lunes, 8 de enero de 2018

Cómo discutir puede hacer más fuerte una relación

La ausencia de discusiones es tan mal síntoma de la calidad de la relación como el exceso de las mismas. Discutir es un acto qué puede fortalecer más una relación, siempre y cuando se sepa cómo sacarle el mejor partido a las mismas.

De la misma forma que no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita, se puede decir que no tienen una relación más fuerte lo que menos discuten, sino los que mejor partido sacan a sus discusiones. En cualquier relación, ya sea de pareja, amistad, laboral, paternofilial… es innevitalbe que surjan conflictos, pues no hay que olvidar las palabras de Sigmund Freud: “Cuando dos personas siempre están de acuerdo, es porque una decide por las dos”. Existe la concepción de que una pareja sana no discute, pero en esos casos seguramente se reprimirán deseos y frustraciones terminando explotando cuando ya sea demasiado tarde ¿Quiere decir esto que discutir es saludable? Sólo cuando se hace correctamente, determinados hábitos en la discusión tienden a empeorar la situación, pero otros consiguen que la relación sea más fuerte.



Ante todo lo expuesto, Sean Grover, psicoterapeuta estadounidense realizó, en el año 2015, un artículo en el Huffington Post en el que resume los malos y buenos hábitos durante una discusión.

Aspectos a tener en cuenta en una discusión.


Es todo un trabajo realizar una exploración introceptiva en un momento así, pero es recomendable prestar atención para no cometer ninguno de los siguientes errores:

  • Atacarse el uno al otro: es importante recordarle a la otra persona que, a pesar del desacuerdo, la relación sigue siendo muy importante para ti. Es por ello por lo que hay que evitar que esta se sienta atacada, cayendo en el insulto, resaltando sus errores (muchas veces sin que ellos sean relevantes en el debate) o emplear información íntima sobre ella en su contra. El empleo de golpes bajos siempre terminará mal.
  • Deseo de ganar: un error bastante común es concebir la discusión como una batalla por tener razón, cuando en realidad debe de tratar sobre descubrir la verdad o acercar posturas. Si alguno de los miembros de la discusión no está dispuesto a dar su brazo a torcer, independientemente de la fuerza de los argumentos del otro, la cosa irá irremediablemente a más sin razón de ser. Sobra decir que, a favor de la calidad de la relación, no sólo hay que ser un buen perdedor, sino también un buen ganador, así que también hay qué saber cómo pedir perdón y perdonar.
  • Evitar conflictos: evitar conflictos puede llevar a dolores somáticos, falta de deseo sexual y otros factores que, desde luego, lastran la calidad de la relación. Como se ha mencionado anteriormente, esto puede derribar a que, en el momento menos esperado, esa persona explote. Muchas personas, una vez que se deciden a mostrar sus preocupaciones, se sorprenden al comprobar que la otra persona las comparte y las comprende.
  • Discutir en circustancias estresantes: es bueno y necesario que las discusiones surjan, pero estas deben de evitarse en el momento en el que una de las dos personas, esté enferma, exhausta, ansiosa, excesivamente hambrienta, superando un duelo…. Estos factores empobrecen el juicio y aumentan la irritabilidad, por lo que será más difícil conseguir algo positivo de la experiencia. No hay que olvidar que nunca es tarde para darse cuenta de esto y que esta reflexión puede ser aplicada a mitad de una discusión en marcha. Puede ser conveniente darle al botón de la pausa y reflexionar sobre si la discusión merece la pena o si es el momento adecuado.
  • Discutir sin intimidad: una conversación con la misma persona no va a ir por los mismos derroteros dependiendo de si hay personas cercas, existiendo a la vez una enorme diferencia entre si esas personas son desconocidas o si poseen una determinada valencia emocional para alguna de las personas implicadas en la discusión. Si se pretende conseguir un acopio de sinceridad y resultados positivos, hay que evitar estos elementos distractores que también alteran el juicio y la irritabilidad. Por supuesto, tampoco es recomendable, cuando discutes con otra persona, buscar señales de aprobación en una tercera persona.

En conclusión, no hay que evitar que surjan las discusiones, pero no por ello estas deben aparecer de cualquier forma y en cualquier contexto. Cuando se considere que existe algún desacuerdo con alguien importante, además de animarse a comentarlo, es recomendable planificar anteriormente la conversación, tratar de prever su punto de vista, así como los argumentos que va a esgrimir para tener una respuesta preparada, valorar si es el momento adecuado para comenzar dicho debate y recordar que el objetivo es mejorar la convivencia y no salir victorioso.


De la misma manera, si es la otra persona quien decide comenzar la discusión y no está teniendo en cuenta las recomendaciones arriba indicadas, es necesario indicárselo de forma calmada, sin que ello sea interpretado como una forma de escapar del conflicto. Si lo que falla es la forma de expresarse, se le puede indiciar antes de darle una respuesta (por lo que no da la sensación de escapar de la pregunta) y si lo que falla es la elección del momento, indicárselo igualmente, proponiendo uno mismo un emplazamiento para relanzar el debate.