lunes, 17 de octubre de 2016

Somos nuestra propia abuela. Así funcionan los procesos de autoengaño

Como mecanismo de supervivencia, para preservar la autoestima y prevenir el estrés y la depresión, nuestra mente tiende a ser mucho más benévolo al juzgarnos a nosotros mismos que a los demás.

Un elevado nivel de autoestima guarda un alta correlación con una adecuada salud mental. La Psicología considera que es sano que un individuo tienda a focalizarse en los aspectos más positivos de él mismo sobre los negativos a la hora de autoidefinirse y autoidentificarse, ya que el caso contrario acostumbra a correlacionar con un cuadro depresivo.

Autoabrazo

A través del día a día, una persona obtiene numerosos feedbacks, tanto internos, como externos, que pueden tener una valencia tanto negativa, como positiva. Se podría decir que, a modo de mecanismo de autodefensa y de manera inconsciente, el sujeto tenderá a emplear ciertos heurísticos para que los positivos tengan mayor peso en su valoración. Estas alteraciones de la percepción propia de la realidad reciben el nombre de procesos de autoengaño.

Tipos de autoengaños


Estos se dividen en los siguientes tipos:

  • Efecto superior a la media: la gente tiende a considerarse mejor que la mayoría de las personas en tareas específicas y de algún modo subjetivas. Un ejemplo es que el 90% de los conductores se consideran mejores que la media, por lo tanto, como mínimo, un 40% de los encuestados tienen una visión equivocada de ellos mismos. Este concepto tiende a permanecer inalterable incluso cuando se le informa al sujeto de qué es lo que se está midiendo.
  • Ilusiones de control: algunas personas tienden a pensar que pueden tener el control de cosas que son producto del azar, como por ejemplo acertar el número de la lotería. Este fenómeno suele presentar una alta correlación con la necesidad. Dicho de otra forma, la persona hambrienta, con más probabilidad, pensará que le puede tocar una cena en un sorteo y que esto dependerá de su grado de habilidad.
  • Optimismo irrealista: las personas suelen tender a verse en un futuro de una forma muy positiva (descartando su posibilidad de percibir infortunios en comparación a la media, alargando esto también a sus seres queridos). Estas personas, además, se ven en un futuro prometedor gracias a las características personales que ellos piensan que desarrollan mejor. Las personas con buen rendimiento académico, por ejemplo, dirán que la inteligencia es la clave del éxito, mientras que los extrovertidos asegurarán que lo más importante en la vida es tener muchos amigos. (Este factor no ha de confundirse con el Principio de Pollyanna, ya que este último va más allá de lo que es la autoevaluación).
  • Sesgo atribucional de autoenaltecimiento: las personas tienden a atribuir sus éxitos a factores internos y los fracasos a externos. El ejemplo más claro es el del estudiante que cuando obtiene una buena clasificación en un examen lo atribuye a su preparación y cuando obtiene una mala es causa de la dificultad del mismo.
  • Rechazo Mnémico: las personas recuerdan con mayor fluidez y nitidez aquellos aspectos de los que se sienten orgullosos.
  • Aceptación y refutación selectivas: La gente tiende a pensar que aquellas opiniones que sean acordes a su forma de pensar son ciertas y las que no, falsas (cuando una noticia favorece partido político al que se es afín, lo normal es aceptarla y cuando le resulta perjudicial se tiende a catalogarla de montaje o minimizar su importancia). La intención que se le atribuya a la persona que aporte el feedback será trascendente para como el individuo lo interprete: “Sólo ha dicho eso porque está celoso”.
  • Comparación social estratégica: las personas tendemos a compararnos con los demás, no solo en cuanto al físico, sino también en cuanto a la personalidad. Esta comparación puede aparecer como un mecanismo de defensa de las siguientes formas:
    • Comparaciones descendentes: pensar en personas que sean "peores" en un determinado aspecto para sentirnos mejor. 
    • Comparaciones paralelas: pensar en personas con nuestras propias debilidades para no sentirnos inferiores.
    • Comparaciones ascendentes: también puede ayudar a sentirse mejor compararse con personas "superiores", siempre y cuando esa distancia no parezca insalvable y a esa persona no se le considere un "competidor". 
  • Interpretación selectiva: las personas suelen pensar que sus virtudes son únicas y sus defectos compartidos por toda la humanidad. Este mecanismo se activa con mayor intensidad ante las características que se consideran más vitales para su autoconcepto.
Sobra decir que varios de estos tipos pueden presentarse de forma simultánea.

Ventajas e inconvenientes



Tratando de descrifrar cómo se busca el equilibrio entre estas ventajas e inconvenientes, se han propuesto dos hipótesis:

  • Baumeister, en 1989, propuso que este autoenaltecimiento se mantiene a un nivel mínimo para que no perjudique sus decisiones importantes.
  • En el mismo año, Gollwitzer y Kinney, proponen que cuando el sujeto se enfrenta a un acontecimiento muy importante, es capaz de desactivar estos mecanismos.

En definitiva, la clave está en no dejar que los feedbacks negativos en cuestiones banales minen el nivel de autoestima, pero sin llegar a permitir que la tendencia a mantener una buena visión de uno mismo llegue a nublar el juicio en cuestiones transcendentales.

Limitaciones


Como se ha dicho, existe una tendencia natural a este tipo de procesamiento. No obstante, hay factores que intervienen en su aparición:

  • Límite de plausibidad: Algunos mecanismos, como el efecto superior a la media, son posibles cuando la característica es ambigua y difícil de demostrar. Esto no ocurre con otras circunstancias (por ejemplo, la puntualidad).
  • Estado de ánimo: El estado en el que se encuentre una persona puede alterar su propensión al “autoensalzamiento“. Por ejemplo, las personas depresivas suelen tratar de evitarlo.
  • Contexto social: El autoensalzamiento se produce más comúnmente delante de desconocidos que de personas cercanas.
  • Cultura: Mientras que en las sociedades orientales se premia el colectivismo, en las occidentales se valora más el individualismo, esto es lo que provoca que en estas últimas haya mayor propensión al autoensalzamiento.

Por supuesto, todo lo expuesto aquí es insuficiente por sí mismo para explicar todo el elaborado proceso de elaboración del “yo”, el autoconcepto y la autoestima.