viernes, 23 de septiembre de 2016

Qué es y cómo se genera la autoestima

A lo largo de la historia se han realizado distintas teorías y experimentos para tratar de delimitar una definición de autoestima y cómo funciona.

Mruk, en 1998, dijo: "Hay tantas definiciones de autoestima cómo personas han intentado definirla". Efectivamente, si se le preguntase a un amplio colectivo de personas qué es lo que entienden por este concepto, dividiéndoles entre gente de la calle y expertos doctorados en distintas ramas psicológicas, lo normal sería no encontrarse dos definiciones iguales. Actualmente no hay una definición universalmente aceptada de qué es "autoestima" y no ha sido por falta de esfuerzo. Wylie, en 1974 expuso un notable incremento en el número de estudios acerca de este constructo.


Concepto coloquial de autoestima


Si se echa un vistazo a las definiciones de autoestima que han realizado distintos sujetos experimentales de distintas investigaciones psicológicas, así como definiciones reflejadas en novelas y otros géneros literarios encontramos bastantes discrepancias.

Algunos describen la autoestima sólo en términos positivos (como si la autoestima baja no fuera autoestima per se), otros autores parecen no distinguir este término de "autoconcepto", mientras que en otras definiciones se describe cómo el aspecto cognitivo del mismo. Del mismo modo, en alguna definiciones atribuyen la autoestima a un carácter cognitivo y en otras a un carácter afectivo.

El aspecto en el que sí parecen coincidir toda persona que trata de definir este peculiar concepto es en catalogar la autoestima cómo una percepción que tenemos de nosotros mismos. En otras palabras, es de carácter subjetivo.


El concepto de autoestima a lo largo de la historia de la psicología


William James, a finales del s. XIX, fue el primer psicólogo que trató de delimitar cómo se conforma nuestra identidad. Catalogó la autoestima cómo aquellos sentimientos de realización o de humillación que obtenemos, según cómo vamos valorando nuestro éxito en las metas que nos hemos propuesto.

William James
William James.


Carl Rogers, uno de los máximos exponentes de la Psicología humanista, expuso que la raíz de muchos de los problemas de las personas venían determinados a qué se consideran a sí mismos "indignos de ser amados" (baja autoestima).

Coopersmith, en 1967, lo definió cómo la continua evaluación aprobatoria o desaprobatoria que uno hace sobre sí mismo, definiendo esto como el resultado de un continuo.

Wells y Marwell, una década después, manifiestaron que la autoestima puede entenderse también como una función o componente de la personalidad. En este caso, la autoestima se considera como parte de uno mismo, normalmente la parte vinculada a la motivación y/o autorregulación.

Posteriormente, con el auge de la psicología conductista (situado en la segunda mitad del s. XX), el estudio de este constructo perdió valor, debido a su imposibilidad de contrastación empírica.

Nathaniel Braden, uno de los mayores defensores del incremento de la autoestima como una forma de alcanzar la salud mental, defiende que este concepto se desglosa en dos componentes: El sentido de eficacia personal y el respeto hacia uno mismo.

Repasando las palabras de Mruk expuestas al inicio, esto es solo una pequeña muestra (la más representativa, eso sí), de cómo distintas disciplinas psicológicas han tratado de definir este término en balde sin lograr ponerse de acuerdo entre todos.

¿Cuáles son las consecuencias de este desacuerdo?


La autoestima está a la orden del día, como bien indica Wylie, son muy numerosas, no solo las investigaciones, sino también las publicaciones que se hacen acerca de este constructo. El pueblo está altamente preocupado de mantener un nivel óptimo de autoestima (porque consideran que correlaciona con una positiva salud mental), y no es extraño ver en las librerías locales múltiples libros de autoayuda encaminados a optimizar lo que su autor ha decidido que es autoestima.

Cómo se genera la autoestima


La situación actual no es, en realidad, tan caótica como se puede hacer pensar con lo anteriormente expuesto. El análisis de las distintas líneas de investigación ha permitido a los teóricos establecer tres modelos predominantes de autoestima (que se complementan entre sí), delimitando (de una forma empíricamente contrastada) los distintos cursos por los que un individuo suele desarrollar un determinado nivel de autoestima, debido a circunstancias tanto ambientales como genéticas y describiendo cómo se debe de proceder ante un paciente que posee un nivel de autoestima que le es perjudicial.

Autoestima
Foto tomada de importancia.org


Uno de los debates que más polémica está generando dentro del mundo científico es si de verdad el objetivo debe de ser optimizar la autoestima en la mayor medida posible (como aseguran el ya mencionado Braden o Tom Pyszcynki) o si por el contrario una autoestima "demasiado" alta es perjudicial para una persona y esta se debe de encaminar a un nivel equilibrado, uno de los máximos exponentes de esta visión es Roy Baumeister. A todos ellos los veremos con más profundidad en el presente artículo.

Tres medios distintos para referirse a la autoestima y su relación


Un estudio más concienciado ha dado como resultado el desglose de tres tipos distintos de autoestima (o sería más propio decir, tres maneras distintas de conceptualizarla):

  • Autoestima rasgo: También conocida como "autoestima global", se refiere a cómo el individuo se siente consigo mismo de manera general. Este tipo de autoestima se caracteriza por permanecer relativamente estable aunque varíe el contexto.
  • Sentimientos de autovalía: Así lo definió William James en su obra "Principios de Psicología" (1890). Se refiere a la autoevaluación que el sujeto hace de él mismo después de cada hecho significativo. 
  • Autoevaluaciones: se refiere a cómo un sujeto se considera según distintos atributos. Este término se diferencia de los otros dos en que no se refiere a un estado global el cual se extrapola a toda persona, sino que la evaluación se refiere a técnicas o habilidades concretas del sujeto (sin que el resto de su persona, generalmente, se vea afectada). Algunos autores han llegado a elaborar escalas de autoestima estratificadas según distintos dominios.
¿Son realmente excluyentes estas distintas formas de contemplar la autoestima? Algunos autores defienden que la autoestima rasgo, convive y a su vez condiciona la autoestima estado, otros piensan que esta relación existe, pero en el sentido contrario y también algunos pensadores establecen que las autoevaluaciones independientes son las que establecerán cómo se conforman los dos otros tipos de autoestima.


Los modelos ascendente y descendente de la autoestima


Aceptando entonces que estos tres tipos de autoestima existen y conviven (además, parecen mostrar una alta correlación), se ha intentado delimitar cuál es su forma de interacción y cuál es su nivel de influencia entre ellos. Nuevamente es difícil alcanzar un consenso, pero en la actualidad hay dos teorías que tienen más peso: 

El primero de ellos es el modelo bottom up o "modelo ascendente", defiende que el feedback evaluativo influye sobre las autoevaluaciones, determinando estos la autovalía así como la autoestima global.

Este modelo consta de dos predicciones:

  • La primera defiende que no todos los aspectos de la persona, configuran por igual el resultado final de la autoestima, sino que cada persona le da una importancia más elevada a algunos aspectos que a otros. En orden general, los hombres suelen basar su autoestima en su competencia, mientras que la mujeres tienden a comparar su ideal en relación a sus habilidades sociales. Esto no elimina el peso del resto de las habilidades en el resultado final de la autoestima, solo reduce su valor.
  • La segunda predicción del modelo ascendente se refiere a que los cambios en la autoestima global se deben a cambios de las autoevaluaciones. Esta afirmación se sustenta en dos teorías:
    • Teoría del mantenimiento de la autoestima (Tesser, 1988): propone que el mantenimiento de la autoestima dependerá de la cercanía de la persona con la que el sujeto se compare y de la importancia que el atributo en cuestión posea para el mismo.
    • Teoría de la autoafirmación (Steele, 1988): dice que el individuo siempre tratará de mantener una valoración global positiva de sí mismo, de modo que cuando la persona experimente una evaluación negativa en algún aspecto, tenderá a compensarla dedicando mayor esfuerzo a aquellas habilidades que se le den bien.

Hay incluso quien va más allá, declarando que la autoestima global carece de importancia y que la psicología, debería centrarse sólo en las autoevaluaciones.

Autoestima
Foto tomada de maternidadfacil.com


El segundo modelo, modelo afectivo o top-down, propone que la autoestima surge en etapas tempranas de la vida como resultado de la interacción de factores genéticos, tales como el temperamento en relación con las experiencias personales (ambiente) y que el resultado de dicha interacción conformará las autoevaluaciones y los sentimientos de valía. Según este modelo, el feedback evaluativo y la autoestima global interaccionan conformando las autoevaluaciones y los sentimientos de autovalía.

Los experimentos de Brown y Dutton


Tratando de demostrar la bondad de ambos modelos, Brown y Dutton realizaron dos experimentos, el primero de ellos en 1995 y el segundo en 1997.

En el experimento de 1995, estos autores trataron de responder a la cuestión de si la autoestima regula los sentimientos de autovalía después de un éxito o un fracaso. Los sujetos experimentales tuvieron que elaborar un test de creatividad e inteligencia, posteriormente, a algunos sujetos se les dijo que habían superado la prueba con éxito y a otros se les dijo que no.

Autoestima
Foto tomada de Juanmateo-online.com
En la siguiente fase del experimento, se le pasó a cada sujeto dos test. El primero de ellos, versaba acerca sobre las respuestas emocionales ante el éxito o el fracaso. El segundo medía sus sentimientos de autovalía.

La autoestima no pareció variar la tristeza ni la felicidad del sujeto en relación con su grado de éxito en la tarea, no así su autoevaluación. Los sujetos de autoestima baja, se sintieron orgullosos del éxito y apenados del fracaso, no obstante, los sujetos de alta autoestima no mostraron ninguna alteración ni en cuánto al éxito ni al fracaso.

En el experimento de 1997, la hipótesis que trataron de demostrar estos autores es que las diferencias mostradas en el experimento anterior son debidas a las autoevaluaciones. En esta ocasión, los sujetos experimentales comenzaron respondiendo a dos cuestionarios, el primero era de autoestima global. En el segundo tenían que puntuarse dentro de 10 atributos distintos (autoevaluaciones).

En la segunda fase del experimento, tuvieron que resolver una tarea intelectual e independientemente de cómo fuese su desempeño, a la mitad de los sujetos se les dijo que lo habían hecho bien y a la otra mitad lo contrario. En la última fase, respondieron a un último test acerca de su autovalía.

El experimento demostró que las autoevaluaciones no parecieron alterar las reacciones emocionales ante el éxito o el fracaso. Sin embargo, otros análisis demostraron que las reacciones cognitivas ante el fedback evaluativo (y otros aspectos) si dependen de las autoevaluaciones y no de la autoestima global.

Puede concluirse, pues, que la autoestima y las autoevaluaciones gobiernan distintos aspectos de la vida psicológica.