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martes, 28 de mayo de 2019

¿Qué sucede en el cerebro de un adolescente?

En los años 60, David Elkind propuso algunas características propias del comportamiento adolescente. Los más recientes descubrimientos en neurociencia ayudan a explicar el por qué de esas características.

Se conoce a la adolescencia como la quinta de las nueve etapas de la vida. Esta es la transición entre la niñez y la etapa adulta y especialmente caracterizado por la pubertad, lo cual se entiende por el proceso fisiológico que completa la madurez sexual de la persona. El periodo de la adolescencia se inicia alrededor de los 11 y termina aproximadamente sobre los 20.

Cerebro Adolescente


Esta etapa de la vida tiene unas características muy peculiares que se visualizan en el aspecto comportamental de la persona, siendo especialmente reconocidas las observaciones de David Elkind, realizadas en 1967, el cual expuso que esta etapa estaba caracterizada por un marcado "egocentrismo" resumiéndole con la siguiente frase: "los jóvenes adolescentes, a causa de la metamorfosis fisiológica que está siendo sometido, se refiere principalmente a sí mismo. Por consiguiente, dado que no puede diferenciar entre lo que otros están pensando y sus propias preocupaciones mentales, supone que la gente está obsesionada con su comportamiento y apariencia que él mismo es", explicó Elkind.

Para explicar mejor su teoría, el autor acuñó los siguientes términos:

  • Audiencia imaginaria: se trata del convencimiento de que los demás están especialmente atentos a ellos, piensan constantemente en ellos y que lo que ellos mismos hagan es importante para los demás.
  • Fábula personal: consiste en la concepción de que sus experiencias, pensamientos y emociones son muy difícilmente compartidas por el resto de las personas y en consecuencia es un ser único e incomprendido. En ocasiones, esta impresión de ser único lleva también a un autoconcepto de vulnerabilidad que puede traducirse en un comportamiento temerario e incluso autodestructivo.
  • Idealismo y caracter crítico: a medida que crecen, las personas acostumbran a darse cuenta de que su ideal utópico dista mucho de la realidad que le rodea. Normalmente esto conlleva una tendencia a la crítica y la rebeldía.
  • Hipocresía Aparente: a pesar de la tendencia a exclamar su deseo de perseguir un ideal, muchas veces demuestra no entender la relación entre ese ideal y los sacrificios necesarios para obtenerlos.
  • Tendencia a discutir: este concepto está íntimamente relacionado con el anterior. Elkind matiza que esta tendencia podría deberse al deseo de demostrar todos los nuevos conocimientos que ha adquirido y la consideración de que siempre tiene razón.
  • Indecisión: a estas edades las personas suelen mostrar estrategias muy pobres para la resolución de conflictos, lo cual puede llevar tanto a la ausencia de respuesta, por indecisión, como a la impulsividad con el objetivo de detener la ansiedad que provoca el tener que tomar una decisión.
Aunque se ha considerado importante desglosar esta teoría por su gran repercusión y cómo ha servido de puente para futuras investigaciones, es importante señalar que Elkind no corroboró sus hipótesis a través del método científico. No obstante, como se verá a continuación, posteriores descubrimientos hablan a favor de muchos de sus postulados.

El cerebro del adolescente


Como en tantos aspectos relacionados con la ciencia psicológica, el gran número de avances en neurociencia que se han producido en los últimos años, están ayudando a entender mucho mejor y de manera objetiva qué es lo que está sucediendo. A continuación se explicarán algunas características del cerebro de una persona durante la adolescencia y las consecuencias que ello podría tener para su comportamiento.

Cabe destacar que, desde el momento del nacimiento, el cerebro de una persona ha ido creciendo y el tope de su tamaño se alcanza, aproximadamente, al inicio de la adolescencia. No obstante, en los siguientes años, se tiene que completar un largo proceso de maduración cerebral

Durante esta maduración, parte de la Materia Gris se trasforma en Materia Blanca. Por tanto, el cerebro sufre cambios estructurales, apareciendo nuevas conexiones, desapareciendo otras y reorganizando algunas que existían previamente. Se produce un “poda” neuronal, desechando todas aquellas conexiones que ya no son útiles y que por el desuso se han debilitado. 

La maduración se produce por áreas, desde la nuca hasta la frente. La última área que madura es la Corteza Prefrontal que ayuda a calibrar riesgos, se ocupa del control de impulsos, el juicio y la toma de decisiones. Así, los adolescentes cometen imprudencias y conductas rebeldes, ya que están en un periodo sensible en el que estas funciones todavía se están consolidando. 

También hay que destacar que, durante esta etapa, el Sistema Límbico registra una sobreactividad, ya que está trabajando en la última etapa de su maduración. Esto quiere decir que, en este periodo, las personas tienden a ser más emocionales. En dicho sistema se encuentran el Hipocampo y la Amígdala, consolidando la memoria individual y afectiva, lo cual tiene un determinado peso en el enorme deseo de “independencia” que se observa en estas edades, buscando formar una identidad alejada del núcleo familiar. Por otro lado, estas regiones cerebrales también se encargan de los circuitos de recompensa, lo que también les hace más proclives a conductas de riesgo o adictivas. 

Diferencias de género


Se observan significativas diferencias de género con respecto a estos procesos de maduración emocional. En las mujeres, las regiones de la Corteza Frontal que procesan el lenguaje, el control del riesgo, la agresividad y la impulsividad maduran antes. En cambio, en los chicos maduran antes las regiones del Lóbulo Inferior Parietal, cruciales para las tareas espaciales. Estas diferencias en la maduración se pueden observar en el comportamiento, viendo conductas más impulsivas en los chicos, por ejemplo.

Cerebro Adolescente


Las hormonas sexuales también juegan un papel importante. Se producen cambios emocionales, mentales, psicológicos y sociales en un periodo corto de tiempo. Ellas acostumbran a ser muy sensibles a la aprobación, aceptación o rechazo de los demás, son muy importantes las relaciones sociales y agradar y gustar a los demás. Esto, se ve influenciado por la Dopamina y la Oxitocina. En cambio, ellos experimentan un aumento en la Testosterona, que reduce el interés por el contacto social excepto en lo que se refiere al deporte (competitividad) y al sexo. La Vasopresina también incentiva la competitividad e independencia. Esto hace que los chicos sean más temerarios, ya que tienen más expectativas de beneficio que de riesgo.

lunes, 6 de mayo de 2019

13 cosas que tú ya sabías, pero pensabas que los psicólogos no

El cine, la prensa y las pseudociencias han extendido una serie de falsos mitos que popularmente se piensa que son promovidos por la Psicología.

Desde que el ser humano existe, ha tratado de darle explicación a la realidad que le rodea. Por qué se comporta cómo lo hace y qué es lo que rige los fenómenos mentales ha sido una de esas cuestiones. Desde la filosofía, el estudio de estas cuestiones se denominó "Psicología", que traducido del griego, podría ser "el estudio del alma", aunque hoy sería más recomendable hablar de esta disciplina como "el estudio de la mente". La Psicología como disciplina científica nace en 1879 cuando en la Universidad de Leipzig (Alemania), se crea el primer laboratorio de Psicología Científica, dirigido por Willhem Wundt.

En un artículo anterior se explicó por qué la Psicología es considerada una disciplina científica y, en consecuencia, qué condiciones ha de cumplir una teoría para que sea objeto de la Psicología y cómo distinguir estas de distintas pseudociencias que profanan su objeto de estudio.

Debido a la popularidad de estas pseudociencias, así como de la desinformación de la que hacen gala tanto guionistas de cine, como medios de comunicación, a lo largo de la historia se han promovido falsos mitos (o, en algunas ocasiones, verdades a medias) sobre las características del comportamiento humano y los procesos mentales, los cuales popularmente se piensan que son aceptados, reconocidos y aplicados por los profesionales de la Psicología. A continuación se desmienten algunos de ellos:

1.- La Hipnosis no es un estado alterado de conciencia


La atención humana se subdivide en dos:
  • Central: el estímulo que ocupa el máximo de recursos en ese momento.
  • Periférica: el resto de elementos sensoriales presentes
Así, por ejemplo, una persona que está asistiendo a una conferencia, tiene en su atención central el discurso del ponente, al cual le está dedicando gran parte de su atención. Mientras que elementos distractores, como un ruido de los coches en la calle, o un color muy llamativo en las paredes de la sala, son elementos que forman parte de la atención periférica.

Falsos mitos Psicología
La hipnosis consiste apartar los elementos de la atención periférica, atrayendo todo el foco hacia un elemento central (un bolígrafo, la voz del hipnotizador...), para que así se dediquen más recursos a la atención central y el mensaje recibido se interiorice mejor. Sin embargo, no es un estado distinto a la vigilia, y no manipula la intencionalidad del sujeto.

En otras palabras, cualquier tipo de terapia que utilice el método hipnótico no será capaz de conseguir ningún efecto que no pueda resultar igualmente sin necesidad de hipnosis, simplemente, siempre y cuando la persona sea susceptible de ser hipnotizada, aumentará la probabilidad de éxito.

Cabe destacar, pues, que la hipnosis no es, en sí, una técnica terapéutica, sino un elemento que se introduce en distintos tipos de terapia con ánimo de mejorar su efectividad.

2.- El saber no ocupa lugar


Primero hay que entender que existen varios tipos de memoria y que cada una de ellas emplea regiones cerebrales distintas. En cuanto a la memoria declarativa, esta se divide en Memoria a Corto Plazo (MCP) y Memoria a Largo Plazo (MLP). Para que un contenido que se encuentra en la MCP pase a la MLP hace falta que determinadas neuronas que se encuentran en el Hipocampo se comuniquen entre sí, a través de un proceso que se llama “Potenciación a Largo Plazo” (PLP). De no ser así, esta información es desechada a través de otro denominado “Depresión a Largo Plazo” (DLP). 

Además, el Hipocampo sufre continuamente un proceso llamado “Neurogénesis”, por el cual unas neuronas mueren y son reemplazadas por otras. Esto quiere decir qué, la información no relevante es desechada, para que ese mismo hueco lo aproveche información nueva.

3.- No existen los recuerdos bloqueados


Este punto está íntimamente relacionado con el anterior. Es cierto que hay personas que son conscientes de haber vivido una experiencia completamente traumática (sufrir una violación, un episodio durante una guerra…), pero no son capaces de recordar el evento de por sí, pero esto no ocurre porque su subconsciente le esté protegiendo, sino porque el recuerdo jamás fue generado.
Para generar nuevos recuerdos (osea, para que se produzca la PLP), es importante que las neuronas estén bien nutridas de sodio. Cuando vivimos una experiencia muy estresante, nuestro cerebro libera una cantidad muy significativa de corticoides, los cuales inhiben dicha sustancia, por lo cual no es que el recuerdo esté bloqueado, sino que jamás ha existido. La emoción vivida, por el contrario, no es analizada por el Hipocampo (quien solo registra los hechos), sino por otra estructura cerebral llamada Amígdala y por ello para persona si recuerda que vivió “algo traumático”, aunque no recuerde qué.

Es por todo esto que es imposible, a pesar de lo que aseguran algunas pseudociencias, que ningún tipo de terapia ayude a recuperar recuerdos “reprimidos” por el inconsciente.

4.- Los sueños desvelan nuestros deseos más profundos


Cuando dormimos el cerebro se encarga de procesar toda la información que nos ha llegado a lo largo del día. Es durante la Fase REM (cuarta etapa de las cinco del sueño) en el que se experimentan ensoñaciones. A lo largo de dicha fase se produce una gran actividad en la Corteza Cerebral. A su vez, también se activan la Corteza Visual y el Sistema Límbico, mientras que las zonas encargadas del razonamiento, localizadas en los Lóbulos Frontales, se encuentran prácticamente apagadas. Por ese motivo, se puede entender que los sueños se deben a la actuación conjunta de una serie de áreas cerebrales encargadas de la formación de imágenes y la gestión de la memoria y las emociones, pero no de aquellas que nos permiten ser lógicos y por eso, cuando tratamos de recordar su contenido, todo tiene un tinte surrealista.

5.- Los polos opuestos no se atraen


A pesar del dicho popular, el concepto de “media naranja” y que todos conocemos a alguna pareja bienavenida que no pega ni con cola, la estadística nos dice que preferimos emparejarnos con aquellas personas que idieologías, gustos, rasgos de personalidad y nivel de atractivo similares y que las relaciones en las que pasa esto son más duraderas en el tiempo.

Falsos mitos Psicología

6.- La personalidad no se estanca a los cinco años


Es verdad que experiencias muy traumáticas en estos años de un desarrollo cerebral tan inmenso pueden provocar daños muy agudos y qué también en este periodo se afianzan muchos esquemas acerca de cómo es el mundo (esquemas que son completamente subjetivos). No obstante, a lo largo de la vida de una persona, hay experiencias que perfectamente pueden cambiar la forma en la que ven aspectos muy relevantes de su día a día y la forma en la que considera qué ha de actuar ante ellas.

7.- El TDAH existe


En el año 2012, en el diario alemán Der Spiegel, se hacían eco de una entrevista a otro medio británico que Leon Eissenberg, quien acuñó el criterio diagnóstico para este trastorno que había realizado en 2009, siete meses antes de la muerte de este. En la entrevista, Eissenberg lamentaba del sobrediagnóstico que había sobre esta enfermedad, ya que muchos profesionales se lanzaban inmediatamente a recetar pastillas, antes de probar otras vías como la psicoterapia.

Para decir esto, el psiquiatra decía que era una enfermedad “manufacturada”. Sin embargo, el diario alemán, en una pésima traducción, dijo que Eissenberg había “confesado que se había inventado la enfermedad”, noticia que fue aceptada como cierta y se hizo viral inmediatamente.

8.- El polígrafo no es una técnica fiable para detectar mentiras


Es verdad que hay determinadas respuestas fisiológicas asociadas con la mentira, pero estas pueden aparecer por otros motivos o no aparecer durante la mentira también por un número importante de circunstancias. En definitiva, su índice de fiabilidad termina siendo especialmente bajo.



Por ejemplo, se ha demostrado que si le pides a un sujeto que se imagine ser otra persona, cuando da las respuestas contingentes a ese juego de rol, no muestra las respuestas esperadas de alguien que está mintiendo.

9.- No existe un lado lógico y otro racional del cerebro


Existe la creencia extendida de qué existen personas con un hemisferio mucho más desarrollado que el otro y que esto determina para qué tareas serán más habilidosas y cual sería su patrón de personalidad.

Falsos mitos Psicología


A pesar de que es cierto que distintas regiones cerebrales se encargan de funciones específicas y que algunas de estas áreas se localizan en un hemisferio u otro, es falso que todo lo lógico esté en una y todo lo racional en otra y que algunas personas tengan más desarrolladas uno de los dos hemisferios.

10.- Los mensajes subliminales no te hacen comprar cosas que no quieres...


En 1950 un publicista llamado James Vicary aseguró que durante los anuncios anteriores de una película de cine, incluyó, durante un tiempo de exposición demasiado corto como para ser procesado conscientemente, el mensaje “beba cocacola” y “coma palomitas” y que en ese pase el consumo de esta bebida aumentó un 18% y de la de palomitas un 58%. Diversas agencias trataron de replicar este método, todas ellas sin éxito. En 1962, tras una investigación de la CIA, Vicary tuvo que confesar finalmente que se había inventado toda la historia.

11.- ...Y tampoco puedes aprender un idioma mientras duermes


Tanto memorizar, como sobretodo aprender, es un proceso mental consciente en el que la forma y el tiempo que se le dedica tiene un enorme peso en la cantidad y calidad del recuerdo. Ya hemos visto anteriormente que, al contrario de lo que se pensaba antiguamente, dormir no es un proceso cerebralmente pasivo, sino que precisamente tiene, entre sus principales funciones, consolidar lo aprendido a lo largo del día.

Falsos mitos Psicología
Pensar que información que se recibe de forma inconsciente y de la cual no se emplea ninguna técnica mnotécnica para ser fijada y procesada, además, en un momento en el que el cerebro está particularmente ocupado procesando otro tipo de información es una estrategia eficaz es, simplemente, una falacia.

Eso sí, no hay que olvidar que sí que existe una relación entre aprendizaje y sueño. Por eso es recomendable no pasarse la noche estudiando sin dormir, e incluso echarse una pequeña siesta después de aprender algo, ya que la consolidación es una parte muy importante del proceso de aprendizaje.

12.- Los enfermos mentales no son más propensos a la violencia física


Este mito quizás haya sido especialmente extendido por la prensa, ya que cuando una persona con enfermedad mental comete un delito, ese factor suele ser resaltado, cosa que no ocurre cuando el perpetuador es diabético o epiléptico. Sin embargo, las estadísticas muestran que es mucho más probable que una persona con enfermedad mental sean víctimas de violencia que perpetuadores de la misma, incluso que es más probable que cometan suicidio antes que atacar a otra persona.

Eso sí. Lo que no deja de ser cierto es que es muy común que personas con enfermedad mental tengan problemas de control de impulsos y qué, en consecuencia, cuando prueban alguna actividad o sustancia susceptible de generar adicción, terminen desarrollando la misma. El alcohol es una de estas sustancias y está al alcance de todos al ser legal, así que existe un alto grado de alcoholismo entre los enfermos mentales. El alcoholismo si es un factor que incrementa el riesgo de violencia física, pero el índice de alcohólicos con enfermedad mental propensos a la violencia física no es mayor que la del resto de la población alcohólica.

13.- Usamos el 100% de nuestro cerebro


Esta leyenda urbana se popularizó en los años 70, cuando sólo se conocía la función específica del 10% de la anatomía del cerebro. Por ejemplo, que las áreas que componen el Sistema Límbico son las encargadas de la regulación emocional. De muchas otras áreas no se conocía su función específica, pero ello no quiere decir que no estén haciendo nada. Por ejemplo, no fue hasta 2015 que se descubrió que el Claustro Cerebral es el encargado de la consciencia

En términos evolucionistas, que un ser vivo disponga de una capacidad fisiológica y, por naturaleza, no sepa usarla, es una idea simplemente absurda.

viernes, 3 de mayo de 2019

La Tercera Ola. Historia real

A través del testimonio de Ron Jones, profesor de historia, conocemos el experimento que puso en práctica y que inspiró para que se realizase las famosa película "La Ola".

En el año 2008, el director de cine alemán, Dennis Gansel, presentó la película "Die Welle" (La Ola), basada en una novela homónima escrita por Todd Strasser en 1981. En dicho libro, un profesor de historia en un instituto norteamericano, llamado Ben Ross, trata de explicarle a sus alumnos cómo fue posible que, durante la segunda guerra mundial, tantos ciudadanos alemanes colaborasen y formasen parte del holocausto. Para ello, el docente pone en marcha un experimento con sus alumnos, en el que replica algunas de las estrategias utilizadas por el gobierno nazi para generar una identidad grupal y enaltecimiento del grupo. El experimento pronto se le va de las manos, con terribles consecuencias que jamás habría imaginado. La película citada sigue los pasos de la novela, pero traslada la acción a un instituto alemán.

La Ola
Fotograma de la película "La Ola" (Dennis Gansel, 2008).

Lo cierto es que la novela de Strasser, aunque varía algunos elementos, está basada en un hecho real. Un experimento llevado a cabo por un profesor de Palo Alto (California) llamado Ron Jones, en 1961, conocido como "La Tercera Ola". El propio Jones explicaba de la siguiente manera, en 1972, lo que vivió en aquella semana tan significativa para la Psicología Social:

Durante años he conservado un extraño secreto con 200 alumnos. Ayer me encontré con uno de ellos y todos los recuerdos volvieron a mi cabeza.

Steve Conigio era un estudiante de segundo año de mi clase de Historia. Nos encontramos de casualidad, cuando menos me esperaba que un antiguo alumno se me acercara. Me costó un minuto acordarme. Steve, para ayudarme a refrescar mi memoria, hizo el saludo de la Tercera Ola con la mano. Ya me acordaba: un chico brillante, le gustaba el teatro y tocar la guitarra. Se sentaba en segunda fila.

Sin pensarlo dos veces, le respondí con el mismo saludo, como dos viejos camaradas que se encuentran años después. Steve me preguntó si aún me acordaba de la Tercera Ola. Claro que lo recuerdo, fue una de las cosas que más me han asustado en mi vida, el origen de un triste secreto compartido con otros 200 alumnos.

Estuvimos charlando unas horas recordando todo aquello. A la hora de despedirse, la habitual sensación de que nunca volverás a verle, a pesar de que siempre se suele decir lo de mantener el contacto, de llamarse. Nos despedimos de nuevo con el mismo saludo.

Parece que el secreto de la Tercera Ola quizás esté perdiendo fuerza. Por fin podemos hablar de ello. Han pasado tres años. No es que sea algo que queramos recordar. Todo lo contrario, hemos intentado olvidarlo. Precisamente fue Steve el que lo comenzó todo con su pregunta. Estábamos en mitad de una clase sobre la Alemania Nazi, cuando Steve preguntó “¿Cómo pudo el pueblo alemán, los ciudadanos de a pie, alegar ignorancia sobre lo que estaba pasando con los judíos?” Era una buena pregunta, pero yo no tenía ni idea de cómo contestarla.

Como íbamos muy bien con el temario y sobraba tiempo, decidí dedicar una semana a explorar esta cuestión.

Fuerza a través de la disciplina

El lunes, enseñé a mis alumnos unas de las experiencias más características de la Alemania nazi. La disciplina. Les hablé de la belleza de la disciplina, de cómo un atleta tiene la satisfacción de haber trabajado duro y ser recompensado con el éxito en el deporte, de la dedicada paciencia de un científico. Disciplina, estudio, control, el poder de la voluntad. Las penurias a cambio de la recompensa mental o física.

Más que invitarles, les ordené experimentar el poder de la disciplina, con el simple ejercicio de cambiar su postura al sentarse, describiendo como una postura adecuada mejora la concentración y fortalece la voluntad. Les instruí en una postura que consistía en poner los pies en total contacto con el suelo y la espalda completamente recta contra el respaldo, y les preguntaba “¿A que ahora podéis respirar mejor? Estáis más atentos ¿no os sentís mejor?”

Practicamos esta postura una y otra vez, mientras les vigilaba y corregía cualquier mínimo fallo. Se convirtió en el aspecto principal del estudio. Luego les daba permiso para levantarse para a continuación volverles a llamar. Así aprendieron a concentrarse en apenas 15 segundos, siendo conscientes de la postura, pies y espalda rectos, rodillas en ángulos de 90º. En poco tiempo lo hacían en silencio y en apenas 5 segundos.

Fue extraño ver como los alumnos rápidamente adoptaron el código de conducta. Me pregunté hasta dónde era posible llevarles. ¿Se trataba de una manifestación de disciplina momentánea? ¿O se trataba de un deseo de uniformidad innato, un instinto humano enmascarado en la programacion televisiva o las cadenas de restaurantes?

Decidí poner a prueba la tolerancia de la clase. En los últimos 25 minutos introduje algunas nuevas reglas. Los alumnos tenían que sentarse antes de que sonara la campana y todos debían llevar papel y lápiz para tomar notas. A la hora de hacer preguntas debían levantarse y ponerse al lado de su mesa. Siempre dirigirse a mí como Señor Jones. Las respuestas inciertas eran reprendidas. Ante todas estas medidas, la intensidad de la respuesta de los estudiantes creció, especialmente al recompensar a los alumnos por sus esfuerzos en hacer o contestar preguntas de forma atenta y correcta. Lo curioso es que en vez de los escasos habituales que monopolizan el debate en clase, ahora todos participaban, y se apreciaba una notable mejoría en la calidad de las respuestas, incluso en alumnos que antes hablaban poco o eran tímidos.

Ron Jones. La Ola
Ron Jones | Palo Alto Online.

En cuanto a mí, solamente tenía preguntas. ¿Por qué no se me había ocurrido esto antes? Los alumnos parecían muy implicados. ¿Cómo era posible? Estaba implantando un entorno autoritario y las cosas parecían ir mejor y ser más productivas. Pero, ¿cómo cambiar mis ideas de una clase abierta y un autoaprendizaje autónomo? ¿Se iban a evaporar mi creencia en Carl Rogers? ¿A dónde iba a llegar este experimento?

Fuerza a través de la comunidad

El martes, el segundo día, entre en la clase y encontré a todos en la postura del día anterior. Algunos de ellos sonreían por complacer al profesor, pero la mayoría estaban muy concentrados, con los cuellos rígidos, sin preguntas, sin hablar. Me dirigí a la pizarra y escribí “FUERZA A TRAVÉS DE LA LA DISCIPLINA”. Y después una segunda ley, “FUERZA A TRAVÉS DE LA LA COMUNIDAD”.
A continuación, empecé a hablarles del valor de la comunidad, mientras por dentro me debatía entre detener el juego o seguir, ya que no había previsto esta intensidad en la respuesta de la clase. Inventé historias basadas en mi experiencia como atleta, entrenador e historiador. Se trata de ser parte de algo más allá de uno mismo, de ser un movimiento, una raza, un equipo, una causa.

Era muy tarde para echar marcha atrás. Había mucho por ver y entender todavía. ¿Por qué aceptaban los alumnos la autoridad que yo les imponía? ¿Dónde estaba su curiosidad o resistencia a este comportamiento marcial?

Proseguí contándoles como la comunidad, al igual que la disciplina, debe experimentarse si se quiere entender. Para ellos les hice recitar de dos en dos el mantra al unísono “Fuerza A TRAVÉS DE LA Disciplina”, “Fuerza A TRAVÉS DE LA Comunidad”. Los alumnos se miraban y sentían el poder de pertenecer a algo. Todos eran iguales y capaces. Estuvimos repetiendo estos lemas de forma rotatoria, sin dejar de enfatizar la forma correcta de sentarse, levantarse y hablar.
Empecé a sentirme parte del experimento, disfrutando de la acción unitaria mostrada por los alumnos. Era reconfortante ver su satisfacción y su excitación por seguir adelante. Cada vez me resultaba más difícil abstraerme de la atmósfera que se estaba creando. A pesar de dirigir el grupo, también lo estaba siguiendo.

Casi al terminar la clase, y sin pensarlo, cree un saludo especial, solo para los miembros de la clase. El famoso saludo en forma de ola con la mano, y le llamé el saludo de la tercera ola, ya que se dice que las olas viajan juntas y que la tercera es la más fuerte. Hice obligatorio que todos usaran el saludo, como señal silenciosa de reconocimiento. Al terminar la clase, todos lo hicieron.
A lo largo de los siguientes días, los alumnos de la clase harían el saludo sin dudar, ya fuera en el gimnasio o en la biblioteca. Esto hizo que el experimento se empezará a conocer fuera de clase y que otros alumnos ajenos a ella pidieran entrar.

Fuerza a través de la acción

El miércoles, decidí darles a todos tarjetas que les acreditasen como miembros del experimento. Nadie quiso quedarse fuera. Incluso vinieron trece alumnos de otras clases para apuntarse. Les di una a cada uno marcando tres de esas tarjetas con una X roja, lo que les acreditaba para denunciar faltas en el cumplimiento de las reglas. Acto seguido, les estuve hablando del significado de la acción, explicando cómo la disciplina y la comunidad no eran nada sin ella. Les hablé de la belleza de ser completamente responsable de las propias acciones, de creer en uno mismo y en la comunidad con firmeza, de hacer cualquier cosa para preservar, proteger y extender esos conceptos, enfatizando cómo todo esto mejoraría el aprendizaje y los logros. Les recordé el sufrimiento de aquellas clases en las que los alumnos estaban enfrentados, donde no había progreso, donde nunca se lograba nada y faltaba apoyo mutuo.

Llegado este punto, los alumnos comenzaron a dar testimonios espontáneos, del estilo de “estoy aprendiendo más que nunca,” “¿por qué no enseña usted así siempre?” Me quedé muy sorprendido, y más aún al ver que habían completado sus complejos deberes sobre la vida alemana. El rendimiento mejoraba y parecían querer más. Supuse que los alumnos harían cualquier cosa que les mandase. Decidí probar.

Para permitirles experimentar la acción directa, le di a cada uno de ellos una tarea verbal. “Es tu tarea diseñar un estandarte de la Tercera Ola. Tú deberás impedir a cualquiera que no sea miembro entrar en la clase. Tú debes recordar los nombres de todos. Tú debes repartir panfletos y tú convencer a otros,” cosas así. Y para concluir la sesión creé una simple ceremonia de iniciación de nuevos miembros – que debían ser introducidos por miembros existentes – quienes debían conocer las reglas y jurar obediencia. La idea desató el furor.

Al final del día, había 200 nuevos miembros y hasta el director de la escuela me hizo el saludo. Nuestro emblema estaba hasta en la biblioteca. En ese momento me sentí solo y asustado, sobre todo porque comencé a recibir denuncias de comportamientos que no se ajustaban a lo requerido, como que había gente que no saludaba y gente que hacía críticas,  lo que indicaba que mucha gente había asumido el papel de vigilantes. Con semejante avalancha de “chivatos,” parecía poderse justificar una conspiración legítima…

Tres chicas, de las más inteligentes de la clase, de la clase habían contado la situación en su casa. Hasta ese momento estas chicas habían disfrutado de una seguridad en sí mismas y de un gran liderazgo en la escuela. Yo tenía curiosidad por saber cómo reaccionarían a la transformación igualitaria de la clase, ya que las recompensas a las que estaban acostumbradas no tenían lugar dentro del experimento.  No había sitio para las respuestas y preguntas inteligentes. Con esa atmosfera marcial, estaban como atontadas, y se resistían a entrar.

No obstante, al contarle a los padres la idea del experimento, desataron toda una serie de eventos. El rabino de una de las chicas llamó para quejarse. Yo le contesté que simplemente estábamos estudiando la personalidad alemana, lo que le pareció estupendo y me dijo que él mismo tranquilizaría a los padres. Esto me recordó otras situaciones a lo largo de la historia en la que los sacerdotes han tolerado situaciones intolerables, ignorando la represión y la violencia. Ni siquiera montó en cólera, sino que pasó a ser parte del experimento.

A estas alturas la diferencia entre el experimento y la conducta dirigida era indistinguible. Muchos eran ya miembros reales de la Tercera Ola. Exigían un comportamiento intachable de otros. Me acuerdo sobre todo de Robert, un chaval grande para su edad y no muy dotado para los estudios y poco popular, siempre comía solo. La Tercera Ola sin embargo, le dio un lugar en la escuela. Al menos se sentía igual a los demás, podía formar parte de algo, tener sentido. Ese fue el día que me dijo que quería ser mi guardaespaldas. No fui capaz de decirle que no.

Fuerza a través del orgullo

El jueves comencé a intentar desmontar el experimento. Me encontraba exhausto y preocupado. El movimiento se había convertido en el centro de sus vidas. Muchos habían cruzado una línea peligrosa. Yo mismo actuaba inconscientemente como un dictador. Aunque era benevolente, cuanto más tiempo pasaba en el papel, más olvidaba la motivación racional primera del experimento, cada vez me ajustaba más al papel. Me preguntaba si eso es normal en la gente, se nos da un papel y amoldamos nuestra vida a él. Pronto nos convertimos en el rol, y ese rol es lo que la gente espera de nosotros.

La Ola
Portada del libro "La Ola"
de Todd Strasser.
Ante el dilema de seguir o parar, me di cuenta que ambas opciones eran muy complicadas. Si lo detenía muchos alumnos se quedarían sin punto de referencia y además habían mostrado ante los demás un comportamiento radical difícil de justificar. Sería muy triste para gente como Robert, decirles que todo ha sido solamente un juego. Los alumnos más brillantes se burlarían de ellos por participar tan en serio. No podía permitirlo.

La opción dos tampoco era planteable, ya que estaban descontrolándose. El miércoles por la noche alguien había entrado en la clase y lo había destrozado todo. Luego supe que había sido el padre de uno de los alumnos, que había estado prisionero en un campo alemán. Me contó muchas cosas sobre amigos suyos que habían muerto en Alemania. Pasé horas hablando con él y me empecé a preocupar más por lo que podría pasar en la escuela, y cómo todo esto podía afectar a los demás profesores y alumnos de la escuela. Ante esta situación, intenté una vieja estrategia, intentar algo inesperado.
El jueves eramos 80 alumnos en clase. La calma y el silencio de tanta gente esperando mis palabras me permitió hablarles de forma deliberada. “El orgullo es algo más que pancartas o saludos. Es saber que eres el mejor. Es algo que nadie te puede quitar.”

Y así, de repente, cambié la voz y susurrando les anuncié la razón real de la Tercera Ola. “No se trata solamente de un experimento o una actividad de clase. Se trata de un programa nacional para encontrar alumnos dispuestos a la lucha política. Por todo el país profesores como yo hemos estado entrenando a brigadas juveniles para hacer una sociedad mejor a través de la disciplina, la comunidad, el orgullo y la acción, y vosotros sois un grupo seleccionado para el cambio. Podemos cambiar el destino de este país.” Luego les anuncié que el viernes habría una manifestación solamente para miembros en la que un candidato a presidente que anunciaría el programa a nivel nacional y que estaría la prensa. Nadie dijo nada. Todos se mostraron entusiasmados.

Fuerza a través del entendimiento

El viernes, el día final del ejercicio, pase toda la mañana preparando el auditorio para la manifestación. A las 11.30 empezaron a llegar alumnos impacientes. A las 12 en punto cerré las puertas. Tenía a varios amigos que hacían las veces de reportero, sacando fotos y demás. Había más de 200 alumnos de todo tipo, los populares, los deportistas, los solitarios. Sin embargo, todos parecían una fuerza unificada. Había una gran atmósfera de tensión y anticipación.
“Antes de la conferencia de prensa nacional, quiero demostrar la fuerza de nuestro entrenamiento”. A continuación di el saludo y 200 personas me respondieron. Repetí el gesto varias veces y cada vez la respuesta era mayor. Era la última vez que les pedía recitar nuestro mantra. Doscientas voces respondieron con fuerza gutural “fuerza a través de la disciplina”.

A las 12:05 apagué las luces. El aire parecía seco, costaba respirar y aún más hablar. Puse la televisión. Robert estaba a mi lado, mi guardaespaldas. Le dije que prestara atención los siguientes minutos. Con la sala a oscuras y la única luz la de la televisión, en blanco, sin mostrar nada, se produjo un combate mental entre ésta y la atención de los estudiantes. Y la televisión ganó. El patrón de conducta de la gente no cambió. Era como un trance, la televisión no mostraba nada, solo una pantalla en blanco, pero aún así todos esperaban ver algo, algún tipo de programa. Finalmente, a pesar del empeño, comenzó a surgir la ansiedad y posteriormente la frustración, hasta que alguien se levantó y gritó, “¿No hay ningún líder, verdad?”. Todos se volvieron sorprendidos, primero hacia el estudiante que había hecho la pregunta y luego hacia la televisión, con caras y miradas de incredulidad.

En la confusión de los momentos siguientes, me dirigí lentamente a la televisión y la apagué. Era como si volviera el aire a la sala. Todos permanecían callados, pero por primera vez pude notar a la gente relajarse. Me esperaba una avalancha de preguntas, pero lo único que había era un gran silencio. Comencé a hablar. Mi público estaba totalmente atento.

“Escuchad con atención, tengo algo importante que deciros. No hay ningún líder. No hay ningún movimiento nacional llamado la Tercera Ola. Habéis sido usados, manipulados, no sois mejores que los nazis alemanes que habéis estudiado”.

“Pensabais que erais los elegidos, que erais mejores que los que no están en esta sala, habiendo cambiado vuestra libertad por la comodidad de la disciplina y la superioridad. Habéis aceptado la voluntad del grupo por encima de vuestras convicciones. Y sobre todo habéis creído que podíais saliros cuando quisierais. ¿Hasta dónde podríais haber llegado? Dejadme que os enseñe vuestro futuro”.

Encendí el proyector. Ante nuestros ojos, la historia del Tercer Reich. La marcha de la raza superior. Los judíos retenidos y transportados en trenes. El horror de los campos de prisioneros. Posteriormente los juicios de Nuremberg, las alegaciones de ignorancia, “yo solo hacía mi trabajo”. ¡Mi trabajo! La proyección se detuvo en un fotograma que decía “Todos deben aceptar su culpa. Nadie puede alegar que no tomó parte de una forma u otra”.

La sala quedó a oscuras. Me sentía enfermo y asqueado. Nadie se movía, era como si todo el mundo quisiera diseccionar ese momento. Como si hubieran despertado de un sueño y quisieran saber qué había ocurrido realmente. Esperé varios minutos a que todo el mundo se recuperase un poco. Poco a poco comenzaron las preguntas. Todas apuntaban a situaciones imaginarias y buscaban descubrir el significado de lo ocurrido.

Con la sala aún a oscuras, les hablé de mi arrepentimiento, y de que una explicación completa llevaría tiempo, pero aún así, pude notar como volvía a ser profesor, más que participante.
“Con lo que ha ocurrido durante esta semana, hemos podido ver lo que suponía vivir en la Alemania nazi. Hemos aprendido a crear un entorno social disciplinado, jurar fidelidad a esa sociedad especial y sustituir la razón por las reglas. Habríamos sido buenos alemanes y nos habriamos puesto el uniforme, listos para traicionar a amigos y vecinos. Ahora sabemos lo que es optar por la solución rápida y quemar las ideas, sentirse fuerte y superior. Conocemos también el miedo a ser excluido, a quedarse fuera, pero también el sentimiento de control y el placer de hacer lo correcto socialmente. Hemos visto que el fascismo no es algo que otra gente hace. No, ha estado aquí, en esta sala, en nuestras conductas y forma de vivir. Basta arañar la superficie para que aparezca.  La creencia de que los seres humanos son intrínsecamente malos y que por tanto son incapaces de actuar bien con su prójimo, lo que demanda un líder fuerte y una disciplina para preservar el orden social. Y además, la apología”.

“Esta es la lección final. La lección final es quizás la más importante y responde la pregunta con la que comenzó este experimento. ¿Recordáis la pregunta? La cuestión era la sorpresa en el pueblo alemán ante todo lo ocurrido, alegando ignorancia y desconocimiento. ¿Cómo el ciudadano alemán, el trabajador de la calle, pudo, al final del Tercer Reich, alegar ignorancia? ¿Qué causa que la gente borre su propia historia? Ahora tenéis la oportunidad de responderos vosotros mismos a esta pregunta”.

“Si el experimento ha tenido éxito de verdad, ninguno de vosotros admitirá haber estado aquí hoy. Al igual que los propios alemanes, tendréis problemas para admitir que habéis llegado hasta aquí. No querréis que vuestras familias y amigos sepan que estuvisteis dispuestos a ceder vuestra libertad individual a líderes invisibles. No admitiréis haber sido manipulados, haber aceptado la Tercera Ola como una forma de vida, haber formado parte de esta locura. Lo guardareis como un secreto, un secreto que yo compartiré con vosotros”.

Saqué la película de las tres cámaras que había en la sala y expuse a la luz el celuloide. Todo se había acabado. La Tercera Ola había llegado a su fin. Algunos, como Robert, lloraban. La mayoría fue levantándose lentamente y abandonando la sala.

Durante una semana de aquel año, habíamos compartido la vida plenamente. Tal y como predije, aquella experiencia se convirtió en un secreto. En los cuatro años que estuve enseñando en el Instituto Cubberley, nadie admitió haber sido parte de la Tercera Ola o haber estado en el auditorio el último día. Era algo que todos queríamos olvidar.

Conclusión


Aunque el testimonio de Jones es altamente interesante, no cumple todos los requisitos para poder ser considerada una investigación científica, a lo largo de la historia de la Psicología Social se han hecho determinadas investigaciones que apoyan los resultados descritos por el profesor. Por un lado, en 1961, Stanley Milgram propone la "Teoría de la Cosificación" con un experimento en el que muestra cómo la autoridad conferida a otras personas interfiere en la toma de decisiones. De la misma manera, en 1954, Muzafer Sheriff, con el "Experimento de la Cueva de los Ladrones", expuso cómo generar unas señas de identidad y un enemigo común puede hacer que un grupo de individuos que hasta ese momento no se conocían se consideren parte de un mismo grupo y a los de fuera como sus enemigos.

Centrándonos también en los eventos ocurridos en Alemania a mitad del s.XX, no hay que mencionar también la estrategia propagandística como fue "los 11 Principios de la Propaganda" de Joshep Goebbels, que hoy en día, como puede observarse, siguen siendo empleadas por todo tipo de grupos políticos.

En definitiva, el ser humano tiene la tendencia natural a renunciar a su identidad a favor del consenso social y solo la crítica consciente de cada uno puede conseguir evitar que termine siendo manipulado por este factor.

viernes, 26 de abril de 2019

¿Por qué la gente confía en las pseudociencias?

A pesar de los avances en distintas ciencias, mucha gente se pone en manos de disciplinas no avaladas por el método científico ¿Por qué ocurre esto?

En un artículo anterior se describió qué es una ciencia y qué requisitos debe de seguir una disciplina para ser considerada "científica" y qué requisitos se deben de dar para que un hecho sea aceptado como "científico".


En contraposición, hay que distinguir estos conceptos de otros tres:
  • Protociencia: es aquella hipótesis que aún no ha sido planteada por el método científico, pero se sigue este método para tratar de falsarla o comprobarla. La "alquimia" o la "parapsicología"
  • Superchería: aquello que cambia una verdad por una mentira.
  • Pseudociencia: aquello que se hace pasar por ciencia, a pesar de no cumplir los requisitos necesarios para ser considerado como tal.

Se entiende entonces qué todas las pseudociencias son supercherías, pero no todas las supercherías son pseudociencias.

A pesar de qué, desde hace tiempo, la comunidad científica estableció un método para establecer cuando un conocimiento era fiable y no tener que confiar en "dogmas", es un hecho que ha día de hoy, muchas pseudociencias cuentan con una larga cartera de clientes, entre ellos se incluyen gente con formación en disciplinas científicas. En Psicología, tampoco se está excento de esto ¿Por qué ocurre esto? A continuación destacamos cuatro factores fundamentales.

Comodidad 


Muchas pseudociencias se centran en la idea de que el paciente no tiene culpa de nada, sino que son factores que él no controla o factores externos como “gente tóxica”. Muchas de estas terapias no suelen consistir en grandes sacrificios (salvo económicos), por lo que no requiere habitualmente que el paciente salga de su “zona de confort”.

Es importante señalar que en algunos de estos casos, como ocurre en grupos sectarios, se trata de que el paciente caiga en una burbuja, persuadiéndole de que no acuda a otros profesionales en busca de otras opiniones y poniendo al paciente en contra de las personas de su alrededor para crear la sensación de que el pseudoterapeuta es “el único que le entiende”.

Iatrogenia


Este término se refiere a síntomas causados por el propio profesional. En medicina puede ser el efecto secundario de un medicamento que el paciente, en realidad, no necesitaba, o el resultado de una operación que no salió del todo bien.

En Psicología esto se entiende cuando el mero hecho de sugerirle a una persona que pueda padecer un determinado síntoma, sirva para que este empiece a experimentarlo. En muchas de estas pseudociencias es el propio pseudoterapeuta quien convence al paciente de qué tiene un trauma o trastorno y, a la vez, quien le convence de que ha sido capaz de superarlo gracias a sus técnicas.

Un famoso ejemplo de cómo esto sucede, es el caso de pseudoterapeutas que han implantado falsos recuerdos en sus pacientes.

Efecto Placebo


Desde 1916, gracias a un experimento del Dr. David Match, sabemos que una persona puede consumir una sustancia inocua y, que la falsa expectativa de que ello le va a curar, puede conllevar a qué manifieste mejora de sus síntomas. No fue hasta 2007 cuando un grupo de investigadores de la Universidad de Michigan pudieron explicar que esto sucede porque cualquier expectativa positiva libera una serie de neurotransmisores (dopamina, serotonina), sobre el Núcleo Accumbems, región que se encarga, entre otras cosas, de la experimentación del placer (está muy ligada también a que se generen adicciones). Esto quiere decir que, a pesar de que los síntomas de la enfermedad persisten en el individuo, a su cerebro llega la falsa información de una sensación subjetiva de bienestar.



Efecto Forer


En 1948, el profesor de Psicología Bertram Forer le pasó “un test de personalidad” a sus alumnos, y al devolverle los resultados, le pidió que evaluasen del 1 al 5 cómo de acertado había sido su diagnóstico. La media de la clase fue de 4.26, a pesar de qué más tarde el profesor reveló de qué, independientemente de las respuestas que hubieran dado, a todos se les había devuelto el mismo texto, el cual era una mezcla de distintos horóscopos que se había encontrado. Este rezaba lo siguiente:

Tienes la necesidad de que otras personas te quieran y admiren, y sin embargo eres crítico contigo mismo. Aunque tienes algunas debilidades en tu personalidad, generalmente eres capaz de compensarlas. Tienes una considerable capacidad sin usar que no has aprovechado. Disciplinado y controlado hacia afuera, tiendes a ser preocupado e inseguro por dentro. A veces tienes serias dudas sobre si has obrado bien o tomado las decisiones correctas. Prefieres una cierta cantidad de cambios y variedad y te sientes defraudado cuando te ves rodeado de restricciones y limitaciones. También estás orgulloso de ser un pensador independiente; y de no aceptar las afirmaciones de los otros sin pruebas suficientes. Pero encuentras poco sabio el ser muy franco en revelarte a los otros. A veces eres extrovertido, afable, y sociable, mientras que otras veces eres introvertido, precavido y reservado. Algunas de tus aspiraciones tienden a ser bastante irrealistas”.

Esto llevó al Forer a concluir que las personas suelen aceptar descripciones vagas y generalistas como propias.

Lo descubierto en este experimento también es puesto en práctica para atraer a gente "demostrando" con ello, las bondades de sus métodos diagnósticos.

miércoles, 27 de marzo de 2019

13 motivos por los que gente que lo necesita no acude a terapia

La desinformación acerca del proceso terapeutico o de la Psicología en general consigue que muchas personas que se podrían beneficiar de sus técnicas decidan no acudir a profesionales.

La ciencia de la Psicología lleva siglos desarrollando distintas técnicas de tratamiento para mejorar la vida de las personas, ya sean aquellos que padezcan de algún tipo de trastorno neurótico, como aquellos a los que se enfrentan a algún tipo de problema específico o cotidiano del que no dispone o no conoce herramientas para lidiar satisfactoriamente con él y la eficacia de sus resultados está demostrada.

A pesar de todo lo expuesto en el párrafo anterior, esta disciplina es víctima de diversos estereotipos y estigmas por las que personas qué de algún modo sienten que necesitan ayuda, se resisten a acudir a un profesional. A continuación se exponen los más comunes:

1.- Mis problemas no son tan importantes 


Por una parte, mucha gente piensa que los profesionales de la psicología se dedican en exclusiva a problemas en los que el paciente se pongan en peligro tanto a ellos mismos como a los demás, o para casos de "locura" (a pesar de qué este termino no tiene ninguna definición científica).

Psicología
Imagen: alliedtravelcareers.com
Es habitual que una persona que se sienta agobiada por aspectos cotidianos como estrés laboral o ansiedad por la calidad de sus relaciones familiares, se llegue a sentir incluso culpable al comparar su vida con gente que vive en países tercermundistas, o en barrios marginales o aquellos que sufren una enfermedad terminal o convive con alguna persona que la padezca. De la misma manera, este feedback, se percibe igualmente por parte de terceros que acostumbran a decirle a gente que los suyos "no son verdaderos problemas" o que "no tienen motivos para sentirse así".

No hay que olvidar que cada persona vive su vida y la de nadie más y cada uno tiene que lidiar con lo que en ella acontece y sus problemas tienen la medida que tienen dentro de la misma. Imagine que está usted en una sala con otra persona. En ella entra una persona con una katana y le corta un brazo ¿Le dolería? Sí. Sus nervios enviarían información a su cerebro que crearía la sensación de dolor físico. Si justo a continuación, el agresor se enfrentase a la segunda persona que estuviese en la sala y le cortase, no solo los dos brazos, sino además las dos piernas, el hecho de contemplar como esa persona está "objetivamente peor", no va a reducir el dolor físico que esté experimentando. No hay que olvidar que el dolor físico y el dolor emocional comparten esta característica. Nuestro cerebro no le resta importancia a las cosas que nos preocupan porque objetivamente otras personas tengan problemas mayores, de hecho, si esto fuese así, sería un comportamiento desadaptativo, ya que las emociones negativas tienen el objetivo de encaminarnos a evitar en un futuro aquellas decisiones y experiencias que han resultados dañidas o desfavorecedoras.

Por otro lado, no hay que olvidar que las personas son responsables de sus actos, pero no de sus pensamientos, ni de sus sentimientos. Una persona no decide sentirse de una determinada manera, por lo qué, por un lado, no debe de sentirse culpable por una decisión que no ha tomado y, por otro, de la misma manera qué uno no decide sentirse de una determinada manera, tampoco tiene el poder de dejar de sentirse así por mera volutnad.

En resumen, ignorar un problema no hace que desaparezca, al contrario, lo habitual es que sus consecuencias negativas se acrecenten e, incluso en algunos casos, lleguen a somatizarse. Aunque algo, objetivamente, sea un problema pequeño, si la persona que lo padece no encuentra por si misma la manera de lidiar con él y sus consecuencias, se convertirá en un problema grande y por ello merece que se le dé la importancia que tiene, lo entienda o no el resto de la gente.

Psicología

A través del proceso terapéutico, se puede analizar el problema en profundidad para encontrar herramientas para lidiar más adecuadamente con él o reestructurar el enfoque con el que es analizado para que las consecuencias a nivel emocional sea menos leves. Ello revertirá en una mayor calidad de vida, tanto para el paciente, como para las personas que están a su alrededor.

2.- Debería ser capaz de solucionar mis problemas por mi mismo


Y este no deja de ser el objetivo final. No hay que olvidar que el trabajo del Psicólogo no es solucionar el problema, sino ayudar a encontrar el camino cuando la persona no es capaz de hacerlo por una misma.

Cuando una persona necesita armar una estantería, es posible que esta misma sepa como armarla o que necesite contratar un profesional. También existe la opción de qué no sepa armarla, pero decida aprender a hacerlo. Ahora bien ¿El tiempo del qué dispone es el necesario para aprender y, sobretodo, aprender la manera más eficaz? ¿Tiene los mecanismos para aprender por si mismo a través de ensayo y error o necesita la guía de un profesional?

Si en lugar de montar una estantería, el problema de la persona es lidiar con un problema emocional y la persona no sabe en estos momentos cual es la forma más productiva, o no conoce los mecanismos a través de los cuales puede alcanzarlos, acudir a un profesional puede ser la manera más eficaz para desarrollar esa habilidad y, finalmente hacerlo por uno mismo.

3.- Si comienzo la terapia ¿Tendrá que ser para siempre?


Esta cuestión, en gran medida, ha sido respondida en el apartado anterior. La concepción de que la terapia es "para toda la vida", viene de la corriente psicoanalítica, pero no hay que olvidar que, a pesar de la creencia popular, el Psicoanálisis no es una rama de la Psicología.

La frecuencia de la terapia es acordada por paciente y terapeuta en la primera sesión y, como se ha dicho, el objetivo final de la terapia es que el paciente termina disponiendo de los recursos necesarios para lidiar con el problema por él mismo.

Mucha gente también se muestra su preocupación de terminar generando una relación de "dependencia" con su terapeuta. Efectivamente, el código deontológico del psicólogo advierte sobre este aspecto y los casos en los que el terapeuta no cuida este aspecto son denunciables. 

4.- Tendré que revelarle a mi terapeuta mis secretos más privados


En una terapia es el paciente quien decide cuanto y como es necesario compartir. Es trabajo del terapeuta de generar un vínculo de confianza.

Psicología


Por supuesto, no hay que olvidar que será más probable que el profesional sepa ayudarte si tiene información filedigna y objetiva. Esto sucede con la medicina o la abogacía y, por supuesto, con la Psicología. No hay que olvidar que, a pesar de lo que mucha gente piensa, los psicólogos no pueden leer la mente.

5.- Me sentiré juzgado


La concepción general es que el psicólogo es un juez que decide lo que está bien y lo que está mal, qué es honesto y qué es deshonesto, qué es sano y qué es enfermizo.... Lo cierto es que a la psicología no le corresponde hacer juicios de moralidad y que lo menos importante del proceso terapéutico es el "diagnóstico" o "etiquetaje". Muchas veces la gente piensa que cuando el psicólogo escuche su caso, se echará las manos a la cabeza, le pondrá la etiqueta de "loco" e irá corriendo a colocarle la camisa de fuerza.  

El psicólogo es una persona instruída en los aspectos que intervienen en el comportamiento humano (sociales, biológicos, cognitivos...) y que por ello puede entender las relaciones causa-efecto entre ciertas conductas y ciertas sensaciones y cómo se puede actuar sobre ellas para mejorar el bienestar y la calidad de vida del paciente. Nada más importa.

6.- No quiero que nadie me diga cómo tengo que vivir mi vida


Se vuelve a insistir. La Psicología no se basa en trazar una línea entre lo qué se debe o no se debe hacer. A grandes rasgos, esta disciplina acepta que todo lo que no dañe a uno mismo o terceras personas es lícito.

Una buena metáfora seguramente sería concebir al psicólogo como si se tratara de un GPS. Cuando una persona quiere ir a un sitio y no sabe cómo llegar por sus propios medios, indica el objetivo en el GPS y este le indica las posibles rutas que le podrían llevar hasta ella, indicando cual es más larga o más corta, cuales llevan peaje... pero al final, es sólo decisión del usuario determinar cual es el destino, cual camino escoger, incluso tan siquiera iniciar la marcha. Camino qué, recordemos, debe de ser andado por la persona, no por el GPS.

7.- Me asusta lo que pueda aprender sobre mi mismo


Seguramente esto también se deba a la tradición psicoanalítica, dónde gran parte de los problemas se achacaban a deseos sexuales reprimidos y ambiciones inconscientes. Sin embargo, esto está muy lejos de la realidad. Como se ha explicado anteriormente, en muchas ocasiones, la atención de la terapia no se centra tanto en por qué se iniciaron los síntomas, como lo hacen en cómo se están manifestando y cómo actuar sobre ello. Ninguna persona, tan si quiera un psicólogo, puede saber más de una persona que ella misma.

Seguramente, lo que una persona aprenda de asistir a terapia sea sobre su propia capacidad para lidiar con los problemas. 

8.- Yo no creo en esas cosas 


Nadie está pidiendo, en realidad, una prueba de fe. La Psicología es un ciencia, y como toda ciencia, sus postulados y aplicaciones han tenido que ser demostradas por el método científico.

Psicología
El problema viene mayormente cuando esta disciplina es confundida con distintas pseudociencias. Es psicoanálisis ha sido mencionado más de una vez a lo largo del presente artículo, pero otras técnicas como la Programación Neurolingüistica o la Grafología se han expuesto al público como ramas de la Psicología cuando no lo son por el mero hecho de no seguir el método científico.

Cabe destacar igualmente qué, salvo las matemáticas, ninguna disciplina científica es 100% infalible y que la Psicología no pretende serlo. Nadie pondría en duda que la medicina es una ciencia. No obstante, un médico, a pesar de estar debidamente formado, puede errar en un diagnóstico. De la misma manera, puede darse el caso de qué acierte con el diagnóstico, proponga un tratamiento qué ha demostrado ser efectivo para el 97.6% de los casos y que resulte que el paciente forma parte del 2,4% restante y qué, en consecuencia deba de cambiar el tratamiento, o puede pasar que recete una pastilla eficaz, pero que desate una reacción alérgica de la que ni el propio paciente era consciente cuando acudió originalmente a la consulta. Todos esos riesgos, por supuesto, existen en Psicología.

En definitiva, este disciplina no sólo es defenestrada por la desinformación proveniente del cine y la prensa, lo es también debido al intrusismo profesional, así como a la mala praxis de algunos de sus profesionales. Existen comisiones dedicadas a denunciar y perseguir todos estos factores para que el usuario pueda acceder a una sanidad eficiente y de calidad.

9.- No me fue bien con un Psicólogo o conozco a alguien a quien el Psicólogo no le sirvió


Este punto está también relacionado con el anterior. Ni los psicólogos son infalibles, ni todos los psicólogos son iguales. Tampoco lo son todos los pacientes. Como se ha dicho, la posiblidad de una mala praxis, así como de un error por parte del profesional al hacer el diagnóstico o generar el vínculo entre paciente y terapeuta existe igualmente la posibilidad de qué haya sido el paciente quien haya desatendido las recomendaciones de este o, desde un principio, no haya querido estar ahí y/o no haya tenido la paciencia suficiente con el tratamiento, ya qué, en muchas ocasiones, los resultados no son visibles a corto plazo.

Por otro lado, entre el posible cúmulo de posibilidades, también puede pasar que personas que acudan a la consulta de alguna determinada pseudociencia que utilice el nombre de la psicología, el paciente termine todo el proceso creyendo que en todo ese tiempo ha sido asistido por un psicólogo.

10.- No quiero que la gente sepa que voy al Psicólogo


El mismo miedo a sentirse juzgado por el profesional se transfiere a qué sean otras personas quienes les juzguen de esa manera. Se compartan, o no, todos los prejuicios mencionados en este artículo, es conocido por todos que son muy amplios y qué cuando una persona explique su caso en cualquier situación social, seguramente no sea juzgada con objetividad.

Al final, sentirse bien con uno mismo termina siendo lo importante. Es usted, y no ellos, quien tiene que lidiar con sus problemas y quien tiene que valorar la manera en que considera más efectiva enfrentarse a ellos.

11.- Es muy caro. No me lo puedo permitir


Esto, por desgracia, en muchos casos llega a ser cierto. La situación varía entre distintos países, pero en algunos lugares del planeta la gente muere por enfermedades perfectamente tratables por el mero hecho de no poder costearse los gastos médicos. Lo ideal es que todo ser humano tenga a su disposición los tratamientos que necesite para su salud física y/o mental, pero esto no sucede así.

Psicología
Foto: bilingual psychologist.
Pero cabe distinguir entre no tener el dinero y tener la creencia de qué el dinero que se le exige no es justo o no compensa. A pesar de que Sigmmund Freud mantenía que el precio de las sesiones debería de ser elevado para que el paciente se la tome en serio, esta no es la concepción actual.

Al paciente le puede dar la sensación de qué en cada sesión, le está pagando al terapeuta por una hora de trabajo, pero lo cierto es qué, aunque este sea el tiempo que físicamente pasen uno frente al otro, cada consulta al profesional le requiere dos, o incluso tres horas, debido a la preparación de la sesión y la elaboración del informe posterior a la misma. El profesional tiene que pagar el alquiler del local, su/s trabajador/es (como mínimo una persona que atienda el teléfono durante las horas de terapia) y, en el caso de qué pase algunos instrumentos de medida homologados, el coste de estos, que acostumbran a ser muy elevados. Un sano ejercicio a la hora de valorar lo que se cobra por terapia es preguntarse "¿Con lo qué está cobrando por sesión, cuantas horas tiene que trabajar en mes para qué el mero hecho de trabajar no le cueste dinero?" y "¿A partir de ahí, cuantos más tiene que atender para que tras pagar hipoteca y alimentarse empiece a obtener beneficios?"

Por supuesto, lo más importante no es si lo vale, sino si merece la pena, pero al final, el precio de lo que vale el bienestar de uno mismo, solo lo puede poner uno mismo.

12.- Es más rápido y eficaz una pastilla


Esta es una creencia no tan extendida como otras, debido al contraste que surge con la creencia de que farmacéuticas falsan estudios para vender medicamentos que la gente en realidad no necesita.

Cabe destacar aquí que los psicólogos no recetan pastillas. Dentro de los trastornos del comportamiento, hay que distinguir entre los psicóticos (aquellos que tienen una razón biológica) y los neuróticos (aquellos que no). A grades rasgos, los trastornos psicóticos son tratados por los psiquiatras, quienes, en muchas ocasiones, recomendarán un tratamiento farmacológico, mientras que los trastornos neuróticos serían tratados por psicólogos clínicos, que tratarían de solventar el problema a través de técnicas terapéuticas.

Esto quiere decir qué, en caso de que lo que le suceda a una persona no sea un transtorno mental, o que este sea de tipo neurótico, sería improcedente que fuese tratado con medicación.

Incluso en los casos en los que una persona necesite de verdad medicación para apalear los síntomas de una determinada enfermedad mental, cabe destacar que la psicofarmacología es una ciencia que se encuentra en una etapa muy temprana y qué estos fármacos acostumbran a tener unos efectos secundarios muy potenciados, que a largo plazo pueden ser especialmente dañinos. Es por ello que se recomienda combinar la terapia farmacológica con terapia psicológica en el que al paciente aprenda a conseguir, a través de reestructuración cognitiva y ciertos hábitos de vida, a conseguir efectos parecidos a los de la medicación, pero sin que se presenten esas efectos secundarios para así, en un futuro, poder retirar la medicación, ya sea de forma permanente o intermitente.

13.- Lo único que me hace falta es tomarme unas cervezas con unos amigos o hacer un viaje


Puede ser. La ciencia funciona mucho con técnicas de "ensayo-error" y merece la pena darse permiso para distraerse y centrarse en las aficiones. Posteriormente uno debe de hacer introspección para valorar si ha dado los resultados que esperaba, o no.

Psicología
Foto: reference.com


Por una parte la gente considera que el grueso de la terapia consiste meramente en desahogarse con lo que uno está reprimiendo y que esto se puede hacer simple y llanamente con las amistades, quienes además le conocen a uno mejor, después de tanto tiempo juntos, que un terapeuta con el que apenas han hablado unas horas. En este caso, dependerá bastante de cual sea la base del problema. El buen amigo, con la mejor de las intenciones, pero sin formación precisa, puede llegar a marear (como la persona a quien le preguntan una dirección sin saberla y da cualquier respuesta en lugar de confesar que la desconoce) o acrecentar más el problema (dando por ejemplo algunos feedbacks como los citados en el primer punto). Cuando, por el contrario, uno acude a un terapeuta, será escuchado sin ningún tipo de prejuicio previo, se le ofrecerá una hipótesis explicativa con base científica con un tratamiento personalizado y adaptado a sus características.

Por otro lado, esa concepción de "ir a un viaje para distraerse", podría recordar a un famoso refrán que reza lo siguiente: "Dale a un hombre un pez y comerá un día. Enséñale a pescar y comerá toda la vida". Si una persona se ve abrumada por una situación, muy seguramente sea porque no conoce o no sabe emplear las herramientas para enfrentarse a ella. En un viaje, es cierto que escapará de esa situación y, con ello, de los elementos sentimientos negativos que acarrea, pero al regresar a su rutina, tanto su problema, como su falta de recursos para hacerle frente seguirán allí. En la consulta, sin embargo, se le enseñarán herramientas que podrá utilizar el resto de sus días, tanto para esa, como para futuras situaciones.

Conclusión


Una cosa es que la Psicología sea eficaz y otra, por supuesto, saber reconocer cuáles son las circunstancias en las que una persona necesita acudir a uno de estos profesionales y tan importante cómo saber cuándo hay que acudir, es saber a quién hay que acudir.