viernes, 30 de septiembre de 2016

Phinneas Gage y la importancia del Sistema Límbico en la regulación de las emociones

El accidente que sufrió Phinneas Gage sirvió de base para determinar que las distintas regiones cerebrales se encargan de funciones distintas.

¿El cerebro es un elemento único que se encarga de todos los aspectos de la vida mental, o por el contrario cada una de las partes que lo componen tiene una función específica? Este pregunta dividió muchos teóricos y tardó en poder ser respondida ya que las autopsias no eran capaces de dar una respuesta a este dilema.

No obstante, en la actualidad se ha encontrado una gran evidencia empírica acerca de que distintas regiones cerebrales se encargan de distintas funciones y que, entre ellas, el Sistema Límbico media la vida afectiva del individuo. El caso de Phineas Gage fue clave para esta serie de descubrimientos.


El asombro caso de Phineas Gage


A las cuatro y media de la tarde del día 15 de septiembre de 1848, en la ciudad de Cavendish (Estados Unidos), un grupo de obreros, liderados por un simpático, afable y trabajador capataz de veinticinco años de edad, llamados Phineas Gage, trabajaban en la construcción de una nueva línea de ferrocarriles.

El equipo de Gage, se encontró con una gran roca, que taponaba la ruta del ferrocarril, a la cual había que dinamitar. El propio Gage se encargó de ejecutar la operación. El primer paso consistía en perforar la piedra, para insertar pólvora en el vano creado, posteriormente, debía de apisonar la pólvora en el fondo, empleando para ello una barra de metal de un metro de longitud y 2 centímetros de diámetro. La fricción de la barra con la piedra, provocó que saltase una chispa que encendió la pólvora, produciéndose una explosión que lazó la barra, con tal mala fortuna que esta atravesó el cráneo de Gage, entrando por la parte derecha de su mandíbula y sobresaliendo por la parte central superior de su cabeza (quedándose allí atrancada), la explosión provocó además que el capataz saliera disparado, cayendo a cuarenta metros de distancia.




Una vez en el suelo, sufrió severas convulsiones, pero lo realmente sorprendente es que, apenas cinco minutos después, fue capaz de levantarse y hablar con sus compañeros de una forma bastante locuaz, estos le llevaron a un hotel cercano, para una vez allí, avisar a un médico. Phineas no necesitó ayuda para subirse o bajar de la camioneta y subió hasta la habitación por su propio pie (todo esto con la barra de metal incrustada en la cabeza).

Los médicos lograron retirar la barra y curar las heridas (a pesar de una infección inicial, que pudo ser tratada correctamente). Lo que ninguno de ellos era capaz de explicarse era que a pesar de haber quedado destrozada un gran zona de su parte anterior del cerebro, su memoria, su lenguaje y sus sentidos no se habían visto alterados.

Phineas Gage
A la izquierda, Gage exhibiendo la vara y a la derecha, cómo esta se atrancó en su craneo.
Apenas tres semanas más tarde, Gage parecía completamente recuperado y se reincorporó a la vida laboral. No obstante, quienes le conocían, decían ver en él una persona completamente distinta. El Phineas Gage, trabajador y simpático que todos conocían "murió" para dar paso a un nuevo Gage, violento y desagradable. El nuevo Phineas presentaba repentinos cambios de humor independientes del contexto y además mostraba muy poco respeto por las normas sociales.

John Harlow, uno de los médicos que le trató tras el incidente de la barra escribió un par de libros acerca de este hombre llamados “Pasajes de una barra de hierro en la cabeza” (1948) y “Recuperación de una barra de hierro en la cabeza” (1968), en ellos, habla del repentino cambio de personalidad de Gage, de la siguiente forma: "El equilibrio entre sus facultades intelectuales y tendencias animales se destruyó”.

Gage murió en 1861, habiendo parecido numerosos ataques epilépticos y sin recibir una adecuada autopsia cerebral que permitiera esclarecer más acerca de su caso.

El descubrimiento del sistema límbico


Antes de la aparición de este caso, como se ha dicho, no había demasiada evidencia científica acerca de que distintas regiones cerebrales mediasen distintos aspectos mentales, aunque si que existiese alguna teoría previa al respecto. En la primera mitad del S.XIX, Francis Gall, anatomista austriaco, había propuesto una ciencia a la que puso el nombre de "craneología" y a la que posteriormente se llamaría "frenología". Gall, propuso que distintas regiones cerebrales están encargadas de distintos factores de la personalidad. El anatomista defendía que una protuberancia en una región cerebral encargada de una cierta característica de personalidad (delincuencia, vocación religiosa...) promovía que una persona tendiera a comportarse de una determinada manera.

La frenología tuvo una impresionante repercusión social y fue tomada muy en serio por la comunidad científica de las siguientes décadas, no obstante, en la actualidad, los estudios de la antropología y la neurología han desbancado la mayoría de las formulaciones de Gall, dejando a la frenología con la etiqueta de "pseudociencia".

Sin embargo, el planteamiento de Gall, aunque incorrecto en su manera de especificar, supuso un muy importante avance tanto para la psicología diferencial como para, sobre todo, la neurociencia. Para la primera, por ser la primera gran teoría científica que defendía que los rasgos de personalidad estaban marcadas por diferencias individuales a nivel orgánico y la para la segunda, a la que se refiere este artículo, por ser la primera gran teoría que defiende que distintas facultades se encuentran en zonas determinadas y aisladas del cerebro.

En la actualidad sabemos que hay áreas cerebrales encargadas del lenguaje, del procesamiento de la información e incluso, gracias al caso de Gage, de mediar nuestra vida afectiva. Y es que todo lo que se había escrito acerca de este caso provocó que la comunidad científica no se rindiera y, más allá de su muerte, tratase de dar una explicación a su trastorno.

En 1937, James Papez propuso un circuito integrado por el hipocampo, el hipotálamo, el tálamo anterior y el giro cingulado como lugar de localización de las emociones en el sistema nervioso central (los modelos actuales también incluyen la amígdala y el área septal, así como otras áreas neuroanatómicas). Este circuito, integrado en lo que posteriormente McLean llamaría Sistema Límbico, se ha demostrado que tiene una incidencia directa en factores como el instinto sexual, la conducta alimenticia, la ira, la violencia, la memoria y la motivación. Efectivamente, el área destrozada del cerebro de Gage, formaba parte de dicho sistema.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Definición y tipos de memoria

Aunque mucha gente habla de "memoria" cómo una capacidad única, lo cierto es que distintas regiones cerebrales se encargan de distintos tipos de memoria.

La memoria humana ha sido uno de los conceptos que más han traído de cabeza a los psicólogos contemporáneos. Actualmente entendemos memoria como el fenómeno cerebral de la mente humana que nos permite codificar, almacenar y recuperar información.



El primer dilema vino a la hora de tratar de delimitarla, ya que que la información que somos capaces de recordar (o de olvidar), no solo se basa en acontecimientos, sino también en contenido semántico, sensitivo, significados emocionales.... Además, a lo largo del estudio de personas que han padecido distintas lesiones cerebrales, se ha descubierto que ciertos tipos de lesiones afectan al recuerdo de algunas de estas características y no de las otras.


Ante esta evidencia, la psicología comenzó a plantearse que no existe un único sistema de memoria, sino que según el tipo de información que se almacene, se lleva a uno u otro sistema de memoria (cada uno de ellos localizado en un área cerebral distinta).

Los tres principales sistemas de memoria son, la memoria sensorial, la memoria a corto plazo y la memoria a largo plazo.


Memoria Sensorial


La memoria sensorial es aquella que almacena información acerca de los estímulos captados por los órganos sensoriales una vez cesa la estimulación.  Los tipos de memoria sensorial más estudiados son:
  • Memoria Icónica: la referida a la estimulación visual.
  • Memoria Ecólica" (la referida a la estimulación auditiva).
Este tipo de memoria, que opera de forma inconsciente, tiene una "vida corta", ya que toda estimulación queda almacenada por un tiempo medio de 12,5".

Memoria a corto plazo


La memoria a corto plazo (MCP) es aquella en la que se retiene toda información que nos acaba de acontecer y dónde es asimilada y categorizada.

George A. Millner (1956), trató de delimitar la capacidad de este tipo de memoria. En su famoso artículo llamado "El número mágico", formulaba que somos capaces de almacenar entre 5 y 9 estímulos simultáneamente, durante unos 10 segundos. La relevancia que se le otorgue a dicha estimulación será lo que decida si se transfiere a la memoria a largo plazo o cae en el olvido.



El procedimiento para que la información sea considerada relevante puede ser tanto inconsciente (que el organismo de por sí dé importancia a dicha información) o consciente (repetirse a uno mismo la información una y otra vez, para que entre con mayor probabilidad).

Memoria a largo plazo


La memoria a largo plazo es aquella que contiene todo tipo de información y sucesos acontecidos que han pasado el filtro de la MCP. Se divide en:
  • Memoria declarativa (o explícita): que trata acerca del conocimiento y las experiencias propias. Depende del hipocampo y suele ser activada de forma consciente. Además, se subdivide en:
    • Memoria semántica: los significados y significantes de las palabras y la estimulación que recibimos
    • Memoria episódica, que trata del registro de las experiencias vividas por cada persona.
  •  Memoria no declarativa (o implícita): que versa sobre el conocimiento acerca de la ejecución de determinadas habilidades o estrategias cognitivas. Suele activarse de manera insconsciente. Se subdivide en:
    • Memoria procedimental: que se refiere al recuerdo de habilidades motoras y ejecutivas para llevar a cabo una determinada tarea.
    • Memoria perceptual (o sistema de representación perceptual): que mejora la identificación de palabras y objetos mediante el procesamiento y la representación de información relativa a su forma y estructura.
Una vez realizada esta distinción, cabe destacar que para entrenar la memoria y ayudar a que esta no se desgaste por los efectos típicos del envejecimiento, son distintos ejercicios los que se deben realizar para cada una de ellas.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Juguetes y género ¿Sociedad o genética? Los experimentos de Gerianne Alexander

Gerianne Alexandre llevó a cabo un par de experimentos para determinar si las diferencias de género en cuanto a la elección de juguetes se debe únicamente a factores sociales o si existe también un componente biológico.

Se conoce como "roles de género" a las normas sociales acerca de cómo debe de ser el comportamiento tanto de un hombre cómo de una mujer en determinadas situaciones. Estos roles se inculcan en las personas, desde que son muy pequeñas, por parte de distintos agentes socializadores, entre los que destacan los padres.

No obstante, algunos autores defienden que la existencia de comportamientos "típicos" de cada género está motivada (o al menos influida) por motivos biológicos.

Gerianne M. Alexander
Gerianne M. Alexander
Uno de los primeros patrones de comportamiento donde aparecen estas diferencias es en el juego, ya que distintos modos de juegos o tipos de juguete están catalogados socialmente como típicos de uno u otro género.

Los niños suelen tender al juego de "acoso y derribo", que consiste en el contacto físico. Las niñas, sin embargo, tienden a preferir el juego "socio-dramático", en el cual, interpretan un papel (por ejemplo, el de mamá).

Expuesto así, parece contingente que a los niños se les regale camiones de juguete o piezas de construcción y que a las niñas se les entregue muñecas o juegos de café que les permiten realizar este tipo de juegos.

Sería absurdo negar que este tipo de distinciones son incentivadas por la sociedad, sobre todo por las personas más allegadas al niño. No solo porque los padres tiendan a hacer esta distinción en los juguetes sin necesidad de recapacitar en ello, sino porque es común que cuando un infante realiza una actividad (lúdica o de cualquier otro tipo) que no es contingente con su género, suele ser reprimido por sus cuidadores y recibir burlas por parte de sus iguales. Pero aún así surje la duda de si ha sido la genética la que ha puesto la primera piedra en la construcción de estos conceptos. De allí surgieron los dos siguientes experimentos, conducidos por Gerianne M. Alexander, cuyos datos analizaremos a continuación.

Comportarse como un hombre o una mujer, sin saber lo que son


"Identidad de género" es la conciencia por parte de un sujeto de que hombres y mujeres son distintos, no sólo por sus rasgos físicos, sino también por sus roles sociales. "Constancia de género" se refiere a la comprensión de que el género es una característica propia e inmutable de cada persona.


Ambos conceptos no se empiezan a desarrollar hasta los 18 meses de edad (aproximadamente) y no terminan de consolidarse hasta los seis o siete años.


Una vez expuestos estos términos se debe aceptar que, hasta alrededor de los 18 meses, un niño no es capaz de entender que "debe" de jugar con un determinado juguete por que eso sea lo socialmente aceptado.

En el año 2008, la doctora Gerianne M. Alexander realizó un experimento en el que sometía a niños menores de estas edades a dos estímulos visuales, el primero de ellos era un camión de juguete y el segundo una muñeca. La doctora registró el movimiento pupilar de cada uno de los niños para comprobar cuál de los dos estímulos le llamaban más la atención a cada sujeto.
Los resultados del experimento demostraron que las niñas, incluso antes de los nueve meses de edad, mostraban una clara predilección por la muñeca. Los niños, a la misma edad también mostraban preferencia por el camión, pero esta diferencia era menor, probablemente porque el desarrollo cerebral femenino es más avanzado en esta etapa que el masculino.

Por lo tanto, encontramos que los infantes pueden presentar comportamientos diferenciales dependientes de su género aun sin ser conscientes de pertenecer a un género.

Este experimento, no obstante, no está exento de detractores, pues podría argumentarse que, aunque el niño no sea consciente o haya aprendido que lo que se espera socialmente de él sea que  juegue con un tipo determinado de juguetes, probablemente sus padres ya le hayan hecho jugar con ellos, por lo que ya han asociado ese estímulo a algo positivo, mientras que el otro juguete permanece como un estímulo neutro. Esto podría explicar dicha preferencia visual.

Los monos vervet


La misma doctora Alexander realizó también un experimento con los monos vervet (a los cuales sólo un 1% de sus genes les diferencia de la raza humana). Para dicho experimento, soltó en una jaula poblada de dichos monos, un juguete de cada tipo. Nuevamente, la muñeca llamó más la atención de las hembras de la especie y el camión la de los machos.

Monos Vervet juguetes
A la izquierda, una hembra con una muñeca y a la derecha un macho con un coche | Foto: Gerianne Alexander.


Parece pues evidente que a pesar del enorme peso que la sociedad posee en que se mantengan este tipo de conductas, todo se inicia debido a un instigador biológico, aunque su peso final no se haya establecido aún.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Factores que influyen en la elección de la pareja sexual

Observando distintas especies animales de reproducción sexual, se observa qué hay factores que promueven la probabilidad de aparearse común en todos ellos y estos muestran ser compartidos por los humanos.

La teoría de la selección natural, propuesta por Charles Darwin, expone como la naturaleza tiene sus propios mecanismos para asegurarse de que sólo los individuos más sanos y mejor preparados obtengan descendencia y por ello cada generación sea "mejor" que la anterior. En muchas especies animales, uno de estos factores consiste en que uno de los miembros de la especie (generalmente el macho) tenga que competir con los demás para ver quién es el que logra aparearse.

Socialización en contraposición de los instintos básicos


El ser humano, en muchos aspectos, ha conseguido de algún modo desvincularse de la vida "natural" y desde la repentina revolución tecnológica y su "aislamiento" en las ciudades, los problemas de su vida cotidiana ya no son los mismos. Ya no hay que huir de depredadores, buscar refugio, o emigrar a otras zonas cuando cambie el clima. En otras palabras, el ser humano ya no se desenvuelve en el ambiente para el cual "fue programado".

Dos alces macho compitiendo por una hembra. | Foto: National Geographic.

Sin embargo, seguimos mostrando muchas señales que indican qué nuestro organismo y nuestra mente no han conseguido desvincularse del todo de la vida de nuestros ancestros (ya que la evolución social ha sido demasiado rápida como para poder ser acorde con la evolución del organismo).

Muchos psicólogos sociales se han interesado en averiguar si, a la hora de escoger pareja, seguimos atendiendo a esos "instintos animales" o, si por el contrario, la socialización del ser humano ha generado nuevos criterios a la hora de escoger un compañero sexual.

Cabe destacar que las teorías analizadas a continuación son referentes a la elección de una pareja "sexual", ya que la elección de una pareja "romántica" es algo más complejo.

Toería de la inversión parental de Trivers



Robert Trivers propuso, en 1972, esta teoría que mantiene que el género que más invierte en la descendencia es el que escoge a la pareja.

En el caso de los seres humanos, la hembra es quien mayor inversión realiza (ambos sexos comparten el coito, pero la mujer, además, tiene que pasar por 9 meses de embarazo y encargarse de la lactancia). Si el ser humano se atiene a esta ley de la naturaleza, se encontraría qué, generalmente, una mujer es más exigente y selectiva a la hora de escoger un compañero sexual que un hombre.

Efectivamente, si examinamos recientes investigaciones en donde se les pide a los sujetos el número de citas necesarias antes de irse con alguien del sexo contrario a la cama o los requisitos necesarios para desear hacer tal cosa, encontramos un nivel de exigencia mucho mayor en las mujeres. Algunos detractores de esta teoría afirman que la "deseabilidad social" de los sujetos es lo que proporciona los resultados hallados en dicha investigación.


El atractivo físico, síntoma de buena salud



Otro aspecto a tener en cuenta a la hora de escoger una pareja es cuan de atractivo nos resulte la misma, pero ¿Cuáles son los factores que se consideran "universalmente" atractivos? La teoría psicobiológica responde qué "Aquellos que nos indican que la otra persona goza de buena salud y es fértil".

Las investigaciones han demostrado que cuánto más simétrico es el rostro, más atractiva resulta una persona. El estado de la dentadura, la masa corporal... todos son factores que se tienen en cuenta a la hora de seleccionar una pareja sexual, lo cual significaría qué solo los individuos que posean atributos que promuevan la supervivencia tengan descendencia, siendo esos los genes que persistirán en las siguientes generaciones.

Ejemplo simetría en el rostro con ambos lados del actor George Cloney. | Foto tomada de memolition.com


En cuanto a las diferencias individuales, marcadas por el género, los hombres prefieren a mujeres de caderas anchas (síntoma de fertilidad) y pecho turgente (la turgencia está mejor valorada que el tamaño). Las mujeres, por el contrario, tienden a fijarse más en rasgos "atléticos" que aseguren qué la pareja podrá protegerle a ella y su cría, algunos de estos factores son la anchura de espaldas o la musculatura.

Varios autores han defendido qué el hecho de que las mujeres valoren la protección y el poder económico del hombre, puede no deberse a este factor, aunque otros han argumentado que históricamente, han disfrutado de un estatus social más bajo y han necesitado de un compañero de esas características, eliminando así el factor genético.

Ahora bien ¿Nos atenemos siempre a esta teoría psicobiológica? Gangestad y Buss, en 1993, analizaron los datos de preferencia de 29 culturas que el propio Buss había recopilado cuatro años atrás, para investigar una hipótesis derivada de la “Teoría Parásita” de selección sexual, que propone qué las personas seleccionan parejas sobre la base de su resistencia ante patógenos parasitarios y qué el atractivo físico indica inmuno-competencia y alta resistencia a la enfermedad.

Los resultados concluyeron qué, tanto hombres como mujeres de áreas geográficas con mayor prevalencia relativa de patógenos, valoran el atractivo físico de la pareja más que las personas de zonas con menor prevalencia, dónde factores como el poder económico cobran más importancia.


Hipótesis de la igualación



Existe una gran cantidad de pruebas que indican qué mujeres y hombres tienden a emparejarse con personas de un nivel de atractivo físico similar (Hipótesis de la Igualación). Los estudios con parejas de hecho afirman de manera consistente que las parejas románticas tienden a cumplir dicha característica.

En un estudio longitudinal, realizado en 1980, White encontró que la semejanza en el atractivo es un predictor del mantenimiento del noviazgo.

Kalick y Hamilton, en 1986, defendieron qué, aunque se cumple dicha similitud en el atractivo físico, este puede no ser el resultado de la preferencia de las personas por otras de un nivel de atractivo similar, sino la resignación de no poder acceder a alguien más atractivo.

Para ilustrar esto, emplearon una simulación de ordenador sobre selección de pareja que asume qué todos los individuos demandan una pareja atractiva independientemente de su propio atractivo y puesto qué los más atractivos son capaces de satisfacer esta demanda (emparejándose de manera ordenada), los menos atractivos deben emparejarse entre si. De este modo, fueron capaces de encontrar correlaciones significativas entre el atractivo físico de los miembros de las parejas, superiores a los encontrados en estudios con parejas reales.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Definición y tipos de inteligencia

A lo largo de la historia, distintos teóricos han tratado de definir y clasificar el concepto de "inteligencia".

La "inteligencia" es uno de los constructos más estudiados en la historia de la psicología y a pesar de ser un concepto muy cotidiano y al que todo el mundo hace referencia, como pasa con otros conceptos tales como "autoestima", tratar de delimitar todo cuanto abarca y deja de abarcar es un auténtico quebradero de cabeza.

Si uno se ciñe a su etimología, "inteligencia" es la derivación castellana del latín "intellegere", compuesto por las palabras inte (entre) y legere (Escoger). Las personas calificadas como "inteligentes" eran aquellas que sabían escoger la mejor opción entre todas sus alternativas.

La RAE define "inteligencia" como "capacidad para entender o comprender", así como "capacidad para resolver problemas".

Revisando la literatura científica, es más difícil de concretar. La psicología experimental la aborda desde la perspectiva de resolución de problemas, es decir, le da un enfoque cualitativo, mientras que la psicología diferencial ha estudiado su carácter psicométrico, a partir de una dimensión cuantitativa. La psicología genética, por otro lado, se ha encargado de estudiarlo como un proceso epigenético.

Revisando todas estas definiciones, nos encontramos que el concepto "inteligencia" abarca distintos dominios, que no tendrían por qué solaparse entre ellos, lo cual ha llevado a algunos teóricos a idear distintos tipos de inteligencia.

Es importante decir que, aunque los animales también disponen de inteligencia, y que esta guarda algunos aspectos en común con la humana, las teorías que se explican a continuación son relativas a la inteligencia de los seres humanos.

Los factores G y S (teoría bifactorial)



A principios del s. XX, Spearman propuso que la inteligencia estaba compuesta por dos factores:

  • Factor G: de naturaleza innata y referido a la inteligencia general.
  • Factor S: que es aprendido y se refiere a las habilidades necesarias para resolver tareas específicas.
Tres décadas después, Thurstone negó la existencia del "factor G", por lo cual entendía que todo lo relativo a la inteligencia era aprendido. También dividió la misma en 7 factores:

  • Fluidez verbal (acceso rápido y eficaz a un amplio vocabulario).
  • Comprensión verbal (habilidad para definir y entender conceptos).
  • Aptitud espacial (reconocimiento de los objetos y comprensión de las consecuencias físicas de la manipulación de los mismos).
  • Capacidad perceptiva (adecuada y rápida percepción de todas las características de un objeto).
  • Razonamiento inductivo (pensamiento lógico).
  • Razonamiento numérico (habilidad para resolver problemas aritméticos).
  • Memoria (capacidad para almacenar y recuperar información).

Posteriormente, Guillford, quien también estuvo de acuerdo en la inexistencia del "factor g", argumentó qué los factores que componen la inteligencia ascienden hasta 150.

Inteligencia fluida y cristalizada


En 1970, Cattell y Horn aseguraron que lo que abarca la "inteligencia" puede ser dividido en dos grandes categorías:

  • Inteligencia fluida: se refiere a lo que comúnmente se llama "lógica". Este tipo de inteligencia, libre de influencias culturales o sociales, se encuentra fuertemente ligada al desarrollo neurológico, de esta manera, siendo bastante pobre en el nacimiento, se incrementa hasta más o menos los 20 años de edad (gracias a la mielinización) y comienza a decaer a partir de los 80 años. Ya unas décadas antes, Jean Piaget, una de las grandes personalidades de la historia de la psicología, había propuesto que el aumento de la inteligencia a través del tiempo era la consecuencia de un proceso biológico, a pesar de que era necesario que el niño experimentase ciertas experiencias para que este se active.
  • Inteligencia cristalizada: Se refiere al contenido de la experiencia y el aprendizaje o, como también se les conoce "los contenidos de la inteligencia".

Teoría de inteligencias múltiples


En 1983, Howard Gardner escribe "Las estructuras de la mente", en dicha obra, donde hace especial hincapié en que la inteligencia no puede ser medida, como pretende la psicología diferencial, cataloga distintos tipos de inteligencia, todos igual de importantes y que su valoración dependerá de cada cultura.

  • Inteligencia lingüística: íntimamente relacionada con el concepto de "fluidez verbal" de Thurstone. Se refiere a la habilidad para emplear el vocabulario y la gramática.
  • Inteligencia lógica-matemática: volviendo a recurrir a la teoría de Thurstone, esta inteligencia podría relacionarse tanto con el "razonamiento numérico", como con el "razonamiento matemático".
  • Inteligencia musical: habilidad para reconocer distintos sonidos y melodías, así como para crearlos.
    Howard Gadner
    Howard Gadner
  • Inteligencia espacial: engloba la "aptitud espacial" y la "capacidad perceptiva" de Thurstone. Hace referencia a la capacidad para percibir las características de los objetos, así como las distintas posibles interacciones de los mismos con su medio físico.
  • Inteligencia corporal-cinestésica: hace referencia a la capacidad de controlar y coordinar movimientos corporales, así como la expresividad de los mismos.
  • Inteligencia intrapersonal: capacidad para comprender las emociones propias.
  • Inteligencia interpersonal: capacidad para comprender las emociones de los demás (coloquialmente conocida como empatía).
  • Inteligencia naturalista: capacidad para observar, estudiar, comprender y clasificar los elementos de la naturaleza.
  • Inteligencia existencial: capacidad para situarse a uno mismo dentro del cosmos.

La mayor crítica recibida por esta teoría, es que muchas de las "inteligencias" aquí expuestas podrían catalogarse como "talentos", como la inteligencia musical o la corporal-cinestésica.

Los conceptos de "inteligencia intrapersonal" e "inteligencia interpersonal", fueron unificados posteriormente por Daniel Goleman, para definir lo que se conoce como "inteligencia emocional".

Teoría triárquica de la inteligencia


Tan solo dos años después, Robert Sternberg, formuló tres categorías para describir la inteligencia:

  • Inteligencia componencial-analítica: capacidad para desglosar los problemas y ver soluciones "no evidentes".
  • Inteligencia experencial-creativa: habilidad para manejar la información de la que se dispone.
  • Inteligencia contextual-práctica: capacidad del sujeto para adaptar su conducta a la las exigencias del ambiente. Esta inteligencia se subdivide en:
    • Adaptación: cambio en uno mismo para adaptarse a lo que le rodea.
    • Conformación: cambio activo del ambiente para que este se adapte a sus necesidades.
    • Selección: búsqueda de un nuevo ambiente, cuando el actual es insatisfactorio.


Para este autor, la eficacia de la inteligencia está asociada a tres componentes. A los primeros los denominó "metacomponentes", procesos ejecutivos usados en resolución de problemas y toma de decisiones. Las órdenes dictadas por estos son llevadas a cabo por los "componentes de rendimiento". El último componente es el de "adquisición de conocimiento", que se encuentra íntimamente relacionado con la memoria.

Definición integradora actual


Aceptando que todas estas formas de conceptualizar la inteligencia pueden coexistir y tratando de cerrar el problema de definición expuesto al inicio del artículo, actualmente existe una definición aceptada por la comunidad científica: "Habilidad de un individúo para adaptarse al medio en el que se halla inmerso".  Aceptando esto, se concibe que un individúo puede ser muy inteligente dentro de un aula, pero no así en mitad de la selva amazónica y viceversa. 

El experimento Milgram y la Teoría de la Cosificación. El peso de la autoridad en la conducta

Uno de los experimentos más famosos de la Psicología Social demostró que bajo el peso la autoridad, una persona es capaz de hacer cosas que jamás haría por iniciativa propia.

La Teoría de la Cosificación, propuesta por Stanley Millgram, propone que, en determinadas circunstancias, para un sujeto, la responsabilidad de sus actos no son propias, sino de la figura autoritaria que se los ha encomendado. En otras palabras, según esta teoría, una persona podría realizar actos contrarios a su voluntad o su moral, simplemente porque una figura autoritaria se lo ha encomendado.

Esta idea comenzó a rondarle la cabeza en 1961, cuando Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS Nazi y responsable directo de la Endlösung der Judenfrage (solución final al problema judío), que posteriormente sería mundialmente conocida como "Holocausto" y que consistía en deportación y exterminio de toda persona de etnia judía dentro de los territorios conquistado por su nación, fue juzgado en Jerusalén y sentenciado a muerte por "crímenes contra la humanidad".

Adolf Eichmann
Imagen del juicio de Adolf Eichmann | Foto tomada de Zimbo.com
Milgram, psicólogo social y descendiente de víctimas de dicho Holocausto, siguió el juicio con gran expectación. Una de las primeras cosas que sorprendieron a Milgram fue ver a Eichmann como una persona "normal". No mostraba características propias de un psicópata o un asesino sanguinario. Otra cuestión de la que se vio incapaz de apartar su pensamiento ocurrió cuando preguntaron al ex teniente cómo había sido capaz de ejecutar dichas acciones, su respuesta fue clara y concisa: "Estaba siguiendo órdenes" ¿Era realmente suficiente que se diera ese factor para que una persona "normal" fuera capaz de cometer tan horrendos crímenes? De hecho, las últimas palabras que formuló Eichmann antes de morir ahorcado fueron: "Tuve que obedecer las reglas de la guerra y las de mi bandera".

Solo tres meses después de la celebración de este juicio, Milgram trataría de explicar el peso de la autoridad en la conducta final de una persona con el experimento que escribiría su nombre en la historia de la ciencia.


Los peligros de la obediencia


El "Experimento Milgram" fue llevado a cabo en la Universidad de Yale. Para ponerlo en marcha, se puso un anuncio en la prensa local en el que pedían voluntarios para trabajar en un experimento acerca de "los efectos del castigo en la memoria y el aprendizaje" (lo cual, lógicamente, era un señuelo). Los sujetos seleccionados para participar en el experimento fueron hombres de entre 20 y 50 años y entre los que habían personas que habían recibido cualquier tipo de educación (desde recién salidos de la escuela primaria, a expertos doctorados).

Para que el experimento se llevase a cabo, eran necesarias tres personas en cada ensayo experimental. La primera de ellas, el experimentador, explicaría a los otros dos (un sujeto experimental y un cómplice del experimentador) en que consistía el experimento (pero dando información falsa). Milgram explicaba a los sujetos que lo que se hacía era dividir por sorteo a ambos sujetos para que uno desempeñase el papel de "maestro" y otro el de "alumno" (aunque dicho sorteo estaba amañado para que el cómplice siempre saliese elegido como alumno). El alumno estaría en una habitación contigua, atado en una silla y conectado a unos electrodos. El maestro se encontraría en una sala con el experimentador.

Stanley Milgram
Stanley Milgram | Imagen de archivo
La tarea del maestro era, a través de un micrófono, plantear ciertas pruebas de memoria y aprendizaje al alumno (al cual no veía). Cada vez que el alumno fallase una pregunta, el maestro debía de aplicarle una descarga eléctrica, aumentando la intensidad de la descarga a cada error (desde 15V en el primer ensayo hasta 450 que duraba el último, en cada ensayo se aumentaban 15V, por lo que en total habría 30 niveles). Antes de empezar el experimento, el experimentador aplicaba al maestro una descarga de 45V para que se hiciera a la idea de lo que sentiría el alumno.

La realidad era que el "alumno" no se encontraba atado a una silla, y estaba previamente programado que diera una respuesta falsa o cierta de antemano. Según la intensidad de la descarga "aplicada", el sujeto escucharía al alumno emitir una serie de gritos de dolor y de agonía, que en realidad habían sido grabados previamente. El programa era el siguiente:

  • Durante las primeras descargas, el alumno, se quejaba levemente, golpeando la pared que les separaba y quejándose de su condición de enfermo del corazón.
  • Al alcanzar los 270V, se producían estremecedores gritos de agonía.
  • A partir de los 300V, el alumno dejaba de responder (como si se hubiera desmayado). Cuando se alcanzaba este estado, el experimentador le decía al maestro que si en 45 segundos no obtenía una respuesta, se actuase como si se hubiera aplicado una respuesta incorrecta.

A lo largo del experimento, si el sujeto mostraba su malestar con lo que estaba aconteciendo, el experimentador, hacía las siguientes afirmaciones (por este orden, cada vez que el sujeto se quejaba):

  • Continúe, por favor.
  • El experimento requiere que usted continúe.
  • Es absolutamente esencial que usted continúe.
  • No tiene opción, debe continuar.

Si después de estas 4 afirmaciones, el sujeto seguía negándose a continuar, el experimento se daría por acabado, si no, finalizaría tras aplicar la descarga de 450V.


Resultados


Milgram, antes de realizar el experimento, pidió a varios de sus colegas de profesión que estimasen cuales iban a ser los resultados hallados. Estos pronosticaron que muy pocos pasarían de los 130V y que sólo algún sádico llegaría a los 450V.

No obstante, los resultados descubiertos por Milgram fueron bien distintos. Absolutamente ninguno de los participantes abandonó el experimento antes de los 300V y aunque el 100% mostró malestar por estar accediendo a aplicar descargas tan altas, el 65% de los sujetos llegó a aplicar la descarga de 450V.

Repercusión social


Estos resultados armaron un gran revuelo en la sociedad, pero ni el propio Milgram ni el resto de la comunidad científica se pararon allí y realizaron distintos experimentos para tratar de complementar o amplificar su teoría. Entre otras cosas, se han descubierto factores que favorecen o entorpecen esta obediencia, por ejemplo, en un experimento similar, pero que la "víctima" era visible para el sujeto, fueron muchos menos los que llegaron hasta el final.


Militar. Efecto Milgram.


Otro experimento, realizado con mujeres, demostró resultados similares, aunque mayor respuesta de estrés.

Teoría del conformismo


A par de la Teoría de la Cosificación, arriba explicada, otros teóricos, para explicar los resultados hallados por Millgram, se han basado en la "Ley de la Conformidad" de Solomon Asch, según la cual, cuando un sujeto (generalmente en una crisis) se ve incapaz de tomar una decisión, adopta la forma de actuar (o acata las órdenes) del grupo en el que se encuentra o de las personas a las que les trasfiere autoridad.

viernes, 23 de septiembre de 2016

¿Por qué envejecemos?

Distintas teorías, a lo largo de la historia, han intentado explicar el envejecimiento humano.

El ser humano nace del vientre materno sin un organismo plenamente desarrollado. Poco a poco, sus facultades físicas y mentales viven un determinado desarrollo que se completa alrededor de los 20 años. No obstante, cuando esa persona llega a cierta edad, sufre un característico proceso de "involución" al que llamamos "envejecimiento".
Por qué envejecemos

El envejecimiento siempre ha estado allí, por lo que pocas personas se han planteado por qué existe, sin embargo, la comunidad científica ha tratado de dar una explicación a por qué ocurre este fenómeno, del mismo modo que trata de explicar por qué las condiciones de vida actuales en el mundo occidental provocan un severo retraso en dichos procesos.

Antes de analizar las teorías más influyentes en cuanto a este aspecto, cabe señalar que hay dos tipos de envejecimiento: 

  • El envejecimiento primario, que se refiere a los cambios irreversibles propios de la filogenia humana.
  • El envejecimiento secundario que se refiere aquellos cambios que se han producido en un determinado individuo debido a enfermedades o afecciones específicas.

Puesto que el envejecimiento segundario se explica por sí mismo, lo que tratan de explicar las siguientes teorías es el primario.


El deterioro del Sistema Inmunológico


Muchos aspectos del Sistema Inmunológico, aunque no todos, pierden eficacia con los años. Una parte esencial del envejecimiento es la pérdida gradual de dicho sistema en su capacidad para reparar los daños causados en las células y protegerlas contra la invasión.

La analogía que se emplea, es la de una máquina que se rompe de usarse demasiado.

El uso y desgaste


Esta teoría critica la analogía del agotamiento de una máquina. El cuerpo humano, según defienden, es su propio taller, se sustituye o se repara muchas de sus propias piezas averiadas. Además, a diferencia de la mayoría de las maquinas, muchas piezas del cuerpo salen beneficiadas del uso.

Podría decirse que tiene una formulación muy parecida a la teoría anterior, pero es mucho más compleja en su elaboración.

Los accidentes celulares

La senescencia es el resultado de la acumulación de accidentes que tienen lugar durante la reproducción celular. Las mutaciones provocan que las células nuevas no sean copias exactas.

En todo el cuerpo, las imperfecciones celulares, así como la menor capacidad para detectarlas y corregirlas, puede provocar pequeños deterioros en el funcionamiento o lesiones mortales.

Los radicales libres dañan las células, afectan a los órganos y aceleran las enfermedades. Con el paso del tiempo los radicales libres aumentan y la acumulación gradual puede ser una de las causas del envejecimiento.

Hay tres enzimas que actúan en la eliminación de los radicales libres de oxígeno, cuyos efectos son eliminados por varios antioxidantes. De esta manera y otras, el cuerpo utiliza procesos para curarse a si mismo. A medida que el sistema inmunológico disminuye y el proceso de reparación pierde eficacia, la constelación de errores puede ser tan grande, o afectar a células tan importantes, que el cuerpo no pueda controlarlos o aislarlos, por lo que se llega a la catástrofe por acumulación de errores.

La genética del envejecimiento


Los errores en la duplicación celular que parecen explicar, en parte, el envejecimiento primario son acumulativos, universales, dominantes y están presentes en todos los sistemas corporales.

Algunos teóricos proponen que el envejecimiento va incorporado en la planificación genética de la especie. El envejecimiento no es una equivocación, sino que forma parte del desarrollo normal y natural de cada especie. Las especies tienen un límite máximo del periodo de vida, que es genéticamente innato. Es decir, cada especie tiene marcado un tiempo máximo que los miembros de esa especie puedan vivir. El límite máximo del periodo de vida es diferente a la esperanza de vida. Y para los humanos está marcado en 120 años (aproximadamente).

Jeanne Calment
Jeanne Calment en su 122 cumpleaños | Foto tomada de: 20 Minutos.


Hay que apuntar que la persona que más tiempo sabemos que ha permanecido con vida (puesto que el caso de matusalén no está debidamente documentado) fue Jeanne Calment, quien falleció el 4 de agosto de 1997, en la ciudad francesa de Arlès, la cual le había visto nacer hacía 122 años y 164 días.

El reloj biológico


El ADN que dirige la actividad de cada célula del cuerpo regula también su proceso de envejecimiento, no como una mutación en el tiempo sino como una función correcta.

Según esta teoría, a medida que el reloj biológico va desactivando de forma gradual los genes que provocan el crecimiento, también van activando a los que provocan el envejecimiento.

Las enfermedades de envejecimiento precoz, como Down o Progeria, sugieren la regulación genética del envejecimiento.

Las células siempre paran de dividirse en un momento determinado, este es el límite de Hayflick. Incluso en condiciones ideales, la división celular de las criaturas vivientes es casi la misma que se produce en la duración máxima de la vida de esa especie en particular.

Qué es y cómo se genera la autoestima

A lo largo de la historia se han realizado distintas teorías y experimentos para tratar de delimitar una definición de autoestima y cómo funciona esta.

Mruk, en 1998, dijo: "Hay tantas definiciones de autoestima cómo personas han intentado definirla". Efectivamente, si se le preguntase a un amplio colectivo de personas qué es lo que entienden por este concepto, dividiéndoles entre gente de la calle y expertos doctorados en distintas ramas psicológicas, lo normal sería no encontrarse dos definiciones iguales. Actualmente no hay una definición universalmente aceptada de qué es "autoestima" y no ha sido por falta de esfuerzo. Wylie, en 1974 expuso un notable incremento en el número de estudios acerca de este constructo.


Concepto coloquial de autoestima


Si se echa un vistazo a las definiciones de autoestima que han realizado distintos sujetos experimentales de distintas investigaciones psicológicas, así como definiciones reflejadas en novelas y otros géneros literarios encontramos bastantes discrepancias.

Algunos describen la autoestima sólo en términos positivos (como si la autoestima baja no fuera autoestima per se), otros autores parecen no distinguir este término de "autoconcepto", mientras que en otras definiciones se describe cómo el aspecto cognitivo del mismo. Del mismo modo, en alguna definiciones atribuyen la autoestima a un carácter cognitivo y en otras a un carácter afectivo.

El aspecto en el que sí parecen coincidir toda persona que trata de definir este peculiar concepto es en catalogar la autoestima cómo una percepción que tenemos de nosotros mismos. En otras palabras, es de carácter subjetivo.


El concepto de autoestima a lo largo de la historia de la psicología


William James, a finales del s. XIX, fue el primer psicólogo que trató de delimitar cómo se conforma nuestra identidad. Catalogó la autoestima cómo aquellos sentimientos de realización o de humillación que obtenemos, según cómo vamos valorando nuestro éxito en las metas que nos hemos propuesto.

William James
William James.


Carl Rogers, uno de los máximos exponentes de la Psicología humanista, expuso que la raíz de muchos de los problemas de las personas venían determinados a qué se consideran a sí mismos "indignos de ser amados" (baja autoestima).

Coopersmith, en 1967, lo definió cómo la continua evaluación aprobatoria o desaprobatoria que uno hace sobre sí mismo, definiendo esto como el resultado de un continuo.

Wells y Marwell, una década después, manifiestaron que la autoestima puede entenderse también como una función o componente de la personalidad. En este caso, la autoestima se considera como parte de uno mismo, normalmente la parte vinculada a la motivación y/o autorregulación.

Posteriormente, con el auge de la psicología conductista (situado en la segunda mitad del s. XX), el estudio de este constructo perdió valor, debido a su imposibilidad de contrastación empírica.

Nathaniel Braden, uno de los mayores defensores del incremento de la autoestima como una forma de alcanzar la salud mental, defiende que este concepto se desglosa en dos componentes: El sentido de eficacia personal y el respeto hacia uno mismo.

Repasando las palabras de Mruk expuestas al inicio, esto es solo una pequeña muestra (la más representativa, eso sí), de cómo distintas disciplinas psicológicas han tratado de definir este término en balde sin lograr ponerse de acuerdo entre todos.

¿Cuáles son las consecuencias de este desacuerdo?


La autoestima está a la orden del día, como bien indica Wylie, son muy numerosas, no solo las investigaciones, sino también las publicaciones que se hacen acerca de este constructo. El pueblo está altamente preocupado de mantener un nivel óptimo de autoestima (porque consideran que correlaciona con una positiva salud mental), y no es extraño ver en las librerías locales múltiples libros de autoayuda encaminados a optimizar lo que su autor ha decidido que es autoestima.

Cómo se genera la autoestima


La situación actual no es, en realidad, tan caótica como se puede hacer pensar con lo anteriormente expuesto. El análisis de las distintas líneas de investigación ha permitido a los teóricos establecer tres modelos predominantes de autoestima (que se complementan entre sí), delimitando (de una forma empíricamente contrastada) los distintos cursos por los que un individuo suele desarrollar un determinado nivel de autoestima, debido a circunstancias tanto ambientales como genéticas y describiendo cómo se debe de proceder ante un paciente que posee un nivel de autoestima que le es perjudicial.

Autoestima
Foto tomada de importancia.org


Uno de los debates que más polémica está generando dentro del mundo científico es si de verdad el objetivo debe de ser optimizar la autoestima en la mayor medida posible (como aseguran el ya mencionado Braden o Tom Pyszcynki) o si por el contrario una autoestima "demasiado" alta es perjudicial para una persona y esta se debe de encaminar a un nivel equilibrado, uno de los máximos exponentes de esta visión es Roy Baumeister. A todos ellos los veremos con más profundidad en el presente artículo.

Tres medios distintos para referirse a la autoestima y su relación


Un estudio más concienciado ha dado como resultado el desglose de tres tipos distintos de autoestima (o sería más propio decir, tres maneras distintas de conceptualizarla):

  • Autoestima rasgo: También conocida como "autoestima global", se refiere a cómo el individuo se siente consigo mismo de manera general. Este tipo de autoestima se caracteriza por permanecer relativamente estable aunque varíe el contexto.
  • Sentimientos de autovalía: Así lo definió William James en su obra "Principios de Psicología" (1890). Se refiere a la autoevaluación que el sujeto hace de él mismo después de cada hecho significativo. 
  • Autoevaluaciones: se refiere a cómo un sujeto se considera según distintos atributos. Este término se diferencia de los otros dos en que no se refiere a un estado global el cual se extrapola a toda persona, sino que la evaluación se refiere a técnicas o habilidades concretas del sujeto (sin que el resto de su persona, generalmente, se vea afectada). Algunos autores han llegado a elaborar escalas de autoestima estratificadas según distintos dominios.
¿Son realmente excluyentes estas distintas formas de contemplar la autoestima? Algunos autores defienden que la autoestima rasgo, convive y a su vez condiciona la autoestima estado, otros piensan que esta relación existe, pero en el sentido contrario y también algunos pensadores establecen que las autoevaluaciones independientes son las que establecerán cómo se conforman los dos otros tipos de autoestima.


Los modelos ascendente y descendente de la autoestima


Aceptando entonces que estos tres tipos de autoestima existen y conviven (además, parecen mostrar una alta correlación), se ha intentado delimitar cuál es su forma de interacción y cuál es su nivel de influencia entre ellos. Nuevamente es difícil alcanzar un consenso, pero en la actualidad hay dos teorías que tienen más peso: 

El primero de ellos es el modelo bottom up o "modelo ascendente", defiende que el feedback evaluativo influye sobre las autoevaluaciones, determinando estos la autovalía así como la autoestima global.

Este modelo consta de dos predicciones:

  • La primera defiende que no todos los aspectos de la persona, configuran por igual el resultado final de la autoestima, sino que cada persona le da una importancia más elevada a algunos aspectos que a otros. En orden general, los hombres suelen basar su autoestima en su competencia, mientras que la mujeres tienden a comparar su ideal en relación a sus habilidades sociales. Esto no elimina el peso del resto de las habilidades en el resultado final de la autoestima, solo reduce su valor.
  • La segunda predicción del modelo ascendente se refiere a que los cambios en la autoestima global se deben a cambios de las autoevaluaciones. Esta afirmación se sustenta en dos teorías:
    • Teoría del mantenimiento de la autoestima (Tesser, 1988): propone que el mantenimiento de la autoestima dependerá de la cercanía de la persona con la que el sujeto se compare y de la importancia que el atributo en cuestión posea para el mismo.
    • Teoría de la autoafirmación (Steele, 1988): dice que el individuo siempre tratará de mantener una valoración global positiva de sí mismo, de modo que cuando la persona experimente una evaluación negativa en algún aspecto, tenderá a compensarla dedicando mayor esfuerzo a aquellas habilidades que se le den bien.

Hay incluso quien va más allá, declarando que la autoestima global carece de importancia y que la psicología, debería centrarse sólo en las autoevaluaciones.

Autoestima
Foto tomada de maternidadfacil.com


El segundo modelo, modelo afectivo o top-down, propone que la autoestima surge en etapas tempranas de la vida como resultado de la interacción de factores genéticos, tales como el temperamento en relación con las experiencias personales (ambiente) y que el resultado de dicha interacción conformará las autoevaluaciones y los sentimientos de valía. Según este modelo, el feedback evaluativo y la autoestima global interaccionan conformando las autoevaluaciones y los sentimientos de autovalía.

Los experimentos de Brown y Dutton


Tratando de demostrar la bondad de ambos modelos, Brown y Dutton realizaron dos experimentos, el primero de ellos en 1995 y el segundo en 1997.

En el experimento de 1995, estos autores trataron de responder a la cuestión de si la autoestima regula los sentimientos de autovalía después de un éxito o un fracaso. Los sujetos experimentales tuvieron que elaborar un test de creatividad e inteligencia, posteriormente, a algunos sujetos se les dijo que habían superado la prueba con éxito y a otros se les dijo que no.

Autoestima
Foto tomada de Juanmateo-online.com
En la siguiente fase del experimento, se le pasó a cada sujeto dos test. El primero de ellos, versaba acerca sobre las respuestas emocionales ante el éxito o el fracaso. El segundo medía sus sentimientos de autovalía.

La autoestima no pareció variar la tristeza ni la felicidad del sujeto en relación con su grado de éxito en la tarea, no así su autoevaluación. Los sujetos de autoestima baja, se sintieron orgullosos del éxito y apenados del fracaso, no obstante, los sujetos de alta autoestima no mostraron ninguna alteración ni en cuánto al éxito ni al fracaso.

En el experimento de 1997, la hipótesis que trataron de demostrar estos autores es que las diferencias mostradas en el experimento anterior son debidas a las autoevaluaciones. En esta ocasión, los sujetos experimentales comenzaron respondiendo a dos cuestionarios, el primero era de autoestima global. En el segundo tenían que puntuarse dentro de 10 atributos distintos (autoevaluaciones).

En la segunda fase del experimento, tuvieron que resolver una tarea intelectual e independientemente de cómo fuese su desempeño, a la mitad de los sujetos se les dijo que lo habían hecho bien y a la otra mitad lo contrario. En la última fase, respondieron a un último test acerca de su autovalía.

El experimento demostró que las autoevaluaciones no parecieron alterar las reacciones emocionales ante el éxito o el fracaso. Sin embargo, otros análisis demostraron que las reacciones cognitivas ante el fedback evaluativo (y otros aspectos) si dependen de las autoevaluaciones y no de la autoestima global.

Puede concluirse, pues, que la autoestima y las autoevaluaciones gobiernan distintos aspectos de la vida psicológica.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Los componentes del amor. Teoría Triárquica de Robert Strenberg

El psicólogo Robert Strenberg propuso que existen tres factores dicotómicos, los cuales, dependiendo de cómo interactúen pueden generar distintas tipologías de amor.

A pesar de que “amor” es una palabra conocida por todo el mundo, es bastante complicado alcanzar una definición con la que todo el mundo esté de acuerdo. Comúnmente, cuando alguien trata de definir qué es el amor, se encuentra con que muchos de los atributos que destaca, pueden ser incluidos en otros conceptos tales como la amistad o el cariño, que por sí solos no son suficientes para generar amor romántico. Otras personas incluyen el deseo sexual en su definición, topándose posteriormente con casos que pueden ser categorizados como “amor” sin necesidad de la existencia de dicho deseo.

Robert Strenberg
Robert Strenberg | Foto: Alcheron

Ante esta ambigüedad, una de las figuras más representativas en la historia de la Psicología Diferencial, como fue Robert Strenberg, propuso la “Teoría Triárquica del Amor”, subdiviviendo este concepto en varios subtipos, según la presencia o no de distintas características.

Intimidad, pasión y compromiso. Los ingredientes del amor


Según la teoría de Strenberg, el amor es como un plato que para que sea del gusto de cualquiera, debe de tener los ingredientes precisos (y en su justa medida). Este autor sugirió que los componentes del amor son los siguientes:
  • Intimidad: se refiere al grado de conexión que sentimos hacia la otra persona y la confianza para compartir con ella todas nuestras confidencialidades.
  • Pasión: esta característica está más ligada a la atracción sexual, aunque también se puede relacionar a todas las manifestaciones fisiológicas que se disparan en nuestro organismo cuando hallamos el amor (aumento de dopamina y adrenalina, aumento de las defensas inmunológicas, entre otras).
  • Compromiso: se define como hasta donde estamos dispuestos a llegar por el bienestar de la otra persona y por el mantenimiento de la relación.

La falta de uno de los ingredientes (o incluso de dos), no es obstáculo para que el plato sea comestible e incluso apetecible, pero a la larga insípido y con más problemas a la hora de digerirlo.


Cariño (intimidad con ausencia de pasión y compromiso)


Es el sentimiento que generan aquellas personas hacia las que no nos cuesta nada abrirnos, pero por la que no sentimos ningún tipo de deseo sexual o romántico. Este tipo de amor se relaciona con la amistad.

Encaprichamiento (pasión sin intimidad ni cariño)


Generalmente se relaciona con lo que se llama "amor a primera vista", la agradable presencia física de una persona, u otros signos, no necesariamente derivados de la sexualidad (también puede suceder que nos parezca protectora o muy simpática), puede crear una fuerte atracción hacia ella. No obstante, dicha atracción es tan fuerte como frágil y seguramente se romperá cuando se necesite de cualquiera de los otros dos componentes y este no aparezca.

Teoría Triárquica del Amor


Amor vacío (compromiso, pero sin pasión ni intimidad)


Hay ocasiones en las que una pareja no encuentra facilidad para abrirse el uno con el otro y el deseo sexual ha muerto, pero un sentimiento mutuo de respeto y reciprocidad propicia que ambos pongan de su parte para que no se rompa la relación.

Amor romántico (intimidad y pasión sin compromiso)


A estas parejas les un fuerte sentimiento de cariño y comprensión bien alimentado por el deseo sexual, no obstante, es bastante probable que cuando lleguen los malos momentos, aquellos que realmente ponen a prueba a una pareja, no sepan, no puedan, o no quieran invertir los recursos necesarios para que la relación permanezca.

Amor social (intimidad y compromiso en ausencia de pasión)


Ocurre cuando alguien se siente muy unido hacia otra persona y haría cualquier cosa por que dicha relación siguiera adelante, aunque no siente por ella ningún tipo de atracción física.

Este tipo de amor es típico de matrimonios de muchos años de duración e incluso de algunas amistades también ya duraderas.

Robert Strenberg
"La pasión es la que más rápido surge y la que más rápido desaparece. La intimidad se desarrolla más despacio y el compromiso es el más estable" (Robert Strenberg) | Montaje: AZ quotes.


Amor fatuo (pasión y compromiso sin intimidad)


También llamado "amor loco", ocurre cuando la satisfacción que acarrea el deseo sexual, produce motivación hacia el compromiso, pero sin llegar a conectar lo suficiente con la otra persona como para llegar a tener intimidad con ella. Este tipo de relaciones son altamente inestables.

Amor consumado (intimidad, pasión y compromiso)


Dentro de la teoría de Strenberg, este es el amor idílico. Comprende de la completa devoción, confianza y deseo entre dos personas. Cuando estas características persisten, se puede decir que el amor es indestructible, no obstante, Strenberg advierte que lo complicado no es alcanzar este tipo de amor, sino permanecer en él.

No amor (ausencia de los tres componentes)


Muchas veces dos personas se conocen e interactúan sin necesidad de que ninguno de estos tres componentes aparezcan entre ellos (por ejemplo, dos compañeros de trabajo). El "no amor", no es amor, como se hace entender, pero es importante destacarlo en esta clasificación.

Los tipos de amor no son inmutables ni eternos


Cualquiera de los tres componentes arriba destacados pueden emerger o desaparecer. En el amor consumado, por ejemplo, puede perderse la pasión, y entonces convertirse en amor social. De la misma manera, una relación puede generarse como un encaprichamiento, pero si, posteriormente, cualquiera de los otros dos ingredientes aparecen, se convertiría en otro tipo de amor.