domingo, 25 de marzo de 2018

6 consejos a seguir para tomar decisiones importantes

La vida está llena de decisiones que normalmente tomamos sin plantearnos, guiándonos en nuestro instintos, la costumbre, o el sentido común. Sin embargo, hay ocasiones en el que tomar una decisión parece una misión imposible que estanca a una persona en una espiral de la que se ve incapaz de salir. Esto ocurre cuando las consecuencias de la decisión parecen enormemente transcendente para la vida de esa persona y/o todas las opciones se asemejan igual de buenas o malas.



Por supuesto, nadie que no sea el mismo interesado va a saber nunca cual es la decisión más certera, pero a continuación se ofrecen una serie de consejos que pueden resultar muy útiles para allanar el camino de la toma de decisiones.

1.- Comprender la importancia de la decisión


Hay ocasiones en las que una persona atiende la toma de una decisión como algo vital, pero si trata de expresar por qué, no es capaz de explicarlo. Si una persona no logra entender al 100% porque las consecuencias de esa decisión son importantes, seguramente fallará al tratar de identificar cual es la solución más conveniente.

Para saber si este puede ser tu caso. Hay tres cosas que pueden ayudar bastante.


  • Una de ellas es escribir la situación en la que te encuentras: la duda que se te plantea, por qué es importante y las distintas alternativas que existen, así como las consecuencias positivas y negativas de seleccionar cada una de ellas.
  •  La segunda es hacer exactamente lo mismo, pero hablando en voz alta, como si se le explicase a una tercera persona. La última de ellas, seguramente la más recomendable, es la de hablar del tema con una persona de confianza. La clave está en que verbalizar algo es una enorme ayuda para ordenar las ideas y la valencia emocional que ellas suponen
  • Cuando, además, una tercera persona escucha tus motivos, puede aportar un feedback que ayude a organizar la perspectiva.


Otro consejo recomendable sería imaginarse la peor situación posible (las consecuencias de tomar la decisión desacertada) y tratar de pensar cómo de probable es que ello llegue a suceder.

Cabe destacar que otro aspecto importante a tener en cuenta es, no sólo las repercusiones que la decisión tendrá sobre ti, sino a otras personas de tu entorno que se puedan ver afectadas.

Por último, uno de los factores que hay que identificar es si la decisión que se tome al respecto será, o no, de carácter permanente, o si, por el contrario, en el caso de no resultar satisfecho con una decisión inicial, será posible retroceder y adoptar otra.

2.- Clarificar tu objetivo


No se debe de olvidar que si uno no tiene claro cuál es el objetivo que desea cumplir, jamás identificará si alguna de las alternativas lo cumple. Es por ello que resulta práctico, en lugar de pensar en los posibles caminos, pensar en cual es la meta deseada y, posteriormente, valorar cual de los caminos es el más recomendado para alcanzarlo.

Una técnica que se recomienda en esta fase es la de los "cinco porqués", en la que se realiza la pregunta "¿Por qué tengo este dilema?" Y una vez se halle la respuesta, preguntar por qué esa es la respuesta y seguir el mismo proceso hasta haber preguntado "por qué" cinco veces.

Ejemplo de la técnica de los 5 porqués | Foto: progressalean.com
Esta fase también ayuda a clarificar cuales son las opciones que te planteas "porque quieres" o  "porque debes", ya que las primeras suelen ser respondidas por frases del estilo de "porque disfruto de..." o "porque me gusta...", mientras que las segundas se responden con frases como "porque un buen hijo debe..." o "porque debo....".

Como recomendación, no hay que dejar al margen la consideración hacia uno mismo y su escala de valores. Cuando una persona toma una decisión que no es contingente con la visión que tiene de si mismo, experimenta una sensación desagradable denominada "Disonancia Cognitiva" que ya desglosamos en un artículo anterior.

3.- Conocer todas las alternativas y documentarse adecuadamente


Muchas veces, la ambigüedad y la falta de conocimiento acerca de las alternativas es lo que provoca la indecisión. En ocasiones una de las alternativas presenta muy altas o bajas expectativas que no corresponden con la realidad y otras veces, simplemente se desconoce demasiado sobre ellas y crean una enorme incertidumbre. Documentarse adecuadamente sobre cada una de ellas o buscar (en persona o a través de internet) a gente que ya haya pasado por un dilema similar para que estas informen acerca de su experiencia en cada una de las alternativas. Tener un conocimiento más realista sobre todas las posibles alternativas, puede ser de una ayuda enorme para desechar aquellas que no son deseadas.



Por supuesto, para esto es muy importante conocer todas las opciones que están al alcance. Muchas veces la gente tiende a dicotomizar sus oportunidades, dando por sentado que tienen que escoger entre una u otra, sin percatarse de la existencia de una tercera (o cuarta) alternativa.

En la vida nada es perfecto y lo normal es que todo tenga sus ventajas y sus inconvenientes. Habitualmente, en un vistazo superficial, todos estos aspectos se entremezclan y es muy difícil tener perspectiva de cual es la opción más oportuna. Normalmente, hacer una lista de pros y contras ayuda a poner las cosas en perspectiva, siempre teniendo en cuenta que no se trata de un aspecto cuantitativo, sino cualitativo. Esto quiere decir que no sólo hay que tener en cuenta el número de pros y contras, sino también la importancia de cada uno. Nuevamente, contar con otra persona con la que debatir sobre esta lista puede ser igualmente de ayuda.

En el caso de que no parezca que ninguna de las alternativas sea realmente mejor que otras, lo más recomendable es fiarse del instinto propio. Distintas investigaciones han puesto de manifiesto que aquellas personas que toman sus decisiones confiando en su intuición suelen mostrarse más satisfechas que aquellas que han realizado una intensa deliberación. Seguramente esto se deba a que estas últimas, durante el proceso, han prestado más atención a las cualidades positivas de la opción que han terminado desechando, cosa que no han hecho los primeros.

4.- Buscar un estado emocional neutro


Es evidente que nuestro estado emocional puede alterar nuestro juicio e incluso nuestras prioridades. Tan dañino resulta el pesimismo que nos impide ver  las soluciones a nuestro alcance, como el optimismo extremo que provoca no valorar las posibles consecuencias negativas de una decisión. Lo mismo puede suceder en un estado de máxima ansiedad que lleve a tomar lo primero que nos pase por delante para así escapar, sin valorar el resto de caminos.

Por todo ello es recomendable no tomar decisiones en caliente, buscar un sitio libre de distractores y estresores para realizar la deliberación y despejar la mente con actividades placenteras antes de ponerse a ello. Realizar ejercicios de relajación antes de tomar la decisión también puede ser de ayuda.

5.- Adoptar un punto de vista externo


Otra cosa que resulta obvia es que no somos igual de objetivos cuando pensamos en nuestros propios problemas que cuando lo hacemos sobre los demás. Es por ello que, una vez inclinado hacia una alternativa, como se ha mencionado anteriormente, puede ser de gran utilidad hablar con uno mismo, como si se tratase de otra persona, a la que intentas convencer de la decisión adecuada.

También suele ser recomendable jugar a "abogado del diablo". Esto quiere decir que, una vez que una alternativa parezca la elegida, imaginar que tratas de convencer a otra persona de no tomar exactamente esa alternativa. Esto puede ayudar a encontrar obstáculos que no se tendrían en cuenta de otra forma.

6.- Tener siempre un plan B


Por muy meticuloso que se haya sido en el proceso de toma de decisiones y muy seguro que se esté del acierto, el fracaso es siempre una posibilidad. Si este se prevé y se dispone de un plan de acción por si esto sucede, las consecuencias negativas de dicho fracaso se verán, seguramente, mermadas. 

Conclusiones


A grandes rasgos, cuando una persona percibe que ha entrado en una espiral de indecisión en algún aspecto específico, debe de tener claro qué es lo que quiere conseguir, desglosar todas las posibles opciones e informarse lo máximo posible sobre cada una de ellas y exteriorizar sus pensamientos para que esto le ayude a clarificarlos. La decisión se debe de tomar en condiciones neutras y estar preparado para posibles contingencias en cuanto al camino tomado.

jueves, 1 de marzo de 2018

Cuando el Alzheimer entra en el hogar. Impacto de la demencia en el paciente y su entorno

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) existen más de 50 millones de personas diagnosticadas con demencia en el mundo y cada año se diagnostican 10 millones más. Cerca del 70% de ellos tienen Alzheimer y, de seguir esta progresión, en el año 2050 existirían 131,5 millones de personas padecientes de este tipo de demencia. Entre las distintas implicaciones que ello tiene, está el que cada vez más personas van a convivir con un enfermo de demencia (un esposo/a, un hermano/a, un padre/madre, un abuelo/a, una persona a la que cuidan...) y es importante que la población en general esté bien documentada de las características de estas enfermedad y de cómo se debe de orientar el trato de estos pacientes para poder darles la mayor calidad de vida posible.

Alzheimer


A pesar de que se espera que en un futuro próximo esto deje de ser así, el Alzheimer y otro tipo de demencias no tienen cura, pero esto no quiere decir que no se pueda hacer nada con respecto a la persona que lo padece para minimizar sus efectos.  

¿Qué es una demencia? ¿Cuáles son las principales y qué les distingue?


Demencia se refiere al decaimiento progresivo de las funciones cerebrales debido a una enfermedad. En el caso del Alzheimer es una demencia que atraviesa distintas fases con grandes distinciones en cuanto a la sintomatología de cada una. Se podría decir que son personas cuyo cerebro se está muriendo más rápido que el resto de su cuerpo. En estos pacientes, debido a la aparición de proteínas beta-amiloide, las células cerebrales comienzan a morir progresivamente:

  • Comenzando por las del Sistema Límbico. Es por ello que la memoria y la autorregulación de las emociones son los primeros aspectos en los que se percibe deterioro.
  • Esto comienza a expandirse hacia la corteza cerebral, por lo que poco a poco se empobrece tanto la capacidad para coordinar movimientos, como el procesamiento adecuado de los estímulos y la capacidad de raciocinio y toma de decisiones. Esto le puede llevar a adoptar comportamientos socialmente innaceptados, como masturbarse en público.
  • Por último, el deterioro llega al tronco encefálico, que se encarga de aquellos aspectos más primitivos e inconscientes de la conducta humana, por lo que la persona termina siendo completamente dependiente lo que le resta de vida.

Es por ello que, en el caso del Alzheimer, se emplea la metáfora del crecimiento a la inversa, ya que si nos fijamos en el transcurso de la vida desde el nacimiento, las primeras facultades que pierde el enfermo de Alzheimer, son las últimas que desarrolla el niño, mientras que las últimas que se pierden son las primeras que desarrolló. 

Alzheimer
Un curso parecido tienen las demencias por Cuerpos de Lewy y la Frontotemporal, destacando que la primera de ellas posee, entre otras cosas, la enorme particularidad de que la gravedad de los síntomas pueden variar enormemente en cuestión de horas y sus pacientes acostumbran a padecer alucinaciones, mientras que la segunda afecta especialmente a los lóbulos temporales de ambos hemisferios, por lo que tiene un demoledor efecto sobre el procesamiento de la estimulación visual y auditiva, así como en el lenguaje (procesamiento y elaboración).

Un caso especial de demencia es la vascular, consecuencia de que, por un momento determinado, al cerebro no haya recibido la cantidad de sangre requerida, sea por un accidente, un derrame cerebral, un ictus…. por lo que puede surgir en cualquier momento de la vida y al contrario de las otros tipos de demencia mencionados, la aparición de los síntomas pueden ser repentina.


¿Cómo afecta la actitud del entorno y del enfermo en el transcurso de la enfermedad?


Cómo en cualquier tipo de enfermedad, los manuales de diagnóstico advierten de una sintomatología específica y detallan un transcurso esperado de los mismos. No obstante, al final cada paciente es un universo en sí mismo. Hay aspectos clave que marcarán la forma y el momento en que los síntomas aparecerán y pogresarán. Ente ellos se encuentran la detección temprana, la medicación (y su correcta administración), la realización de terapias físicas y cognitivas, la comorbilidad con otra serie de enfermedades y transtornos… pero no hay que olvidar la importancia del factor humano. Al final, el tiempo que pasa en una consulta o en terapia representa un ínfimo porcentaje de su día a día y si lo que se intenta conseguir allí no se extrapola a su hogar, no se puede conseguir gran cosa.

Alzheimer


A pesar de existir factores de riesgo en cuanto a hábitos de vida, padecer una demencia es algo que le puede llegar en cualquier momento a cualquiera y los síntomas emergen a un ritmo tan paulatino que hace más difícil, tanto para el paciente, como para su entorno, que se tome conciencia en un punto clave de qué es lo que le está pasando a esa persona. Tanto “Demencia”, como “Alzheimer” son dos términos que están a la orden del día, pero eso no quiere decir que la gente esté adecuadamente informada acerca de cómo actuar cuando esto llega a tu vida. Todo lo dicho anteriormente influye en que muchos pacientes de demencia pasen toda su enfermedad sin recibir el tratamiento adecuado y, en muchos casos, incluso sin ser debidamente diagnosticados.

Cuando llega el diagnóstico, existen tres maneras, en cuanto a la forma de lidiar con el problema, por parte del entorno de esa persona, que pueden llevar a hábitos que provoquen que los síntomas se disparen un poco tiempo:

  • Uno de ellos es la dejadez. Las demencias no tienen cura y, como persona mayor, seguramente le quede poco tiempo de vida. Esto sumado a la concepción popular de que la gente mayor no vale para nada, e incluso la idea de que invertir en la salud de esta persona sólo servirá para reducir considerablemente la posterior herencia a recibir, suelen provocar que el paciente termine sus años “como un mueble”, tal vez sobremedicado y atado para que moleste lo menos posible, terminando aislado y muchas veces, siendo humillado y maltratado.
  • El extremo contrario puede acarrear consecuencias similares. A esto se refiere la sobreprotección. También por la concepción general acerca de las personas mayores, mucha gente, más cuando esta está enferma, tiende a pensar que lo mejor para su salud es que realicen el menor esfuerzo posible. En estos casos, la persona con demencia termina sus años no haciendo nada más que ir de la cama al sofá, sin salir a la calle, sin recibir visitas y sin entrenar ninguna de sus facultades mentales.
  • La tercera forma es la negación. Un familiar o cuidador puede saber que esa persona ha sido diagnosticado con algo llamado “demencia” pero negarse a asimilar todo lo que ello conlleva. En algunos casos esto puede acarrear enfados y humillaciones hacia el paciente, quien recibe continuamente represalias por fallos de memoria, desorientación, sufrir de alucinaciones o su falta de autoregulación de las emociones o pudor sexual. Esto lleva por un lado a que el cuidador no esté motivado a buscar las formas adecuadas de apalear los síntomas del paciente, así como que este último viva una continua sensación de estrés. No hay que olvidar que a pesar de que uno de los síntomas predominantes sea la incapacidad de generar nuevos recuerdos, esto no quiere decir que no sepan evaluar lo que está sucediendo en esos momentos. Actitudes cómo hablar de él como si no estuviese delante o recibir insultos o ser tratado de mala manera, tiene las mismas consecuencias para la autoestima y las relaciones interpersonales que las personas sanas.

Lo cierto es que todo lo que se ha mencionado en los párrafos anteriores puede nacer también del paciente. A pesar de que dicen que este tipo de enfermedad son mucho más duras para las personas del entorno, porque ellas contemplan las consecuencias, mientras que el enfermo “no es consciente” de lo que tiene, lo cierto es que a lo largo del transcurso de la demencia hay muchas etapas en la que esto no es verdad. Cómo todo en la vida, la atribución que realizamos a por qué nos pasan las cosas, tienen un gran impacto a cómo actuamos en consecuencia y se puede dar el caso de que, cuando la cabeza de una persona empiece a fallar, este lo achaque a que ya es viejo y ya no sirve para nada. De la misma forma, una vez que recibe el diagnóstico, él mismo puede poner todo su empeño en vivir en la negación, considerar que a esas alturas de su vida es mejor aceptar su muerte inminente o verse vencido por el miedo y considerar que lo mejor para su salud es el recluimiento. Al fin y al cabo, las personas mayores también tienen prejuicios sobre las personas mayores.

Síndrome del cuidador quemado


No hay que olvidar tampoco que para ser capaz de cuidar a alguien, es necesario también cuidarse a uno mismo. Los cuidadores de personas mayores acostumbran a trabajar un gran número de horas sin los descansos recomendados, con una enorme responsabilidad e incertidumbre con respecto a la persona a la que cuidan, sin que nada de esto sea reconocido por la propia persona a su cargo (que por los aspectos de su enfermedad puede no ser consciente o incluso tratarla de forma hostil habitualmente) por la propia familia del paciente (o el resto de la familia en caso de que el cuidador sea un familiar) o la sociedad (“pero si tu trabajo consiste en estar sentado viendo la tele…”). 

Alzheimer
Esto, además, suele ir acompañado de una escasa definición de las competencias y autoridad a la hora de tomar decisiones con respecto a la persona cuidada, un sueldo que no compensa el número de horas que se han de sacrificar y, en la mayoría de los casos, sin que todo esto suponga cotización.

Todos estos factores propician una serie de síntomas que se engloban en lo que se conoce como el “Síndrome del Cuidador Quemado” que presupone un enorme desgaste físico y emocional.

Por todo lo mencionado, igual de importante que es el que tome conciencia el enfermo y su entorno sobre la forma adecuada de lidiar con el paciente, también lo es conocer cómo tratar al cuidador para que la labor que está llevando a cabo no revierta negativamente en su salud física y psicológica. Si no se consigue esto, su labor se verá claramente entorpecida y dañada, perjudicando a todas las partes.

Conclusión


De nada servirá cualquier avance en cuanto a técnicas de intervención sino se conciencia tanto al enfermo, como a su entorno de la importancia de seguirlo, así como de adoptar unos determinados hábitos de vida. Si usted se encuentra en esta situación, acuda a un profesional o a distintas asociaciones que existen a favor de estos enfermos para recibir un adecuado asesoramiento de lo que requiere su caso particular.