse un área dentro de la cual es admisible fallar. Por ejemplo, si un determinado error te ha hecho perder una cantidad inferior a 10€ o supone un retraso por debajo de 10 minutos, no considerarlo como tal.

2.- Te sigues lamentando por un error cuyas consecuencias ya has corregido


En este caso, el ejemplo que expone la autora lo explica a la perfección: "Hoy mismo he llamado a una persona por otro nombre en un correo electrónico. Poco después he caído en la cuenta y le he mandado un segundo correo a modo de disculpa, pero tras esto me he seguido siento mal. Es innegable qué es muy desconsiderado cometer un error así y, además, hace un par de semanas me pasó exactamente lo mismo con otra persona, pero a pesar de ello, una vez enmendé el error, debería de permitirme seguir adelante", expuso Boyes.

El sentimiento de culpabilidad tiene una función específica, motivarnos hacia la corrección y ayudarnos a qué el comportamiento no se vuelva a repetir, pero si una vez ha cumplido su función, sus consecuencias negativas persisten, termina siendo algo altamente perjudicial. Por ello hay que entender qué ser capaz de enmendar un error es una competencia admirable cómo hacerlo bien desde el principio.

3.- Siempre le das más importancia a otras cosas qué a ti mismo


Supongamos que tu colchón se ha roto y te provoca una gran incomodidad. Sabes qué tienes qué comprarte otro, pero ese día tienes una serie de responsabilidades y no puedes sacar tiempo para ello. Sin embargo, lo mismo sucede al día siguiente y el siguiente, hasta que ha pasado un año entero y aún no has sacado un hueco para hacer algo importante para tu comodidad y salud. Esto sería una señal de qué no te das la importancia que deberías, con las correspondientes consecuencias que ello tiene para tú salud física y mental.

En el ejemplo del colchón se entiende qué es algo relativamente vital, ya qué una mala calidad de sueño tiene importantes repercusiones sobre la salud, pero esto también puede identificarse con darse un capricho ocasional. Si uno tiene el deseo de ir a un nuevo restaurante que han abierto en la ciudad o de ver una determinada película y en un enorme periodo de tiempo no ha sacado tiempo, es igualmente una señal.

Un buen consejo podría ser establecer un tiempo al día o a la semana como "tiempo para ti" y registrar si se ha cumplido o no. No hay que olvidar qué sentirse bien con uno mismo es un aspecto vital para rendir correctamente en el trabajo y otros aspectos del día a día.

4.- Cuando alguien te trata mal, tiendes a pensar qué es culpa tuya


Puede existir la tendencia a pensar de qué, si alguien llega tarde a una cita, es culpa tuya por no recordárselo, si alguien se enfada contigo es por qué tú has provocado ese enfado, qué si alguien no te ha dicho algo qué es importante qué sepas, es porque no eres una persona con la qué es fácil comunicarse o si alguien te explica algo mal es porque no has sabido interpretarle.

Por supuesto, es completamente posible qué, en momentos concretos, estas conclusiones sean ciertas y sea bueno saber reconocerlo y actuar en consecuencia, pero si se adoptan cómo hábito, seguramente exista un problema. Cuando existen conflictos y malentendidos entre dos o más personas, difícilmente el 100% de la culpa es de una de las partes y es recomendable examinar más detenidamente los hechos para saber qué porcentaje de culpa te corresponde.

En cualquier caso, ante este tipo de situaciones, siempre será recomendable, de una forma asertiva,  pedir explicaciones de por qué la otra persona te está tratando así, a través de ese diálogo, se podrá descubrir que se ha tenido mayor o menor porcentaje de culpa, pero siempre será de ayuda para mejorar la calidad de la relación que se tenga con esa persona y preveer lo qué pueda pasar una vez que te puedas enfrentar ante una situación similar.

5.-  Siempre te esfuerzas al máximo


Dicho así, uno puede pensar qué dar lo máximo de uno mismo en cualquier aspecto, es algo positivo y admirable. No obstante, aunque parezca una obviedad, la capacidad humana es limitada y no saber escoger el esfuerzo necesario que dedicarle a cada tarea, puede provocar qué se gasten recursos en tareas que no lo requieran y no queden energías para otras tareas qué si. Además, existe la posibilidad de qué, al verse uno mismo sin la energía suficiente para llevar a cabo dichas tareas, se culpe a uno mismo por no tener la habilidad requerida.



Cómo todo, dicho así parece muy fácil, pero si una persona se encuentra en esa espiral seguramente es porque no es capaz de distinguir qué situaciones requieren de ese esfuerzo extra y cuáles no. Un consejo para identificarlas sería hacer la prueba, en alguna ocasiones, de no hacer ese esfuerzo y valorar el impacto que ello conlleve. Por supuesto, esta valoración se ha de llevar con las herramientas proporcionadas en anteriores ejemplos que garanticen objetividad.

6.- Consideras qué tu vida es un fracaso, a pesar de una fuerte evidencia en contra


Este problema suele deberse a qué se le preste mucha más atención a los aspectos negativos que a los positivos de la propia vida. En muchas ocasiones, el problema no está en no saber reconocer las propias habilidades, sino en restarles mérito.

Un consejo ante esto es tratar de averiguar cómo los demás valoran tu vida y tratar de pensar si se percibiera una vida similar en otra persona, cómo se valoraría.


7.- Eres más benévolo al juzgar los errores de los demás que los propios


En el día a día es habitual cometer errores "tontos", cómo tocar la puerta del horno, aún sabiendo qué está encendido o derramarse la bebida encima. Cuando observamos estos errores en otras personas, normalmente no le damos importancia, ni pensamos qué esos fallos se deben a factores permanentes de la persona. No obstante, puede suceder qué, cuando nos pasa a nosotros mismos, se vea desde una perspectiva muy distinta.

El consejo que aporta Boyes ante esta situación es pensar en qué le dirías a una persona qué ha cometido el mismo error qué acabas de cometer y decírtelo a ti mismo.

Conclusión


Ser demasiado perfeccionista es una estrategia contraproducente, ya que ello conlleva un estrés que termina siendo perjudicial para la propia toma de decisiones, además de los problemas de salud que ello puede acarrear. Tanto si crees qué este puede ser tu caso, como si no, seguir esta serie de sencillas pautas puede ayudarte a mejorar tu calidad de vida.

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