martes, 25 de octubre de 2016

Estos son los Síndromes de Falsa Identificación Delirante

El Síndrome de Falsa Identificación Delirante consiste en un fallo en el almacenamiento y el procesamiento de la información familiar. Los pacientes aquejados de él muestran deficiencias con el reconocimiento e identificación de algo, ya sea la identidad de alguien o un evento.
Capgras
Imagen tomada de: La cara desconocida del cerebro.

Estas personas se caracterizan por tener la idea delirante de que algunas personas son capaces de introducirse en el cuerpo de otras.

El Síndrome de Falsa Identificación Delirante se subdivide en cuatro síndromes: El Síndrome de Capgras, el Síndrome de Fegoli, el Síndrome de Dobles Subjetivos y el Síndrome de Intermorfosis. Todos ellos serán explicados a continuación.

Síndrome de Capgras


Este Síndrome debe su nombre a su descubridor, Jean Marie Joseph Capgras , psiquiatra francés que en 1923 registró el primer caso de cualquiera de los tipos de Síndrome de Falsa Identificación Delirante.

En este caso se trataba de una mujer, conocida por el nombre de Madame Río-Blanco, de 53 años de edad, que estaba convencida de que su marido y la única hija que le quedaba con vida habían sido secuestrados por una sociedad secreta y aquellas personas que vivían en su casa eran otras personas que habían adoptado su apariencia física como parte de un complot. También se mostraba convencida de que, de los múltiples hijos que había perdido tras el parto o una edad muy temprana (cuatro en total), uno en realidad había sido envenedado por los miembros de esta sociedad o los otros tres habían sido secuestrados y seguían aún con vida.

Juego de Tronos
En la saga literaria "Canción de Hielo y Fuego" algunos personajes son capaces de adoptar otras identidades | Imagen: HBO.


Capgras publicó este caso denominando a los "impostores" como "sosies". Este concepto se adoptó por parte de la mitología griega, concretamente del pasaje de cuando Zeus adopta la forma de Anfitrión (rey de Tirinto) para poder mantener relaciones sexuales con la esposa de este. Para actuar como cómplice, uno de sus sirvientes adoptó la forma de Sosias, sirviente del rey.

Síndrome de Fregoli


Esta variante guarda mucho en común con la de Capgras, pero su peculiaridad es que, en este caso, es una sola persona la que puede adoptar infinitas identidades. Esto quiere decir que, en lugar de suceder como en el caso de Madame Río-Blanco, en el que cada uno de sus seres queridos era suplantado por un doble distinto, en este sería el mismo "impostor" quien podría "disfrazarse" cómo distintas personas (el padre, horas después el hermano y horas después el agente de tráfico).




El primer caso fue registrado a 1927, cuando Courbon y Fail describieron a una paciente que aseguraba que la famosa actriz Sara Bernhardt se transformaba en las personas de su alrededor para atormentarla. Pero la impostora no sólo se metía en la piel de personas de su alrededor, sino también de la propia paciente para así obligarle a hacer cosas que no quería (por ejemplo, masturbarse).

Estos autores, para bautizar este trastorno, se basaron en el actor italiano Leopoldo Fregoli, conocido como el mejor transformista del mundo, del cual se decía que era capaz de utilizar decenas de disfraces en apenas unos minutos.


Síndrome de dobles subjetivos


En este síndrome, descrito por primera vez por el neurólogo George N. Christodoulou, el delirio consiste en creer que son otras personas las que transforman su cuerpo para asemejarse al paciente y hacerse pasar por él. Esto se asemeja mucho al recurso cinematográfico conocido como Fenómeno Doppelgänger.

Síndrome de intermetamorfosis


En esta última categoría, también descubierta por Couborn, en este caso en colaboración con Tusques, guarda un enorme parecido con el primero de los síndromes descritos, pero con la enorme particularidad de que los sosies se intercambian. Esto quiere decir que A adopta la identidad de B, mientras que B adopta la identidad de C y así sucesivamente. Osea, que el paciente puede considerar que su padre ha adoptado la identidad de su hermano, su hermano la de su madre y su madre la del vecino.

Causas y tratamiento


Los síndromes de Falsa identificación suelen presentar una alta comorbilidad con la Esquizofrenia y los Trastornos Bipolares, por lo que presupone que guarda una fuerte relación con el funcionamiento de los receptores dopaminérgicos, lo cual le concede la categoría de trastorno cronificado.

Generalmente estos pacientes muestran deficiencias en distintas regiones del hemisferio cerebral derecho, que es el encargado de procesar la estimulación sensorial procedente del exterior. Distintos pacientes con el Síndrome de Fregoli han sufrido lesiones en el Lóbulo Temporal Derecho y el Giro Fusiforme.
Sistema Límbico.

Principalmente, en los Síndromes de Falsa Identificación Delirante se suele presentar una interrupción en la Corteza Parietotemporal Derecha, el Sistema Límbico y algunos ganglios basales.

Al igual que ocurre con la esquizofrenia, estas personas nacen con una predisposición genética para desarrollar el trastorno, pero debe de aparecer un instigador externo, como un trauma o el abuso de sustancias para que emerjan los síntomas. Por ejemplo, en el caso descrito de Madame Río-Blanco, Capgras describió su caso como la consecuencia de no haber sido capaz de pasar el duelo por sus cuatro hijos fallecidos.

Por todo lo descrito anteriormente, para su tratamiento se recomienda el uso de antipsicóticos, pudiendo estos ser acompañados por antidepresivos y anticonvulsivos. Cabe destacar que, como en otras enfermedades mentales degenerativas, no existe cura y esta serie de medicamentos se centran en apalear los síntomas.

sábado, 22 de octubre de 2016

"Nací con una pierna que no me pertenece". Así es el Trastorno de Identidad de la Integridad Corporal

El Trastorno de Identidad de la Integridad Corporal (TIIC), más conocido por sus siglas inglesas, BIID (Body Integrity Disociative Disorder) y anteriormente conocido como Apotemofilia, es una enfermedad rara en la que el sujeto que la padece se muestra obsesionado con convertirse en parapléjico, principalmente a través de la amputación de una de sus extremidades.

Trastorno de Identidad de la Integridad Corporal
Los pacientes con TIIC no fantasean con que se les extirpe cualquier extremidad, sino una específica y desde una altura muy concreta. Cada paciente puede desear librarse de una parte distinta de su cuerpo, pero el más común se produce en la pierna izquierda, justo por encima de la rodilla. Dicha extremidad se encuentra en perfecto estado, cosa que ninguno de estos pacientes tiende a negar.

Los personas aquejadas de este trastorno explican que se sienten cómo si hubieran nacido con una parte del cuerpo que no les corresponden, comparándolos con haber nacido con un tercer brazo emergente del estómago, o algo parecido. Además, aseguran sentir una gran envidia hacia las personas amputadas. Lo importante es que tienen la sensación de que esa parte de su propio cuerpo no debería estar ahí, les hace sentir incompletos y, para sentirse completos se han de deshacer de ella.

Estos pacientes viven angustiados por esa sensación y se sienten incomprendidos por las personas de su entorno. Además, acostumbran a fantasear con librarse de esa zona de su cuerpo y a pedirle al personal médico que les amputen, petición que no acostumbra a ser correspondida. También se han dado casos de personas que utilizan objetos tales como muletas o sillas de ruedas que no necesitan para, con el objetivo de sentirse mejor. De la misma manera, otros ocultan su brazo debajo de la camiseta para así asemejar ser mancos.



Algunos de ellos han llegado a autoproducirse una lesión para que no haya otro remedio que practicarle la amputación para salvarle la vida. En estos casos, los pacientes aseguran que, tras la amputación, la sensación de malestar ha desaparecido por completo y que no se arrepienten de nada.

¿Qué no es el BIID?


El Trastorno de Identidad de la Integridad Corporal comienza a surgir durante la infancia o el inicio de la adolescencia y durante muchos años se ha desconocido sus causas.

Trastorno de Identidad de la Integridad Corporal
Una importante distinción hay que hacerla entre el BIID y la Acrotomofilia. Esta última es una parafilia sexual con respecto a todo lo relativo a la amputación, ya sean personas amputadas, ser amputados u objetos tales como las muletas o las sillas de ruedas. Las fantasías de los pacientes con TIIC no guardan ninguna relación con el deseo sexual y, además, la especificad de la localización de la zona de la que desea desprenderse no es propio de la mencionada parafilia.

Teniendo en cuenta que la extremidad se encuentra en perfecto estado y que aún así el paciente acude a la consulta tratando de ser intervenido, se ha hipotetizado que podría ser una variante del Trastorno Facticio o Síndrome de Munchausen. No obstante, el hecho de que, una vez que se ha librado de la extremidad, su obsesión desaparece, desmiente que esto pueda ser así.

Desde el psicoanálisis se ha tratado también de explicar la adquisición de este trastorno como el producto de haber tenido como una importante figura de autoridad a una persona amputada o ver, de niño, a una persona amputada colmada de atenciones por parte de los demás y sentir inconscientemente envidia de esa circunstancia.

A pesar de diversas hipótesis, también está descartado que se trate de un Trastorno Obsesivo Compulsivo, un trastorno psicótico o un trastorno de identidad, como podría ocurrir con un transgénero.

Por último, cabe destacar que los pacientes con TIIC no tienen ningún tipo de enfermedad mental que explique su trastorno.

Diagnóstico


Actualmente el BIID se considera un tipo de Trastorno Somatoforme. Estos consisten en la idea de padecer un defecto físico (dolencia o deformidad) que objetivamente no existen.

La Apotemofilia fue descrita por primeravez en 1977, cuando John Mahoney describió el caso de dos pacientes que, según los criterios actuales serían diagnosticados como acrotomolofiliacos y no fue hasta 2013 que se ha descubierto la causa del trastorno.

Trastorno de Identidad de la Integridad Corporal
Imagen tomada de Habitación Metal.


En dicho año, la revista Scientificamerican publicó un trabajo de Paul McGeoch y colaboradores en el que se demostraba que los pacientes aquejados de BIID muestran una actividad anormal en el Lóbulo Parietal Derecho, zona que se encarga de configurar la imagen corporal propia. Concretamente, los pacientes con TIIC muestran una actividad mucho más apagada en esta zona cerebral cuando se excita la zona que desea ser amputada, con respecto al resto del cuerpo y con respecto al resto de personas. Esto podría explicar por qué, a pesar de que los órganos sensoriales funcionan perfectamente en dicha zona y el sujeto no muestras deficiencias en cuanto a su propiocepción, esta zona corporal no sea concebida como propia. Esta disonancia entre lo que se ve y lo que se siente, crea una enorme ansiedad en el sujeto y crea la idealización de que el problema será resuelto con la extirpación de ese miembro.


La alteración producida en el Lóbulo Parieral Derecho que provoca este trastorno ha sido bautizado por este grupo de investigadores como "Xenomelia" (derivado de los términos griegos "xeno" = extranjero y "melia" = miembro) y sería producida por una apoplejía o lesión en dicha área.

jueves, 20 de octubre de 2016

Lo que creemos se hace realidad. La Profecía Autocumplida, el Efecto Pigmalión y el Efecto Miguel Ángel

En ocasiones los seres humanos son capaces de cambiar la realidad simplemente con pensarlo. A veces las personas no son lo que son, sino lo que creen ser e inconscientemente crean mecanismos para que nadie cambie el concepto que tienen de si mismos y del mundo que les rodea. En palabras de Jean Piaget: "Lo que vemos cambia lo que sabemos. Lo que sabemos cambia lo que vemos".

A continuación se van a explicar los mecanismos inconscientes que las personas emplean a diario para evitar incongruencias de la realidad con la imagen que ellos tienen de la misma: La Profecía Autocumplida, el Efecto Pigmalión y el Efecto Miguél Ángel.

La Profecía Autocumplida


La Profecía Autocumplida, concepto formulado por Robert K. Merton en 1948, formula que, cuando una persona realiza una predicción, inconscientemente, tomará medidas para asegurarse de que su profecía se haga realidad. De ahí viene la famosa frase de Henry Ford: "Tanto si crees que puedes, como si no, tienes razón".

Hay que destacar que para los seres humanos es muy importante preservar nuestro autoconcepto, ya que cuando una persona se enfrenta a un feedback que indica que no se ha comportado acorde con su concepto de él mismo (una persona que se considera a sí mismo altruista y en una determinada situación valora que ha sido egoísta), se produce un conflicto metal, denominado "Disonancia Cognitiva" que generará cierto malestar hasta que sea solucionado a través de una explicación circunstancial (yo soy altruista, pero en esta ocasión específica la otra persona no se lo merecía) o una reestructuración de la identidad (Vale. En realidad soy una persona egoísta).

Profecía Autocumplida
Imagen tomada de: El Centinela.


Para evitar esto, tendemos a emplear, de manera inconsciente, distintas estrategias para no cambiar la imagen que tenemos de nosotros mismos. La Profecía Autocumplida puede servir de ayuda para preservar tanto las concepciones positivas como negativas acerca de nuestra persona.

Un ejemplo de esto se puede encontrar en la preparación de un examen. Un estudiante que considere que no tiene la capacidad suficiente para superarlo, puede tomar la decisión de no estudiar, cumpliéndose finalmente la predicción. Por otro lado, otro alumno que se considere especialmente inteligente y para el que esa característica sea especialmente relevante en su autoconcepto, puede tender a realizar un sobreesfuerzo a la hora de preparárselo y aprobar gracias a ello, alimentando todavía más, al obtener la clasificación, su idea de ser una persona especialmente inteligente.

El efecto Pigmalión


Sin embargo, este tipo de profecías no solo puede alterar nuestra conducta, sino también la de terceras personas, ya que la concepción que alguien tiene sobre otro hará que trate a este último acorde con dicha idea, haciéndole pensar que realmente es así. Esto se conoce como "Efecto Pigmalión".

Según la mitología griega, Pigmalión fue un escultor que llegó a enamorarse perdidamente de una de sus obras, Galatea. El autor trataba a su escultura como si fuese una persona de carne y hueso y se dedicaba a cortejarla y agasajarla.

Pigmalión
Pigmalión saludando a Galatea, aún a medio transformar.
Cuando Afrodita, diosa del amor, contempló conmovida la devoción que Pigmalion sentía por aquella figura, decidió convertir a Galatea en una persona de carne y hueso como regalo al escultor.

El término "Efecto Pigmalion" viene de la obra Pigmalion, de George Bernard Shaw, publicada en 1913 y popularizada a través del celuloide cuando fue llevada al cine bajo el nombre de "My Fair Lady", en la que un miembro de la aristocracia apuesta con un amigo que será capaz de inculcarle a una vulgar florista de clase baja todos los modales y costumbres de las señoritas de alta alcurnia.

Para entender mejor el Efecto Pigmaleon, se puede tirar del siguiente experimento llevado en una aula por David McCelland:

  • En una primera situación experimental, se incluyeron a alumnos de similares capacidades académicas, pero se les dijo al profesor que un tercio de ellos (con nombres y apellidos) eran un desastre, otro tercio normal y los restantes alumnos con muchísimo potencial. Al final del curso se contempló que los alumnos a los que se les había hecho creer que tenían un gran potencial habían obtenido, con diferencia, las clasificaciones más altas ¿Por qué pasó esto? Pues porque el profesor había destinado más recursos en apoyar a los alumnos que consideraba más listos, habiendo dado a los demás como una causa perdida, aunque en realidad todos los alumnos tenían un potenciar similar para sacar adelante el curso.
  • En una segunda situación experimental, se le pidió a los profesores que informasen a sus alumnos que un estudio científico había demostrado que la gente de cabello castaño era más inteligente que la de pelo rubio. Al realizar el primer examen, la media de notas de los castaños fue superior. Posteriormente, se pidió al profesor que dijera que se había equivocado y que los resultados del experimento fueron justamente al revés. Al siguiente examen, las notas de los alumnos rubios mejoraros y las de los castaños empeoraron.

De la misma forma, en el mundo de la ciencia existe lo que se conoce como el "Efecto Rosenthal", en honor al Psicólogo Social David Rosenthal, quien demostró que las expectativas del investigador pueden llegar a condicionar el resultado final de un experimento. Por ejemplo, si un experimentador está convencido de que las personas de color blanco son más inteligentes que las negras y plantea un experimento para demostrarlo, puede, inconscientemente, a la hora de realizar las pruebas, generar un ambiente más relajado para las personas de color blanco y más displacentero para las de color negro, afectando esto al resultado de ambos en la prueba.

Efecto Pigmalión
Imagen tomada de: Psicología y Comunicación


Más ejemplos de este efecto se hallan en los roles de género o los estándares sociales. A un infante le pueden enseñar que por su género o estratificación social debe tener determinadas preferencias o mostrar determinados comportamientos. El niño terminará transfiriendo dicho aprendizaje a su configuración del "yo".

El efecto Miguel Ángel


Una curiosa combinación entre la Profecía Autocumplida y el Efecto Pigmaleón es lo que se conoce como el Efecto Miguel Ángel, bautizado así por Drigotas, Rusbult, Wieselquist y Whitton. Estos autores afirmaron que el autoconcepto de una persona podía modificarse por la concepción que entendía que una persona tenía de él.

Efecto Miguel Ángel
Miguel Ángel Bounarroti.
Por ejemplo, cuando un alumno tiene una pareja y cree que esta le considera un buen estudiante (aunque objetivamente no sea cierto que su pareja piense así), el alumno, por el deseo de que su pareja no se decepcione con él, puede llegar a pasar más tiempo estudiando del que lo hacía previamente, convirtiéndose al final en un buen estudiante.

Por otro lado, una persona que se considere así misma cariñosa y cercana, puede cambiar su imagen sobre si misma cuando al mostrarle muestras de cariño a su pareja, esta le responde con frialdad, pudiendo llegar a pensar que en realidad no es una persona tan cariñosa y comportándose en un futuro de acuerdo con esta idea.

El nombre de este efecto va ligado al famoso escultor italiano del s. XV Miguél Ángel Buonarroti. Ya que hacían el simil de uno de los miembros pareja esculpiendo una escultura en blanco que era el otro miembro. Quizás no sea la analogía más adecuada, teniendo en cuenta que el escultor realiza su obra de forma consciente e intencional, cosa que no sucede en este efecto.

Inicialmente se formuló que el Efecto Miguél Ángel era exclusivo de las relaciones de pareja. No obstante se ha demostrado que esto puede aparecer en otros ámbitos, como es el laboral o el familiar, ya que un jefe o un padre puede "esculpir" al sujeto de la misma manera.  

lunes, 17 de octubre de 2016

Somos nuestra propia abuela. Así funcionan los procesos de autoengaño

Un elevado nivel de autoestima guarda un alta correlación con una adecuada salud mental. La Psicología considera que es sano que un individuo tienda a focalizarse en los aspectos más positivos de él mismo sobre los negativos a la hora de autoidefinirse y autoidentificarse, ya que el caso contrario acostumbra a correlacionar con un cuadro depresivo.

Autoabrazo

A través del día a día, una persona obtiene numerosos feedbacks, tanto internos, como externos, que pueden tener una valencia tanto negativa, como positiva. Se podría decir que, a modo de mecanismo de autodefensa y de manera inconsciente, el sujeto tenderá a emplear ciertos heurísticos para que los positivos tengan mayor peso en su valoración. Estas alteraciones de la percepción propia de la realidad reciben el nombre de procesos de autoengaño.

Tipos de autoengaños


Estos se dividen en los siguientes tipos:

  • Efecto superior a la media: la gente tiende a considerarse mejor que la mayoría de las personas en tareas específicas y de algún modo subjetivas. Un ejemplo es que el 90% de los conductores se consideran mejores que la media, por lo tanto, como mínimo, un 40% de los encuestados tienen una visión equivocada de ellos mismos. Este concepto tiende a permanecer inalterable incluso cuando se le informa al sujeto de qué es lo que se está midiendo.
  • Ilusiones de control: algunas personas tienden a pensar que pueden tener el control de cosas que son producto del azar, como por ejemplo acertar el número de la lotería. Este fenómeno suele presentar una alta correlación con la necesidad. Dicho de otra forma, la persona hambrienta, con más probabilidad, pensará que le puede tocar una cena en un sorteo y que esto dependerá de su grado de habilidad.
  • Optimismo irrealista: las personas suelen tender a verse en un futuro de una forma muy positiva (descartando su posibilidad de percibir infortunios en comparación a la media, alargando esto también a sus seres queridos). Estas personas, además, se ven en un futuro prometedor gracias a las características personales que ellos piensan que desarrollan mejor. Las personas con buen rendimiento académico, por ejemplo, dirán que la inteligencia es la clave del éxito, mientras que los extrovertidos asegurarán que lo más importante en la vida es tener muchos amigos. (Este factor no ha de confundirse con el Principio de Pollyanna, ya que este último va más allá de lo que es la autoevaluación).
  • Sesgo atribucional de autoenaltecimiento: las personas tienden a atribuir sus éxitos a factores internos y los fracasos a externos. El ejemplo más claro es el del estudiante que cuando obtiene una buena clasificación en un examen lo atribuye a su preparación y cuando obtiene una mala es causa de la dificultad del mismo.
  • Rechazo Mnémico: las personas recuerdan con mayor fluidez y nitidez aquellos aspectos de los que se sienten orgullosos.
  • Aceptación y refutación selectivas: La gente tiende a pensar que aquellas opiniones que sean acordes a su forma de pensar son ciertas y las que no, falsas (cuando una noticia favorece partido político al que se es afín, lo normal es aceptarla y cuando le resulta perjudicial se tiende a catalogarla de montaje o minimizar su importancia). La intención que se le atribuya a la persona que aporte el feedback será trascendente para como el individuo lo interprete: “Sólo ha dicho eso porque está celoso”.
  • Comparación social estratégica: las personas tendemos a compararnos con los demás, no solo en cuanto al físico, sino también en cuanto a la personalidad. Esta comparación puede aparecer como un mecanismo de defensa de las siguientes formas:
    • Comparaciones descendentes: pensar en personas que sean "peores" en un determinado aspecto para sentirnos mejor. 
    • Comparaciones paralelas: pensar en personas con nuestras propias debilidades para no sentirnos inferiores.
    • Comparaciones ascendentes: también puede ayudar a sentirse mejor compararse con personas "superiores", siempre y cuando esa distancia no parezca insalvable y a esa persona no se le considere un "competidor". 
  • Interpretación selectiva: las personas suelen pensar que sus virtudes son únicas y sus defectos compartidos por toda la humanidad. Este mecanismo se activa con mayor intensidad ante las características que se consideran más vitales para su autoconcepto.
Sobra decir que varios de estos tipos pueden presentarse de forma simultánea.

Ventajas e inconvenientes



Tratando de descrifrar cómo se busca el equilibrio entre estas ventajas e inconvenientes, se han propuesto dos hipótesis:

  • Baumeister, en 1989, propuso que este autoenaltecimiento se mantiene a un nivel mínimo para que no perjudique sus decisiones importantes.
  • En el mismo año, Gollwitzer y Kinney, proponen que cuando el sujeto se enfrenta a un acontecimiento muy importante, es capaz de desactivar estos mecanismos.

En definitiva, la clave está en no dejar que los feedbacks negativos en cuestiones banales minen el nivel de autoestima, pero sin llegar a permitir que la tendencia a mantener una buena visión de uno mismo llegue a nublar el juicio en cuestiones transcendentales.

Limitaciones


Como se ha dicho, existe una tendencia natural a este tipo de procesamiento. No obstante, hay factores que intervienen en su aparición:

  • Límite de plausibidad: Algunos mecanismos, como el efecto superior a la media, son posibles cuando la característica es ambigua y difícil de demostrar. Esto no ocurre con otras circunstancias (por ejemplo, la puntualidad).
  • Estado de ánimo: El estado en el que se encuentre una persona puede alterar su propensión al “autoensalzamiento“. Por ejemplo, las personas depresivas suelen tratar de evitarlo.
  • Contexto social: El autoensalzamiento se produce más comúnmente delante de desconocidos que de personas cercanas.
  • Cultura: Mientras que en las sociedades orientales se premia el colectivismo, en las occidentales se valora más el individualismo, esto es lo que provoca que en estas últimas haya mayor propensión al autoensalzamiento.

Por supuesto, todo lo expuesto aquí es insuficiente por sí mismo para explicar todo el elaborado proceso de elaboración del “yo”, el autoconcepto y la autoestima.

jueves, 13 de octubre de 2016

Quiero estar enfermo. Así es el Trastorno Facticio o Síndrome Münchausen

Estar enfermo y, sobretodo, requerir de hospitalización es una experiencia muy desagradable para cualquiera, que se desea evitar o poder escapar con la mayor prontitud posible. No obstante, existen personas que idealizan con la idea de padecer una enfermedad y tienen el deseo constante de recibir atención médica. A estas personas se les diagnostica con lo que se conoce como “Trastorno Fáctico”, coloquialmente conocido como “Síndrome Münchausen”.

Baron Münchhausen
El Baron Münchhausen volando sobre una bala.
Las personas aquejadas de este trastorno se caracterizan por estar continuamente documentándose acerca de los síntomas de diversas enfermedades para ser capaces de simularlas o autoinflingírselas con el objetivo de engañar al personal médico y así conseguir su objetivo de ser hospitalizado. Algunas personas con este trastorno han llegado a producirse cortes, tomar medicamentos que no necesitan o ingerir sustancias venenosas con tal de presentar los síntomas de una determinada enfermedad y poder engañar así al personal médico.

Esto último es potencialmente peligroso, ya que para muchas especialidades médicas, una enorme parte del proceso del diagnóstico diferencial es la información que le aporta el paciente. En estos casos, si por ejemplo el paciente ha ingerido una sustancia nociva y le dice al médico que no ha sido así, probablemente el doctor realizará un diagnóstico erróneo, pudiendo llegar incluso a proponer un tratamiento que pudiera llevar a la muerte del paciente.

Dicho esto, cabe destacar también que un münchausen no solo quiere enfermar o hacerse pasar por enfermo, sino también permanecer así. De modo que a pesar de su fuerte deseo de verse en un ambiente hospitalizado y de su enorme conocimiento acerca de las normas de este, tenderá a evitar seguir el tratamiento preescrito o a tomarse su medicación, siendo muy común en estas personas, cambiar de profesional o de centro hospitalario cuando “su mentira deja de tenerse en pie”, lo que la OMS cataloga como “paciente peregrino”.

Por último, es importante matizar que esta idealización de recibir tratamiento médico no es causada por algún reforzador externo, como podría ser el caso de un niño al que sus padres solo le prestan atención cuando tienen que cuidarle por enfermedad, el de un estudiante que, gracias a padecer una enfermedad, se libra de presentarse a un examen, un acusado que se libraría de una pena penitenciaria si es declarado enfermo o una persona que cobraría un sustancioso seguro en el mismo caso.

Este trastorno se distingue de la Hipocondría o del Trastorno Somatomorfo en que en estos últimos el paciente piensa que realmente tiene la enfermedad y, además, le horroriza la idea de estar enfermo.

Origen e historia del trastorno


La primera literatura científica que aparece sobre este trastorno se debe al eminente endocrino Richard Asher, en 1951, quien bautizó este síndrome en honor a Karl Friedrich Hieronymusbarón de Münchausen, personaje histórico de la aristocracia germana del s.XVIII que pasó a la historia por su costumbre de inventarse aventuras completamente disparatadas y fantasiosas, lo cual le ha dado lugar a distintas obras literarias y de la gran pantalla.

Posteriormente, a inicios de la época de los 80, fue reconocido como enfermedad mental y su denominación fue cambiada por la Trastorno Facticio, por su carácter artificial y así es como figura en los principales manuales diagnósticos, tanto el DSM-V, como el CIE-10.

Posibles causas

Hay tres grandes vías por las que se ha intentado explicar la aparición del trastorno:

Richard Asher
Richard Asher
1.     Estrés: Muchos de estos pacientes han vivido una situación repetida de estrés (por ejemplo maltrato por parte de los padres) de la que solo han podido escapar durante el tiempo en el que han estado hospitalizados. Esto podría generar, inconscientemente, en situaciones de gran estrés e inseguridad, el deseo de querer volver a ese lugar seguro y permanecer en él.
2.       Personalidad: También es común que un Münchausen presente los síntomas característicos del Trastorno Límite de Personalidad: personas fácilmente irritables, con obsesión por controlar todo lo que concierne a su entorno, escaso grado de empatía, tendencia a culpar a agentes externos de sus errores y desgracias y una alta sensibilidad a los sentimientos de rechazo y abandono.
3.       Teoría psicodinámica: Por una parte, se ha teorizado en que estos pacientes sufren un enorme miedo a la muerte y pretender experimentar diversas experiencias cercanas a ella para lidiar con dicho temor. Por otro lado, también se ha propuesto que estas personas pueden llegar a ser médicos frustrados, por lo que intentan “jugar a los médicos”, autodiagnosticarse, o burlarse de los profesionales titulados al hacerles llegar a un diagnóstico erróneo.

Se estima que entre el 0,5% y el 8% de la población mundial presenta este síndrome, entre los cuales, dos terceras partes son varones.

Münchausen por poder

Existe una curiosa variación de este trastorno, conocida como “Trastorno Facticio Impuesto a otro” o “Münchausen por poder”. En estos casos el paciente trata de fingir que una persona a su cargo está enferma, o incluso le induce una enfermedad adrede a esta.

Normalmente ocurre en personas adultas con alguien a su cargo, generalmente alguien con escasas habilidades comunicativas que le hacen incapaz de defenderse ante esta situación o denunciarla (o sea, o bebés o personas muy ancianas). Generalmente las víctimas son los hijos de estas personas y, al contrario de lo que pasaba con el anterior síndrome expuesto, en esta ocasión es más común en mujeres que en hombres.

La existencia de este trastorno es especialmente alarmante porque se pone la integridad y la vida de la otra persona en peligro. Como se puede ver en el siguiente video, del cual se advierte que puede llegar a herir la sensibilidad del espectador, hay padres capaces de asfixiar a su hijo hasta hacerle perder el conocimiento o de darle alguna sustancia nociva solo para que terceras personas le presten atención y traten de consolarla por “el susto que se ha llevado”.



Además del riesgo de que a estos padres “se les vaya la mano” y acaben con la vida del infante, a estas edades tan tempranas, los efectos colaterales de sus actos, con mucha probabilidad, generarán enfermedades mentales que afectarán a la víctima el resto de su vida.


Es fácil también que el cuidador llegue a convencer a la víctima de que realmente está enferma. Por ejemplo, un niño a la que su madre le haya inculcado desde pequeño que está enfermo, crecerá creyendo que esto es cierto aunque objetivamente no lo sea.

lunes, 10 de octubre de 2016

Optimismo patológico. Descubre el Síndrome de Pollyanna

El Síndrome de Pollyana, o Pollyanismo, consiste en la tendencia de quien lo padece a valorar todo lo que le acontece desde un punto de vista optimista, o a prestar más atención y mostrar mayor habilidad para recordar aquellos hechos positivos que le han acontecido.

El sujeto en cuestión, seguirá mostrando esta tendencia incluso cuando los hechos sean objetivamente negativos y perjudiciales. Es por ello que se habla de optimismo “excesivo” e incluso “patológico”.

Origen del nombre


El nombre de este síndrome se debe al personaje literario Pollyana, de la homónima novela de Eleanor Potter, publicada en 1913. La protagonista es una niña a la que su padre le enseña un juego que consiste en encontrar siempre el lado positivo de las cosas. Cuando la pequeña se queda huérfana, se muda a una lúgubre ciudad, a cargo de su tía, excesivamente autoritaria y viéndose rodeada de gente particularmente pesimista y depresiva. Pollyana sigue poniendo en práctica el juego que le había enseñado su padre y transmitiéndoselo a toda la gente de su entorno. Finalmente, su optimismo termina siendo contagioso, hasta el punto de que consigue cambiar la actitud de toda la comunidad.

Pollyanna
Hayley Mills dio vida a Pollyanna en la versión de Walt Disney de 1960 | Imagen: Walt Disney


Esta novela se convirtió en un éxito de ventas, lo cual llevó a Potter a escribir una continuación, titulada “Pollyana Grows Up”, sólo dos años después. Además, el primer título fue llevado a la gran pantalla en distintas ocasiones, siendo la más popular la producida por Walt Disney en 1960.

Hipótesis de Pollyanna


Tal fue la influencia de este personaje en la cultura popular que Jerry Boucher y Charles Oswood bautizaron a su teoría “Hipótesis de Pollyanna”. Esta manifiesta que los seres humanos, en general, tienden a prestar más atención a los estímulos positivos que a los negativos.

Esta teoría fue reforzada por Margaret Matling y David Stang en 1978. Estos autores pidieron a varios sujetos que recordaran eventos de su pasado y llegaron a tres conclusiones:

  • La primera de ellas fue que los recuerdos que la persona consideraba agradables se recordaban con mayor prontitud.
  • La segunda, que estos recuerdos, además, eran más precisos que los desagradables, siendo el sujeto capaz de recordar mayor cantidad de detalles.
  • La tercera fue que cuanto más alejado estuviera ese recuerdo en el tiempo, más probable era que lo catalogase como positivo, haciendo referencia así al famoso dicho de “todo tiempo pasado fue mejor”. Por ejemplo, cuando se le pide a una persona que valore una relación de pareja ya finalizada, será más probable que se centre en aspectos negativos si esta terminó recientemente y, si fue muchos años atrás, es más posible que recupere con mayor facilidad los momentos más felices de aquella historia.

 Reforzando todavía más esta hipótesis, el pasado año 2015, la revista PNAS publicó un trabajo realizado por distintos autores de Estados Unidos y Australia en que tras estudiar distintos medios de comunicación y el uso de redes sociales, en 24 corpus de 10 idiomas distintos, detectaron una enorme tendencia al uso de palabras de valencia positiva (siendo el castellano la más fuerte de todas ellas).

¿Y qué tiene de malo?


Síndrome de Pollyanna
Fragmento de la serie de tebeos "Gunshow" | YR Friend KC Green
Esta tendencia es un aspecto positivo del ser humano y un buen predictor de salud mental. De hecho, las personas con tendencia a la ansiedad y la depresión no suelen cumplir los pronósticos de dicha hipótesis. No obstante, tirando del tópico de “todos los extremos son malos”, esto se convierte en un “síndrome” cuando este tipo de respuesta deja de ser adaptativa.

Citando a José Saramago: “Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas”. Una persona que sistemáticamente niegue la realidad para verlo todo de color de rosa, puede llegar a ser perjudicial tanto para ella misma, como para las personas que se encuentran a su alrededor. Por ejemplo, una persona con el Síndrome de Pollyanna puede no contemplar los aspectos negativos de no tener ninguna fuente de ingresos o que su pareja esté a disgusto con él y no luchará para que ninguna de esas situaciones cambie.

Por otro lado. Si un miembro de su familia tiene un problema y él no lo valora como tal, no tratará de ayudarlo y esa tendencia puede terminar por una fuente apatía de parte de susodicho familiar.

¿Quién puede padecer el Síndrome de Pollyanna?


Una vez que analizamos los síntomas de este síndrome, es fácil catalogar el Pollyannismo como el extremo contrario a la depresión, ya que esta última supone una tendencia a centrarse, almacenar y recordar las experiencias negativas sobre las positivas y de hacer juicios subjetivos que tiendan al pesimismo. Dicho esto, en cuanto a las posibles causas genéticas del mismo, no se puede obviar que el Síndrome de Pollyanna y la depresión sean dos extremos de un continuo.

En noviembre de 2015, un estudio realizado en la University College de Londres, demostró que cuando el sujeto recibe lo que valora subjetivamente como una buena noticia, se manifiesta una exitación en los lóbulos centrales. De esta forma, una de las posibles causas de la depresión podría ser una deficiencia en dicha región cerebral, mientras que el Pollyanismo podría ser producido por una sobrexitación de la misma.

Síndrome de Pollyanna


Este síndrome, además, consiste en una forma sistemática de negar la realidad. De esta forma, personas con poca tolerancia al estrés, tendencia a padecer ansiedad y que posean un bajo nivel de autoestima, podrían adoptar esta tendencia como un mecanismo de autodefensa que les ayude a no afrontar ese tipo de situaciones que le generan tan enorme malestar.


En este último caso, la labor del terapeuta sería exponer al paciente a una aproximación sistemática hacia el afrontamiento y razonamiento de los problemas, a la par que se le instruye en técnicas del manejo de los síntomas de ansiedad.

viernes, 7 de octubre de 2016

El perro de Pavlov y el reflejo condicionado

Iván Petróvich Pávlov, nacido en la ciudad rusa de Riazán el 14 de septiembre de 1849, falleció el 27 de febrero de 1936, en la ciudad Leningrado (actualmente San Petersburgo) en la entonces llamada Unión Soviética, habiéndose convertido en uno de los más reconocidos científicos de su época.

Pavlov
Ivan Pavlov
A pesar de que el descubrimiento por el que escribió su nombre en letras de oro en la historia de la ciencia fue el "reflejo condicionado", Pavlov ya era toda una eminencia para el mundo de las ciencias. Fisiólogo de profesión, en 1904 le fue otorgado el Premio Nobel de Medicina por su trabajo en el área de la fisiología nerviosa de los procesos digestivos.

Incluso muchos años después de su gran descubrimiento, al que dedicó gran parte de lo que le quedaba de vida a perfeccionar, realizó otros importantísimos trabajos en áreas como neurosis experimentales o acerca de las bases neurológicas de la personalidad.

Las bases del condicionamiento clásico


Pavlov estudiaba en su laboratorio las respuestas de salivación en los perros, para ello fabricó un aparato que, introducido dentro de la boca del animal, le permitía analizar en qué cantidad salivaba el perro según determinadas circunstancias.

Era un hecho ya conocido que estos animales producían salivación al introducir un alimento en su boca, para que esto les ayude en su digestión. Lo que sorprendió al propio Pavlov fue comprobar como sus perros comenzaban a salivar sin necesidad de estimulación de las glándula salivales. Dicho de otra forma, observó que el mero hecho de ver la comida, ya provocaba la respuesta de salivación. No solo eso, Pavlov también se encontró con perros salivando al contemplar al ayudante que generalmente administraba el alimento a los animales.

Pavlov
Pavlov mostrando su descubrimiento.
Las palabras del filósofo griego Aristóteles, al definir lo que el mismo llamó como "Ley de la contigüidad", saltaron entonces a la cabeza de Pavlov: "Cuando dos cosas suelen ocurrir juntas, la aparición de una traerá la otra a la mente", decía el filósofo griego.

Pavlov trató de dar evidencia empírica a las palabras de Aristóteles y complementar su teoría. Fue entonces cuando realizó el experimento que le haría famoso. Expuso, durante varios ensayos, a uno de sus perros al sonido de un metrónomo (en algunos escritos el metrónomo es sustituido por una campana o un timbre) antes de administrarle el alimento. Pasados unos días, el mero hecho de escuchar el metrónomo provocaba por si solo la respuesta de salivación en el animal.

Pavlov propuso que el perro presentaba lo que bautizó como un "reflejo condicional" (que en inglés sería incorrectamente traducido como "reflejo condicionado"). Según el cual, un estímulo incondicionado (EI), aquel que produce una respuesta de forma natural en el individuo, en este caso la comida, provoca una respuesta incondicionada (RI) y al presentar un estímulo neutro (EN), aquel que, bajo circunstancias naturales no produce una determinada reacción en el sujeto, en este caso el metrónomo, un determinado número de veces junto al EI, el EN se convertiría en un estímulo condicionado (EC), el cual es capaz de provocar, en ausencia del EI, el mismo efecto que el mismo, por lo que se dice que el sujeto da una respuesta condicionada (RC).

Condicionamiento Clásico
Imagen tomada de "Proyecto 16:00".

Este modelo de aprendizaje (asociación entre estímulos) fue bautizado posteriormente como "condicionamiento clásico". Si se observa este postulado, se comprobará que es prácticamente igual de efectivo en seres humanos, quienes, a lo largo de un día normal, muestran cuantiosas respuestas condicionadas. Las más conocidas de estas son las fobias (o miedos irracionales), muchas veces cuando una persona ha sufrido una mala experiencia que le ha acarreado malestar (por ejemplo, sufrir un ataque de ansiedad al quedarse atrapado en un ascensor o sufrir lesiones al ser atacado por un animal), el mero hecho de volver a exponerse a los estímulos que propiciaron esa mala experiencia (ver un ascensor o un animal idéntico al que le agredió) son suficientes para provocar una reacción de evitación que anteriormente no provocaban. 

También encontramos ejemplos aún más cotidianos, como el niño que aprende que al sonar una campana puede salir al recreo o la persona que normalmente acostumbra a fumarse un cigarro después de beber un café, ya que durante la ingesta del mismo, experimenta más ganas de fumar que en otro tipo de situaciones.

El legado de Pavlov


Aunque al principio de su carrera Pavlov no se mostró no muy acorde con la psicología, que por aquel entonces estudiaba facultades subjetivas, como el alma, que se oponían al fuerte empirismo marcado en sus trabajos y a su ideología monista materialista, en los últimos años de su carrera simpatizó mucho por esta ciencia. Lo curioso es que, en los años siguientes, la psicología tendería a rechazar todo aquello que no fuera empíricamente contrastable, siendo el descubrimiento del ruso, uno de los factores más relevantes para que se viviera dicha revolución.

El perro de Pavlov
Caricatura realizada por Stivens en 2003.
Tras los descubrimientos de Pavlov se llegó a creer que cualquier estímulo podría ser asociado a cualquier estímulo. No obstante, se ha demostrado que esto no es así. Para que el condicionamento suceda, tienen que darse las situaciones propicias. Por ejemplo, es importante que haya contingencia entre estímulos. Es más fácil condicionar la ingesta de un determinado alimento al dolor de estómago, que, al dolor de pie, aunque ese último tipo de dolor se suele presentar conjuntamente con la ingesta de dicho alimento.

Sobre todo es importante destacar que algunos individuos son más susceptibles de ser condicionados que otros.

Algunos años más tarde, algunos psicólogos norteamericanos, entre los que destaca la figura de B.F Skinner, ampliaron este concepto al de "Condicionamiento Instrumental" en lo que se asocia al estímulo no es otro estímulo sino una consecuencia, como le sucede a la rata que aprende que al pulsar un botón se le dispensará comida, o el niño que aprende que si desobecede a una figura de autoridad no se le permitirá salir a jugar. Estos autores también trataron de reducir el estudio de conducta a los meramente observable.

En las últimas décadas, encabezado por los trabajos del "neoconductista" Clark Hull, trataron de complementar la psicología conductista a otras ramas de la psicología hasta alcanzar una concepción integradora con la que se trabaja actualmente. Curiosamente el propio Pavlov, al comentar sus descubrimientos, eso sí, en sus últimos años, ya hablaba de que era importante no obviar los aspectos subjetivos de la conducta a la hora de estudiarla.

martes, 4 de octubre de 2016

¿Existe realmente el Trastorno de Identidad Disociativo?

Los trastornos disociativos son los que producen una separación estructurada de un componente mental que habitualmente esta unificado. En el caso del Trastorno de Identidad Disociativo (TID) este componente la identidad.

Las personas que sufren este trastorno experimentan amnesias selectivas durante las que adoptan la identidad de otra persona (en ocasiones de una edad, raza o sexo distinta a la suya) sin ser capaces de recordar nada de lo acontecido al "volver a ser ellas mismas".

La "identidad huésped" acostumbra a tener voluntad propia, en ocasiones un pasado propio (inventado) y es capaz de recordar tanto las ocasiones anteriores en las que ha tomado control de ese cuerpo, así como todo lo que concierne a la identidad original. Algunos pacientes solo manifiestan una personalidad huésped, pero en otros casos llegan a contarse por centenares.

Trastorno de Identidad Disiciativo

Este trastorno es de dominio popular gracias al peso que ha tenido en distintas obras de ficción, no obstante, la gente en general desconoce sus verdaderas características y algunos expertos defienden la inexistencia del trastorno o al menos el adecuado diagnóstico de la mayoría de los casos archivados.

Diagnóstico


La definición actual del TID data de 1994, cuando gracias a los estudios de Frank Putnam, la edición del DSM-IV incluye ciertas revisiones de este trastorno, que hasta ese mismo día había sido denominado "Trastorno de múltiple personalidad".

Según el DSM-IV, el diagnóstico para el TID es el siguiente:

Frank Putnam
Frank Putnam

1. Presencia de dos o más identidades o estados de personalidad (cada una con un patrón propio y relativamente persistente de percepción, interacción y concepción del entorno y de sí mismo).

2. Al menos dos de estas identidades o estados de personalidad controlan de forma recurrente el comportamiento del individuo.

3. Incapacidad para recordar información personal importante, que es demasiado amplia para ser explicada por el olvido ordinario.

4. El trastorno no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo: comportamiento automático o caótico por intoxicación alcohólica) o a una enfermedad médica (por ejemplo: crisis parciales complejas).

El mismo manual incluye una nota aclaratoria en la que especifica de que en niños, estos criterios no deben de confundirse con la creación de "compañeros de juego imaginarios".

El paciente "tipo" de este trastorno es alguien que durante su infancia ha vivido un hecho altamente traumático, bien continuo, como ser expuesto persistentemente a maltrato físico, psicológico o sexual; bien puntual, como contemplar una violación.

¿Puede fingirse el TID?


Algunos investigadores han estudiado la capacidad de los individuos para simular las experiencias disociativas. El que más llama la atención es el de Spanos, Weeks y Bentrand de 1995, en el cual demostraron que un estudiante universitario podía simular un alter ego si se le sugería que esto era posible.



La alarma de que este trastorno podría fingirse la disparó Kenneth Bianchi, quien a finales de los años setenta fue acusado de violar y matar brutalmente a varias jóvenes en la ciudad de Los Ángeles. Durante el juicio alegó padecer de "personalidad múltiple", (por lo cual la sentencia sería ser internado en un psiquiátrico y no en prisión) y los síntomas así parecían mostrarlo. Cuando registraron su casa, se encontraron varios libros de psicología en los que se incluía el trastorno. Cuando el psicólogo forense que trataba el caso de Bianchi (sin decirle que se habían descubierto los libros), aportó información falsa acerca del trastorno, Bianchi comenzó también a mostrar dichos "falsos síntomas".

Como pillar a los farsantes


Los defensores de la existencia del TID se negaron a darse por vencidos ante los farsantes y trataron de demostrar que había síntomas del trastorno que no podían fingirse.

Ludwing y colaboradores, en 1972, descubrieron que las diversas personalidades de uno de los pacientes producían distintas respuestas fisiológicas ante palabras con carga emocional, incluida la respuesta galvánica de la piel, una medición imperceptible de la actividad de las glándulas sudoríparas y en las ondas cerebrales en los electroencefalogramas (EEG).

Millner, en 1989, demostró que los sujetos con TID tenían 4,5 veces más cambios en el funcionamiento óptico en sus personalidades alternas. Esta modificación requiere una fracción y un equilibrio en los músculos del ojo difícil de simular.

Finalmente, Kluft, a finales de la década de los noventa, asegura que los pacientes que padecen el trastorno tratan de ocultar los síntomas, mientras que los que los que lo fingen tratan de exponerlos.

Pero no todo el mundo finge "aposta"


Efectivamente, en muchas ocasiones, el TID puede ser psicosomático o incluso iatrogénico.

Trastorno de Identidad Disociativo

Las personas que presentan este tipo de trastornos, generalmente han vivido en su infancia hechos altamente traumáticos. Estos traumas suelen provocar "amnesia selectiva" en el paciente, y la inadecuada guía del terapeuta puede hacerles recordar cosas que en realidad no ocurrieron, debido también a que dichos pacientes acostumbran a presentar una alta sugestionabilidad. La sola sugerencia del terapeuta de que pudiera existir dicho huésped, podría provocar su aparición (e incluso su "pasado") si el sujeto es lo suficientemente sugestionable.

domingo, 2 de octubre de 2016

Las cuatro grandes etapas en la historia de la psicología

Para muchos autores, la psicología nació en el año 1879, cuando el fisiólogo Wilhelm Wundt crea en la universidad de Leipzig, Alemania, el primer laboratorio de Psicología Experimental. Este concepto, "psicología", derivado de las palabras griegas "psique" (mente) y "logia" (estudio), por consiguiente "el estudio de la mente", ya había sido propuesto por el mismo autor cinco años atrás en su obra "Principios de la psicología fisiológica", donde sentaba las bases para estudiar la mente humana de una forma empírica y contrastable, dicho de otra forma, recurriendo al método científico.
Willhem Wundt
Willhem Wundt

La verdad es que, aunque Wundt le diese nombre a esta ciencia (y dicho sea de paso, el título de "ciencia") y comenzase a establecer cuál debía de ser su cometido y su objeto de estudio, la Psicología (lo que se puede entender como el estudio de la conducta) es tan antigua como el propio hombre. Cabe también destacar que, en todos estos años, encontrar una definición integradora de lo que se conoce como Psicología, ha sido una tarea muy difícil y no del todo acabada.

Entre las definiciones más aceptadas en la actualidad encontramos: "la ciencia que estudia la conducta y la experiencia de los organismos vivos" (Hilgard, 1953) o la de Atkinson del año 2000 dónde la define como "el estudio científico de la conducta y de los procesos mentales". Las sutiles diferencias ente estas dos definiciones dan una clara muestra del cambio vivido en la última de las etapas históricas de la psicología que serán descritas a continuación.

Las tres primeras etapas propuestas por Pièron y McDougall


En 1907, el psicólogo francés Henri Pièron, propone tres etapas de la historia de la psicología hasta sus días:

1. La primera se centra en el estudio del alma.
2. Esta evoluciona hasta el estudio de los fenómenos de la conciencia (o como lo llaman otros autores, actos mentales).
3. La tercera tiene una base más objetiva, más científica y se centra en lo que Pièron denominaba "le comportament", cuya traducción más apropiada sería "conducta".
Henri Piéron
Henri Piéron
Unos cuantos años después, en 1912, William McDougall, psicólogo Inglés haría una formulación prácticamente similar a la de su colega Pièron sobre todo en cuanto a lo que se refiere a la primera y la última etapa. La segunda no deja de guardar algunas similitudes, pero fue dividida en dos etapas:

1. En la primera se estudia la mente empírica, pero no experimentalmente.

2. En la segunda se comenzó a hacer un tratamiento experimental de lo que se denominaba conciencia.

Sólo un año después (1913), Angell comentaba que lo que la psicología había estado llamando "Conciencia" iba a caer en desuso, como anteriormente lo había hecho el concepto de alma (para a lo que a la ciencia de la conducta se refiere, claro). Angell no se refería a que los fenómenos inconscientes iban a dejar de interesar a la psicología, pero si que el estudio de los denominados "fenómenos conscientes" serían de más utilidad. (En otras palabras, Angell se muestra de acuerdo y justifica el tránsito de la segunda a la tercera etapa descritas anteriormente).

Llegado este punto es importante destacar dos aspectos. El primero de ellos se refiere a que la primera etapa descrita por ambos autores data de muchos siglos antes a la obra de Wundt (haciendo referencia a escritos de las eras griegas y romanas). La segunda guarda más relación con la observación de Angell, puesto que esta distinción entre conciencia y conducta y, sobre todo ,el debate acerca de cuál de los dos es más interesante para la psicología, dividió a distintas corrientes psicológicas hasta las últimas décadas del s. XX.

La cuarta etapa integradora actual


No es un hecho desconocido que tras la creación del laboratorio de Leipzig, la psicología no tardó en dividirse en varias ramas (clínica, social, conductual...). En la segunda mitad del s. XX se inició dentro de la psicología lo que se denominó una "moda conductual" en la que la psicología se centraba sólo en aspectos empíricamente contrastables (conducta externa) olvidándose de todo "acto mental" que no pudiera ser susceptible de contrastación empírica. No es que las otras ramas de la psicología se extinguiesen, pero durante esta época sus descubrimientos tuvieron menos peso.

No obstante, en las últimas décadas, las ciencias psicológicas han entendido que el conductismo no puede explicarlo "todo" y que las funciones mentales no pueden ser obviadas cuando se trata de delimitar todos los aspectos de la conducta; además, cada vez se muestran mayores evidencias en contra del dualismo cartesiano (concepto expuesto por Renè Descartes en el s. XVII, que propone que mente y cuerpo son dos entidades distintas), por lo cual se está empezando a comprender que no se puede llegar a entender la conducta sin la mente y viceversa, de modo que actualmente la psicología trata de estudiar estos dos conceptos en conjunto (dicho de otra forma, estudian su interacción).