viernes, 11 de noviembre de 2016

La Ley de la Conformidad. El famoso experimento de Solomon Asch

La presión grupal es capaz de alterar, no sólo nuestro comportamiento, sino, además, nuestra percepción de la realidad.

Solomon Asch (Polonia 1907 – Estados Unidos 1996)  es considerado como uno de los grandes pioneros de la psicología social, habiendo formulado importantes teorías que han tenido un gran peso en la historia de esta disciplina. Una de sus grandes aportaciones fue la contrastación empírica de la "Ley de la Conformidad", que explica como el consenso social puede alterar la conducta final de una persona, e incluso su propia percepción de la realidad.

Antes de analizar el experimento con el que expuso esta teoría, pasaremos a analizar los antecedentes históricos más relevantes que inspiraron la misma.

Solomon Asch
"La tendencia a la conformidad en nuestra sociedad es tan grande que hasta los jóvenes bien intencionados y razonablemente inteligentes acceden a llamar blanco al negro. Esto es preocupante. Nos hace cuestionarnos nuestros sistemas educativos y los valores que guían nuestra conducta". (Solomon Asch) | Imagen: AZ quotes.


En la  china milenaria, más concretamente en el s.III A.C., cuando el primer ministro Zhao Gao, con pretensiones de usurparle el trono al emperador Qin Er Shi, se alió con algunos de los altos mandos del ejército para que le ayudasen en su golpe de estado. Zhao Gao llegó una vez a encontrarse con el emperador montado en un ciervo, lo cual, por supuesto, llamó la atención de Qin Er Shi, quien se apuró de preguntarle porque había escogido dicho animal como montura. No obstante, fingiendo extrañeza, el ministro aseguró que su montura era un caballo. Para resolver el debate, acudieron a sus altos mandos, quienes compinchados con el usurpador aseguraros que se trataba de un caballo, lo cual hizo dudar a Qin Er Shi de su propia cordura. Desde entonces, en china, cuando alguien trata de tergiversar deliberadamente la verdad, se emplea la expresión “coger un ciervo y llamarlo caballo”.

Mucho más adelante, Joseph Goebbels , en 1923, propuso “Los 11 Principios de la Propaganda”  que indicaban directrices que se deben seguir en campaña electoral para ganarse el cariño del público y desprestigiar a los rivales. En dicho escrito expresó lo siguiente: “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”.  Aunque esto no sea técnicamente cierto, está claro que la mente humana  funciona de esa manera. El cerebro no tiene la capacidad suficiente como para procesar las posibilidades de veracidad de toda la información que le llega y por ello emplea distintos heurísticos que le permiten llegar a una conclusión, aunque ello suponga el riesgo de estar equivocados. Que una mayoría acepte una afirmación como verdadera es uno de esos heurísticos.

El experimento de Asch


Para demostrar el efecto que tiene la opinión general sobre la conducta, Solomon Asch, en 1951, propuso el siguiente experimento:

En una habitación colocó a siete sujetos, uno de ellos era el sujeto experimental, quien desconocía que los otros seis eran en realidad cómplices del experimentador. Todo estaba amañado para que el sujeto experimental estuviese siempre al final de la fila y así tuviera que ser siempre el último en responder.



Asch le proponía a los sujetos una tarea bien sencilla. Dividía una pantalla en dos y, en la parte izquierda figuraba una barra vertical y en la derecha otras tres. Una de ellas de la misma longitud que la muestra del lado anterior y otras dos distintas entre sí. La tarea de los sujetos era la de identificar cual de las tres barras de la derecha era idéntica a la primera.

Entre los distintos ensayos, se distribuyeron tres situaciones distintas:

·         Los seis cómplices daban la respuesta correcta.
·         Los seis cómplices daban una respuesta equivocada, pero todos ellos la misma.
·         Los seis cómplices daban una respuesta equivocada, pero alternaban entre las dos alternativas inciertas.

A pesar de que en pruebas anteriores, el sujeto experimental había demostrado no tener ningún error en su sistema perceptivo y ser completamente capaz de superar la prueba, en el segundo tipo de ensayo descrito, se mostró una tendencia a dar la misma respuesta que los seis sujetos anteriores. Concretamente, entre los 123 sujetos que participaron en dicho experimento, en la segunda situación mostraron un porcentaje de “error” 36,8%, mientras que en la primera era de 1%. En la tercera situación, los resultados fueron muy similares a la primera.

Un dato también muy relevante acerca de este experimento es que un 25% de los sujetos no cambió su criterio de elección en la segunda situación experimental.

Pero ¿Cambia la percepción de la realidad?


La gran duda a la hora de interpretar estos resultados consiste en valorar si el sujeto respondía la opción incorrecta solo por no contradecir al grupo, debido a la deseabilidad social, o si por el contrario, los otros seis sujetos habían conseguido alterar la percepción de la realidad de esa persona y comenzaba a ver realmente la opción incorrecta de la misma longitud que la muestra.

Asch. Conformidad
Uno de los items que Asch presentaba en su experimento. 
Asch describió que, incluso después de contarle a los sujetos experimentales la trampa que les había tendido, seguían argumentando por qué se habían decantado por la opción incorrecta, lo cual podía hacer pensar que se había cumplido la segunda premisa.

No obstante, esto fue desmentido por el propio Asch en un experimento posterior. En esta ocasión, la respuesta de los sujetos no se daba en voz alta, sino que tenía que ser escrita, de manera que los cómplices no se enterarían de la respuesta que diera el último sujeto. Cuando a este le llegaba el papel en el que sus seis compañeros habían dado la respuesta errónea, la tendencia a “equivocarse” era mucho menor en esta situación experimental, tras lo cual se concluye que era la primera premisa la que explicaba los resultados encontrados.

No obstante, no debe de olvidarse que el ser humano tiene una tendencia de autoconfirmar sus creencias para evitar padecer disonanciacognitiva, por lo que sería habitual que, tras ofrecer la respuesta incorrecta, inconscientemente trate de convencerse a si mismo de que era la correcta.

Es importante hacer una distinción entre la Ley de la Conformidad y la Teoría de la Cosificación, aunque ambos están muy relacionados. En los experimentos de Asch, el sujeto cambia su respuesta para evitar entrar en conflicto con el grupo, mientras que en el de Stanley Milgram, el sujeto transfería su nivel de responsabilidad a la figura autoritaria.

¿Qué supone esto?


Efectivamente, Goebbels había caído en la cuenta de este efecto, de la misma manera que había hecho Zhao Gao. Todo esto indica que las masas son manipulables y existe siempre el riesgo de que los medios informativos empleen este arma para conducir a la población hacia la opinión que les interese.

También es un gran arma en publicidad. Los comerciales de distintos productos suelen insistir en los posibles clientes cuantas personas han adquirido ya su producto o han usado su servicio, sobre todo si son personas  ya conocidas por el cliente. También en campañas de radio o televisión se emplean personas respetadas o con las que el cliente se podría identificar, hablando bien del producto para generar el mismo efecto.