martes, 28 de noviembre de 2017

Cómo identificar a un acosador y cómo actuar ante el acoso

En noviembre de 2017, Elisabeth Lee Herman, de 56 años de edad, fue asesinada por Vicent Verdi, de 62, un hombre al que había conocido no hacía ni un año atrás, a través de una página de contactos por internet.  Elisabeth y Vincent llegaron a conocerse en persona y, tras unas pocas citas, ella decidió que no quería seguir con esa relación. El hombre no se tomó a bien la ruptura (si se pudiera considerar así) y tras esto comenzó a mandar una serie de llamadas y mails a la víctima, a mandarle chocolates y flores e incluso a espiarla por la calle o aparecer de pronto cuando ella tenía una cita con otro hombre. A pesar de que Elisabeth consiguió una orden de alejamiento contra su acosador, esto no evitó su triste final.

Acoso
El personaje de Rose (Melanie Lynskey) de
la serie "Dos Hombres y Medio" es el
 estereotipo de acosadora. | Foto: Warner Bros. 
Por desgracia, tengan un desenlace tan trágico o no, personas que actúan con la actitud de Vicent ante situaciones similares han existido siempre, no obstante, el actual auge de las páginas web para contactos han incrementado las posibilidades de que cualquiera termine topándose y siendo el objetivo de este tipo de personas.

¿Quién es el acosador y cómo se comporta?


El perfil del acosador es el de alguien con un trastorno de personalidad, el cual puede llevarle, por una parte, a tender a crearse expectativas irreales en distintos aspectos de su vida, incluyendo esto a su vida sentimental. Por el otro lado, pueden tener un sentimiento de valía igualmente irreal, el cual le lleve a sentirse amenazado y ofendido ante cualquier señal de rechazo, reaccionando de forma iracunda y desproporcionada, ligado todo ello a un sentimiento continuo de frustración y sensación de no ser comprendido.

En la forma de lidiar con esa sensación, el deseo de reconciliación se suele alternar, e incluso convivir con el de venganza, por lo que la víctima se ve expuesta a una montaña de acciones impulsivas, tanto de ser coaccionada para retomar (o iniciar) una relación, así como de recibir insultos y amenazas.

Señales de peligro


Estas personas pueden localizar una nueva “víctima” en cualquier momento: una persona que les sonríe nada más conocerles o les da conversación en un bar y se activan esas expectativas irreales de futuro…. No obstante, entablar una conversación en un chat online o una web de contactos incrementa la posibildidad de que se generar en su mente una sensación de proximidad e intimidad que no sea compartida por la otra persona.

¿Quiere decir esto que este tipo de sitios son dañidos y se deben de evitar? No, pero es importante ser precavido. Es por ello que la abogada especialista en acosadores, Wendy Patrick, propone ciertas pautas para ser capaz de identificar si la persona a la que estás conociendo puede entrar dentro de esta categoría.

Acoso
La primera de ellas es lo rápido en que esa persona percibe que está “en una relación”. El criterio de cuantas citas hacen falta para que dos personas consideren que están en una relación sentimental es subjetivo, pero mientras que la mayoría de la población las situa en alrededor de unas 20, personas con este patrón de personalidad pueden interpretarlo que es suficiente con una… e incluso con ninguna.

Si la otra persona te presenta a los demás como su pareja sin que entre vosotros hayáis aclarado que esto es así y se denota en sus palabras y actos que está planificando un futuro a largo plazo en el que estás indudablemente incluido, estas pueden ser señales de peligro.

Las redes sociales pueden ser también una herramienta útil para sacar a la luz a un acosador antes de que sea tarde. Que seas etiquetado en fotos y con comentarios que denoten que eres su pareja y que se está planificando un futuro en el que estás incluido, es igualmente una señal de alerta.

También es recomendable atender a otros aspectos de la vida de esa persona para valorar su tolerancia a la frustración y cómo de realistas parecen sus expectativas de futuro.

¿Qué hacer si te enfrentas a esta situación?


Cabe destacar que en el apartado anterior se han estado hablando de “señales de peligro”. Esto quiere decir que en caso de detectarse factores como los arriba mencionados, inequívocamente esa persona tenga una mente delirante, sino que simplemente ha malinterpretado señales, no ha sabido leer la situación o expresarse de forma adecuada o, quizás, sea una persona con poca experiencia previa en el mundo de las relaciones.

Como se ha mencionado anteriormente, no hay un punto objetivo en el que dos personas dejan de conocerse para iniciar una relación y lo realmente importante es que ambos coincidan en el criterio para establecer que esto sea así. Por consiguiente, en cualquier situación en la que se sienta que la persona a la que se estás conociendo no comparte tu criterio acerca del punto en el que haya vuestra relación, lo recomendable siempre será sacar el tema y abordarlo directamente. Es muy probable que la otra persona lo afronte con la madurez suficiente para tratar de acercar posturas y veas que no te enfrentas a ningún tipo de peligro por esa parte.



En el caso de que realmente descubras que esa persona muestra un comportamiento típico de un acosador, una estrategia muy recomendable es no sufrir en silencio. Hablar de tu situación con las personas de tu entorno (familiares, compañeros de trabajo, amigos) es de gran ayuda para generar un ambiente de seguridad.

Sería también recomendable hablar con el entorno del acosador. Muchas de estas personas no son conscientes del problema que tiene su amigo o familiar, principalmente porque sólo conocen su versión. Mostrarles conversaciones en los que el acosador haya cruzado cualquier línea (muestras desmedidas y no correspondidas de afecto, amenazas y faltas de respeto…) puede ayudar a que tomen conciencia y traten de proporcionarle la ayuda que necesita.

Por otro lado, a pesar de que este artículo ha comenzado con un ejemplo en el que una orden de alejamiento no fue efectiva para evitar que la historia terminase de la peor forma posible, en este tipo de casos han demostrado ser un arma estadísticamente efectiva.

¿Y si soy yo el acosador?


Nunca es tarde para tomar conciencia de cualquier aspecto de la vida con el que no se esté lidiando de la forma correcta. Si sientes que te emocionas demasiado rápido con tus relaciones y que este acostumbra a ser el motivo de su fracaso y percibes que dañas a las personas que te han rechazado, sería recomendable asistir a terapia dónde un profesional te instruya en técnicas de reestructuración cognitiva que ayude a realizar un análisis más realista de la situación y te instruya en cómo enfrentarse de manera productiva a tus sentimientos de frustración y desesperanza.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Asertividad. El punto medio entre la sumisión y la imposición

La forma que tenemos de comunicarnos con los demás termina siendo determinante en cuanto a la imagen que estos tienen de nosotros mismos y el respeto que nos es mostrado. Una persona pasiva, que no protesta ante las cosas que le resultan desagradables, no se gana el respeto de los demás. Una persona agresiva y autoritaria, quien siempre trata de imponer por la fuerza su criterio y sin pararse a pensar en el punto de vista o necesidades de los demás, logra ser temido, pero eso no ha de confundirse con el respeto.

Asertividad


En muchas ocasiones, da la sensación de que una persona tiene que elegir entre uno u otro de los extremos de dicho continuo. No obstante, existe un punto medio entre ambos, y este recibe el nombre de “Asertividad”.  Este concepto se entiende como la habilidad de expresar ideas y sentimientos propios, de forma clara y concisa, sin caer en la falta de respeto o de empatía.

Cabe incidir que tan importante como el respeto a la hora de elegir el tono de voz y las palabras que se emplean, amen de los distintos elementos que componen la comunicación no verbal, es la brevedad y contundencia que se muestra. Al hablar sin titubeos y yendo directamente al grano, la persona se muestra segura de lo que quiere y ello ayuda a que su opinión sea más respetada.

Luz Jinet Rodríguez Jiménez, pone el siguiente ejemplo para entender la importancia de la contundencia a la hora de expresarse:

  • "Comunicación no asertiva: Hola profesor, verás… no sé si podré presentar el trabajo… Tengo muchas cosas que hacer y no me dará mucho tiempo., ojalá pudiera pero no puedo, puedo intentarlo, podría pero se me hará difícil y por eso le pido que por favor, si no le es molestia y me haría un gran favor que si por favor me permite entregar el trabajo un poco más tarde. 
  • Comunicación asertiva: Hola profesor, me es completamente IMPOSIBLE (recalcar la palabra imposible) entregar el trabajo a tiempo. El motivo es que tengo 2 trabajos de historia, uno de física, uno de ciencias sociales y además tengo que ir mañana y dentro de 3 días al médico a 200 km de aquí para un tratamiento nuevo que me va a dejar algo trastocado. Así que por favor, DEME un respiro para que pueda entregarle un excelente trabajo. No se lo pediría si no fuera algo completamente EXCEPCIONAL".

El titubeo y las excesivas disculpas hacen más difícil que la otra persona comprenda tu punto de vista o que empatice con él, reduciendo así tu posibilidad de éxito.

En definitiva, la asertividad es una herramienta que mejora la autoestima, ya que consigue sentirse más comprendido con el mundo que te rodea, así como que resulta vital para ser una persona respetada por los demás.

En muchas ocasiones, la gente es incapaz de ver que lo que consigue ser una persona aceptada o rechazada no son sus opiniones o creencias, sino la forma que tienen de expresarlas.

Importancia de la asertividad


El ejemplo más recurrente para tratar de explicar el tema que se está tratando es el del cliente de un restaurante al que le sirven algo distinto a lo que había ordenado. En algunos casos, el cliente, por el deseo de no ser una molestia, decide comerse lo que le han servido (incluso cuando tan siquiera le gusta). Otras personas, no obstante, ante esta situación proceden de forma automática a montar una escena, levantando la voz y faltando al respeto al personal del restaurante. Una persona asertiva, en este caso, reclamaría la atención del camarero y pediría con amabilidad que se le retire el plato por aquel que había pedido, aceptando las disculpas posteriores del trabajador.



Este es un factor altamente relevante en cuanto a las relaciones de pareja. Una pareja pasiva que “trague con todo” puede impedir que el otro miembro de la pareja sea consciente de algo sea un problema o haya servido de ofensa. Lo mismo ocurre cuando una persona tiene un carácter fuerte y, en consecuencia su pareja se siente continuamente intimidada, guardánsose siempre su opinión para si misma. En ninguno de los dos casos, ninguno de los dos miembros lograría sentirse realmente agusto con el desarrollo de la relación.

También es evidente su incidencia en las relaciones laborales. No solo con los iguales, sino también con los inferiores y superiores. Una persona asertiva es aquella que consigue no verse intimidado a la hora de explicarle a un superior un desacuerdo, o el que es capaz de explicar a las personas que tiene por debajo sus órdenes sin caer en la mera imposición de autoridad.


¿Se puede entrenar la asertividad?


El asunto es que la asertividad no es una habilidad innata, sino que se adquiere como la mayoría de las habilidades sociales y, como es habitual, los primeros años de vida son de enorme relevancia en orden de que esta aparezca de forma automática y natural posteriormente. Además de la educación recibida en centros educativos, nada será tan influyente como la conducta observada en los propios padres.

Sea como sea, nunca es tarde para aprender a ser asertivo. En los casos más graves de pasividad o agresividad es posible que sea recomendable asistir a un profesional para recibir terapia cognitivo-conductual. No se debe olvidar que la falta de asertividad puede ser un verdadero obstáculo a la felicidad.


En cualquier caso, el primer paso siempre va a consistir en la instrospección y la autocrítica. Uno no puede aprender a hacer mejor las cosas si no identifica con anterioridad que está haciendo mal y cómo se hacen bien las cosas. Por lo que la pregunta que hay que saber contestar (y no es nada sencillo) es “¿Qué haría una persona asertiva en mi lugar?”

Entrenar la asertividad no consiste solo en la plática, sino también en la escucha activa. Es imposible adoptar un discurso en el que se respete la opinión de los demás, si no se conoce la misma.