lunes, 10 de octubre de 2016

Optimismo patológico. Descubre el Síndrome de Pollyanna

Existen personas qué son incapaces de reconocer los aspectos negativos de determinadas situaciones y, en consecuencia, no hacen nada por escapar de ellas.


El Síndrome de Pollyana, o Pollyanismo, consiste en la tendencia de quien lo padece a valorar todo lo que le acontece desde un punto de vista optimista, o a prestar más atención y mostrar mayor habilidad para recordar aquellos hechos positivos que le han acontecido.

El sujeto en cuestión, seguirá mostrando esta tendencia incluso cuando los hechos sean objetivamente negativos y perjudiciales. Es por ello que se habla de optimismo “excesivo” e incluso “patológico”.

Origen del nombre


El nombre de este síndrome se debe al personaje literario Pollyana, de la homónima novela de Eleanor Potter, publicada en 1913. La protagonista es una niña a la que su padre le enseña un juego que consiste en encontrar siempre el lado positivo de las cosas. Cuando la pequeña se queda huérfana, se muda a una lúgubre ciudad, a cargo de su tía, excesivamente autoritaria y viéndose rodeada de gente particularmente pesimista y depresiva. Pollyana sigue poniendo en práctica el juego que le había enseñado su padre y transmitiéndoselo a toda la gente de su entorno. Finalmente, su optimismo termina siendo contagioso, hasta el punto de que consigue cambiar la actitud de toda la comunidad.

Pollyanna
Hayley Mills dio vida a Pollyanna en la versión de Walt Disney de 1960 | Imagen: Walt Disney


Esta novela se convirtió en un éxito de ventas, lo cual llevó a Potter a escribir una continuación, titulada “Pollyana Grows Up”, sólo dos años después. Además, el primer título fue llevado a la gran pantalla en distintas ocasiones, siendo la más popular la producida por Walt Disney en 1960.

Hipótesis de Pollyanna


Tal fue la influencia de este personaje en la cultura popular que Jerry Boucher y Charles Oswood bautizaron a su teoría “Hipótesis de Pollyanna”. Esta manifiesta que los seres humanos, en general, tienden a prestar más atención a los estímulos positivos que a los negativos.

Esta teoría fue reforzada por Margaret Matling y David Stang en 1978. Estos autores pidieron a varios sujetos que recordaran eventos de su pasado y llegaron a tres conclusiones:

  • La primera de ellas fue que los recuerdos que la persona consideraba agradables se recordaban con mayor prontitud.
  • La segunda, que estos recuerdos, además, eran más precisos que los desagradables, siendo el sujeto capaz de recordar mayor cantidad de detalles.
  • La tercera fue que cuanto más alejado estuviera ese recuerdo en el tiempo, más probable era que lo catalogase como positivo, haciendo referencia así al famoso dicho de “todo tiempo pasado fue mejor”. Por ejemplo, cuando se le pide a una persona que valore una relación de pareja ya finalizada, será más probable que se centre en aspectos negativos si esta terminó recientemente y, si fue muchos años atrás, es más posible que recupere con mayor facilidad los momentos más felices de aquella historia.

 Reforzando todavía más esta hipótesis, el pasado año 2015, la revista PNAS publicó un trabajo realizado por distintos autores de Estados Unidos y Australia en que tras estudiar distintos medios de comunicación y el uso de redes sociales, en 24 corpus de 10 idiomas distintos, detectaron una enorme tendencia al uso de palabras de valencia positiva (siendo el castellano la más fuerte de todas ellas).

¿Y qué tiene de malo?


Síndrome de Pollyanna
Fragmento de la serie de tebeos "Gunshow" | YR Friend KC Green
Esta tendencia es un aspecto positivo del ser humano y un buen predictor de salud mental. De hecho, las personas con tendencia a la ansiedad y la depresión no suelen cumplir los pronósticos de dicha hipótesis. No obstante, tirando del tópico de “todos los extremos son malos”, esto se convierte en un “síndrome” cuando este tipo de respuesta deja de ser adaptativa.

Citando a José Saramago: “Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas”. Una persona que sistemáticamente niegue la realidad para verlo todo de color de rosa, puede llegar a ser perjudicial tanto para ella misma, como para las personas que se encuentran a su alrededor. Por ejemplo, una persona con el Síndrome de Pollyanna puede no contemplar los aspectos negativos de no tener ninguna fuente de ingresos o que su pareja esté a disgusto con él y no luchará para que ninguna de esas situaciones cambie.

Por otro lado. Si un miembro de su familia tiene un problema y él no lo valora como tal, no tratará de ayudarlo y esa tendencia puede terminar por una fuente apatía de parte de susodicho familiar.

¿Quién puede padecer el Síndrome de Pollyanna?


Una vez que analizamos los síntomas de este síndrome, es fácil catalogar el Pollyannismo como el extremo contrario a la depresión, ya que esta última supone una tendencia a centrarse, almacenar y recordar las experiencias negativas sobre las positivas y de hacer juicios subjetivos que tiendan al pesimismo. Dicho esto, en cuanto a las posibles causas genéticas del mismo, no se puede obviar que el Síndrome de Pollyanna y la depresión sean dos extremos de un continuo.

En noviembre de 2015, un estudio realizado en la University College de Londres, demostró que cuando el sujeto recibe lo que valora subjetivamente como una buena noticia, se manifiesta una exitación en los lóbulos centrales. De esta forma, una de las posibles causas de la depresión podría ser una deficiencia en dicha región cerebral, mientras que el Pollyanismo podría ser producido por una sobrexitación de la misma.

Síndrome de Pollyanna


Este síndrome, además, consiste en una forma sistemática de negar la realidad. De esta forma, personas con poca tolerancia al estrés, tendencia a padecer ansiedad y que posean un bajo nivel de autoestima, podrían adoptar esta tendencia como un mecanismo de autodefensa que les ayude a no afrontar ese tipo de situaciones que le generan tan enorme malestar.

En este último caso, la labor del terapeuta sería exponer al paciente a una aproximación sistemática hacia el afrontamiento y razonamiento de los problemas, a la par que se le instruye en técnicas del manejo de los síntomas de ansiedad.