jueves, 13 de octubre de 2016

Quiero estar enfermo. Así es el Trastorno Facticio o Síndrome Münchausen

Estar enfermo y, sobretodo, requerir de hospitalización es una experiencia muy desagradable para cualquiera, que se desea evitar o poder escapar con la mayor prontitud posible. No obstante, existen personas que idealizan con la idea de padecer una enfermedad y tienen el deseo constante de recibir atención médica. A estas personas se les diagnostica con lo que se conoce como “Trastorno Fáctico”, coloquialmente conocido como “Síndrome Münchausen”.

Baron Münchhausen
El Baron Münchhausen volando sobre una bala.
Las personas aquejadas de este trastorno se caracterizan por estar continuamente documentándose acerca de los síntomas de diversas enfermedades para ser capaces de simularlas o autoinflingírselas con el objetivo de engañar al personal médico y así conseguir su objetivo de ser hospitalizado. Algunas personas con este trastorno han llegado a producirse cortes, tomar medicamentos que no necesitan o ingerir sustancias venenosas con tal de presentar los síntomas de una determinada enfermedad y poder engañar así al personal médico.

Esto último es potencialmente peligroso, ya que para muchas especialidades médicas, una enorme parte del proceso del diagnóstico diferencial es la información que le aporta el paciente. En estos casos, si por ejemplo el paciente ha ingerido una sustancia nociva y le dice al médico que no ha sido así, probablemente el doctor realizará un diagnóstico erróneo, pudiendo llegar incluso a proponer un tratamiento que pudiera llevar a la muerte del paciente.

Dicho esto, cabe destacar también que un münchausen no solo quiere enfermar o hacerse pasar por enfermo, sino también permanecer así. De modo que a pesar de su fuerte deseo de verse en un ambiente hospitalizado y de su enorme conocimiento acerca de las normas de este, tenderá a evitar seguir el tratamiento preescrito o a tomarse su medicación, siendo muy común en estas personas, cambiar de profesional o de centro hospitalario cuando “su mentira deja de tenerse en pie”, lo que la OMS cataloga como “paciente peregrino”.

Por último, es importante matizar que esta idealización de recibir tratamiento médico no es causada por algún reforzador externo, como podría ser el caso de un niño al que sus padres solo le prestan atención cuando tienen que cuidarle por enfermedad, el de un estudiante que, gracias a padecer una enfermedad, se libra de presentarse a un examen, un acusado que se libraría de una pena penitenciaria si es declarado enfermo o una persona que cobraría un sustancioso seguro en el mismo caso.

Este trastorno se distingue de la Hipocondría o del Trastorno Somatomorfo en que en estos últimos el paciente piensa que realmente tiene la enfermedad y, además, le horroriza la idea de estar enfermo.

Origen e historia del trastorno


La primera literatura científica que aparece sobre este trastorno se debe al eminente endocrino Richard Asher, en 1951, quien bautizó este síndrome en honor a Karl Friedrich Hieronymusbarón de Münchausen, personaje histórico de la aristocracia germana del s.XVIII que pasó a la historia por su costumbre de inventarse aventuras completamente disparatadas y fantasiosas, lo cual le ha dado lugar a distintas obras literarias y de la gran pantalla.

Posteriormente, a inicios de la época de los 80, fue reconocido como enfermedad mental y su denominación fue cambiada por la Trastorno Facticio, por su carácter artificial y así es como figura en los principales manuales diagnósticos, tanto el DSM-V, como el CIE-10.

Posibles causas

Hay tres grandes vías por las que se ha intentado explicar la aparición del trastorno:

Richard Asher
Richard Asher
1.     Estrés: Muchos de estos pacientes han vivido una situación repetida de estrés (por ejemplo maltrato por parte de los padres) de la que solo han podido escapar durante el tiempo en el que han estado hospitalizados. Esto podría generar, inconscientemente, en situaciones de gran estrés e inseguridad, el deseo de querer volver a ese lugar seguro y permanecer en él.
2.       Personalidad: También es común que un Münchausen presente los síntomas característicos del Trastorno Límite de Personalidad: personas fácilmente irritables, con obsesión por controlar todo lo que concierne a su entorno, escaso grado de empatía, tendencia a culpar a agentes externos de sus errores y desgracias y una alta sensibilidad a los sentimientos de rechazo y abandono.
3.       Teoría psicodinámica: Por una parte, se ha teorizado en que estos pacientes sufren un enorme miedo a la muerte y pretender experimentar diversas experiencias cercanas a ella para lidiar con dicho temor. Por otro lado, también se ha propuesto que estas personas pueden llegar a ser médicos frustrados, por lo que intentan “jugar a los médicos”, autodiagnosticarse, o burlarse de los profesionales titulados al hacerles llegar a un diagnóstico erróneo.

Se estima que entre el 0,5% y el 8% de la población mundial presenta este síndrome, entre los cuales, dos terceras partes son varones.

Münchausen por poder

Existe una curiosa variación de este trastorno, conocida como “Trastorno Facticio Impuesto a otro” o “Münchausen por poder”. En estos casos el paciente trata de fingir que una persona a su cargo está enferma, o incluso le induce una enfermedad adrede a esta.

Normalmente ocurre en personas adultas con alguien a su cargo, generalmente alguien con escasas habilidades comunicativas que le hacen incapaz de defenderse ante esta situación o denunciarla (o sea, o bebés o personas muy ancianas). Generalmente las víctimas son los hijos de estas personas y, al contrario de lo que pasaba con el anterior síndrome expuesto, en esta ocasión es más común en mujeres que en hombres.

La existencia de este trastorno es especialmente alarmante porque se pone la integridad y la vida de la otra persona en peligro. Como se puede ver en el siguiente video, del cual se advierte que puede llegar a herir la sensibilidad del espectador, hay padres capaces de asfixiar a su hijo hasta hacerle perder el conocimiento o de darle alguna sustancia nociva solo para que terceras personas le presten atención y traten de consolarla por “el susto que se ha llevado”.



Además del riesgo de que a estos padres “se les vaya la mano” y acaben con la vida del infante, a estas edades tan tempranas, los efectos colaterales de sus actos, con mucha probabilidad, generarán enfermedades mentales que afectarán a la víctima el resto de su vida.


Es fácil también que el cuidador llegue a convencer a la víctima de que realmente está enferma. Por ejemplo, un niño a la que su madre le haya inculcado desde pequeño que está enfermo, crecerá creyendo que esto es cierto aunque objetivamente no lo sea.