martes, 27 de diciembre de 2016

¿Es la terapia online tan efectiva como la tradicional?

Las nuevas tecnologías permiten que profesionales de todas las ramas puedan exportar sus conocimientos hasta otras fronteras y facilitándoles ganar clientes desde cualquier parte del globo, de la misma manera que también han servido para que mucha gente pueda ofrecer o recibir servicios sin desplazarse de su hogar. La psicología clínica no es una excepción y son varios los terapeutas que se han lanzado a ofrecer sesiones através de videoconferencia.

Terapia Online
Marlene M. Maheu se encuentra entre los profesionales
que ofrecen la posibilidad de hacer terapia online. |
Foto: Sandy Huffaker (New York Times).
Ahora bien, ante esto cabe preguntarse si la falta del contacto humano directo, puede generar una impersonalidad que podría afectar, positiva o negativamente al desarrollo de la terapia, con respecto a lo que conseguiría la tradicional terapia “cara a cara”.

Para tratar de responder a esta pregunta, el profesor Andreas Maercker, de la Universidad de Zurich, lideró en 2013 un estudio que demostró que esta variable no tiene por qué variar el resultado final de la terapia. Así lo demostraron los resultados publicados el 23 de julio de dicho año en la revista Journal of Affective Disorders.

Para ello analizó a un grupo de 62 pacientes depresivos a los que dividió en dos grupos de 31. Ambos grupos recibieron una terapia de tipo cognitivo-conductural, que combinaba instrucciones verbales, así como un conjunto de tareas que se debían de completar de forma escrita. La única diferencia es que el primer grupo realizó estas sesiones en persona, mientras que el segundo lo hizo desde sus hogares, contactando con sus terapeutas a través de una webcam.

Esta terapia mostró muy buenos resultados en cualquiera de sus dos formatos. Pasados tres meses, el primer grupo presentó una remisión completa de los síntomas depresivos en el 50% de los pacientes, mientras que entre los que se habían sometido a la terapia online lo mostraron en un 53%. Teniendo en cuenta que la muestra era muy pequeña, ese 3% de diferencia es estadísticamente insignificativo y se puede concluir que ambos métodos fueron igual de efectivos.

Esto también se reflejó cuando cada uno de los participantes rellenaron un formulario para mostrar su grado de satisfacción con el tratamiento recibido. En el primer grupo, el 91% declaró estar altamente satisfecho con el procedimiento, mientras que el 96% respondió lo mismo con la terapia online.

Ventajas e inconvenientes


Sobra decir que, aunque no se pueden obviar los resultados de estos hallazgos, sería demasiado precipitado que únicamente este estudio concluya que en cualquier circunstancia un tipo de terapia resultaría equiparable a la otra, por lo que sería interesante que se siguieran produciendo experimentos de esta temática en la que cada vez se modificasen distintas variables.

Muchos psicólogos clínicos proponen que los elementos que componen la consulta han de ser controlados para provocar el efecto deseado de autoridad y sugestión con el paciente. Estos pueden ser la altura y comodidad de la silla que ocupe la persona que acude a la consulta, el color de las paredes, la temperatura, el aislamiento acústico…ect. Lógicamente, en una serie de terapias online, la mayoría de estos elementos escaparían al control del psicólogo. No obstante, esto no sería un inconveniente para todos los profesionales, ya que algunos critican lo expuesto al inicio del presente párrafo, alegando que los pacientes viven en un mundo impredecible y que no es práctico controlar durante las instrucciones elementos que serán incontrolables en las situaciones cotidianas.

Terapia Online
Ejemplo de terapia de grupo online |
Foto tomada de la cuenta de Linked in  del
Dr. Rishi R. Khatri. 
Por supuesto, no sólo hay que tener en cuenta la incontrolabilidad de la consulta, sino del entorno del paciente. Sería absurdo dar por sentado que la sesión transcurrirá de la misma forma si este vive solo o con más gente, de la misma forma que si tiene o no vecinos ruidosos o de si hay interrupciones de llamadas telefónicas o visitantes inesperados, como por ejemplo, comerciales a puerta fría.

Por otro lado, hay que tener en cuenta el aspecto positivo en cuanto a la facilidad que estos métodos ofrecen a la hora de cuadrar la agenda tanto de profesionales, como de clientes, de la misma forma que facilita el acceso a mucha gente (aunque convierte tener conexión a internet a un requisito indispensable).

Otra área de investigación de interés podría ser su aportación a la atención psicológica de “urgencias”. Por ejemplo, líneas como el Teléfono de la Esperanza, podría generar mayor grado de empatía con el usuario sustituyendo la llamada convencional por videoconferencias.



De la misma manera, sería igualmente interesante comprobar este efecto en la terapia de grupo. No solo hacerlas por videoconferencia, sino también valorar la posibilidad de que los pacientes que lo deseen acudan en persona y los que no, por videoconferencia, ya sea como hábito o por circunstancias específicas de ese día.


Como conclusión final, solo se ha realizado esta comparativa con un tipo de trastorno y un tipo de terapia, por lo que nuevas líneas de investigación podrían determinar si hay perfiles, tanto de terapeuta cómo de paciente, dónde un tipo de terapia u otro sea más eficiente, así  como si hay tipos de trastornos dónde esta equidad deja de cumplirse.