miércoles, 13 de septiembre de 2017

Cómo han de ser los premios y los castigos

Hay una fuerte evidencia empírica a favor de que la aplicación de premios y castigos componen una técnica efectiva para el modelado de conducta, así como su peso en cuanto a un estatus de liderazgo. Obviando su presencia y peso en la etapa adulta, los niños se ven continuamente sometidos a varios programas de premios y castigos con los que se trata que integren una serie de normas morales y de comportamiento social.

Premios y castigos
Sin embargo, si se pretende que un reforzador (entendidos estos tantos los premios como los castigos) cumpla su objetivo, estos tienen que tener una serie de características, cuyo incumplimiento podrían incluso desencadenar el efecto contrario.

Tipos de reforzadores


Antes de entrar más en profundidad en las características que han de tener los reforzadores, es necesario desglosar los distintos tipos que existen:

  • Refuerzo positivo: consiste en proporcionar algo placentero para el sujeto (darle un caramelo cuando realiza la conducta deseada, o darle permiso para jugar a la consola).
  • Refuerzo negativo: eliminar algo negativo para el sujeto (dejarle salir antes de clase por terminar bien los deberes).
  • Castigo positivo: aplicar displacentero para el sujeto (no dejar salir a jugar cuando no haga lo deseado).
  • Castigo negativo: Despojar de algo positivo (quitarle el juguete con el que está jugando).

Esta terminología a menudo da lugar a confusión. Hay que entender que los términos “refuerzo” y “castigo” se emplean respectivamente cuando las consecuencias son positivas o negativas para el sujeto. Mientras tanto, el carácter “positivo” o “negativo”, se emplean según se trate de una aplicación o una eliminación respectivamente, independientemente de la valencia afectiva para quien la recibe.

Las promesas y las amenazas se deben de cumplir siempre



Hay que tener en cuenta que los programas de premios y castigos no son tan útiles para evitar que se produzca una conducta, como lo es para que esta no se repita (o sí) en el futuro. Los principios básicos del condicionamiento se basan en que cuando a una conducta le persigue un refuerzo, esta tenderá a repetirse y si es un castigo, tenderá a extinguirse. Dentro de esto, cobra una gran importancia la frecuencia de los reforzadores. Esto quiere decir que si de cada cuatro veces que una persona realiza una conducta, recibe un castigo tres veces, será más probable que la evite en un futuro que si solo ha aparecido el castigo una de esas cuatro veces (lo mismo se aplica para que se repita después de un premio).

Los padres, profesores o jefes suelen emplear la  promesa de un refuerzo o la amenaza de un castigo para lograr que los niños o empleados se comporten de una determinada manera. Es importante que ellos comprendan que aquí la frecuencia de cumplimiento es igualmente importante. Cuando la figura de autoridad acostumbra a cumplir su palabra, será más probable que en un futuro, la promesa o amenaza sirvan como elementos instigadores o disuasorios en un futuro, todo lo contrario que si habitualmente se incumple. Es por ello que es de vital importancia no prometer nada cuyo cumplimiento no depende enteramente de uno mismo.

Premios y castigos
Imagen tomada de: Woomer Has It.
Sirva de ejemplo una niñera cuyo niño a su cargo tiene la costumbre de vomitar cuando no le gusta el alimento y ella le profiere la siguiente amenaza: “si vomitas, te hago tragar el vómito”. La cuidadora no tiene intención en ningún momento de obligar a hacer nada tan traumático y desagradable, pero piensa que si el niño se lo cree, por tratar de evitar que esto suceda, se tragará la comida. El problema viene cuando, en contra de la voluntad del niño, o por retar a la figura de autoridad, regurgita el alimento y comprueba que su cuidadora no cumple con su amenaza. En estos casos, es más probable que futuras amenazas no sean tenidas en cuenta, teniendo menos respeto por su cuidadora que antes de este episodio.  Sin embargo, una amenaza del tipo “si vomitas te quedas sin postre”, la cual se puede cumplir, sería más efectiva.

Otro ejemplo sería el del encargado de sección que promete a sus trabajadores que si echan horas extras para terminar un trabajo a tiempo, les dará días extras de vacaciones. No obstante, una vez que se ha cumplido el objetivo, se da cuenta que cumplir con su palabra es económicamente inviable y se echa para atrás.

Las normas no han de ser azarosas y estar previamente establecidas


Las reglas del juego no pueden variarse a lo largo del mismo. Si una misma conducta es a veces premiada, otras castigada y otras ignoradas, los reforzadores perderán todo su valor.

De la misma forma, es también necesario que al sujeto se le haya notificado previamente que una conducta será castigada. Hay que tener en cuenta que lo que se debe castigar no es el acto, sino la intención. Si el sujeto no comprende “por qué” se le está castigando, seguramente no sabrá que es lo que debe de evitar en un futuro. La recomendación es pues, además de explicar por qué la conducta no se debe de realizar es decir “si sigues haciendo eso….” Y en caso de que esto no provoque el cese de la conducta, entonces aplicar el castigo que le ha sido advertido.

zippy y Zappe
Zippy y Zappe (José Escobar, 1948)

Cualquier persona, incluido los niños, cuando consideran que el castigo que se les está aplicando es injusto o no corresponde a ningún tipo de criterio, tenderá a la frustración, a responder con ira y con ello a perderle el respeto a la figura de autoridad, como en el caso anterior.

Los reforzadores han de ser inmediatos


Si se emplean premios o castigos con el objetivo de modificar una conducta, es muy importante que estos sean aplicados inmediatamente después de la conducta que los ha desencadenado.
Veamos el ejemplo de una madre que un 20 de diciembre le dice a su hijo: “O dejas de saltar en la cama o Santa Claus no te traerá regalos”. El niño no hace caso y la madre, concienciada de lo explicado en los aparrtados anteriores, cumple su amenaza a pesar de que en los cinco días que han transcurrido el niño ha tenido un comportamiento ejemplar. Este interpretará que se le está aplicando un castigo azaroso e incontigente, cuyas consecuencias ya se han aplicado anteriormente.

El hecho de que el reforzador sea aplicado inmediatamente después de la conducta, hará que el sujeto relacione más fácilmente la consecuencia a sus actos, teniendo mayor incidencia a su comportamiento futuro.

Los reforzadores han de ser equitativos


Si bien es cierto que un castigo debe de tener una gravedad considerable para que la puesta en práctica de la conducta a evitar no merezca la pena realizarla (por ejemplo, no es lo mismo que una multa por conducir bajo los efectos del alcohol sea de 0,99€ a 300€), también es recomendable que, a la hora de modificar una conducta, el premio y el castigo sean contingentes a la gravedad de la conducta realizada.



Un niño, al igual que un adulto, es perfectamente capaz de saber si un castigo es desmedido y en esos casos, igualmente tendería ante la rebeldía ante dicha injusticia.

Se recomienda brevedad


También ha mostrado ser más efectivo que el tiempo durante el cual se aplica un premio o un castigo sea de corta duración. Si un castigo es muy prolongado, el sujeto puede desarrollar estrategias para que no le resulte tan desagradable (sírvase de ejemplo las caricaturas de Zipy y Zape, los cuales eran castigados a pesar días enteros en un cuarto oscuro con ratos. Estos terminaban haciéndose amigos de estos animales y jugando con ello).


En el caso de un reforzador, este puede crear habituación,  por lo que el premio ya no sería tan especial y perdería su facultad de reforzador en un futuro.