martes, 26 de septiembre de 2017

Los límites del Trastorno Límite de la Personalidad

El Tastorno Límite de la Personalidad (TPL), también conocido como Trastorno Borderline o Trastorno Fronterizo se caracteriza porque las personas que lo manifiestan alteran constantemente entre dos extremos en distintos aspectos de su vida (personalidad, actitudes, impresión acerca de los demás, estado de ánimo…).

Trastorno Límite de la Personalidad
Es común en estas personas pasar de endiosar a una persona (“le amo”) a menospreciarla (“Es la peor persona que he conocido”), mismo trato que puede otorgarle a una ideología o una afición. De la misma manera se alternan el narcisismo con la autocompasión o el optimismo enfermizo con la ideación suicida o al menos de autolesión o automutilación.

Los pacientes con TLP acostumbran a ser tan manipuladores, como manipulados. Ya que es común que su grupo de amigos se dividan entre personas fácilmente manipulables, los cualen alimentan su ego, y otras personas con alto grado de narcisismo que tienden a minar su autoestima. De hecho, en la práctica clínica, una de las recomendaciones que se les suele hacer al paciente Borderline es que revise sus círculos de amistad, ya que normalmente estos provocan que sus síntomas no hagan más que empeorar.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es que son personas que presentan serias dificultades en cuanto al control de impulsos (fácilmente caen en adicciones tales como el alcohol, el tabaco o la ludopatía) y tienden a aborrecer la rutina. Todo ello influye en que habitualmente inicien proyectos que nunca jamás acabarán, presentando serias dificultades para mantener un trabajo o comprometerse en una relación sentimental.

Estos pacientes acostumbran a ser muy poco realistas en cuanto a sus objetivos y sus expectativas y, debido a las características de su trastorno, la frustración al darse de bruces con la realidad se manifiesta de una forma más fuerte de lo habitual.

Incidencia


Se estima que hasta un 1,6% de la población mundial adulta padece este trastorno Inicialmente se pensó que era más proclive a aparecer en mujeres, sin embargo los últimos estudios demuestran que en realidad esta conclusión se debió a que en muchos casos los hombres eran incorrectamente diagnosticados con “Depresión”  o “Trastorno por Estrés Postraumático”.

Trastorno Límite de la Personalidad


Dicho esto, cabe señalar que es un trastorno de difícil criterio diagnóstico, ya que sus causas no son del todo conocidas y sus síntomas llegan a solaparse con la de otros trastornos de personalidad.

Causas


A pesar de que no se han detectado marcadores genéticos específicos respecto al Trastorno Límite de la Personalidad, los estudios ponen en evidencia su marcado carácter hereditario, ya que existe una alta correlación entre miembros de una misma familia para padecerlo. Concretamente, la incidencia del TLP es cinco veces más grande en personas que tienen un pariente de primer grado con dicho trastorno.

También se ha demostrado que las personas con trastorno limítrofe presentan una anatomía distinta en el Sistema Límbico con respecto a la población normal. Esta área cerebral es la encargada de regular las emociones y el control de impulsos.

Por último, también se ha apreciado que la mayor parte de las personas diagnosticadas con TLP han sufrido eventos estresantes durante la infancia (ansiedad por separación, abusos físicos, psicológicos o sexuales, eventos traumatizantes…). Sería obvio pensar que lo expuesto en el primer y en el último párrafo de esta sección estén estrechamente relacionados, aunque sean factores independientes.

Diferencias entre el Trastorno Límite de la Personalidad y el Trastorno Bipolar

Un trastorno con el que el Trastorno Límite de la Personalidad es habitualmente confundido es el Trastorno Bipolar de la Personalidad, ya que en ambos se pasa de un estado eufórico a otro hipomaniaco. Sin embargo, ambos trastornos guardan las siguientes diferencias:

Trastorno Límite de la Personalidad
  • Una persona con trastorno bipolar solo mostrará ambivalencia en el estado de ánimo, no en otros aspectos como en los destacados en el TLP.
  • Además, los pacientes bipolares no tienden a desvincularse de la realidad de la manera en que lo hacen los TLP.
  • También es importante reseñar que el paso de un estado de ánimo en el TLP es mucho más común que en el Trastorno Bipolar, dónde la gente permanece en un estado de ánimo durante un tiempo muy prolongado.
  • Mientras que los pacientes con TLP son continuamente impulsivos, los bipolares lo son únicamente en la fase hipomaníaca.
Además de todo lo indicado, la psicoterapia se está mostrando efectiva en el tratamiento del Trastorno Fronterizo, cuando no lo está siendo en el bipolar.

Tratamiento


Actualmente no existe un tratamiento farmacológico para el amplio compendio de síntomas del TLP, aunque a estos pacientes si que se les receta una serie de medicamentos encaminados a apalear síntomas tales como la agresividad o la ansiedad, mientras que no esta línea no puede actuar acerca de la sensación de abandono o el vacío.

 La terapia está siendo el eje central del tratamiento de este trastorno, englobándose en tres grandes tipos:

  • Terapia Dialéctica Conductual (TDC): se centra en enseñarle al paciente a identificar sus síntomas, así como a anticiparse a los mismos, realizar determinados ejercicios y adoptar hábitos de vida que consigan que estos aparezcan el menor número de veces posible y que, cuando estos sucedan, sus efectos sean lo menos devastadores posibles. Esta terapia ha mostrado ser especialmente eficaz para reducir la ideación suicida y potenciar la adhesión al tratamiento.
  • Terapia Cognitivo Conductual (TCC): en ella se instruye al paciente a identificar los pensamientos negativos y como reenfocarlos hacia el positivismo.
  • Terapia basada en la mentalización (TBM): consiste en adquirir un mayor conocimiento acerca de los pensamientos y su relación con los sentimientos. De esta forma, además de fomentar la empatía, se consigue un mayor control acerca de las propias cogniciones.

En casos en que ni la medicación ni la terapia ayudan a aliviar los síntomas es recomendable la hospitalización, sobretodo en orden de controlar los posibles efectos de las ideaciones suicidas y de autolesión.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Siri se matricula en la facultad de Psicología

En los últimos días se ha conocido la noticia de que la gran multinacional Apple anda en busca de psicólogos que ayuden en la labor de ayudar a su famosa aplicación “Siri” a proporcionar respuestas útiles y adecuadas para cuando esta sea preguntada por un problema psicológico. Esta noticia ha activado un debate acerca de si es lícito tratar de dejar algo de tal magnitud en manos de una máquina, así como otro acerca de si tan siquiera eso sería posible.

Siri
Siri
Seguramente el historial de navegación de una persona sea la mejor manera de conocer a alguien. Personas que se sientes avergonzadas de sus inquietudes se sienten más seguras cuando consultan a un sabio sin rostro, como puede ser el caso de Google, antes que mirar a otro ser humano y plantearle la misma duda por miedo a ser juzgado. Es por ello que estas pueden ser una buena forma de detectar problemas que deberían de ponerse en manos de un profesional. Cabe destacar que ya existen medidas de este tipo, como es el ejemplo de la búsqueda en Google “Formas de suicidarse sin dolor”, cuyo primer resultado es el del Teléfono de la Esperanza.

A lo largo de los últimos años se han estado perfeccionando los sistemas de “chatbots” , como es el ejemplo de Siri, para que sean capaces de interactuar en una conversación de la misma forma que si se tratase de un ser humano. La ciencia de la psicología ya ha colaborado en que esto sea así, puesto que los trabajos realizados por el padre de la psicología humanista, Carl Rogers, sirvieron de inspiración a los primeros programadores de estos sistemas para orientar los logaritmos responsables de las respuestas de sus programas.

Aunando todo lo expuesto en párrafos anteriores, Apple trata de conseguir que cuando una persona consulte a su aplicación cualquier problema que denote que la persona pueda terminar siendo un problema para sí mismo o para los demás, le ofrezca una solución que le anime a disuadirse de sus intenciones y trata de buscar ayuda profesional.


¿Es lícito y práctico?


Uno de los fundamentos de la psicología consiste en que rara vez existen respuestas universales a un mismo problema y que es indispensable hacer un análisis en profundidad de la persona que tiene el problema, así como de sus circunstancias para saber darle el consejo adecuado.

El boom de Wikipedia ya generó preocupación en la comunidad médica, puesto que leer acerca de los posibles síntomas de una enfermedad generó muchos autodiagnósticos incorrectos. De la misma forma se teme que este factor pueda repetirse cuando sea una máquina como Siri la encargada de realizar un diagnóstico.

Siri


Otras de las preocupaciones de los detractores de esta iniciativa consistiría en la idea de que pueda ser contraproducente. El hecho que Siri pueda adoptar un tono de voz humano y un simulado cariño y capacidad empática, puede traducirse en que personas con cierta fobia social o problemas de interdependencia, puedan generar una dependencia hacia esta aplicación y que ello le aleje de tratar de buscar una solución real a sus problemas. Sirva el ejemplo distintos casos documentados de personas que han desarrollado una obsesión por una muñeca hinchable, hasta el punto de que expresan mantener una relación romántica con ella e incluso han llegado a contraer matrimonio con las mismas.

En definitiva, lo importante es que el proyecto que ha lanzado Apple caiga en las manos adecuadas para que sus usuarios reciban la ayuda adecuada (que en muchos casos será el consejo de acudir a un determinado profesional), lo cual no será una tarea nada sencilla y, de seguro, requerirá de una perfeccionamiento continuo.

¿Sustituirán las máquinas a los psicólogos?


Por supuesto, aquí se abre otro debate. En palabras de Rebeca Marciel, directora de la consultoría para Gartner en España y Portugal: “En el año 2020 hablaremos más con un robot que con nuestra pareja”, haciendo referencia a cómo estos chatbots se van adueñando de la vida diaria.

Hall
El crecimiento exponencial de la Inteligencia Artificial es indiscutible, más teniendo en cuenta que en el pasado año 2014 un ordenador superó por primera vez el denominado “Test de Turing”. Dicho test fue diseñado en 1954 por el padre de la informática, Alan Turing y consistía en que un sistema de inteligencia artificial chateara con un grupo de seres humanos. Los participantes tendrían que decidir si estaban chateando con una máquina u otra persona. Para pasar el test, había que conseguir engañar al menos al 30% de los participantes, lo cual consiguieron Vladimir Veselov y Eugene Demchemko, quienes crearon el programa “Eugene Goostman” capaz de superar dicha marca.


La pregunta es: si una máquina es capaz de aprender un juego estratégico como es el ajedrez, aprender logaritmos para saber con que respuestas es más probable seducir a una persona ¿Sería también capaz de aprender el complicado logaritmo que compone la mente y el comportamiento humano para conocer la mejor manera de actual sobre ella?   

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Cómo han de ser los premios y los castigos

Hay una fuerte evidencia empírica a favor de que la aplicación de premios y castigos componen una técnica efectiva para el modelado de conducta, así como su peso en cuanto a un estatus de liderazgo. Obviando su presencia y peso en la etapa adulta, los niños se ven continuamente sometidos a varios programas de premios y castigos con los que se trata que integren una serie de normas morales y de comportamiento social.

Premios y castigos
Sin embargo, si se pretende que un reforzador (entendidos estos tantos los premios como los castigos) cumpla su objetivo, estos tienen que tener una serie de características, cuyo incumplimiento podrían incluso desencadenar el efecto contrario.

Tipos de reforzadores


Antes de entrar más en profundidad en las características que han de tener los reforzadores, es necesario desglosar los distintos tipos que existen:

  • Refuerzo positivo: consiste en proporcionar algo placentero para el sujeto (darle un caramelo cuando realiza la conducta deseada, o darle permiso para jugar a la consola).
  • Refuerzo negativo: eliminar algo negativo para el sujeto (dejarle salir antes de clase por terminar bien los deberes).
  • Castigo positivo: aplicar displacentero para el sujeto (no dejar salir a jugar cuando no haga lo deseado).
  • Castigo negativo: Despojar de algo positivo (quitarle el juguete con el que está jugando).

Esta terminología a menudo da lugar a confusión. Hay que entender que los términos “refuerzo” y “castigo” se emplean respectivamente cuando las consecuencias son positivas o negativas para el sujeto. Mientras tanto, el carácter “positivo” o “negativo”, se emplean según se trate de una aplicación o una eliminación respectivamente, independientemente de la valencia afectiva para quien la recibe.

Las promesas y las amenazas se deben de cumplir siempre



Hay que tener en cuenta que los programas de premios y castigos no son tan útiles para evitar que se produzca una conducta, como lo es para que esta no se repita (o sí) en el futuro. Los principios básicos del condicionamiento se basan en que cuando a una conducta le persigue un refuerzo, esta tenderá a repetirse y si es un castigo, tenderá a extinguirse. Dentro de esto, cobra una gran importancia la frecuencia de los reforzadores. Esto quiere decir que si de cada cuatro veces que una persona realiza una conducta, recibe un castigo tres veces, será más probable que la evite en un futuro que si solo ha aparecido el castigo una de esas cuatro veces (lo mismo se aplica para que se repita después de un premio).

Los padres, profesores o jefes suelen emplear la  promesa de un refuerzo o la amenaza de un castigo para lograr que los niños o empleados se comporten de una determinada manera. Es importante que ellos comprendan que aquí la frecuencia de cumplimiento es igualmente importante. Cuando la figura de autoridad acostumbra a cumplir su palabra, será más probable que en un futuro, la promesa o amenaza sirvan como elementos instigadores o disuasorios en un futuro, todo lo contrario que si habitualmente se incumple. Es por ello que es de vital importancia no prometer nada cuyo cumplimiento no depende enteramente de uno mismo.

Premios y castigos
Imagen tomada de: Woomer Has It.
Sirva de ejemplo una niñera cuyo niño a su cargo tiene la costumbre de vomitar cuando no le gusta el alimento y ella le profiere la siguiente amenaza: “si vomitas, te hago tragar el vómito”. La cuidadora no tiene intención en ningún momento de obligar a hacer nada tan traumático y desagradable, pero piensa que si el niño se lo cree, por tratar de evitar que esto suceda, se tragará la comida. El problema viene cuando, en contra de la voluntad del niño, o por retar a la figura de autoridad, regurgita el alimento y comprueba que su cuidadora no cumple con su amenaza. En estos casos, es más probable que futuras amenazas no sean tenidas en cuenta, teniendo menos respeto por su cuidadora que antes de este episodio.  Sin embargo, una amenaza del tipo “si vomitas te quedas sin postre”, la cual se puede cumplir, sería más efectiva.

Otro ejemplo sería el del encargado de sección que promete a sus trabajadores que si echan horas extras para terminar un trabajo a tiempo, les dará días extras de vacaciones. No obstante, una vez que se ha cumplido el objetivo, se da cuenta que cumplir con su palabra es económicamente inviable y se echa para atrás.

Las normas no han de ser azarosas y estar previamente establecidas


Las reglas del juego no pueden variarse a lo largo del mismo. Si una misma conducta es a veces premiada, otras castigada y otras ignoradas, los reforzadores perderán todo su valor.

De la misma forma, es también necesario que al sujeto se le haya notificado previamente que una conducta será castigada. Hay que tener en cuenta que lo que se debe castigar no es el acto, sino la intención. Si el sujeto no comprende “por qué” se le está castigando, seguramente no sabrá que es lo que debe de evitar en un futuro. La recomendación es pues, además de explicar por qué la conducta no se debe de realizar es decir “si sigues haciendo eso….” Y en caso de que esto no provoque el cese de la conducta, entonces aplicar el castigo que le ha sido advertido.

zippy y Zappe
Zippy y Zappe (José Escobar, 1948)

Cualquier persona, incluido los niños, cuando consideran que el castigo que se les está aplicando es injusto o no corresponde a ningún tipo de criterio, tenderá a la frustración, a responder con ira y con ello a perderle el respeto a la figura de autoridad, como en el caso anterior.

Los reforzadores han de ser inmediatos


Si se emplean premios o castigos con el objetivo de modificar una conducta, es muy importante que estos sean aplicados inmediatamente después de la conducta que los ha desencadenado.
Veamos el ejemplo de una madre que un 20 de diciembre le dice a su hijo: “O dejas de saltar en la cama o Santa Claus no te traerá regalos”. El niño no hace caso y la madre, concienciada de lo explicado en los aparrtados anteriores, cumple su amenaza a pesar de que en los cinco días que han transcurrido el niño ha tenido un comportamiento ejemplar. Este interpretará que se le está aplicando un castigo azaroso e incontigente, cuyas consecuencias ya se han aplicado anteriormente.

El hecho de que el reforzador sea aplicado inmediatamente después de la conducta, hará que el sujeto relacione más fácilmente la consecuencia a sus actos, teniendo mayor incidencia a su comportamiento futuro.

Los reforzadores han de ser equitativos


Si bien es cierto que un castigo debe de tener una gravedad considerable para que la puesta en práctica de la conducta a evitar no merezca la pena realizarla (por ejemplo, no es lo mismo que una multa por conducir bajo los efectos del alcohol sea de 0,99€ a 300€), también es recomendable que, a la hora de modificar una conducta, el premio y el castigo sean contingentes a la gravedad de la conducta realizada.



Un niño, al igual que un adulto, es perfectamente capaz de saber si un castigo es desmedido y en esos casos, igualmente tendería ante la rebeldía ante dicha injusticia.

Se recomienda brevedad


También ha mostrado ser más efectivo que el tiempo durante el cual se aplica un premio o un castigo sea de corta duración. Si un castigo es muy prolongado, el sujeto puede desarrollar estrategias para que no le resulte tan desagradable (sírvase de ejemplo las caricaturas de Zipy y Zape, los cuales eran castigados a pesar días enteros en un cuarto oscuro con ratos. Estos terminaban haciéndose amigos de estos animales y jugando con ello).


En el caso de un reforzador, este puede crear habituación,  por lo que el premio ya no sería tan especial y perdería su facultad de reforzador en un futuro.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Cómo actuar ante los terrores nocturnos de tu hijo/a

Los terrores nocturnos son un tipo característico de trastorno del sueño en el que el paciente experimenta una serie de alucinaciones y síntomas físicos altamente desagradables en el momento de despertar. Dicho trastorno es más común en niños de entre 6 y 12 años, aunque también puede darse en la edad adulta y la vejez, dónde sus consecuencias y consideraciones a tener en cuanta son bien distintos, aunque el presente artículo se centrará en los casos infantiles.

Terrores nocturnos
 A día de hoy, todavía no se ha conseguido explicar el mecanismo que desencadena la aparición de este fenómeno, que habitualmente desaparece después de un periodo de tiempo para no volver a manifestarse. Lo que si se ha puesto en evidencia es que hay ciertos factores de riesgo que pueden derivar a dicho trastorno. No existe tampoco un tratamiento farmacológico para el mismo, aunque si unas pautas de actuación para acelerar su desaparición y, ante todo, apalear sus consecuencias mientras se esté manifestando.

También es muy importante dejar claro que no se ha encontrado ninguna correlación significativa entre padecer terrores nocturnos en la infancia y manifestar algún tipo de trastorno mental o de la personalidad, aunque parecer alguno de estos trastornos si mantiene una alta correlación con los terrores nocturnos en adultos.

¿Cómo identificar los terrores nocturnos?


Los terrores nocturnos suelen aparecer entre la fase 3 y 4 del sueño, dónde el paciente experimenta ensoñaciones muy vividas desagradables (normalmente aparecen monstruos o fantasmas que pretenden atacarle), despertándose aterrado por las mismas. En algunas ocasiones, el paciente recuerda lo acontecido durante el sueño. En otras simplemente se despierta gritando y agitado, pero sin ser capaz de recordar lo que le ha provocado ese estado. Mientras experimenta dichos terrores, el paciente puede parecer estar despierto, presentando síntomas tales como sudoración extrema, taquicardia e hiperventilación. En algunos casos, incluso, se levantan de la cama, como ocurre en los casos de sonambulismo (otra parasomnia relacionada con las fases tres y cuatro del sueño).

Dicho esto, hay que saber distinguir entre los terrores nocturnos y las pesadillas. Estas últimas ocurren (al igual que los sueños) en la fase REM del sueño y no van acompañadas de los síntimas fisiológicos arriba descritos, además de que normalmente son más fáciles para quien las padece de distinguirlas de la realidad.

Terrores nocturnos


En palabras de Jodi A. Mindell, experta en trastornos del sueño durante la infancia: “Si es tu hijo quien está más agitado, tuvo una pesadilla, si lo eres tú, tuvo un terror nocturno”, aseguró la afamada pediatra. Y es que mientras que tras una pesadilla, el niño suele buscar hallar consuelo en sus padres, cuando estos acuden a reconfortar al niño tras escucharle gritar, suelen encontrarse rechazo e incluso violencia física por parte del niño.

Por último, debido a que se producen en etapas muy distintas del sueño, mientras que las pesadillas acostumbran a ocurrir bien adentrada la madrugada, los terrores nocturnos son mucho más comunes a primeras horas de la noche.

Factores de riesgo


Los estudios han puesto de manifiesto que el 96% de los pacientes de terrores nocturnos tenían un familiar cercano que había padecido este o algún otro tipo de parasomnia, como el sonambulismo. También se ha encontrado mayor incidencia en que presenten el trastorno dos gemelos homocigóticos que dos gemelos heterocigóticos. Todo ello evidencia el carácter hereditario de este trastorno.

Terrores nocturnosAhora bien, tener una predisposición genética a padecer un trastorno no quiere decir que se vaya a manifestar. Una persona, por ejemplo, puede tener una dotación genética que le haga proclive a desarrollar una adición por el alcohol. Sin embargo, esta nunca aparecerá si a lo largo de su vida jamás bebe una gota de alcohol. Esto quiere decir que, el factor genético tiene que combinarse con factores ambientales o epigenéticos. Entre estos últimos, los más significativos son:
  • La fiebre.
  • La falta de sueño
  • El estrés
En cuanto a la primera de ellas, poco hay que decir. Respecto a la segunda, es uno de los motivos por lo que es recomendable que los niños tengan horarios estrictos de sueño y duerman un mínimo de horas al día. Una vez que un niño presente terrores nocturnos, revisar este aspecto puede ayudar a acelerar la desaparición de los mismos.

En cuanto al estrés, cabe incidir en que no tiene que el niño no tiene porque estar expuesto a una situación objetivamente estresante, sino que el paciente la perciba subjetivamente así. Los humanos, a edades muy tempranas son altamente susceptibles, debido en gran medida a los enormes y rápidos cambios hormonales a los que se está expuesto durante el crecimiento. Se puede observar cómo es muy común en niños que se rían exageradamente, tomen enormes disgustos o se vean enormemente frustrados ante situaciones que los adultos les resulta incongruentes con dichos estados de ánimo. Además de magnificar los problemas, debido a su menor desarrollo cerebral, también les cuesta más hallar soluciones a sus problemas o contemplar alternativas, lo cual también les llevará a sentirse enormemente frustrados ante situaciones que los adultos también les costará entender. Esto quiere decir que a los padres podrían necesitar un esfuerzo extra de empatía y escucha activa para tratar de entender si los terrores nocturnos de su hijo se deben a una situación estresante y cómo ayudarle a que esta desaparezca.


Tratamiento (despertar con horario)



A grandes rasgos, a lo largo de este artículo se ha mencionado que no existe un tratamiento propiamente dicho y que lo recomendable es tratar de controlar los síntomas hasta que los terrores nocturnos dejen de manifestarse. Sin embargo, hay una técnica que ha mostrado ser de una enorme ayuda, que se denomina “despertar con horario”.

Terrores nocturnos


Es muy habitual que si el niño consigue dormir todos los días, aproximadamente, sobre la misma hora, sus terrores nocturnos también tengan un horario habitual. Si por ejemplo un niño acostumbra a dormirse a las 21:00h y sufrir estos episodios sobre las 23:30, lo que recomienda esta técnica es despertarle sin sobresaltos sobre las 23:15 y dejarle que se vuelva a dormir. Aunque todavía se desconoce la causa de esto, esta técnica acostumbra a funcionar.

Otras recomendaciones



Con todo lo expuesto en los apartados anteriores, además de la técnica de despertar con horario, se recomienda tomar las siguientes acciones para tratar de apalear los efectos de este trastorno:
  • Llevar un registro de las horas y la calidad de sueño.
  • Tratar de identificar factores de estrés (y considerar la idea de acudir a un profesional).
  • Para evitar los peligros contingentes con los episodios de sonambulismo, tratar de cerrar puertas y ventanas, así como retirar objetos del suelo.
  • Enseñar al niño técnicas de relajación y de manejo de la ansiedad.
  • Tratar de aumentar las horas de sueño.
  • Mantenerse cerca del niño durante sus horas de sueño para que se sienta más seguro.

Como consejo final, cabe destacar que al ser la experiencia tan realista, habitualmente cuando los padres tratan de convencerle que no ha pasado de verdad, suele provocar frustración e ira por parte del niño. Por supuesto, es necesario indicarle al niño que sólo ha sido un sueño, pero se recomienda no tratar de incidir en ese aspecto cuando el niño muestre su enfado para no incrementar sus síntomas negativos en ese instante. Siempre será más conveniente tratar de hacerle razonar a lo largo del día siguiente, cuando se encuentre más calmado.