miércoles, 28 de noviembre de 2018

¿Por qué unas personas se orientan mejor que otras?

Nuevos estudios indican qué existen factores mucho más relevantes que las diferencias de género en cuanto a la habilidad de orientarse.

Siempre ha existido la creencia de qué, en líneas generales, los hombres tienen mejor habilidad para la orientación de las mujeres. Esta creencia ha sido alimentada por diferencias anatómicas encontradas entre el cerebro de ambos. Posteriores investigaciones ponían en evidencia qué su procedimiento para orientarse acostumbra a ser distinto, ya que mientras los hombres acostumbran a crear mentalmente mapas bidimensionales, las mujeres se guían por rutas y puntos de referencia. Esta diferenciación podría tener una explicación evolutiva por la diferenciación del trabajo en los inicios de la sociedad humana, dónde los hombres se encargaban de la caza y la mujer de la recolección. Teniendo en cuenta qué los animales iban a la carrera y trataban de esconderse y qué los productos agrícolas siempre permanecían en el mismo sitio, en cada uno de los casos citados, dicha manera de orientarse parece la más adecuada para cada uno de los casos y, entrenarlas pudo haber supuesto las diferencias cerebrales mencionadas en las presentes generaciones.

orientación


A pesar de lo expuesto en el párrafo anterior, no hay evidencia de qué realmente haya diferencias significativas de género en cuanto a la calidad de la capacidad de orientación y, aún aceptando la diferenciación de la metodología, tampoco podría decirse qué una fuese mejor que otra, ya que ambas pueden ser útiles para orientarse efectivamente. Todo esto llevó a los psicólogos a Steve Weisberg y Nora Newcombe a desarrollar, en 2018, un experimento para conocer otras variables que podrían afectar a la capacidad de orientación más allá del género.

El experimento Weisberg Newcombe


En la primera fase del experimento, le pidieron a los participantes que recorrieran, a través de un programa de Realidad Virtual, un campus dotado de varios caminos y edificicios. En esta etapa, los participantes realizaban cuatro rutas, en las dos primeras, los participantes caminaban por rutas principales, las cuales nunca se cruzaban, a la vez que aprendían los nombres de los distintos edificios que componían el campus. En las dos restantes, estas vías principales se cruzaban. Esta primera fase no ofrecía ningún dato, simplemente valía para qué los sujetos creasen su mapa mental, asegurándose los experimentadores, al ser un entorno virtual, de qué se tratase de un área  desconocida previamente por los sujetos, proporcionando tantos puntos de referencia (distintos edificios con distintas características y nombres), así como referencias espaciales (las distintas vías y sus intersecciones).



La fase experimental de por sí, consistía en dos tareas distintas:


  • En la primera fase, los sujetos volvían a acceder al entorno virtual, siendo situados en frente de un edificio y teniendo que señalar, desde su posición actual, la dirección por la que se llegaría a otros edificios.
  • En la segunda, se les mostró un plano del campus y se les pedía situar iconos en el edificio adecuado.
Cómo puede apreciarse, a lo largo de todas estas tareas, se miden ambas formas de orientarse, ya sea por mapeo, como por reconocimiento de puntos de referencia. 

Resultados


La concepción clásica era qué cualquier persona, para tratar de orientarse, emplean, o bien una de las técnicas citadas, o bien la otra, existiendo, por así decirlo, únicamente dos tipos de personas en cuanto a su orientación. No obstante, tras los resultados obtenidos por Newsberg y Newcombe, estos experimentadores proponen que ambas técnicas interactúan y qué, dependiendo del grado de habilidad en cada uno de ellos, se pueden generar tres tipos de orientadores:

  • Integradores: son aquellos que son bastante hábiles tanto en el mapeo, así como en el reconocimiento de puntos de referencia.
  • No integradores: personas que se muestran habilidosos con los puntos de referencia, pero no con el mapeo.
  • Navegadores imprecisos: aquellos que muestran un desempeño muy pobre con ambas técnicas.
De esta clasificación se deduce que la investigación no encontró a personas qué, teniendo un desempeño pobre con puntos de referencia, puntuasen alto en mapeo.

Conclusiones


Todavía hay que realizar una investigación más exhaustiva para obtener evidencia empírica, pero los investigadores de este experimento han propuesto distintas hipótesis para tratar de explicar sus resultados:

  • Motivación: lo primero que plantearon es qué, al desarrollarse el experimento en un entorno virtual y qué, en consecuencia, perderse no tendría auténticas consecuencias, cómo sucedería en la vida real, los resultados de aquellos que mostraron un rendimiento más pobre podría haber sido, por falta de motivación hacia el rendimiento de la tarea. Para controlar esto, repitieron el experimento ofreciendo una recompensa económica a quienes realizasen la tarea correctamente, pero esto no varió los resultados encontrados. Tampoco hay que olvidarse que, al saber que su desempeño estaba siendo examinado, incluso cuando no se ofrecía incentivo económico, podría estar ejerciendo efecto la "Facilitación Social". 
  • Ansiedad: otra de las hipótesis fue que a aquellas personas que han tenido malas experiencias en el pasado con su capacidad de orientación, les puede generar ansiedad el miedo a volver a fracasar en dicha tarea. Efectivamente, aquellos a los que el experimento catalogó de "navegadores imprecisos" declararon, en gran parte, sentir ansiedad cuando tienen que llegar a un sitio en el que no han estado nunca. Este estado puede empobrecer sus habilidades cognitivas.
  • Habilidades cognitivas: aquellos que fueron catalogados como "integradores" también mostraron mejor desempeño en tareas de rotación mental o en responder a si dos objetos son iguales sin necesidad de manipularlos.
  • Patrones de personalidad: analizando los cinco grandes rasgos de personalidad, se observó que los integradores puntuaban alto en "apertura a la experiencia", "extraversión" y "responsabilidad".
Atendiendo a estos factores, puede entenderse que, por una parte, existe una habilidad innata que facilita el poseer una buena orientación, pero algunas de las características señaladas incitan a ejercitar o no dicha habilidad. Aquellas personas a las que le guste salir y conocer sitios nuevos, practican a menudo esta tarea e, independientemente del factor biológico, cualquier tarea que se repita, se mejora y se afianza. Por el otro lado, personas a las que tratar de orientarse le genere sentimientos negativos y, además no esté interesado en salir y conocer sitios nuevos, no pueden mejorar en esta habilidad por la falta de práctica, en consecuencia, en caso de qué una persona desee mejorar en su desempeño, podría ser recomendable que trabajase igualmente en dichas variables.