miércoles, 24 de octubre de 2018

Los médicos estornudan y los psicólogos se estresan

En julio del año 2017, a través del portal "Rasgo Latente", la psicóloga social comunitaria Iria Reguera Vigo publicó un artículo denominado "Soy psicóloga y sufro ansiedad", en el cual describe la experiencia vivida, desde un año atrás, en el que identificó en ella misma síntomas de un Trastorno de Ansiedad Generalizada y la manera en la que, al sucederle esto siendo ella una profesional de la Psicología, incidió tanto en la manera de lidiar ella misma con el problema, así como en la percepción de los demás hacia el problema.

Psicologo ansiedad
 La propia Reguera, quien asegura haber sido capaz de ayudar a amigos personales con problemas similares (cabe destacar que, debido a su especialidad, no trata profesionalmente este tipo de trastornos), emplea la expresión "En casa del herrero, cuchillo de palo", para hacer alusión de qué, a pesar de los conocimientos adquiridos durante sus años de estudio, se enfrentó a la mismas dificultades y procesos de autocensura y negación que muchos otros pacientes, incluso confiesa que le costó ser responsable con las indicaciones del médico debido a esto.

Para Iria el problema, en cierto sentido, ha sido doble, puesto que también ha tenido que vivir el estigma de que la gente pudiera poner en entredicho su capacidad cómo profesional al haber caído en uno de los problemas a los que supuestamente le han instruido para evitar. Si bien es cierto que el problema añadido de tener que disimular el padecer cualquier trastorno para no parecer débil es compartido por todos, para los profesionales de la salud puede estar magnificado, incluso para en lo referente a su autoestima, ya que esa concepción de que si padeces un trastorno era "un mal psicólogo", puede ser compartido por él mismo.

La metáfora del médico y el resfriado


Muchos psicólogos, desde el mismo momento en el que comienzan a estudiar, aseguran verse sometidos una y otra vez a las mismas situaciones estereotipadas, tales como pedir consultas gratuitas, la personas que piensan que los psicólogos son capaces de hasta leer la mente, en la misma proporción de los que tachan con vehemencia la ciencia psicológica de superchería y, por supuesto, aquellos que replican la escasa habilidad del psicólogo que en cualquier momento se muestra ansioso, estresado o muestra una expresión exacerbada. Ante este caso, el argumento más repetido es la metáfora con el médico, con la frase "los médicos también enferman".

¿Cómo es posible entonces qué un profesional de la psicología no sea capaz de prevenir, identificar y tratar un trastorno cuando le está sucediendo a él mismo? Para responder a esta pregunta, lo primero que hay que tener claro es la diferencia entre "síntoma" y "enfermedad". Una persona puede estornudar a consecuencia de un resfriado, pero igualmente lo puede hacer también a consecuencia de una alergia o que algo de pimienta se haya introducido en sus fosas nasales. De manera qué el mero echo de estornudar no es señal inequívoca de estar resfriado. Cuando se intenta saber si la persona que ha estornudado padece de un resfriado, al médico no le basta con mirar a la persona, sino que necesita realizar una serie de preguntas y pruebas para descartar el resto de posibilidades y confirmar la hipótesis.

Imaginemos ahora que la persona qué ha estornudado es el propio médico ¿Por el mero hecho de haber sido él, sería capaz de identificar, sólo con su ocurrencia si se trata o no de un resfriado? No. Igualmente debería de inspeccionar el ambiente en el que se encontraba, conocer los antecedentes y obtener determinadas pruebas. Siguiendo con este ejemplo, algunas pruebas médicas y procedimientos no pueden ser autoaplicadas, ni siquiera, por personas que saben cómo hacerlas. Por ejemplo, que un cirujano sepa cómo extirpar un apéndice, no quiere decir qué pueda (ni mucho menos que sea recomendable) extirpárselo él mismo, ya no por cuestión logística, sino también porque circunstancias como la anestesia provocan que posea la misma capacidad a un lado u otro de la mesa de operaciones.

Un médico puede saber cómo prevenir el resfriado y tomar medidas para evitar que esto pase, pero esos hábitos de vida sólo reducen la probabilidad de contraer la enfermedad, no son una garantía del 100%. De la misma manera, por mucho que condicione sus hábitos de vida, no hay nada en su mano que le impida padecer una alergia (pero si tomar medidas para que el impacto que dicha condición tenga en su vida sea lo menos nociva posible). De la misma manera, un profesional de la psicología conoce hábitos para tratar de prevenir situaciones estresantes, pero no hay que olvidar que estar las 24 horas del día pendiente de ello puede suponer, ya de por si, una situación estresante y al igual que el resto de personas, lo que está en su mano, es limitado. Por otro lado, al igual que en el caso de la alergia, hay circunstancias, cómo padecer una propensión genética a la depresión o a la ansiedad, que no pueden ser evitadas ni curadas y lo único que está en la mano quien lo padece es aprender a actuar de una forma en que esta condición le sea lo menos perjudicial posible. En otras palabras, estudiar cualquier ciencia de la salud, no altera ni tu sistema inmune, ni la forma en la que trabaja tu cerebro.

Cómo se ha mencionado en el párrafo anterior, para saber si un síntoma es causa de una determinada enfermedad, es necesario realizar determinadas pruebas diagnósticas y, en muchos casos, estas no son autoaplicables. En el caso del diagnóstico psicológico esta tarea no es más sencilla. Aunque en muchos casos no es necesario el empleo de tecnología, exteriorizar ante un profesional la vivencia de los síntomas y las circunstancias adyacentes puede dar resultados muchos más prácticos que la mera autoinspección.

Conclusión


La única manera de romper con el estigma social asociado a episodios circunstanciales de estrés o ansiedad, así como de determinados trastornos es la de conciencias y, ante todo, normalizar, cómo está normalizado el padecer un resfriado o una condición congénita como puede ser la diabetes. Son las personas en estas situaciones las que tienen que luchar por tener voz y contar sus experiencias para alcanzar esa normalización. De la misma manera, es importante que investigadores y otros profesionales inicien estas campañas de concienciación. En resumidas cuentas, que los propios profesionales normalicen su propia situación es un aspecto fundamental para avanzar en esta materia.