miércoles, 7 de diciembre de 2016

La realidad consensuada. Así renunciamos a nuestra identidad a favor de la sociedad

¿Nos comportamos igual cuando estamos solos qué en una multitud? ¿Pensamos igual? ¿Tenemos las mismas señas de identidad? Estas preguntas se las hizo el sociólogo francés Gustave Lebon, cuyas observaciones y conclusiones sobre este tema fueron reflejados en su obra más célebre: “Psicología de las masas”, publicada en 1895.

Manifestaciones de París en Mayo del 68. Foto: Issuespost.
Según Lebon, cuando se forma parte de una “muchedumbre psicológica”, entendiendo esto cómo un conjunto de personas que se reúnen en un momento concreto con un objetivo común, se crea una “identidad única”, ante la cual, cada uno de los individuos es capaz de renunciar a la suya propia.

Este autor, al que le había tocado vivir en la segunda mitad del s. XIX, osea, una época de grandes movimientos sociales, observó cómo una persona era capaz de mostrar un comportamiento completamente distinto al habitual cuando formaba parte de una de estas muchedumbres. Por ejemplo, una persona pacífica podría destrozar deliberadamente la propiedad pública durante una manifestación.

De la misma manera, también observó que era mucho más fácil sugestionar a una masa que a una persona individual.


¿Por qué ocurre esto?


Hay condiciones en las que el ser humano transfiere la responsabilidad de sus propios actos a agentes externos. En este caso, el individuo no se siente él mismo, sino que percibe el grupo como una unidad y sus actos no han sido obra suya, sino del colectivo. Además, el sentirse parte de un colectivo numeroso, le proporciona una sensación de invencibilidad. Esto le permite dejarse llevar por instintos que reprimiría en otros tipos de situaciones.

Manifestaciones en París | Foto: abc.es 

Esta disolución de la responsabilidad también colabora en el alto grado de sugestionabilidad antes mencionado. Lo normal sería pensar que todas las mentes del colectivo sumarían y, al conformarse “un único ser colectivo”, este sería el resultado de las habilidades de todos sus componentes. No obstante, sucede justamente al revés y, cuando una persona está en colectivo, dedica menos recursos a analizar y criticar la información que percibe que es aceptada por su colectivo.

El consenso social


Más allá de la literatura aportada por Lebon, otros teóricos han tratado de expandir el conocimiento acerca de cómo se alcanza el consenso grupal.

Gustav Lebon.
En este apartado es importante introducir el concepto de grupo, algo más complejo que el de “muchedumbre psicológica” expuesto por Lebon. Un grupo se entiende por: “un conjunto de personas que desempeñan roles específicos y recíprocos, que actúan de acuerdo a normas, valores y fines que fueron acordados previamente a su formación formal para mantener la continuidad y estabilidad del mismo en una sociedad”.

Esto quiere decir que, aunque se sigue concibiendo que tienen un objetivo en común, no es necesario que estén en el mismo sitio a la misma hora. Una ONG puede tener un objetivo común y unas señas de identidad propias, así como una jerarquía acepta y consensuada por todos sus miembros, a pesar de que haya integrantes de distintos continentes.

Dicho esto, ha habido dos grandes experimentos acerca del consenso grupal:

El primero de ellos lo realizó Muzafer Sherif en 1935. Este autor situó un punto de luz en una pared. Dicho punto estaba completamente estático, pero un efecto óptico hacía pensar a quien lo contemplaba que se estaba desplazando.



Sherif le preguntaba a sus sujetos experimentales cuánto percibían que se había desplazado la luz. En la primera fase del experimento estaban solos en la habitación y, en la segunda, con un grupo de personas. En esta última etapa, los integrantes debían de ponerse de acuerdo en la distancia en la que se había movido el punto luminoso.

Los resultados demostraron que aquellos individuos que, originalmente percibían un gran movimiento, eran capaces de dar respuestas mucho menores para que esta se ajustase a la media grupal. El mismo efecto aparecía cuando los sujetos originalmente habían dado una respuesta mucho menor a la de la mayoría de sus compañeros. En otras palabras, renunciaron a su propio criterio para alcanzar un “consenso grupal”.

Muy parecido a esto fue un experimento realizado por Solomon Asch en 1954. En este, hacía pensar al sujeto experimental  que estaba participando en un experimento sobre la percepción visual junto a otras cinco personas. Lo que el individuo desconocía es que esas otras cinco personas en realidad eran cómplices del experimentador, quienes habían sido instruidos para dar una respuesta falsa.



Teóricamente la tarea consistía en contemplar diapositivas con una barra a la izquierda y otras tres a la derecha. Los sujetos experimentales debían de contestar cuál de las de la derecha era similar a la de la izquierda. Los cómplices del experimentador fueron instruidos para dar unánimemente una respuesta incorrecta con total convicción. Como resultado de esto, el sujeto experimental tendió a cambiar su respuesta, a pesar de que un una prueba anterior había demostrado ser perfectamente capaz de resolverla correctamente.

Consecuencias


Uno de los problemas de esta integración grupal es que los sujetos tienen a sentirse superiores la media y, en estos casos, que su grupo comparte esta característica. Según Lebon, cuando se crea una muchedumbre psicológica, el sujeto tiende a percibir a las personas ajenas a la misma, en primer lugar como inferiores y, en segundo, como enemigos del mismo.

Los conflictos raciales vuelven a ser un tema de actualidad en Estados Unidos | Imagen: zona negativa.
Los más grandes movimientos fanáticos y religiosos se han producido debido a este efecto. Lo más grandes conflictos raciales han sido causados por esta concepción y gracias a esto es cómo se puede sugestionar a una población para que autojustifique que se declare una guerra.


Ante el alto grado de sugestionabilidad de las masas, resulta evidente el poder que obtienen los mass media para condicionar lavoluntad de las masas.