miércoles, 7 de noviembre de 2018

Mitos y realidades sobre el Síndrome de Estocolmo

Síndrome de Estocolmo
Una de las grandes particularidades que envuelven a la psicología, es que, a pesar de qué, como ciencia, sus postulados se basan en el empiricismo, aquellos autores y obras que se han apropiado de su nombre sin usar el método científico, han conseguido mayor renombre que muchos científicos que han realizado numerosos y valiosos aportes a la misma. Sirva como claro ejemplo la figura de Sigmund Freud, a quien se le considera el psicólogo más famoso de la historia, a pesar de qué, por definición, jamás lo fue, o la manera en la que técnicas psicodinámicas como el Test de Rorschach son más conocidas que cualquier método terapéutico con respaldo empírico. De esta manera, es habitual que algunos trastornos psicológicos cuya veracidad no está objetivamente demostrada sean más conocidos que otros contrastados, un ejemplo de ello es el del "Síndrome de Estocolmo", el cual es de dominio público y se le suele hacer referencia en distintas obras literarias y películas, a pesar de qué los principales manuales diagnóstico (DSM y CIE) no hacen ninguna referencia al mismo, precisamente por su falta de respaldo empírico.

Si uno le pregunta a Google acerca de qué es el Síndrome de Estocolmo, el programa le responde: "Trastorno psicólogico temporal que aparece en la persona que ha sido secuestrada y que consiste en mostrarse comprensivo y benevolente con la conducta de los secuestradores e identificarse progresivamente con sus ideas, ya sea durante el secuestro o tras ser liberada". Otros teóricos han propuesto que este síndrome no se presentaría únicamente en una situación de secuestro, sino en otros escenarios que impliquen sometimiento, cómo puede ser una relación de pareja o paternofilial en el que se presente un continuado maltrato físico y/o psicológico. De la misma manera, se postula que algunas sectas se aprovechan también de este fenómeno psicológico para fidelizar adeptos.

El Robo de Norrmalmstorg y el el secuestro de Patricia Hearst


El nombre de este síndrome se debe al psiquiatra Nils Bejerot, tras lo acontecido en el año 1973 en lo qué se conoce como "el robo de Norrmalmstorg".  El 23 de agosto de dicho año, en el que un excombicto, llamado Jan Olsson entró en el Banco de Crédito de Estocolmo, ejecutando un disparo al techo y tomando de rehenes a todos lo qué se encontraban allí. Entre las exigencias de Olsson se encontraba la puesta en liberación de Clark Oloffson, con quien había coincidido en prisión y era considerado uno de los delincuentes más peligrosos del país. Las autoridades suecas accedieron a esta petición y a que Oloffson entrase en el edificio junto con el secuestrador para garantizar la supervivencia de los rehenes. Tras seis días de secuestro, en los que los secuestradores amenazaron continuamente con matar a los rehenes, llegando a ponerles una soga al cuello, las autoridades,  empleando gas lacrimógeno, lograron capturar a los dos delincuentes sin que ellos, o ninguno de los rehenes sufriera daños físicos.

Síndrome de Estocolmo
Fotografía cedida por la Policía, que muestra a los empleados del Kreditbanken con su secuestrador, Clark Olofssonen el sótano del banco, en Norrmalmstorg, en Estocolmo, Suecia, el 23 de agosto de 1973.


El hecho de qué este atraco pasase a los anales de la historia fue por lo que aconteció cuando se le tomó declaración a los rehenes, una vez que finalizó la experiencia. Sven, uno de ellos, declaró que sentía gratitud hacia sus secuestradores, a pesar de qué uno de ellos llegó a amenazarle con dispararle en la pierna para demostrarle a las autoridades qué iba en serio. Pero el caso más famoso es el de Kristin Enmark, mujer que tenía por aquel entonces 23 años, quien llegó a ofrecerle a Oloffson acompañarle a un viaje a cambio de qué soltase al resto de los rehenes. Una vez finalizada la experiencia declaró qué confiaba plenamente en sus captores, pero que no confiaba en las fuerzas de seguridad por si empleaban algún método violento. Lo cierto es que en una entrevista realizada a la BBC en el año 2016 (43 años después), Enmark confesó qué seguía en contacto con Oloffson. En dicha entrevista la mujer declaró lo siguiente "Confío plenamente en él. Viajaría con él por todo el mundo", afirmó a la cadena británica.

En el juicio hacia Oloffson y Olssen, ambos declararon que no culminaron su amenaza de matar a los rehenes porque "ahora eran sus amigos". Claro está, siempre existe la duda razonable de qué esas declaraciones se debieran al deseo de reducir su condena, que finalmente fue de 10 años para Olssen y 6 para Oloffson.
Síndrome de Estocolmo
Imagen cedida por el FBI del atraco perpetuado
por Hearst el 17 de Abril de 1974.
Al año siguiente de lo sucedido en la capital sueca, Patricia Hearst nieta del magnate millonario William Hearst, fue secuestrada por el Ejército Simbionés de Liberación, quien exigió a su familia que donase 6 millones de dólares a beneficiencia para su liberación. La familia cumplió dicha petición, pero Patricia no volvió a casa. Pocos meses después, recibieron una grabación en el que la chica les decía qué había decidido quedarse a luchar por la causa del Ejército Simbionés de Liberación y decidía cambiar su nombre por el de "Tania". No pasó mucho tiempo hasta que fue fotografiada tomando parte en el atraco a un banco, como parte del mismo colectivo por el que había sido secuestrada.

Un año después fue detenida. Allí reveló que había sido encerrada, vendada y abusada física y sexualmente durante meses, a la vez que era aleccionada sobre los ideales del grupo. Según su propia autobiogafía, el ansia de  supervivencia le hizo adoptar esa misma ideología.

¿Qué es el Síndrome de Estocolmo?


Bejerot fue asesor de la policía durante el Robo de Norrmalmstorg y tuvo la oportunidad de entrevistar tanto a los secuestradores, como a los rehenes y ello le llevó a proponer la existencia del síndrome que hoy nos ocupa. Según el mismo, para que este se desencadene, debería de darse la siguiente serie de circunstancias:


  • Que la víctima viva en una situación en la que esté retenida.
  • Qué se produzca un aislamiento de estímulos, por el cual el secuestrador termine siendo el único referente de emergencia y la única fuente de información.
  • Qué se produzca un "corpus ideológico", entendido esto como valores y cogniciones recubierto de un argumento concreto, ya sea político, religioso, social... que justifique la conducta de los secuestradores.
  • Qué exista contacto directo entre secuestrador y víctima, lo cual permita a esta última escuchar sus argumentos y motivaciones.
  • Qué la víctima presente un patrón de personalidad de pobre referencia interna y escasa habilidad de resolución de problemas. En términos más coloquiales, que sea una persona dependiente.
  • Qué la víctima genere inicialmente unas expectativas de peligro y estas se vayan diluyendo debido al comportamiento del secuestrador.

El psiquiatra hace otras matizaciones, tales cómo qué, en el caso de qué el secuestrador haga uso de la violencia física, será menos probable qué este fenómeno se produzca, además de qué (cómo se puede sobreentender del sexto punto antes señalado), qué muchos de estos factores son interpretados por la víctima de manera puramente subjetiva.

Cultura popular


Existen obras, algunas escritas con anterioridad a la hipótesis de Bejerot, que describen un proceso similar. Por ejemplo, en 1903, el autor catalán Mariá Vayera escribó una de sus obras más célebres "La Punyalada", que se centra en un joven que mantiene durante años una fuerte relación de amistad con otra persona que continuamente abusa de su autoridad sobre él.

Síndrome de Estocolmo
Imagen encontrada en cecyac.blogspot.com
El caso más famoso al que se suele hacer referencia es el de "La Bella y la Bestia", antiguo cuento de  hadas francés que alcanzó enorme popularidad cuando la productora "Walt Disney" realizó un largometraje animado del mismo en 1995. En esta historia (habiendo muchísimas variaciones en distintas versiones del cuento), una joven es retenida en un castillo encantado, cuyo dueño se ha convertido en una bestia quien la tiene presa. El pueblo marcha para allá para rescatarle, pero al llegar allí, la mujer se ha enamorado de su captor y trata de defenderle.

Por citar un caso mucho más reciente, la serie española "La Casa de Papel" (2017) alcanzó una gran repercusión internacional. En esta serie, un equipo atraca durante varias días una fábrica de monedas. A lo largo del atraco, surge un romance entre una de las trabajadores y uno de los secuestradores, quien teme que la atracción que siente ella hacia él se deba al "Síndrome de Estocolmo".

Pero entonces ¿Existe el Síndrome de Estocolmo? 


En julio de 2018 la revista "Clínica y Salud" publicó una revisión bibliográfica sobre el tema por parte de Lucía Ester Rizo-Martínez, de la Universidad de Guadalajara (Méjico). En ella queda patente que sigue existiendo un gran desacuerdo entre distintos autores acerca de si este síndrome es real o los fenómenos descritos pueden ser explicados por otros fenómenos. Incluso algunos trabajos aseguran que la incidencia estadística de este tipo de comportamientos ante estas situaciones, lo hace más una excepción que una regla.

Síndrome de Estocolmo
Fragmento de la serie "La Casa de Papel" (Alex Pina, 2017)

Llegados a este punto, la pregunta que podría hacerse es "Si el Síndrome de Estocolmo no es un proceso psicológico por él solo ¿Qué podría explicar lo sucedido en estos casos?" A continuación explicamos las principales teorías.


  • Trastorno por Estrés Postraumático Complejo (TEPC): el Trastorno de Estrés Postraumático es un fenómeno psicológico bastante estudiado, sobretodo después de lo acontecido después de la II G.M., básicamente describe una serie de síntomas que suelen ser comunes a personas que, en un momento específico de su vida, se han visto expuestos a una situación altamente estresante y amenazadora. No obstante, en aquellos a los que dicha situación se le ha prolongado durante un periodo importante de su vida, se ha observado una sintomatología propia, que ha obligado a diferenciarlos en otro criterio diagnóstico que se denomina "Trastorno de Estrés Postraumático Complejo". Entre estos síntomas propios se encuentran el presentar serios problemas para generar vínculos emocionales y alteraciones en la percepción y la conciencia, siendo habitual también que sus esquemas y sistemas de creencias se ven muy afectados desfavorablemente, llegando a convencerse, habitualmente, de que se merecieron pasar por dicha experiencia. Las situaciones que desencadenan lo que se denomina "Síndrome de Estocolmo" son suficientemente devastadoras y prolongadas en el tiempo como para que genere este tipo de trastorno. Esto ha llevado a algunos autores a pensar que aquellas personas a las que se les ha atribuído dicho síndrome, en realidad están padeciendo TEPC y el vínculo generado con el agresor es consecuencia de la reestructuración congnitiva que genera.
  • Disonancia Cognitiva: cuando nos vemos atrapados en una situación amenazadora, nuestro organismo genera sensaciones desagradables, tales como aceleración del ritmo cardíaco y respiratorio para qué, de esa manera, por una parte se genere el deseo de escapar y, por otra, tengamos mayor capacidad de hacerlo (en términos físicos, se entiende). No obstante, esto está diseñado para situaciones de corta duración (escapar de un depredador en la selva). El organismo no está preparado para mantener ese nivel de actividad un largo periodo de tiempo (de la misma forma que un coche puede ir a 400Km/h, pero si mantiene esa velocidad por un tiempo muy prolongado, será mucho más probable que produzca una avería que si va a una velocidad normal), de manera que, igualmente como mecanismo de autodefensa, cuando se intuye que no se puede escapar de la situación amenazante, nuestro cerebro tiende a racionalizarla para concebirla como no amenazante y que ello detenga la respuesta fisiológica. A este proceso se le conoce como "Disonancia Cognitiva". El ser humano, además, tiene una tendencia natural a reafirmar sus propios esquemas, así que una vez se haya adoptado este nuevo enfoque sobre la situación, buscará inconscientemente más y más argumentos que lo reafirmen. 

En resumidas cuentas, nadie puede pasar por una experiencia de este tipo (secuestro, abusos, esclavitud...) sin que tenga repercusiones psicológicas y es innegable que adaptarse a las demandas del medio es un mecanismo de supervivencia que se activa de manera inconsciente. No obstante, la evidencia que se tiene a día de hoy es insuficiente cómo para asegurar que la propuesta de Bejerot pueda deberse a un fenómeno psicológico independiente.



 

miércoles, 24 de octubre de 2018

Los médicos estornudan y los psicólogos se estresan

En julio del año 2017, a través del portal "Rasgo Latente", la psicóloga social comunitaria Iria Reguera Vigo publicó un artículo denominado "Soy psicóloga y sufro ansiedad", en el cual describe la experiencia vivida, desde un año atrás, en el que identificó en ella misma síntomas de un Trastorno de Ansiedad Generalizada y la manera en la que, al sucederle esto siendo ella una profesional de la Psicología, incidió tanto en la manera de lidiar ella misma con el problema, así como en la percepción de los demás hacia el problema.

Psicologo ansiedad
 La propia Reguera, quien asegura haber sido capaz de ayudar a amigos personales con problemas similares (cabe destacar que, debido a su especialidad, no trata profesionalmente este tipo de trastornos), emplea la expresión "En casa del herrero, cuchillo de palo", para hacer alusión de qué, a pesar de los conocimientos adquiridos durante sus años de estudio, se enfrentó a la mismas dificultades y procesos de autocensura y negación que muchos otros pacientes, incluso confiesa que le costó ser responsable con las indicaciones del médico debido a esto.

Para Iria el problema, en cierto sentido, ha sido doble, puesto que también ha tenido que vivir el estigma de que la gente pudiera poner en entredicho su capacidad cómo profesional al haber caído en uno de los problemas a los que supuestamente le han instruido para evitar. Si bien es cierto que el problema añadido de tener que disimular el padecer cualquier trastorno para no parecer débil es compartido por todos, para los profesionales de la salud puede estar magnificado, incluso para en lo referente a su autoestima, ya que esa concepción de que si padeces un trastorno era "un mal psicólogo", puede ser compartido por él mismo.

La metáfora del médico y el resfriado


Muchos psicólogos, desde el mismo momento en el que comienzan a estudiar, aseguran verse sometidos una y otra vez a las mismas situaciones estereotipadas, tales como pedir consultas gratuitas, la personas que piensan que los psicólogos son capaces de hasta leer la mente, en la misma proporción de los que tachan con vehemencia la ciencia psicológica de superchería y, por supuesto, aquellos que replican la escasa habilidad del psicólogo que en cualquier momento se muestra ansioso, estresado o muestra una expresión exacerbada. Ante este caso, el argumento más repetido es la metáfora con el médico, con la frase "los médicos también enferman".

¿Cómo es posible entonces qué un profesional de la psicología no sea capaz de prevenir, identificar y tratar un trastorno cuando le está sucediendo a él mismo? Para responder a esta pregunta, lo primero que hay que tener claro es la diferencia entre "síntoma" y "enfermedad". Una persona puede estornudar a consecuencia de un resfriado, pero igualmente lo puede hacer también a consecuencia de una alergia o que algo de pimienta se haya introducido en sus fosas nasales. De manera qué el mero echo de estornudar no es señal inequívoca de estar resfriado. Cuando se intenta saber si la persona que ha estornudado padece de un resfriado, al médico no le basta con mirar a la persona, sino que necesita realizar una serie de preguntas y pruebas para descartar el resto de posibilidades y confirmar la hipótesis.

Imaginemos ahora que la persona qué ha estornudado es el propio médico ¿Por el mero hecho de haber sido él, sería capaz de identificar, sólo con su ocurrencia si se trata o no de un resfriado? No. Igualmente debería de inspeccionar el ambiente en el que se encontraba, conocer los antecedentes y obtener determinadas pruebas. Siguiendo con este ejemplo, algunas pruebas médicas y procedimientos no pueden ser autoaplicadas, ni siquiera, por personas que saben cómo hacerlas. Por ejemplo, que un cirujano sepa cómo extirpar un apéndice, no quiere decir qué pueda (ni mucho menos que sea recomendable) extirpárselo él mismo, ya no por cuestión logística, sino también porque circunstancias como la anestesia provocan que posea la misma capacidad a un lado u otro de la mesa de operaciones.

Un médico puede saber cómo prevenir el resfriado y tomar medidas para evitar que esto pase, pero esos hábitos de vida sólo reducen la probabilidad de contraer la enfermedad, no son una garantía del 100%. De la misma manera, por mucho que condicione sus hábitos de vida, no hay nada en su mano que le impida padecer una alergia (pero si tomar medidas para que el impacto que dicha condición tenga en su vida sea lo menos nociva posible). De la misma manera, un profesional de la psicología conoce hábitos para tratar de prevenir situaciones estresantes, pero no hay que olvidar que estar las 24 horas del día pendiente de ello puede suponer, ya de por si, una situación estresante y al igual que el resto de personas, lo que está en su mano, es limitado. Por otro lado, al igual que en el caso de la alergia, hay circunstancias, cómo padecer una propensión genética a la depresión o a la ansiedad, que no pueden ser evitadas ni curadas y lo único que está en la mano quien lo padece es aprender a actuar de una forma en que esta condición le sea lo menos perjudicial posible. En otras palabras, estudiar cualquier ciencia de la salud, no altera ni tu sistema inmune, ni la forma en la que trabaja tu cerebro.

Cómo se ha mencionado en el párrafo anterior, para saber si un síntoma es causa de una determinada enfermedad, es necesario realizar determinadas pruebas diagnósticas y, en muchos casos, estas no son autoaplicables. En el caso del diagnóstico psicológico esta tarea no es más sencilla. Aunque en muchos casos no es necesario el empleo de tecnología, exteriorizar ante un profesional la vivencia de los síntomas y las circunstancias adyacentes puede dar resultados muchos más prácticos que la mera autoinspección.

Conclusión


La única manera de romper con el estigma social asociado a episodios circunstanciales de estrés o ansiedad, así como de determinados trastornos es la de conciencias y, ante todo, normalizar, cómo está normalizado el padecer un resfriado o una condición congénita como puede ser la diabetes. Son las personas en estas situaciones las que tienen que luchar por tener voz y contar sus experiencias para alcanzar esa normalización. De la misma manera, es importante que investigadores y otros profesionales inicien estas campañas de concienciación. En resumidas cuentas, que los propios profesionales normalicen su propia situación es un aspecto fundamental para avanzar en esta materia.

domingo, 25 de marzo de 2018

6 consejos a seguir para tomar decisiones importantes

La vida está llena de decisiones que normalmente tomamos sin plantearnos, guiándonos en nuestro instintos, la costumbre, o el sentido común. Sin embargo, hay ocasiones en el que tomar una decisión parece una misión imposible que estanca a una persona en una espiral de la que se ve incapaz de salir. Esto ocurre cuando las consecuencias de la decisión parecen enormemente transcendente para la vida de esa persona y/o todas las opciones se asemejan igual de buenas o malas.



Por supuesto, nadie que no sea el mismo interesado va a saber nunca cual es la decisión más certera, pero a continuación se ofrecen una serie de consejos que pueden resultar muy útiles para allanar el camino de la toma de decisiones.

1.- Comprender la importancia de la decisión


Hay ocasiones en las que una persona atiende la toma de una decisión como algo vital, pero si trata de expresar por qué, no es capaz de explicarlo. Si una persona no logra entender al 100% porque las consecuencias de esa decisión son importantes, seguramente fallará al tratar de identificar cual es la solución más conveniente.

Para saber si este puede ser tu caso. Hay tres cosas que pueden ayudar bastante.


  • Una de ellas es escribir la situación en la que te encuentras: la duda que se te plantea, por qué es importante y las distintas alternativas que existen, así como las consecuencias positivas y negativas de seleccionar cada una de ellas.
  •  La segunda es hacer exactamente lo mismo, pero hablando en voz alta, como si se le explicase a una tercera persona. La última de ellas, seguramente la más recomendable, es la de hablar del tema con una persona de confianza. La clave está en que verbalizar algo es una enorme ayuda para ordenar las ideas y la valencia emocional que ellas suponen
  • Cuando, además, una tercera persona escucha tus motivos, puede aportar un feedback que ayude a organizar la perspectiva.


Otro consejo recomendable sería imaginarse la peor situación posible (las consecuencias de tomar la decisión desacertada) y tratar de pensar cómo de probable es que ello llegue a suceder.

Cabe destacar que otro aspecto importante a tener en cuenta es, no sólo las repercusiones que la decisión tendrá sobre ti, sino a otras personas de tu entorno que se puedan ver afectadas.

Por último, uno de los factores que hay que identificar es si la decisión que se tome al respecto será, o no, de carácter permanente, o si, por el contrario, en el caso de no resultar satisfecho con una decisión inicial, será posible retroceder y adoptar otra.

2.- Clarificar tu objetivo


No se debe de olvidar que si uno no tiene claro cuál es el objetivo que desea cumplir, jamás identificará si alguna de las alternativas lo cumple. Es por ello que resulta práctico, en lugar de pensar en los posibles caminos, pensar en cual es la meta deseada y, posteriormente, valorar cual de los caminos es el más recomendado para alcanzarlo.

Una técnica que se recomienda en esta fase es la de los "cinco porqués", en la que se realiza la pregunta "¿Por qué tengo este dilema?" Y una vez se halle la respuesta, preguntar por qué esa es la respuesta y seguir el mismo proceso hasta haber preguntado "por qué" cinco veces.

Ejemplo de la técnica de los 5 porqués | Foto: progressalean.com
Esta fase también ayuda a clarificar cuales son las opciones que te planteas "porque quieres" o  "porque debes", ya que las primeras suelen ser respondidas por frases del estilo de "porque disfruto de..." o "porque me gusta...", mientras que las segundas se responden con frases como "porque un buen hijo debe..." o "porque debo....".

Como recomendación, no hay que dejar al margen la consideración hacia uno mismo y su escala de valores. Cuando una persona toma una decisión que no es contingente con la visión que tiene de si mismo, experimenta una sensación desagradable denominada "Disonancia Cognitiva" que ya desglosamos en un artículo anterior.

3.- Conocer todas las alternativas y documentarse adecuadamente


Muchas veces, la ambigüedad y la falta de conocimiento acerca de las alternativas es lo que provoca la indecisión. En ocasiones una de las alternativas presenta muy altas o bajas expectativas que no corresponden con la realidad y otras veces, simplemente se desconoce demasiado sobre ellas y crean una enorme incertidumbre. Documentarse adecuadamente sobre cada una de ellas o buscar (en persona o a través de internet) a gente que ya haya pasado por un dilema similar para que estas informen acerca de su experiencia en cada una de las alternativas. Tener un conocimiento más realista sobre todas las posibles alternativas, puede ser de una ayuda enorme para desechar aquellas que no son deseadas.



Por supuesto, para esto es muy importante conocer todas las opciones que están al alcance. Muchas veces la gente tiende a dicotomizar sus oportunidades, dando por sentado que tienen que escoger entre una u otra, sin percatarse de la existencia de una tercera (o cuarta) alternativa.

En la vida nada es perfecto y lo normal es que todo tenga sus ventajas y sus inconvenientes. Habitualmente, en un vistazo superficial, todos estos aspectos se entremezclan y es muy difícil tener perspectiva de cual es la opción más oportuna. Normalmente, hacer una lista de pros y contras ayuda a poner las cosas en perspectiva, siempre teniendo en cuenta que no se trata de un aspecto cuantitativo, sino cualitativo. Esto quiere decir que no sólo hay que tener en cuenta el número de pros y contras, sino también la importancia de cada uno. Nuevamente, contar con otra persona con la que debatir sobre esta lista puede ser igualmente de ayuda.

En el caso de que no parezca que ninguna de las alternativas sea realmente mejor que otras, lo más recomendable es fiarse del instinto propio. Distintas investigaciones han puesto de manifiesto que aquellas personas que toman sus decisiones confiando en su intuición suelen mostrarse más satisfechas que aquellas que han realizado una intensa deliberación. Seguramente esto se deba a que estas últimas, durante el proceso, han prestado más atención a las cualidades positivas de la opción que han terminado desechando, cosa que no han hecho los primeros.

4.- Buscar un estado emocional neutro


Es evidente que nuestro estado emocional puede alterar nuestro juicio e incluso nuestras prioridades. Tan dañino resulta el pesimismo que nos impide ver  las soluciones a nuestro alcance, como el optimismo extremo que provoca no valorar las posibles consecuencias negativas de una decisión. Lo mismo puede suceder en un estado de máxima ansiedad que lleve a tomar lo primero que nos pase por delante para así escapar, sin valorar el resto de caminos.

Por todo ello es recomendable no tomar decisiones en caliente, buscar un sitio libre de distractores y estresores para realizar la deliberación y despejar la mente con actividades placenteras antes de ponerse a ello. Realizar ejercicios de relajación antes de tomar la decisión también puede ser de ayuda.

5.- Adoptar un punto de vista externo


Otra cosa que resulta obvia es que no somos igual de objetivos cuando pensamos en nuestros propios problemas que cuando lo hacemos sobre los demás. Es por ello que, una vez inclinado hacia una alternativa, como se ha mencionado anteriormente, puede ser de gran utilidad hablar con uno mismo, como si se tratase de otra persona, a la que intentas convencer de la decisión adecuada.

También suele ser recomendable jugar a "abogado del diablo". Esto quiere decir que, una vez que una alternativa parezca la elegida, imaginar que tratas de convencer a otra persona de no tomar exactamente esa alternativa. Esto puede ayudar a encontrar obstáculos que no se tendrían en cuenta de otra forma.

6.- Tener siempre un plan B


Por muy meticuloso que se haya sido en el proceso de toma de decisiones y muy seguro que se esté del acierto, el fracaso es siempre una posibilidad. Si este se prevé y se dispone de un plan de acción por si esto sucede, las consecuencias negativas de dicho fracaso se verán, seguramente, mermadas. 

Conclusiones


A grandes rasgos, cuando una persona percibe que ha entrado en una espiral de indecisión en algún aspecto específico, debe de tener claro qué es lo que quiere conseguir, desglosar todas las posibles opciones e informarse lo máximo posible sobre cada una de ellas y exteriorizar sus pensamientos para que esto le ayude a clarificarlos. La decisión se debe de tomar en condiciones neutras y estar preparado para posibles contingencias en cuanto al camino tomado.

jueves, 1 de marzo de 2018

Cuando el Alzheimer entra en el hogar. Impacto de la demencia en el paciente y su entorno

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) existen más de 50 millones de personas diagnosticadas con demencia en el mundo y cada año se diagnostican 10 millones más. Cerca del 70% de ellos tienen Alzheimer y, de seguir esta progresión, en el año 2050 existirían 131,5 millones de personas padecientes de este tipo de demencia. Entre las distintas implicaciones que ello tiene, está el que cada vez más personas van a convivir con un enfermo de demencia (un esposo/a, un hermano/a, un padre/madre, un abuelo/a, una persona a la que cuidan...) y es importante que la población en general esté bien documentada de las características de estas enfermedad y de cómo se debe de orientar el trato de estos pacientes para poder darles la mayor calidad de vida posible.

Alzheimer


A pesar de que se espera que en un futuro próximo esto deje de ser así, el Alzheimer y otro tipo de demencias no tienen cura, pero esto no quiere decir que no se pueda hacer nada con respecto a la persona que lo padece para minimizar sus efectos.  

¿Qué es una demencia? ¿Cuáles son las principales y qué les distingue?


Demencia se refiere al decaimiento progresivo de las funciones cerebrales debido a una enfermedad. En el caso del Alzheimer es una demencia que atraviesa distintas fases con grandes distinciones en cuanto a la sintomatología de cada una. Se podría decir que son personas cuyo cerebro se está muriendo más rápido que el resto de su cuerpo. En estos pacientes, debido a la aparición de proteínas beta-amiloide, las células cerebrales comienzan a morir progresivamente:

  • Comenzando por las del Sistema Límbico. Es por ello que la memoria y la autorregulación de las emociones son los primeros aspectos en los que se percibe deterioro.
  • Esto comienza a expandirse hacia la corteza cerebral, por lo que poco a poco se empobrece tanto la capacidad para coordinar movimientos, como el procesamiento adecuado de los estímulos y la capacidad de raciocinio y toma de decisiones. Esto le puede llevar a adoptar comportamientos socialmente innaceptados, como masturbarse en público.
  • Por último, el deterioro llega al tronco encefálico, que se encarga de aquellos aspectos más primitivos e inconscientes de la conducta humana, por lo que la persona termina siendo completamente dependiente lo que le resta de vida.

Es por ello que, en el caso del Alzheimer, se emplea la metáfora del crecimiento a la inversa, ya que si nos fijamos en el transcurso de la vida desde el nacimiento, las primeras facultades que pierde el enfermo de Alzheimer, son las últimas que desarrolla el niño, mientras que las últimas que se pierden son las primeras que desarrolló. 

Alzheimer
Un curso parecido tienen las demencias por Cuerpos de Lewy y la Frontotemporal, destacando que la primera de ellas posee, entre otras cosas, la enorme particularidad de que la gravedad de los síntomas pueden variar enormemente en cuestión de horas y sus pacientes acostumbran a padecer alucinaciones, mientras que la segunda afecta especialmente a los lóbulos temporales de ambos hemisferios, por lo que tiene un demoledor efecto sobre el procesamiento de la estimulación visual y auditiva, así como en el lenguaje (procesamiento y elaboración).

Un caso especial de demencia es la vascular, consecuencia de que, por un momento determinado, al cerebro no haya recibido la cantidad de sangre requerida, sea por un accidente, un derrame cerebral, un ictus…. por lo que puede surgir en cualquier momento de la vida y al contrario de las otros tipos de demencia mencionados, la aparición de los síntomas pueden ser repentina.


¿Cómo afecta la actitud del entorno y del enfermo en el transcurso de la enfermedad?


Cómo en cualquier tipo de enfermedad, los manuales de diagnóstico advierten de una sintomatología específica y detallan un transcurso esperado de los mismos. No obstante, al final cada paciente es un universo en sí mismo. Hay aspectos clave que marcarán la forma y el momento en que los síntomas aparecerán y pogresarán. Ente ellos se encuentran la detección temprana, la medicación (y su correcta administración), la realización de terapias físicas y cognitivas, la comorbilidad con otra serie de enfermedades y transtornos… pero no hay que olvidar la importancia del factor humano. Al final, el tiempo que pasa en una consulta o en terapia representa un ínfimo porcentaje de su día a día y si lo que se intenta conseguir allí no se extrapola a su hogar, no se puede conseguir gran cosa.

Alzheimer


A pesar de existir factores de riesgo en cuanto a hábitos de vida, padecer una demencia es algo que le puede llegar en cualquier momento a cualquiera y los síntomas emergen a un ritmo tan paulatino que hace más difícil, tanto para el paciente, como para su entorno, que se tome conciencia en un punto clave de qué es lo que le está pasando a esa persona. Tanto “Demencia”, como “Alzheimer” son dos términos que están a la orden del día, pero eso no quiere decir que la gente esté adecuadamente informada acerca de cómo actuar cuando esto llega a tu vida. Todo lo dicho anteriormente influye en que muchos pacientes de demencia pasen toda su enfermedad sin recibir el tratamiento adecuado y, en muchos casos, incluso sin ser debidamente diagnosticados.

Cuando llega el diagnóstico, existen tres maneras, en cuanto a la forma de lidiar con el problema, por parte del entorno de esa persona, que pueden llevar a hábitos que provoquen que los síntomas se disparen un poco tiempo:

  • Uno de ellos es la dejadez. Las demencias no tienen cura y, como persona mayor, seguramente le quede poco tiempo de vida. Esto sumado a la concepción popular de que la gente mayor no vale para nada, e incluso la idea de que invertir en la salud de esta persona sólo servirá para reducir considerablemente la posterior herencia a recibir, suelen provocar que el paciente termine sus años “como un mueble”, tal vez sobremedicado y atado para que moleste lo menos posible, terminando aislado y muchas veces, siendo humillado y maltratado.
  • El extremo contrario puede acarrear consecuencias similares. A esto se refiere la sobreprotección. También por la concepción general acerca de las personas mayores, mucha gente, más cuando esta está enferma, tiende a pensar que lo mejor para su salud es que realicen el menor esfuerzo posible. En estos casos, la persona con demencia termina sus años no haciendo nada más que ir de la cama al sofá, sin salir a la calle, sin recibir visitas y sin entrenar ninguna de sus facultades mentales.
  • La tercera forma es la negación. Un familiar o cuidador puede saber que esa persona ha sido diagnosticado con algo llamado “demencia” pero negarse a asimilar todo lo que ello conlleva. En algunos casos esto puede acarrear enfados y humillaciones hacia el paciente, quien recibe continuamente represalias por fallos de memoria, desorientación, sufrir de alucinaciones o su falta de autoregulación de las emociones o pudor sexual. Esto lleva por un lado a que el cuidador no esté motivado a buscar las formas adecuadas de apalear los síntomas del paciente, así como que este último viva una continua sensación de estrés. No hay que olvidar que a pesar de que uno de los síntomas predominantes sea la incapacidad de generar nuevos recuerdos, esto no quiere decir que no sepan evaluar lo que está sucediendo en esos momentos. Actitudes cómo hablar de él como si no estuviese delante o recibir insultos o ser tratado de mala manera, tiene las mismas consecuencias para la autoestima y las relaciones interpersonales que las personas sanas.

Lo cierto es que todo lo que se ha mencionado en los párrafos anteriores puede nacer también del paciente. A pesar de que dicen que este tipo de enfermedad son mucho más duras para las personas del entorno, porque ellas contemplan las consecuencias, mientras que el enfermo “no es consciente” de lo que tiene, lo cierto es que a lo largo del transcurso de la demencia hay muchas etapas en la que esto no es verdad. Cómo todo en la vida, la atribución que realizamos a por qué nos pasan las cosas, tienen un gran impacto a cómo actuamos en consecuencia y se puede dar el caso de que, cuando la cabeza de una persona empiece a fallar, este lo achaque a que ya es viejo y ya no sirve para nada. De la misma forma, una vez que recibe el diagnóstico, él mismo puede poner todo su empeño en vivir en la negación, considerar que a esas alturas de su vida es mejor aceptar su muerte inminente o verse vencido por el miedo y considerar que lo mejor para su salud es el recluimiento. Al fin y al cabo, las personas mayores también tienen prejuicios sobre las personas mayores.

Síndrome del cuidador quemado


No hay que olvidar tampoco que para ser capaz de cuidar a alguien, es necesario también cuidarse a uno mismo. Los cuidadores de personas mayores acostumbran a trabajar un gran número de horas sin los descansos recomendados, con una enorme responsabilidad e incertidumbre con respecto a la persona a la que cuidan, sin que nada de esto sea reconocido por la propia persona a su cargo (que por los aspectos de su enfermedad puede no ser consciente o incluso tratarla de forma hostil habitualmente) por la propia familia del paciente (o el resto de la familia en caso de que el cuidador sea un familiar) o la sociedad (“pero si tu trabajo consiste en estar sentado viendo la tele…”). 

Alzheimer
Esto, además, suele ir acompañado de una escasa definición de las competencias y autoridad a la hora de tomar decisiones con respecto a la persona cuidada, un sueldo que no compensa el número de horas que se han de sacrificar y, en la mayoría de los casos, sin que todo esto suponga cotización.

Todos estos factores propician una serie de síntomas que se engloban en lo que se conoce como el “Síndrome del Cuidador Quemado” que presupone un enorme desgaste físico y emocional.

Por todo lo mencionado, igual de importante que es el que tome conciencia el enfermo y su entorno sobre la forma adecuada de lidiar con el paciente, también lo es conocer cómo tratar al cuidador para que la labor que está llevando a cabo no revierta negativamente en su salud física y psicológica. Si no se consigue esto, su labor se verá claramente entorpecida y dañada, perjudicando a todas las partes.

Conclusión


De nada servirá cualquier avance en cuanto a técnicas de intervención sino se conciencia tanto al enfermo, como a su entorno de la importancia de seguirlo, así como de adoptar unos determinados hábitos de vida. Si usted se encuentra en esta situación, acuda a un profesional o a distintas asociaciones que existen a favor de estos enfermos para recibir un adecuado asesoramiento de lo que requiere su caso particular.

viernes, 2 de febrero de 2018

Solomon Shereshevski, el hombre con la mejor memoria de la historia (primer caso documentado de hipermnesia)

En 1905, el director de un periódico ruso reunió a todos sus redactores para hacerle una serie de indicaciones. Fue un discurso largo, repleto de nombres, fechas y otros datos. Mientras daba su discurso, observó como uno de sus empleados, Solomón Veniamínovich Shereshevski, de 19 años de edad, al contrario que el resto de sus compañeros, no se estaba molestando de hacer anotaciones de todos los mandados, por lo que al terminar, se dirigió a este con ánimo de echarle una reprimenda. El director le pidió a Shereshevski que repitiera lo que había dicho y este, ante el asombro de todos, fue capaz de repetir el extenso discurso del jefe, de forma literal, palabra por palabra.

Solomon Shereshevski
Solomon Shereshevski. foto tomada de: ABC.

En ese momento, el joven y la gente de su entorno comenzaron a comprender que el periodista tenía una capacidad de memoria fuera de lo normal, lo que le llevó a ser examinado por el eminente neurólogo Alexander Luria, a quien hoy se le recuerda como el padre de la neurociencia cognitiva, el cual estudió a Solomon durante los siguientes 30 años, resumiendo sus conclusiones sobre este particular caso en su libro "Pequeño libro de una gran memoria. La mente de un mnemonista" (1968).

Hipermnesia y Sinestesia


Luria expuso a Shereshevski a series de números que llegaban a los 70 elementos, formulas matemáticas complejas y extensos poemas en lenguas que no eran dominadas por el sujeto. Este no solo lo recordaba a la perfección, sino que era incluso capaz de recitarlo todo en orden inverso. A pesar de todo, Solomon ofrecía una puntuación normal en distintos test de inteligencia. Por todo esto, Solomon Shereshevski fue el primer paciente diagnosticado con hipermnesia.



El enorme almacenaje de memoria no era la única característica sorprendente del joven ruso, ya que otro de sus síntomas predominantes era la sinestesia, entendida esta como la estimulación de un sistema sensorial a través de otro (oír colores o ver sonidos).

La vida y muerte de Solomon Shereshevski


Convencido de explotar sus asombrosas habilidades, Shereshevski abandonó el mundo del periodismo para dedicarse a protagonizar espectáculos ambulantes en los que sorprendía al público haciendo gala de su enorme capacidad memorística. No obstante, se encontró muchas problemas a la hora de ganarse la vida a través de ello, puesto que por la presencia de las mencionadas sinestesias, cualquier factor podía interceder en su actuación. Solomon mostraba serios problemas para recordar e interpretar todo aquello que no tuviera un significado literal, así como para los rostros que él definía como "muy cambiantes". Algo parecido le sucedía cuando leía o mantenía una conversación, pues las palabras le producían una serie innumerables de recuerdos y sensaciones que se traducían en una enorme distracción para prestar atención.

Sinestesia
Imagen tomada de: tarringa.net
Hay que tener en cuenta que el componente sinestético conlleva una cadena importante de sensaciones. Por ejemplo, en el caso de Shereshevski, cuando escuchaba un tono musical, este le evocaba un color, ese color lo asociaba con un sabor.... todo ello le llevaba a necesitar un tiempo de procesamiento y toma de decisiones anormalmente alto. Para entender los problemas a los que se sometía en su vida cotidiana, extraemos una declaración suya: "una vez yo fui a comprar un helado... caminé cerca de la vendedora y le pregunté qué tipo de helado tenía. ‘Helado de fruta’, dijo. Pero ella contestó en tal un tono que un avalancha de carbón, en negras cenizas, se me vino encima en el recuerdo, mientras estallaba en su boca. No pude comprar helado después de que ella había contestado de esa manera..", narró el ruso.

Solomon llegó a odiar su condición y buscó la forma de conseguir ser capaz de olvidar. Según se cuenta, llegó a escribir algo en un papel y quemarlo inmediatamente con el objetivo de olvidarlo lo antes posible, pero "seguía viendo las palabras en la ceniza". Se dice que llegó a desarrollar una técnica para ser capaz de olvidar información específica de forma consciente, pero este último dato no está verificado.

El hombre con la mejor memoria del mundo abandonó pronto el mundo del espectáculo y consiguió un trabajo como taxista en Moscú, falleciendo en 1958.


lunes, 8 de enero de 2018

Cómo discutir puede hacer más fuerte una relación

De la misma forma que no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita, se puede decir que no tienen una relación más fuerte lo que menos discuten, sino los que mejor partido sacan a sus discusiones. En cualquier relación, ya sea de pareja, amistad, laboral, paternofilial… es innevitalbe que surjan conflictos, pues no hay que olvidar las palabras de Sigmund Freud: “Cuando dos personas siempre están de acuerdo, es porque una decide por las dos”. Existe la concepción de que una pareja sana no discute, pero en esos casos seguramente se reprimirán deseos y frustraciones terminando explotando cuando ya sea demasiado tarde ¿Quiere decir esto que discutir es saludable? Sólo cuando se hace correctamente, determinados hábitos en la discusión tienden a empeorar la situación, pero otros consiguen que la relación sea más fuerte.



Ante todo lo expuesto, Sean Grover, psicoterapeuta estadounidense realizó, en el año 2015, un artículo en el Huffington Post en el que resume los malos y buenos hábitos durante una discusión.

Aspectos a tener en cuenta en una discusión.


Es todo un trabajo realizar una exploración introceptiva en un momento así, pero es recomendable prestar atención para no cometer ninguno de los siguientes errores:

  • Atacarse el uno al otro: es importante recordarle a la otra persona que, a pesar del desacuerdo, la relación sigue siendo muy importante para ti. Es por ello por lo que hay que evitar que esta se sienta atacada, cayendo en el insulto, resaltando sus errores (muchas veces sin que ellos sean relevantes en el debate) o emplear información íntima sobre ella en su contra. El empleo de golpes bajos siempre terminará mal.
  • Deseo de ganar: un error bastante común es concebir la discusión como una batalla por tener razón, cuando en realidad debe de tratar sobre descubrir la verdad o acercar posturas. Si alguno de los miembros de la discusión no está dispuesto a dar su brazo a torcer, independientemente de la fuerza de los argumentos del otro, la cosa irá irremediablemente a más sin razón de ser. Sobra decir que, a favor de la calidad de la relación, no sólo hay que ser un buen perdedor, sino también un buen ganador, así que también hay qué saber cómo pedir perdón y perdonar.
  • Evitar conflictos: evitar conflictos puede llevar a dolores somáticos, falta de deseo sexual y otros factores que, desde luego, lastran la calidad de la relación. Como se ha mencionado anteriormente, esto puede derribar a que, en el momento menos esperado, esa persona explote. Muchas personas, una vez que se deciden a mostrar sus preocupaciones, se sorprenden al comprobar que la otra persona las comparte y las comprende.
  • Discutir en circustancias estresantes: es bueno y necesario que las discusiones surjan, pero estas deben de evitarse en el momento en el que una de las dos personas, esté enferma, exhausta, ansiosa, excesivamente hambrienta, superando un duelo…. Estos factores empobrecen el juicio y aumentan la irritabilidad, por lo que será más difícil conseguir algo positivo de la experiencia. No hay que olvidar que nunca es tarde para darse cuenta de esto y que esta reflexión puede ser aplicada a mitad de una discusión en marcha. Puede ser conveniente darle al botón de la pausa y reflexionar sobre si la discusión merece la pena o si es el momento adecuado.
  • Discutir sin intimidad: una conversación con la misma persona no va a ir por los mismos derroteros dependiendo de si hay personas cercas, existiendo a la vez una enorme diferencia entre si esas personas son desconocidas o si poseen una determinada valencia emocional para alguna de las personas implicadas en la discusión. Si se pretende conseguir un acopio de sinceridad y resultados positivos, hay que evitar estos elementos distractores que también alteran el juicio y la irritabilidad. Por supuesto, tampoco es recomendable, cuando discutes con otra persona, buscar señales de aprobación en una tercera persona.

En conclusión, no hay que evitar que surjan las discusiones, pero no por ello estas deben aparecer de cualquier forma y en cualquier contexto. Cuando se considere que existe algún desacuerdo con alguien importante, además de animarse a comentarlo, es recomendable planificar anteriormente la conversación, tratar de prever su punto de vista, así como los argumentos que va a esgrimir para tener una respuesta preparada, valorar si es el momento adecuado para comenzar dicho debate y recordar que el objetivo es mejorar la convivencia y no salir victorioso.


De la misma manera, si es la otra persona quien decide comenzar la discusión y no está teniendo en cuenta las recomendaciones arriba indicadas, es necesario indicárselo de forma calmada, sin que ello sea interpretado como una forma de escapar del conflicto. Si lo que falla es la forma de expresarse, se le puede indiciar antes de darle una respuesta (por lo que no da la sensación de escapar de la pregunta) y si lo que falla es la elección del momento, indicárselo igualmente, proponiendo uno mismo un emplazamiento para relanzar el debate.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Las personas casadas tienen menos riesgo de padecer demencia

Aquella persona a la que te acercaste por primera vez porque te volvía loco/a puede ser también  la que más ayude a prevenir que eso mismo suceda al cabo de unos años. Y es que, recimentemente, en la edición digital de la revista norteamericana:  “Journal of Neurology Neurosurgery & Psychiatry”, ha publicado las conclusiones de una serie de 15 estudios, realizados en la Universidad de Londres, desde 2006 a la actualidad, sobre la demencia senil que indica que las personas casadas son mucho menos susceptibles de padecer la misma.

Matrimonio y demencia
En estos experimentos, en los que participaron cerca de 800.000 sujetos, comprendidos entre los continentes de América (tanto el norte, como el sur), Europa y Asia, y hubo un balance equitativo entre representantes de ambos sexos y distintos grupos de edad, se concluyó que las personas solteras tienen un 42% más de probabilidades de desarrollar demencia. Adicionalmente, los viudos incrementan sus probabilidades, con respecto a los casados, en un 20%. Bien es verdad  que no se ha encontrado ninguna diferencia significativa entre casados y divorciados en este aspecto, aunque los experimentadores también declaran que dentro de la muestra estudiada, el número de divorciados no tenía el tamaño suficiente como para ser representativo.

¿Qué puede explicar estos resultados?


Lo que se ha expuesto anteriormente se debe únicamente al análisis estadístico de la muestra de sujetos que se ofrecieron a participar en dicha serie de experimentos, los cuales no logran a dar una explicación empírica a la misma. No obstante, otra serie de estudios parecen evidenciar que la vida en pareja predispone a estilos de vida más saludables. En definitiva, convivir con alguien hace más probable que sigas las indicaciones del médico a la hora de adoptar una determinada dieta, responsabilizarte a la hora de tomar un determinado medicamento, o abandonar hábitos de vida insalubres tales como la adición al tabaco o al alcohol. Además de tener mayores oportunidades de compromiso social, dando de pie a una serie de actividades y de interacciones que potencian la actividad cognitiva.

Los estudios expuestos no ponen énfasis, en el caso de los divorciados y los viudos, datos que serían relevantes a la hora de sacar conclusiones, tales como el tiempo transcurrido entre que termine la relación de pareja y se manifiesten los primeros síntomas de demencia, pero en el caso de los viudos sería razonable pensar que el proceso de duelo psicológico genere un estrés, que se traduzca en fallos inmunológicos que precipiten la muerte de determinadas células cerebrales, lo cual derive en la aparición de esos síntomas.

Matrimonio y demencia


También se podría hipotetizar, en el caso de los divorciados, que el matrimonio en el que se encontraban (en la mayoría de los casos), de por si, era una importante fuente de estrés y que liberarse de ella termine teniendo efectos positivos en su salud, e incluso, tras pasar por esa experiencia, trate de evitar en un futuro volver a verse inmerso en una situación que le produzca el mismo nivel de malestar.


Parece ser que ser soltero cada vez es menos dañino


Si bien es verdad que entre personas diagnosticadas con demencia, se refleja el mencionado 42% de mayor incidencia entre solteros, cuando se toma únicamente una muestra de personas que hayan nacido posterior a 1927, el porcentaje solo es superado en un 24%. Esto quiere decir que el estilo de vida del soltero cada vez parece ser menos perjudicial. No obstante, los investigadores tampoco pueden dar, de momento, una explicación a por qué se produce esta reducción, que podría ser debida al incremento de la calidad de vida y la conciencia de la importancia de hábitos de vida saludable que se ha promovido en las últimas décadas. 

Sea como sea, todavía es mucho lo que queda por investigar al respecto.