sábado, 9 de septiembre de 2017

Cómo actuar ante los terrores nocturnos de tu hijo/a

Los terrores nocturnos son un tipo característico de trastorno del sueño en el que el paciente experimenta una serie de alucinaciones y síntomas físicos altamente desagradables en el momento de despertar. Dicho trastorno es más común en niños de entre 6 y 12 años, aunque también puede darse en la edad adulta y la vejez, dónde sus consecuencias y consideraciones a tener en cuanta son bien distintos, aunque el presente artículo se centrará en los casos infantiles.

Terrores nocturnos
 A día de hoy, todavía no se ha conseguido explicar el mecanismo que desencadena la aparición de este fenómeno, que habitualmente desaparece después de un periodo de tiempo para no volver a manifestarse. Lo que si se ha puesto en evidencia es que hay ciertos factores de riesgo que pueden derivar a dicho trastorno. No existe tampoco un tratamiento farmacológico para el mismo, aunque si unas pautas de actuación para acelerar su desaparición y, ante todo, apalear sus consecuencias mientras se esté manifestando.

También es muy importante dejar claro que no se ha encontrado ninguna correlación significativa entre padecer terrores nocturnos en la infancia y manifestar algún tipo de trastorno mental o de la personalidad, aunque parecer alguno de estos trastornos si mantiene una alta correlación con los terrores nocturnos en adultos.

¿Cómo identificar los terrores nocturnos?


Los terrores nocturnos suelen aparecer entre la fase 3 y 4 del sueño, dónde el paciente experimenta ensoñaciones muy vividas desagradables (normalmente aparecen monstruos o fantasmas que pretenden atacarle), despertándose aterrado por las mismas. En algunas ocasiones, el paciente recuerda lo acontecido durante el sueño. En otras simplemente se despierta gritando y agitado, pero sin ser capaz de recordar lo que le ha provocado ese estado. Mientras experimenta dichos terrores, el paciente puede parecer estar despierto, presentando síntomas tales como sudoración extrema, taquicardia e hiperventilación. En algunos casos, incluso, se levantan de la cama, como ocurre en los casos de sonambulismo (otra parasomnia relacionada con las fases tres y cuatro del sueño).

Dicho esto, hay que saber distinguir entre los terrores nocturnos y las pesadillas. Estas últimas ocurren (al igual que los sueños) en la fase REM del sueño y no van acompañadas de los síntimas fisiológicos arriba descritos, además de que normalmente son más fáciles para quien las padece de distinguirlas de la realidad.

Terrores nocturnos


En palabras de Jodi A. Mindell, experta en trastornos del sueño durante la infancia: “Si es tu hijo quien está más agitado, tuvo una pesadilla, si lo eres tú, tuvo un terror nocturno”, aseguró la afamada pediatra. Y es que mientras que tras una pesadilla, el niño suele buscar hallar consuelo en sus padres, cuando estos acuden a reconfortar al niño tras escucharle gritar, suelen encontrarse rechazo e incluso violencia física por parte del niño.

Por último, debido a que se producen en etapas muy distintas del sueño, mientras que las pesadillas acostumbran a ocurrir bien adentrada la madrugada, los terrores nocturnos son mucho más comunes a primeras horas de la noche.

Factores de riesgo


Los estudios han puesto de manifiesto que el 96% de los pacientes de terrores nocturnos tenían un familiar cercano que había padecido este o algún otro tipo de parasomnia, como el sonambulismo. También se ha encontrado mayor incidencia en que presenten el trastorno dos gemelos homocigóticos que dos gemelos heterocigóticos. Todo ello evidencia el carácter hereditario de este trastorno.

Terrores nocturnosAhora bien, tener una predisposición genética a padecer un trastorno no quiere decir que se vaya a manifestar. Una persona, por ejemplo, puede tener una dotación genética que le haga proclive a desarrollar una adición por el alcohol. Sin embargo, esta nunca aparecerá si a lo largo de su vida jamás bebe una gota de alcohol. Esto quiere decir que, el factor genético tiene que combinarse con factores ambientales o epigenéticos. Entre estos últimos, los más significativos son:
  • La fiebre.
  • La falta de sueño
  • El estrés
En cuanto a la primera de ellas, poco hay que decir. Respecto a la segunda, es uno de los motivos por lo que es recomendable que los niños tengan horarios estrictos de sueño y duerman un mínimo de horas al día. Una vez que un niño presente terrores nocturnos, revisar este aspecto puede ayudar a acelerar la desaparición de los mismos.

En cuanto al estrés, cabe incidir en que no tiene que el niño no tiene porque estar expuesto a una situación objetivamente estresante, sino que el paciente la perciba subjetivamente así. Los humanos, a edades muy tempranas son altamente susceptibles, debido en gran medida a los enormes y rápidos cambios hormonales a los que se está expuesto durante el crecimiento. Se puede observar cómo es muy común en niños que se rían exageradamente, tomen enormes disgustos o se vean enormemente frustrados ante situaciones que los adultos les resulta incongruentes con dichos estados de ánimo. Además de magnificar los problemas, debido a su menor desarrollo cerebral, también les cuesta más hallar soluciones a sus problemas o contemplar alternativas, lo cual también les llevará a sentirse enormemente frustrados ante situaciones que los adultos también les costará entender. Esto quiere decir que a los padres podrían necesitar un esfuerzo extra de empatía y escucha activa para tratar de entender si los terrores nocturnos de su hijo se deben a una situación estresante y cómo ayudarle a que esta desaparezca.


Tratamiento (despertar con horario)



A grandes rasgos, a lo largo de este artículo se ha mencionado que no existe un tratamiento propiamente dicho y que lo recomendable es tratar de controlar los síntomas hasta que los terrores nocturnos dejen de manifestarse. Sin embargo, hay una técnica que ha mostrado ser de una enorme ayuda, que se denomina “despertar con horario”.

Terrores nocturnos


Es muy habitual que si el niño consigue dormir todos los días, aproximadamente, sobre la misma hora, sus terrores nocturnos también tengan un horario habitual. Si por ejemplo un niño acostumbra a dormirse a las 21:00h y sufrir estos episodios sobre las 23:30, lo que recomienda esta técnica es despertarle sin sobresaltos sobre las 23:15 y dejarle que se vuelva a dormir. Aunque todavía se desconoce la causa de esto, esta técnica acostumbra a funcionar.

Otras recomendaciones



Con todo lo expuesto en los apartados anteriores, además de la técnica de despertar con horario, se recomienda tomar las siguientes acciones para tratar de apalear los efectos de este trastorno:
  • Llevar un registro de las horas y la calidad de sueño.
  • Tratar de identificar factores de estrés (y considerar la idea de acudir a un profesional).
  • Para evitar los peligros contingentes con los episodios de sonambulismo, tratar de cerrar puertas y ventanas, así como retirar objetos del suelo.
  • Enseñar al niño técnicas de relajación y de manejo de la ansiedad.
  • Tratar de aumentar las horas de sueño.
  • Mantenerse cerca del niño durante sus horas de sueño para que se sienta más seguro.

Como consejo final, cabe destacar que al ser la experiencia tan realista, habitualmente cuando los padres tratan de convencerle que no ha pasado de verdad, suele provocar frustración e ira por parte del niño. Por supuesto, es necesario indicarle al niño que sólo ha sido un sueño, pero se recomienda no tratar de incidir en ese aspecto cuando el niño muestre su enfado para no incrementar sus síntomas negativos en ese instante. Siempre será más conveniente tratar de hacerle razonar a lo largo del día siguiente, cuando se encuentre más calmado.