lunes, 14 de noviembre de 2016

"Estar sano en un ambiente enfermo". El inquietante experimento de David Rosenhan

David Rosenhan realizó un experimento en el que demostró lo fácil qué es engañar a los psiquiatras para hacerles pensar que tienes una enfermedad mental.

Uno de los grandes handicaps que tienen distintas especialidades médicas y que se acrecenta en la de psiquiatría, es que en muchas ocasiones para alcanzar un diagnóstico es indispensable obtener la información subjetiva por parte del paciente acerca de la vivencia de sus propios síntomas. Con esto, se adquiere el gran riesgo de que el paciente no alcance a hacerse entender por el especialista o, algo que sucede de una forma mucho más común, este último trate de engañar al primero.

Camisa de fuerza
Imagen: sj.blacksteel.com
Puede resultar extraño la idea de que una persona pueda pretender hacerse pasar por enfermo cuando realmente no lo está. Sin embargo, una persona puede llegar a intentarlo sin con ello puede eludir una responsabilidad escolar, laboral o penal o si ello pudiera darle acceso a cobrar una determinada indemnización. También existe un trastorno psicológico denominado “Trastornos Facticio” o “Síndrome de Munchausen” en el que el paciente tiene una “adicción por ser hospitalizado” y por ello tiende a fingir o incluso autoproducirse los síntomas de distintas enfermedades para así poder engañar a los profesionales de la salud.

Interesado por el margen de error que se podría producir en este aspecto en el mundo de la psiquiatría, el psicólogo social David Rosenhan, propuso un curioso experimento que tuvo un importantísimo impacto en el tratamiento de las enfermedades mentales.

Estar sanos en ambientes enfermos


Los resultados del experimento al que hacemos referencia se publicaron en la revista Science en 1973 con el título “Being Sane in insane places” (estar sanos en ambientes enfermos). Para ello, siete voluntarios completamente sanos, entre los que se encontraba el propio experimentador, acudieron a centros de atención psiquiátrica, repartidos entre cinco estados distintos de Estados Unidos, alegando todos padecer alucinaciones auditivas. Todos ellos mantendrían que la voz de su cabeza pertenecía a un sexo diferente al suyo.

Absolutamente todos los voluntarios fueron internados en distintos centros que se distribuían entre hospitales públicos, centros universitarios y una clínica privada. La mayoría de ellos fueron diagnosticados con “Esquizofrenia”, aunque también existió un diagnóstico de “TrastornoBipolar”.
Una vez que estuviesen dentro de la institución, todos los voluntarios tenían instrucciones de asegurar que las voces de su cabeza habían cesado y de mostrar un comportamiento cívico y razonable en todo momento. El objetivo del experimento consistía en comprobar cuanto tardarían los distintos profesionales en darle el alta a estos pacientes.



Cuando Rosenhan le comentó a sus allegados a lo que se iba a someter, les dijo que no se preocupasen porque seguramente “estaría de vuelta en un par de días”. No obstante, en su caso concreto, le retuvieron en la institución para enfermos mentales durante 52 días.  La media entre todos los sujetos experimentales fue de 19.

Uno de los principales objetivos del experimento era el de evidenciar que se podía llegar fácilmente a un diagnóstico erróneo, pero los vivido por los sujetos experimentales puso también en evidencia que la situación se agravaba por la escasa interacción entre los profesionales de los centros y los propios pacientes. Rosenhan mantenía que apenas le dedicaban seis minutos al día: “Yo me sentía incómodo, no sabía donde estaba el baño, donde estaban mis cosas o donde iba a dormir. ¿Qué es lo que hace uno aquí?,  me pregunté. ¿Hay algún teléfono? ¿Puedo llamar a mi familia? ¿Cuándo voy a ver al médico? Tuve que esperar hasta las 22.45, para que uno de los asistentes me mostrara donde iba a dormir. Me prestaron muy poca atención, casi como si no existiese”, escribió el experimentador en su informe.

David Rosenhan
"El hecho es que hace tiempo que sabemos que los diagnósticos no son útiles o fiables, pero aún así seguimos usándoloso. Ahora sabemos que somos incapaces de distinguir entre locura y cordura" (David Rosenhan) | Imagen: AZ Quotes.


Otro de los voluntarios del experimento, Hank O´Laura aseguró que algunos de los internos se dieron cuenta de que era una persona completamente cuerda, mucho antes de que lo hicieran los profesionales del centro.

De hecho, nadie se dio cuenta de que había sido “engañado”. Trastornos mentales neurodegenerativos, tales como la Esquizofrenia, por desgracia, no tienen cura, y la ausencia de los síntomas que manifestaban los pacientes se interpretó como que el tratamiento había conseguido poner los síntomas en “remisión” por los que se les concedió el alta médica, pero debiendo seguir “en observación”.

Repercusión


El informe presentado por Rosenhan provocó un gran revuelo social. Lógicamente, la comunidad psiquiátrica trató de defenderse ante los resultados obtenidos. Uno de los argumentos ofrecidos fue lo de la importancia del contexto. Al inicio del artículo se ha mencionado el ejemplo  de alguien que pueda fingir padecer una enfermedad mental para eludir una pena o cobrar una pensión. En el caso del paciente se viera en esa situación (cosa que no sucedía con los sujetos experimentales), sería más fácil levantar sospecha.

Manicomio
Según Rosenhan, el ambiente que hay dentro de una institución mental consigue que cualquiera parezca enfermo | Foto: Raymond Depardon.


Ante todo, se puso énfasis a la importancia de la honestidad del paciente. Según las palabras Seymour Ketty: “Si bebiera un litro de sangre, y después sin decir nada sobre esto, acudiera a las urgencias de cualquier gran hospital vomitando sangre, el diagnóstico del personal médico sería absolutamente previsible. En el caso de que me diagnosticaran y me trataran de úlcera gastroduodenal, dudo que pudiera sostener de manera convincente que la ciencia médica no sabe cómo diagnosticar mis síntomas”, aseguró el neurólogo.

Sin embargo, la publicación de ese informe no cejó la puesta en evidencia a estas instituciones por parte del psicólogo social. Uno de los centros afectados por su experimento retó a Rosenhan que le enviase a los “impostores” que quisiera, que serían capaces de identificarlos a todos.  El psicólogo les notificó que aceptaba el desafío y, pasado un tiempo, la dirección de la instituación aseguró, orgullosa, haber identificado hasta 41 impostores. No obstante, Rosenhan mantenía no haber mandado a nadie todavía.

Consecuencias


Como consecuencia de estos descubrimientos, la psiquiatría aceptó que debía de realizarse un “lavado de cara” y se considera que se dio un paso muy importante en el movimiento que se conoce como “desinstitucionalización psiquiátrica”, que consiste en la idea de que el internamiento de los enfermos mentales en “manicomios” en los que son recluidos es contraproducente para el tratamiento de su enfermedad y que se les debe de tratar de reinsertar a un ambiente social con la mayor prontitud posible.

Los estudios realizados en distintos países muestran que la desinstitucionalización psiquiátrica es más efectiva y genera mayor grado de confianza, tanto en los pacientes, así como en sus familiares.