viernes, 6 de octubre de 2017

La factura psicológica de tener hijos (y cómo actuar ante ella)

Ser padre es una experiencia retadora, estresante y muy sacrificada, aunque la mayoría de las personas que han pasado por ella declaran que es un sacrificio que merece la pena. Lo cierto es que no todas las personas están realmente preparadas para ese desafío y no todas las parejas pueden sobrevivir a una prueba tan dura y continuada. No obstante, como tantas cosas en esta vida, ser consciente de a qué se está enfrentando, identificar las señales y conocer las pautas adecuadas de actuación, pueden ayudar a enfrentarse a la situación de una forma más resolutiva, mejorando el estado de ánimo y ayudando a vivir la experiencia de una forma mucho más positiva.


Seth Gilliham, doctor en psiquiatría y profesor de Psicología en la Universidad de Pennsylvania, decidió estudiar el tema en profundidad cuando, realizando una investigación sobre la memoria humana, le pedía a sus sujetos que escribieran sobre “cualquier evento de su vida” (el primero que les viniera a la mente) y se sorprendió al comprobar que “el nacimiento de un hijo” era el tema más habitual. Cuando años después, el propio doctor se convirtió en padre primerizo, entendió perfectamente por qué.

A través de la literatura científica que ya había abordado el tema, como de sus propios experimentos, el psiquiatra norteamericano propone una serie de aspectos a los que prestar especial relevancia para mantenerse mentalmente sano durante la ardua aventura de criar a uno o varios hijos.

¿Por qué es estresante la paternidad?


Recientemente, el Doctor Gilliham ha publicado un artículo en la prestigiosa revista Psychology Today en el cual resume de la siguiente manera los aspectos más señalados por los padres cuando explican los aspectos más negativos de la paternidad:

  • Se está más expuesto a situaciones que generan emociones negativas, entre las que destacan la frustración y la preocupación.
  • Descenso importante de las horas de sueño (especialmente en cuando los niños son muy jóvenes).
  • Gran fatiga física, sin importunidad de descanso, al ser un trabajo de 24/7.
  • Se pasa menos tiempo con tu pareja y dentro de ese tiempo se emplea mayor porcentaje en discutir que antes.
  • Importante impacto sobre la economía familiar por los gastos de mantenimiento y escolaridad.

Un gran problema en estos aspectos es que muchos padres evitan reconocer estos sentimientos negativos ya que tienen la sensación de estar culpando a sus hijos de algo de lo que no tienen culpa alguna (ante el evidente hecho de que nadie pide nacer). A estas alturas no es ningún secreto que reprimir los sentimientos solo acrecenta el problema y se debe a animar a romper el tabú de que ser padre, sin necesidad de desdecir el dicho de que “es lo mejor que te puede pasar en la vida” pasa una gran factura física y mental.

Relaciones, competencia y autonomía


Otros investigadores, Richard Ryan y Edward Deci, propusieron en el año 2009 cuales son los tres grandes ejes sobre los que incide de mayor manera a la paternidad:



  • Relaciones: tener conexiones positivas y significativas con otras personas.


El paso de convertirse en padre o madre puede suponer un cambio radical en nuestro círculo social. Habitualmente se genera una incompatibilidad de horarios, preferencia por temas de conversación e intereses con aquellos amigos que todavía no tengan hijos, lo cual se puede traducir en una importante pérdida de contacto con personas que han tenido un papel muy importante en tu vida.



No solo las relaciones con el círculo de amistades se ve afectada negativamente. Los propios miembros de la pareja, como se ha mencionado anteriormente, tienen que reenfocar los recursos que anteriormente se dedicaban el uno al otro, hacia los hijos. Además, en la nueva situación, se ha de estar de acuerdo en importantes cuestiones acerca del estilo de crianza, así como en decisiones económicas, por lo que surgen numerosas fuentes de conflicto y discusión.


Por supuesto, la revolución sobre el círculo social no solo tiene ese carácter excluyente, sino que abre una nueva puerta. A través de la experiencia de la crianza, se conocen a otros padres con los que, por pura lógica, se guardan preocupaciones, intereses y horarios en común, por lo que determinadas personas, hasta entonces desconocidas, pueden entrar en tu vida para ser una parte muy importante de ella.
Por último es importante destacar que de aquí nace una nueva relación, la que hay entre el padre y el hijo. Esta tiene unos matices y unas características imposibles de vivenciar en otro tipo de relación y adquiere una gran importancia que se saquen de ella todos los aspectos positivos de la que dispone.



  • Competencia: tener la oportunidad de ejercitar nuestras habilidades y tener la sensación de que somos buenos en lo que hacemos.


Nuestro trabajo, así como otras aficiones, configuran gran parte de nuestro autoconcepto y por ello juegan un papel muy importante en nuestra autoestima. En algunos casos, algunos de los progenitores tiene que ausentarse un largo tiempo del trabajo o pedir una jornada reducida para poder hacer frente a sus nuevas responsabilidades, las cuales también delimitan importantemente las actividades de ocio.



No deja de ser cierto que el resultado de la paternidad, de por sí, es una importantísima fuente de autoestima. El grado de satisfacción de una persona cuando logra resolver problemas de sus hijos puede alcanzar grandes topes. No obstante también se corre el riesgo de producir el efecto contrario. La paternidad es compleja y cada persona tiene su propia opinión de cual es el estilo de crianza más adecuado. Si los resultados no son satisfactorios (por ejemplo, cuando un bebe se pasa llorando horas y ninguno de los intentos para calmarlo funciona) o se ve sometido a críticas por otros padres, la autoestima se puede ver seriamente minada.

  • Autonomía: ser libre de escoger las propias decisiones.


Cualquier tipo de relación restringe las opciones de alguna manera. Por ejemplo, tener una pareja sentimental suele significar que no se pueden tener citas con otras personas y convivir con alguien puede limitar la libertad de cuestiones cotidianas tales como qué programa de televisión ver.

En los primeros años de la paternidad, la dependencia del niño supone una importante restricción a esta autonomía. Algo que un “una vida pasada” podía ser tan sencillo como ir a realizar la compra, puede ser una ardua tarea y requerir mucho tiempo cuando, en lugar de ir por tu cuenta, tienes que convencer a tu hijo de salir, ponerle la ropa y estar pendiente durante todo el proceso de que se comporte de la forma adecuada.

El hecho de tener que adaptar el calendario diario (horas de sueño, comidas, higiene personal, ocio…) a las de los hijos puede generar una importante sensación de pérdida de autonomía, que puede acarrear efectos estresantes.


¿Afecta esto por igual a los hombres que a las mujeres?



Un estudio realizado en el año 2013 puso de manifiesto una importante diferencia del grado de satisfacción tras la paternidad en cuanto a hombres con respecto a mujeres en parejas heterosexuales. En general, ambos géneros acostumbran a mostrarse más realizados y felices tras la paternidad. No obstante el grado de mejora en estos factores son mucho más significativos en varones.

Otro trabajo realizado el mismo año por Katherine Nelson y Kostadiv Kushlev expuso que los efectos negativos de la paternidad tienen más incidencia en las mujeres, quienes acostumbran a padecer, con respecto a los hombres:

  • Más estrés y menor satisfacción con su vida personal y familiar.
  • Menos efectos positivos derivados de la maternidad.
  • Menor satisfacción en cuanto a tener hijos.
  • Mayor decremento de calidad marital y más estrés con respecto a la vida marital.
  • Mayor probabilidad de padecer depresión.
  • Mayor alteración de las horas del sueño con respecto a antes del nacimiento del hijo.
  • Menor manifestación de emociones positivas al interactuar con los hijos. Esto puede ser debido a que los padres suelen encargarse de actividades más placenteras, como el juego y las madres de otras menos divertidas, como encargarse de vestir y alimentar a los niños.
  • Horarios sociales menos consistentes (hora de dormir, de comer….).
  • Más tiempo empleado en las actividades relacionadas con los hijos y menos tiempo para si misma.
  • Mayor preocupación por aspectos financieros.

Los datos expuestos por Nelson y Kushlev concuerdan con lo expuesto por Jay Belsky y Jhon Kelly en su libro “The Transition to Parenthood” (la Transición a la Paternidad), publicado en 1995, tras examinar a distintas parejas durante los tres primeros años de la vida de su hijo primerizo, detectando también evoluciones muy distintas entre hombres y mujeres en distintas variables psicológicas, derivado, principalmente porque los hombres mucho más comúnmente volvían con rapidez a un ritmo de vida mucho más parecido al que tenían antes de ser padres.

También hay un importante contraste entre las madres que tienen un trabajo y las que no. Estas últimas pueden ver minadas su autoestima debido al poco reconocimiento social que obtiene su labor (a pesar de lo altamente complicada y estresante que es). No obstante, en madres trabajadoras, acostumbra a aparecer un sentimiento de culpabilidad por no dedicarle más tiempo a la crianza de sus hijos.



De hecho, esta diferencia de conceptualizaciones crea también conflictos en la pareja, ya que cuando lo señalado se produce, es habitual que, de la misma forma que la mujer acuse al hombre de no tomarse la paternidad suficientemente en serio, este suele responderle que ella se lo está tomando demasiado en serio, respuesta que puede llegar a resultar ofensiva.

¿Y qué se puede hacer?



De momento este artículo se ha estado centrando en los aspectos más negativos que suelen incidir en la paternidad, lo cual puede ser interpretado como incitación a resistirse al deseo de la paternidad. No obstante, como también se ha comentado, las personas que han pasado por ella, describen igualmente un enorme gozo y felicidad, siendo una experiencia para nada comparable a cualquier otra.

Por todo esto, a continuación se redacta una serie de premisas para conseguir reducir los efectos negativos y acrecentar las positivas:



  • Identificar y entrenar tus fortalezas como padres: a finales del año 2016, Lea Waters y Jessie Sun publicaron un estudio en el que demostraron que aquellos padres que se retroalimentan de sus puntos fuertes en cuanto a conducta parental y tratan de identificar los débiles para potenciarlos suelen mostrar mayor autoestima y emociones positivas.
  • Identificar y entrenar las fortalezas de tus hijos: en el mismo estudio mencionado en el punto anterior, también se demostró que aquellos padres que se centran en identificar los puntos fuertes y débiles de sus hijos muestran los mismos resultados mencionados anteriormente.
  • Refleja lo que has hecho bien: un problema suele ser enfocarse más en lo negativo que en lo positivo. Es por ello recomendable que al final del día, uno escriba en una hoja de papel las cosas que ha hecho bien como padre. Independientemente de cómo de larga quede la lista, el mero hecho de centrarse en lo positivo tendrá efectos favorables.
  • Practica el mindfullness: para quien no esté familiarizado con el término, esto (de forma muy resumida) consiste en focalizar la atención en la propia conciencia. Por mucho que sorprenda, es muy común no prestarle ninguna atención a este aspecto. Una vez que una persona es consciente de por qué se siente como se siente y cuáles son los aspectos que inciden en ello, es más probable que acierte con la manera de afrontarse al problema con resultados positivos. Este análisis no tiene por qué restar tiempo a las obligaciones parentales. 
  • Revisa tu forma de pensar: obligarse a uno mismo a pensar que “las necesidades de los hijos siempre deben de ir por delante de la de uno mismo” puede llevar a las consecuencias negativas expuestas a lo largo del artículo. Negar los sentimientos no los elimina y pueden somatizarse de otras formas y, en esos estados, uno puede también ser el causante de un ambiente nocivo para los hijos. Al final, darse a uno mismo permiso (con la precisa mesura) puede ser lo más sano, no sólo para uno mismo, sino también para los hijos.
  • Organízate: siempre será más probable tomar la decisión adecuada si las cosas no pillan de improviso. Tomar un momento para pensar en todas las cosas que se pueden presentar en un futuro y reflexionar sobre qué se puede hacer en cada una de ellas y cómo actuar en cada uno, evita tomar decisiones en caliente. De la misma manera, organizar las acciones del día (en colaboración con las demás personas implicadas: hijos, el otro padre, personas que ayudan en su cuidado), puede ayudar a evitar conflictos de intereses e incompatibilidades de horarios, lo cual provocará que el día a día sea menos estresante.

En conclusión. Es imposible que tener un hijo no cambie radicalmente la vida de una persona y siendo un trabajo de 24/7 que se tendrá durante muchos años, indiscutiblemente las responsabilidades pueden abrumar. Todos los trabajadores han de tener tiempo para sí mismos y periodos de descanso, no solo por su salud, sino también para que la calidad de su trabajo no sea vea amenazada.