jueves, 2 de noviembre de 2017

Asertividad. El punto medio entre la sumisión y la imposición

La forma que tenemos de comunicarnos con los demás termina siendo determinante en cuanto a la imagen que estos tienen de nosotros mismos y el respeto que nos es mostrado. Una persona pasiva, que no protesta ante las cosas que le resultan desagradables, no se gana el respeto de los demás. Una persona agresiva y autoritaria, quien siempre trata de imponer por la fuerza su criterio y sin pararse a pensar en el punto de vista o necesidades de los demás, logra ser temido, pero eso no ha de confundirse con el respeto.

Asertividad


En muchas ocasiones, da la sensación de que una persona tiene que elegir entre uno u otro de los extremos de dicho continuo. No obstante, existe un punto medio entre ambos, y este recibe el nombre de “Asertividad”.  Este concepto se entiende como la habilidad de expresar ideas y sentimientos propios, de forma clara y concisa, sin caer en la falta de respeto o de empatía.

Cabe incidir que tan importante como el respeto a la hora de elegir el tono de voz y las palabras que se emplean, amen de los distintos elementos que componen la comunicación no verbal, es la brevedad y contundencia que se muestra. Al hablar sin titubeos y yendo directamente al grano, la persona se muestra segura de lo que quiere y ello ayuda a que su opinión sea más respetada.

Luz Jinet Rodríguez Jiménez, pone el siguiente ejemplo para entender la importancia de la contundencia a la hora de expresarse:

  • "Comunicación no asertiva: Hola profesor, verás… no sé si podré presentar el trabajo… Tengo muchas cosas que hacer y no me dará mucho tiempo., ojalá pudiera pero no puedo, puedo intentarlo, podría pero se me hará difícil y por eso le pido que por favor, si no le es molestia y me haría un gran favor que si por favor me permite entregar el trabajo un poco más tarde. 
  • Comunicación asertiva: Hola profesor, me es completamente IMPOSIBLE (recalcar la palabra imposible) entregar el trabajo a tiempo. El motivo es que tengo 2 trabajos de historia, uno de física, uno de ciencias sociales y además tengo que ir mañana y dentro de 3 días al médico a 200 km de aquí para un tratamiento nuevo que me va a dejar algo trastocado. Así que por favor, DEME un respiro para que pueda entregarle un excelente trabajo. No se lo pediría si no fuera algo completamente EXCEPCIONAL".

El titubeo y las excesivas disculpas hacen más difícil que la otra persona comprenda tu punto de vista o que empatice con él, reduciendo así tu posibilidad de éxito.

En definitiva, la asertividad es una herramienta que mejora la autoestima, ya que consigue sentirse más comprendido con el mundo que te rodea, así como que resulta vital para ser una persona respetada por los demás.

En muchas ocasiones, la gente es incapaz de ver que lo que consigue ser una persona aceptada o rechazada no son sus opiniones o creencias, sino la forma que tienen de expresarlas.

Importancia de la asertividad


El ejemplo más recurrente para tratar de explicar el tema que se está tratando es el del cliente de un restaurante al que le sirven algo distinto a lo que había ordenado. En algunos casos, el cliente, por el deseo de no ser una molestia, decide comerse lo que le han servido (incluso cuando tan siquiera le gusta). Otras personas, no obstante, ante esta situación proceden de forma automática a montar una escena, levantando la voz y faltando al respeto al personal del restaurante. Una persona asertiva, en este caso, reclamaría la atención del camarero y pediría con amabilidad que se le retire el plato por aquel que había pedido, aceptando las disculpas posteriores del trabajador.



Este es un factor altamente relevante en cuanto a las relaciones de pareja. Una pareja pasiva que “trague con todo” puede impedir que el otro miembro de la pareja sea consciente de algo sea un problema o haya servido de ofensa. Lo mismo ocurre cuando una persona tiene un carácter fuerte y, en consecuencia su pareja se siente continuamente intimidada, guardánsose siempre su opinión para si misma. En ninguno de los dos casos, ninguno de los dos miembros lograría sentirse realmente agusto con el desarrollo de la relación.

También es evidente su incidencia en las relaciones laborales. No solo con los iguales, sino también con los inferiores y superiores. Una persona asertiva es aquella que consigue no verse intimidado a la hora de explicarle a un superior un desacuerdo, o el que es capaz de explicar a las personas que tiene por debajo sus órdenes sin caer en la mera imposición de autoridad.


¿Se puede entrenar la asertividad?


El asunto es que la asertividad no es una habilidad innata, sino que se adquiere como la mayoría de las habilidades sociales y, como es habitual, los primeros años de vida son de enorme relevancia en orden de que esta aparezca de forma automática y natural posteriormente. Además de la educación recibida en centros educativos, nada será tan influyente como la conducta observada en los propios padres.

Sea como sea, nunca es tarde para aprender a ser asertivo. En los casos más graves de pasividad o agresividad es posible que sea recomendable asistir a un profesional para recibir terapia cognitivo-conductual. No se debe olvidar que la falta de asertividad puede ser un verdadero obstáculo a la felicidad.


En cualquier caso, el primer paso siempre va a consistir en la instrospección y la autocrítica. Uno no puede aprender a hacer mejor las cosas si no identifica con anterioridad que está haciendo mal y cómo se hacen bien las cosas. Por lo que la pregunta que hay que saber contestar (y no es nada sencillo) es “¿Qué haría una persona asertiva en mi lugar?”

Entrenar la asertividad no consiste solo en la plática, sino también en la escucha activa. Es imposible adoptar un discurso en el que se respete la opinión de los demás, si no se conoce la misma.