jueves, 17 de enero de 2019

Descubren el circuito cerebral implicado en la adicción y que este es manipulable

Investigadores de la Universidad de Génova han identificado el circuito cerebral implicado en la adicción a las drogas, comprobando en un experimento, realizado con ratones, diferencias en la actividad cerebral de dicha zona entre distintos sujetos a los qué se les trató de inhibir este comportamiento a través de una descarga eléctrica.

La revista Nature, en diciembre de 2018, publicó un artículo referente a una investigación llevada a cabo en la Universidad de Génova (Suiza) y liderada por el neurólogo Vincent Pascuoli, dirigida a tratar de averiguar si existen diferencias a nivel cerebral entre aquellos que consumen distintos tipos de drogas sin mostrar un comportamiento adictivo, con respecto a aquellos que si lo muestran. En dicha investigación, llevada a cabo con ratones, hicieron dos importantes descubrimientos: el primero de ellos es qué determinada región cerebral, que se extiende desde la Corteza Orbitofrontal (que juega un importante papel en la toma de decisiones), hasta el Cuerpo Estriado (encargado del sistema de recompensa), se encuentra sobreactivada en aquellos sujetos que muestran un comportamiento adictivo. La segunda es qué, actuando sobre esta región, es posible regular este comportamiento.

Cerebro adiccion
Sección del cerebro de un ratón. En rojo se muestran los circuitos que refuenzan el comportamiento y, en verde, aquellos que refuerzan la decisión de persistir con el mismo. Si la parte verde está muy activa, el ratón autoestimula la zona roja, a pesar de las consecuencias negativas, se vuelve adicto. | Foto: Universidad de Génova.


Antes de continuar, sería de gran utilidad explicar la diferencia existente entre "dependencia" y "adicción", dos términos que suelen confundirse fácilmente. Mientras el primero se refiere a un patrón habitual de conducta, el segundo es una enfermedad crónica que incrementa el deseo de seguir consumiendo una sustancia, o realizar una actividad, a pesar de las objetivas y evidentes consecuencias negativas que ello conlleva, tanto para su salud, como en el aspecto social.

De la misma manera, es importante remarcar qué, a pesar de qué el artículo del equipo de Pascuoli, habla de "drogas", entendidas estas por sustancias ilegales, todo lo referido en el mismo es igualmente aplicable a cualquier sustancia o actividad qué son susceptibles de generar adicción: alcohol, tabaco, cafeína, apostar, sexo, practicar deportes de riesgo.... 

Según los datos aportados en el artículo, sólo una de cada cinco personas que consumen drogas, pasan de un consumo controlado a un uso convulsivo. Christian Lüscher, uno de los encargados de la investigación, realizó las siguientes declaraciones en un comunicado de prensa que se puede encontrar en la web oficial de la Universidad de Génova: "Hoy en día, todavía no sabemos por qué una persona se vuelve adicta a las drogas mientras que otra no, pero gracias a este estudio, sabemos cuáles son las diferencias en la función cerebral entre estas dos categorías", explicó el neurólogo, quien añadió: "La dependencia no conduce necesariamente a la adicción, a la necesidad compulsiva de consumir. Por ejemplo, todos se vuelven dependientes a la heroína desde las primeras inyecciones, pero no todos la consumen de manera compulsiva", sentenció Lüscher.

La adicción está por encima del instinto de supervivencia


En la primera fase del experimento, situaron a los ratones en una zona con acceso a una palanca que, al ser pulsada, estimulaba las mismas áreas del cerebro que se activan al consumir una droga. Cuando el sujeto ya había aprendido esta conducta y acudía a pulsar la palanca con asiduidad, se reprogramaba esta para que le administrase una leve descarga eléctrica. Los resultados mostraron qué únicamente el 40% de los ratones dejaron de pulsar la palanca tras recibir una serie de descargas. Una vez qué se examinó la actividad cerebral de todos los sujetos, se observó qué aquellas ratones que persistían en su comportamiento, a pesar de ser obviamente desadaptativo, tenían sobreactivadas las regiones cerebrales indicadas al inicio del artículo.

Representación de un experimento de condicionamiento
 instrumental con una rata. | Foto en contrada en: Xakata.
Lo expuesto en el párrafo anterior, explica por qué, a pesar de los postulados del Condicionamiento Instrumental, el sujeto persiste en buscar la sustancia, a pesar de qué, tanto a nivel racional, como fisiológico, sabe qué es una conducta que debería evitar.   

La adicción puede ser regulada


Esta serie de descubrimientos pueden ser clave para el tratamiento de adicciones en un futuro. En la segunda fase del experimento, los investigadores inhibieron artificialmente las regiones cerebrales implicadas en la conducta adictiva en aquellos ratones qué seguían pulsando la palanca, comprobando qué, con ello, dejaban de hacerlo. De la misma manera, excitando dichas áreas en los ratones que si que habían inhibido ese comportamiento, volvieron a pulsar compulsivamente la palanca. Esto da esperanzas a la posibilidad de desarrollar en el futuro medicamentos que sean capaces de reducir la conducta adictiva, tal y cómo expresó Pascuoli: "Gracias a este experimento, ya sabemos que circuito causa la adicción y ahora nos será más fácil que causa la ruptura del mismo", aseguró el suizo.

Uno de los puntos a resaltar de esta investigación es que todos los ratones que participaron en el experimento eran genéticamente idénticos, de manera qué cabe preguntarse por qué este circuito cerebral no funcionaba de forma idéntica en todos ellos, pregunta al que el equipo de Pascuoli tratará de dar respuesta en sus siguientes investigaciones. La hipótesis que manejan actualmente es que este diferencia sea debida a factores epigenéticos, esto quiere decir, efectos individuales qué el ambiente y la experiencia ejerce en un determinado organismo.

miércoles, 9 de enero de 2019

El estrés en la infancia acelera la maduración cerebral, pero también aumenta el riesgo de psicopatía

Una reciente investigación ha puesto de manifiesto qué, cuando un niño está continuamente expuesto a situaciones estresante, su cerebro madura más rápido para poder crear mecanismos de defensa ante ese mismo estrés. Este factor incrementa el riesgo de qué, en la edad adulta, muestre un cuadro de psicopatía.

En un estudio conducido en 2018 por el Hospital del Mar de Barcelona, en colaboración con el Parc Taulí de Sabadell, analizó el cerebro de distintas personas diagnosticadas con psicopatía, a través de resonancia magnética, detectando una importante reducción de Sustancia Gris, con respecto a un cerebro estándar, en distintas regiones cerebrales, entre las que destacan el Sistema Frontal-Basal, Temporal Anterior, el Frontal Medial y Cíngulo Posterior, que tienen una especial relevancia en el procesamiento de la estimulación externa, así como con las reacciones sentimentales y comportamentales. Una muy temprana mielinización excesiva y sobreincremento de la Sustancia Blanca podría explicar los resultados encontrados. Cómo dato curioso, estas características son compartidas por aquellas personas que han consumido esteroides por un largo periodo de tiempo.

Psicopatía
Cabe recordar qué se entiende por "psicópata" a aquellas personas con tendencia a un comportamiento antisocial (ya sea a través de actos delictivos, o por un marcado sadismo) sin mostrar síntomas de arrepentimiento por ello.

La literatura científica anterior ya ponía énfasis en qué la experiencia temprana tiene una gran relevancia en la aparición de la psicopatía. El Dr. Jesús Pujol, líder de esta investigación, lo explica de la siguiente forma: "el psicópata puede ser el resultado de un estrés emocional en les primeras fases de la vida, que provoca la hipermaduración de las estructuras del cerebro implicadas en los sentimientos y la toma de decisiones", declaró. 

¿Por qué ocurre esto?


El ser humano tiene una tendencia natural de configurar su imagen de la realidad acorde con la forma que le permita reducir lo máximo posible el estrés y la ansiedad, a modo de mecanismo de autodefensa. Para ello emplea unos atajos mentales, denominados heurísticos, que le ayudan a integrar conclusiones qué, a pesar de ser lógicas, no necesita contrastar empíricamente para convencerse de qué son verdad. Uno de estos mecanismos recibe el nombre de Disonancia Cognitiva, y se activa cuando una persona encuentra una incongruencia con algún esquema mental que tenga integrado, generando una sensación de malestar qué sólo se resolverá cuando se racionaliza la situación (aunque, se insiste, sin necesidad de qué esa explicación sea objetiva). Cuando la situación que genera un alto estrés es continuada en el tiempo (bullying, padres abusivos o negligentes...) aparece igualmente la tendencia a escapar de ese estrés a través de la racionalización y justificación de la situación, cómo por ejemplo se vislumbra en los casos del Síndrome de Estocolmo.

Psicopatía


Estos heurísticos requieren un mínimo de capacidad cerebral que un niño de corta edad puede no poseer. El cerebro humano, qué ya ha demostrado una enorme plasticidad, podría hacer un sobreesfuerzo por madurar más temprano en orden de ayudar a escapar de estas emociones negativas, pero, cómo en cualquier proceso fisiológico, un excesivo sobreesfuerzo en un determinado momento, tiene consecuencias posteriormente.

¿Cuáles son las consecuencias?


el Dr. Pujol explica qué esta sobreaceleración genera una mayor tolerancia al sufrimiento y  capacidad para evadirse de las situaciones adversas, pero añadió qué: "Esto, a la vez, tiene efectos secundarios en forma de falta de escrúpulos y de remordimientos, no tienen freno emocional", aseguró el investigador. En otras palabras, se produce una sobrecompensación. Otras áreas cerebrales no se desarrollan plenamente y esos mecanismos de compensación que permiten evadirse de la realidad y justificar comportamientos catalogados de antisociales funcionan demasiado bien.

Llegado este punto, seguramente las preguntas serían "¿El problema de estas personas es qué no pueden sentir determinadas emociones o, por el contrario, tienen una habilidad exacerbada, así como una tendencia a enmascararlas?", al igual qué "¿Son entonces responsables de sus actos y del daño qué con ellos ocasionan?" Jesús Pujol responde de la siguiente manera: "No afecta a su capacidad de razonamiento, tienen sentimientos, a pesar de parecer fríos emocionalmente. La asociación entre emoción y cognición durante la toma de decisiones está bloqueada, su cerebro se puede catalogar de diferente, anormal, pero son responsables de lo que hacen, de sus actos", explicó.


¿Qué se puede hacer?


Es importante tener claro que la psicopatía no es una enfermedad, así que no tiene cura. Al igual que sucedería con un amplio rango de trastornos mentales, como un TOC, una propensión genética a la ansiedad o a la depresión... una vez que el afectado tome conciencia de su condición, a través de terapia puede aprender técnicas y pautas que le permitan reducir tanto la frecuencia, como los efectos negativos de la sintomatología de su condición.

cerebro psicópata
Comparación de un cerebro normal con el de un psicópata.
| Foto: scienceleadership.org
A pesar de lo expuesto, a nadie se le escapa qué en estos casos podemos hablar de la pescadilla qué se muerde la cola, ya qué las características específicas de este trastorno dificultan la toma de conciencia por parte del afectado. Hay que tener en cuenta qué es muy habitual qué estas personas haga pensar a los demás que son ellos los que tienen un problema, además qué tenderán a rodearse de personas a las que puedan inculcar este creencia.

Incluso en los pocos casos en los que el psicópata acceda a acudir a terapia, este tipo de trastornos también representa un reto especial para el terapeuta, ya que el trabajo de este depende en gran medida del feedback que le aporte el propio paciente, tanto en la descripción de sus síntomas, cómo en el seguimiento de la terapia (si está siguiendo las indicaciones del terapeuta y qué consecuencias está teniendo). Hay que afrontar la dura realidad de qué algunos psicópatas acuden a terapia sólo para aparentar ante su entorno qué "está haciendo algo para mejorar", cuando en realidad está haciendo caso omiso de la misma.

Todo lo expuesto anteriormente es una llamada a la realidad, pero no a la pérdida de esperanza. Algunos estudios han mostrado la eficacia de las terapia cognitivo-conductuales con este tipo de pacientes y en cuanto a la alternativa farmacológica, a falta de un número mayor de ensayos clínicos, parece prometedor. Seguramente estos nuevos descubrimientos aporten una valiosa información acerca de cómo enfrentar esta problemática. 

miércoles, 19 de diciembre de 2018

KiVa. La iniciativa finlandesa qué está consiguiendo acabar con el Bullying

El programa KiVa consiste en la implementación, en distintos centros educativos de herramientas y pautas de actuación para frenar los casos de Bullying y tratar de impedir que surjan nuevos casos. Desde su implementación en Finlandia, en el año 2006, sus resultados están siendo muy positivos.

En el año 2006, el ministerio de educación de Finlandia, ante el evidente fracaso de los programas contra el Bullying que habían puesto en marcha años atrás, contactó con Christina Salmivalli, profesora de la Universidad de Turku y una de las mayores expertas en la temática. A través del análisis de la problemática, Salmivalli y su equipo pusieron en práctica el programa "KiVa", el cual, hasta la fecha, ha conseguido reducir significativamente los episodios de Bullying en las escuelas de su país, así cómo en otros en los que también se ha implementado.

Kiva. Programa contra el Bullying o acoso escolar.
El bullying o acoso escolar es toda intimidación o agresión física, psicológica o sexual contra una persona en edad escolar en forma reiterada. Foto: iStock Photos.


"KiVa", viene del finlandés "kiusaamista vastaan", cuya traducción al castellano sería "Contra el Acoso". Se fundamenta en la idea de qué los programas puestos en práctica con anterioridad, no causaron ningún efecto, o incluso fueron contraproducentes, porque su gran error fue centrarse únicamente en el acosador. La gran propuesta de KiVa consiste en actuar sobre los testigos. El equipo de Salmivalli propone que uno de los factores que más intervienen a la hora de iniciar y mantener el Buylling es el feedback que los acosadores reciben por parte de los testigos de sus actos. En términos de Condicionamiento Instrumental, una vez que los acosadores no reciben aplausos ni atención por sus actos, el acoso pierde su valor de reforzador y se pierde el interés por volver a repetirlo (o iniciarlo). 

¿Cómo funciona KiVa?


El programa KiVa tiene dos líneas de actuación:


  • General (prevención): se trata de lecciones mensuales a tres cursos (primero, cuarto y séptimo), en las qué, según palabras de Salmivalli: "Los estudiantes aprenden sobre las emociones, el respeto en las relaciones, la presión de grupo y lo más importante, sobre lo que ellos podrían hacer para acabar con el bullying. Hacemos varias actividades mediante las que los estudiantes aprenden a apoyar a los compañeros vulnerables y contribuyen a la inclusión de cada uno y al bienestar del grupo", asegura la cofundadora del proyecto.
  • Específicas (actuación): las cuales se ponen en marcha una vez que un caso de Bullying es detectado. Para ello, en los centros en los que se aplica el programa existe lo qué se conoce como un "equipo KiVa", profesores y otros miembros entrenados para responder a este tipo de situaciones. Entre las funciones de este equipo está el tratar el tema, tanto con la víctima, cómo el acosador y seguir le evolución de la problemática, de la misma manera de ponerse en contacto con algunos compañeros de la clase (aquellos considerados cómo los más populares) para animarles a apoyar a la víctima.

Uno de los aspectos a destacar del programa KiVa es que no es un programa que se aplica durante un periodo limitado de tiempo (por ejemplo, un curso escolar), sino qué el centro que lo adopte debe de mantenerlo permanentemente. Esto quiere decir qué los alumnos conviven con esta forma de proceder durante toda su etapa escolar.



Otra interesante particularidad es que el programa cuenta con un juego online, el cual está disponible en su página web, tanto en inglés, como en sueco. En este, el protagonista se va a enfrentando a distintos retos del día a día de una escuela en los que, habitualmente, se sufre Bullying. El jugador tiene que tomar una serie de decisiones y va recibiendo feedback sobre las mismas. Al final tiene que responder a preguntas acerca de su comportamiento con sus compañeros en el aula y si está siguiendo las "normas KiVa".

Christina Salmivalli. Programa Kiva contra el Bullying
Christina Salvimalli. Foto: aka.fi
Pero ¿Qué son las normas KiVa? Así lo explicó Salvimalli en una entrevista concedida Tchin en abril de 2016: "En algunas lecciones los estudiantes adoptan normas que tienen que ver, por ejemplo, con demostrar respeto a otras personas, a no reírse de los demás, a no unirse al bullying cuando sucede o a apoyar a los compañeros que son vulnerables. Por lo que son actitudes que se reflexionan en clase y que después en el juego los estudiantes pueden reflejar", explicó la psicóloga.

Por último. No hay que olvidar qué para cubrir todas las líneas de actuación, se ha de intervenir también fuera del entorno escolar y qué los padres son un elemento esencial tanto en la faceta preventiva, cómo en la actuación. Así lo explica la cofundadora del proyecto: "Evidentemente se mantiene a los padres informados de todas las fases del proyecto y sobre cómo la escuela está abordando el problema. Asimismo, se les proporciona una guía para padres en la que se les explica qué pueden hacer si su hijo/a está involucrado con el bullying, ya sea como actor principal o bien como testigo", declaró Salvimalli.

Resultados


Hasta la fecha, el programa KiVa está siendo empleado en más de 200 colegios de distintos países de Europa y Suramérica,  abarcando más de 30.000 estudiantes. Según los datos publicados, el programa ha conseguido acabar con el Bullying en cerca de un 80% de los casos y se redujo en un 18,5% de las ocasiones.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Siete señales de qué estás siendo demasiado duro contigo mismo y cómo combatirlas

En ocasiones, se sufre más por la presión que nos autoimponemos qué por las circunstancias que vivimos o por la falta de recursos a nuestro alrededor. Estar atentos a una serie de señales puede ayudarnos a identificar si nos encontramos en dicha situación y seguir una sencilla lista de pasos podrá ayudarnos a escapar de ella o mitigar sus consecuencias.

El ser humano tiene una tendencia natural a no juzgarse a sí mismo de la misma manera qué a los demás. Normalmente, esto se traduce en ser más benévolo con uno mismo, como un mecanismo para preservar la autoestima y, en ocasiones, al excederse en esta práctica, se traduce en problemas como narcisismo o lo que se conoce cómo el Síndrome de Pollyanna (optimismo exacerbado y desadaptativo). No obstante, otras personas tienen la tendencia opuesta y acostumbran a juzgarse a uno mismo con una dureza exacerbada. Esto puede ser una auténtica carga para estas personas, bien porque esa pobre impresión sobre ellos mismos les conduzca a la depresión, o bien porque se traduzca en una tendencia al "perfeccionismo" cuyas expectativas irreales se traduzcan igualmente en problemas derivados del estrés y la ansiedad surgidos de esa misma autoexigencia.



Estas personas tienden a racionalizar esa percepción negativa que adoptan de si mismos, de manera qué es difícil qué ellos mismos terminen siendo conscientes de la existencia del problema. Por ello, la psicóloga y escritora Alice Boyes, en un artículo escrito para Psychology Today en octubre de 2018, sugiere siete señales a las que prestar atención y consejos para actuar una vez qué son identificados. Estas son:

1.- Te bombardeas por errores cuyas consecuencias son insignificantes


Muchas veces el problema es qué esos errores y defectos que provocan estas sensaciones son objetivamente ciertos, pero la importancia qué se les da es desmedida. Es completamente imposible no cometer una serie de pequeños fallos en nuestro día a día, por muy cuidadoso que uno sea. Por ejemplo, una persona que siempre sea muy meticulosa a la hora de hacer la compra, tanto para qué los productos no caduquen, cómo para que tengan la mejor relación calidad-precio, puede ocasionalmente comprar una ristra de yogures que termine caducando mucho antes de qué de tiempo a comérselos o no darse cuenta de qué en la bolsa de manzanas ha incluido, por error, una ya podrida.

El consejo que aporta la doctora Boyes para este problema es fijarse un área dentro de la cual es admisible fallar. Por ejemplo, si un determinado error te ha hecho perder una cantidad inferior a 10€ o supone un retraso por debajo de 10 minutos, no considerarlo como tal.

2.- Te sigues lamentando por un error cuyas consecuencias ya has corregido


En este caso, el ejemplo que expone la autora lo explica a la perfección: "Hoy mismo he llamado a una persona por otro nombre en un correo electrónico. Poco después he caído en la cuenta y le he mandado un segundo correo a modo de disculpa, pero tras esto me he seguido siento mal. Es innegable qué es muy desconsiderado cometer un error así y, además, hace un par de semanas me pasó exactamente lo mismo con otra persona, pero a pesar de ello, una vez enmendé el error, debería de permitirme seguir adelante", expuso Boyes.

El sentimiento de culpabilidad tiene una función específica, motivarnos hacia la corrección y ayudarnos a qué el comportamiento no se vuelva a repetir, pero si una vez ha cumplido su función, sus consecuencias negativas persisten, termina siendo algo altamente perjudicial. Por ello hay que entender qué ser capaz de enmendar un error es una competencia admirable cómo hacerlo bien desde el principio.

3.- Siempre le das más importancia a otras cosas qué a ti mismo


Supongamos que tu colchón se ha roto y te provoca una gran incomodidad. Sabes qué tienes qué comprarte otro, pero ese día tienes una serie de responsabilidades y no puedes sacar tiempo para ello. Sin embargo, lo mismo sucede al día siguiente y el siguiente, hasta que ha pasado un año entero y aún no has sacado un hueco para hacer algo importante para tu comodidad y salud. Esto sería una señal de qué no te das la importancia que deberías, con las correspondientes consecuencias que ello tiene para tú salud física y mental.

En el ejemplo del colchón se entiende qué es algo relativamente vital, ya qué una mala calidad de sueño tiene importantes repercusiones sobre la salud, pero esto también puede identificarse con darse un capricho ocasional. Si uno tiene el deseo de ir a un nuevo restaurante que han abierto en la ciudad o de ver una determinada película y en un enorme periodo de tiempo no ha sacado tiempo, es igualmente una señal.

Un buen consejo podría ser establecer un tiempo al día o a la semana como "tiempo para ti" y registrar si se ha cumplido o no. No hay que olvidar qué sentirse bien con uno mismo es un aspecto vital para rendir correctamente en el trabajo y otros aspectos del día a día.

4.- Cuando alguien te trata mal, tiendes a pensar qué es culpa tuya


Puede existir la tendencia a pensar de qué, si alguien llega tarde a una cita, es culpa tuya por no recordárselo, si alguien se enfada contigo es por qué tú has provocado ese enfado, qué si alguien no te ha dicho algo qué es importante qué sepas, es porque no eres una persona con la qué es fácil comunicarse o si alguien te explica algo mal es porque no has sabido interpretarle.

Por supuesto, es completamente posible qué, en momentos concretos, estas conclusiones sean ciertas y sea bueno saber reconocerlo y actuar en consecuencia, pero si se adoptan cómo hábito, seguramente exista un problema. Cuando existen conflictos y malentendidos entre dos o más personas, difícilmente el 100% de la culpa es de una de las partes y es recomendable examinar más detenidamente los hechos para saber qué porcentaje de culpa te corresponde.

En cualquier caso, ante este tipo de situaciones, siempre será recomendable, de una forma asertiva,  pedir explicaciones de por qué la otra persona te está tratando así, a través de ese diálogo, se podrá descubrir que se ha tenido mayor o menor porcentaje de culpa, pero siempre será de ayuda para mejorar la calidad de la relación que se tenga con esa persona y preveer lo qué pueda pasar una vez que te puedas enfrentar ante una situación similar.

5.-  Siempre te esfuerzas al máximo


Dicho así, uno puede pensar qué dar lo máximo de uno mismo en cualquier aspecto, es algo positivo y admirable. No obstante, aunque parezca una obviedad, la capacidad humana es limitada y no saber escoger el esfuerzo necesario que dedicarle a cada tarea, puede provocar qué se gasten recursos en tareas que no lo requieran y no queden energías para otras tareas qué si. Además, existe la posibilidad de qué, al verse uno mismo sin la energía suficiente para llevar a cabo dichas tareas, se culpe a uno mismo por no tener la habilidad requerida.



Cómo todo, dicho así parece muy fácil, pero si una persona se encuentra en esa espiral seguramente es porque no es capaz de distinguir qué situaciones requieren de ese esfuerzo extra y cuáles no. Un consejo para identificarlas sería hacer la prueba, en alguna ocasiones, de no hacer ese esfuerzo y valorar el impacto que ello conlleve. Por supuesto, esta valoración se ha de llevar con las herramientas proporcionadas en anteriores ejemplos que garanticen objetividad.

6.- Consideras qué tu vida es un fracaso, a pesar de una fuerte evidencia en contra


Este problema suele deberse a qué se le preste mucha más atención a los aspectos negativos que a los positivos de la propia vida. En muchas ocasiones, el problema no está en no saber reconocer las propias habilidades, sino en restarles mérito.

Un consejo ante esto es tratar de averiguar cómo los demás valoran tu vida y tratar de pensar si se percibiera una vida similar en otra persona, cómo se valoraría.


7.- Eres más benévolo al juzgar los errores de los más que los propios


En el día a día es habitual cometer errores "tontos", cómo tocar la puerta del horno, aún sabiendo qué está encendido o derramarse la bebida encima. Cuando observamos estos errores en otras personas, normalmente no le damos importancia, ni pensamos qué esos fallos se deben a factores permanentes de la persona. No obstante, puede suceder qué, cuando nos pasa a nosotros mismos, se vea desde una perspectiva muy distinta.

El consejo que aporta Boyes ante esta situación es pensar en qué le dirías a una persona qué ha cometido el mismo error qué acabas de cometer y decírtelo a ti mismo.

Conclusión


Ser demasiado perfeccionista es una estrategia contraproducente, ya que ello conlleva un estrés que termina siendo perjudicial para la propia toma de decisiones, además de los problemas de salud que ello puede acarrear. Tanto si crees qué este puede ser tu caso, como si no, seguir esta serie de sencillas pautas puede ayudarte a mejorar tu calidad de vida.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

¿Por qué unas personas se orientan mejor que otras?

Nuevos estudios indican qué existen factores mucho más relevantes que las diferencias de género en cuanto a la habilidad de orientarse.

Siempre ha existido la creencia de qué, en líneas generales, los hombres tienen mejor habilidad para la orientación de las mujeres. Esta creencia ha sido alimentada por diferencias anatómicas encontradas entre el cerebro de ambos. Posteriores investigaciones ponían en evidencia qué su procedimiento para orientarse acostumbra a ser distinto, ya que mientras los hombres acostumbran a crear mentalmente mapas bidimensionales, las mujeres se guían por rutas y puntos de referencia. Esta diferenciación podría tener una explicación evolutiva por la diferenciación del trabajo en los inicios de la sociedad humana, dónde los hombres se encargaban de la caza y la mujer de la recolección. Teniendo en cuenta qué los animales iban a la carrera y trataban de esconderse y qué los productos agrícolas siempre permanecían en el mismo sitio, en cada uno de los casos citados, dicha manera de orientarse parece la más adecuada para cada uno de los casos y, entrenarlas pudo haber supuesto las diferencias cerebrales mencionadas en las presentes generaciones.

orientación


A pesar de lo expuesto en el párrafo anterior, no hay evidencia de qué realmente haya diferencias significativas de género en cuanto a la calidad de la capacidad de orientación y, aún aceptando la diferenciación de la metodología, tampoco podría decirse qué una fuese mejor que otra, ya que ambas pueden ser útiles para orientarse efectivamente. Todo esto llevó a los psicólogos a Steve Weisberg y Nora Newcombe a desarrollar, en 2018, un experimento para conocer otras variables que podrían afectar a la capacidad de orientación más allá del género.

El experimento Weisberg Newcombe


En la primera fase del experimento, le pidieron a los participantes que recorrieran, a través de un programa de Realidad Virtual, un campus dotado de varios caminos y edificicios. En esta etapa, los participantes realizaban cuatro rutas, en las dos primeras, los participantes caminaban por rutas principales, las cuales nunca se cruzaban, a la vez que aprendían los nombres de los distintos edificios que componían el campus. En las dos restantes, estas vías principales se cruzaban. Esta primera fase no ofrecía ningún dato, simplemente valía para qué los sujetos creasen su mapa mental, asegurándose los experimentadores, al ser un entorno virtual, de qué se tratase de un área  desconocida previamente por los sujetos, proporcionando tantos puntos de referencia (distintos edificios con distintas características y nombres), así como referencias espaciales (las distintas vías y sus intersecciones).



La fase experimental de por sí, consistía en dos tareas distintas:


  • En la primera fase, los sujetos volvían a acceder al entorno virtual, siendo situados en frente de un edificio y teniendo que señalar, desde su posición actual, la dirección por la que se llegaría a otros edificios.
  • En la segunda, se les mostró un plano del campus y se les pedía situar iconos en el edificio adecuado.
Cómo puede apreciarse, a lo largo de todas estas tareas, se miden ambas formas de orientarse, ya sea por mapeo, como por reconocimiento de puntos de referencia. 

Resultados


La concepción clásica era qué cualquier persona, para tratar de orientarse, emplean, o bien una de las técnicas citadas, o bien la otra, existiendo, por así decirlo, únicamente dos tipos de personas en cuanto a su orientación. No obstante, tras los resultados obtenidos por Newsberg y Newcombe, estos experimentadores proponen que ambas técnicas interactúan y qué, dependiendo del grado de habilidad en cada uno de ellos, se pueden generar tres tipos de orientadores:

  • Integradores: son aquellos que son bastante hábiles tanto en el mapeo, así como en el reconocimiento de puntos de referencia.
  • No integradores: personas que se muestran habilidosos con los puntos de referencia, pero no con el mapeo.
  • Navegadores imprecisos: aquellos que muestran un desempeño muy pobre con ambas técnicas.
De esta clasificación se deduce que la investigación no encontró a personas qué, teniendo un desempeño pobre con puntos de referencia, puntuasen alto en mapeo.

Conclusiones


Todavía hay que realizar una investigación más exhaustiva para obtener evidencia empírica, pero los investigadores de este experimento han propuesto distintas hipótesis para tratar de explicar sus resultados:

  • Motivación: lo primero que plantearon es qué, al desarrollarse el experimento en un entorno virtual y qué, en consecuencia, perderse no tendría auténticas consecuencias, cómo sucedería en la vida real, los resultados de aquellos que mostraron un rendimiento más pobre podría haber sido, por falta de motivación hacia el rendimiento de la tarea. Para controlar esto, repitieron el experimento ofreciendo una recompensa económica a quienes realizasen la tarea correctamente, pero esto no varió los resultados encontrados. Tampoco hay que olvidarse que, al saber que su desempeño estaba siendo examinado, incluso cuando no se ofrecía incentivo económico, podría estar ejerciendo efecto la "Facilitación Social". 
  • Ansiedad: otra de las hipótesis fue que a aquellas personas que han tenido malas experiencias en el pasado con su capacidad de orientación, les puede generar ansiedad el miedo a volver a fracasar en dicha tarea. Efectivamente, aquellos a los que el experimento catalogó de "navegadores imprecisos" declararon, en gran parte, sentir ansiedad cuando tienen que llegar a un sitio en el que no han estado nunca. Este estado puede empobrecer sus habilidades cognitivas.
  • Habilidades cognitivas: aquellos que fueron catalogados como "integradores" también mostraron mejor desempeño en tareas de rotación mental o en responder a si dos objetos son iguales sin necesidad de manipularlos.
  • Patrones de personalidad: analizando los cinco grandes rasgos de personalidad, se observó que los integradores puntuaban alto en "apertura a la experiencia", "extraversión" y "responsabilidad".
Atendiendo a estos factores, puede entenderse que, por una parte, existe una habilidad innata que facilita el poseer una buena orientación, pero algunas de las características señaladas incitan a ejercitar o no dicha habilidad. Aquellas personas a las que le guste salir y conocer sitios nuevos, practican a menudo esta tarea e, independientemente del factor biológico, cualquier tarea que se repita, se mejora y se afianza. Por el otro lado, personas a las que tratar de orientarse le genere sentimientos negativos y, además no esté interesado en salir y conocer sitios nuevos, no pueden mejorar en esta habilidad por la falta de práctica, en consecuencia, en caso de qué una persona desee mejorar en su desempeño, podría ser recomendable que trabajase igualmente en dichas variables.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Mitos y realidades sobre el Síndrome de Estocolmo

A pesar de ser uno de los fenómenos psicológicos más famosos de la historia, a día de hoy no hay evidencia empírica de qué el síndrome de Estocolmo exista.

Una de las grandes particularidades que envuelven a la psicología, es que, a pesar de qué, como ciencia, sus postulados se basan en el empiricismo, aquellos autores y obras que se han apropiado de su nombre sin usar el método científico, han conseguido mayor renombre que muchos científicos que han realizado numerosos y valiosos aportes a la misma. Sirva como claro ejemplo la figura de Sigmund Freud, a quien se le considera el psicólogo más famoso de la historia, a pesar de qué, por definición, jamás lo fue, o la manera en la que técnicas psicodinámicas como el Test de Rorschach son más conocidas que cualquier método terapéutico con respaldo empírico. De esta manera, es habitual que algunos trastornos psicológicos cuya veracidad no está objetivamente demostrada sean más conocidos que otros contrastados, un ejemplo de ello es el del "Síndrome de Estocolmo", el cual es de dominio público y se le suele hacer referencia en distintas obras literarias y películas, a pesar de qué los principales manuales diagnóstico (DSM y CIE) no hacen ninguna referencia al mismo, precisamente por su falta de respaldo empírico.

Si uno le pregunta a Google acerca de qué es el Síndrome de Estocolmo, el programa le responde: "Trastorno psicólogico temporal que aparece en la persona que ha sido secuestrada y que consiste en mostrarse comprensivo y benevolente con la conducta de los secuestradores e identificarse progresivamente con sus ideas, ya sea durante el secuestro o tras ser liberada". Otros teóricos han propuesto que este síndrome no se presentaría únicamente en una situación de secuestro, sino en otros escenarios que impliquen sometimiento, cómo puede ser una relación de pareja o paternofilial en el que se presente un continuado maltrato físico y/o psicológico. De la misma manera, se postula que algunas sectas se aprovechan también de este fenómeno psicológico para fidelizar adeptos.

El Robo de Norrmalmstorg y el el secuestro de Patricia Hearst


El nombre de este síndrome se debe al psiquiatra Nils Bejerot, tras lo acontecido en el año 1973 en lo qué se conoce como "el robo de Norrmalmstorg".  El 23 de agosto de dicho año, en el que un excombicto, llamado Jan Olsson entró en el Banco de Crédito de Estocolmo, ejecutando un disparo al techo y tomando de rehenes a todos lo qué se encontraban allí. Entre las exigencias de Olsson se encontraba la puesta en liberación de Clark Oloffson, con quien había coincidido en prisión y era considerado uno de los delincuentes más peligrosos del país. Las autoridades suecas accedieron a esta petición y a que Oloffson entrase en el edificio junto con el secuestrador para garantizar la supervivencia de los rehenes. Tras seis días de secuestro, en los que los secuestradores amenazaron continuamente con matar a los rehenes, llegando a ponerles una soga al cuello, las autoridades,  empleando gas lacrimógeno, lograron capturar a los dos delincuentes sin que ellos, o ninguno de los rehenes sufriera daños físicos.

Síndrome de Estocolmo
Fotografía cedida por la Policía, que muestra a los empleados del Kreditbanken con su secuestrador, Clark Olofssonen el sótano del banco, en Norrmalmstorg, en Estocolmo, Suecia, el 23 de agosto de 1973.


El hecho de qué este atraco pasase a los anales de la historia fue por lo que aconteció cuando se le tomó declaración a los rehenes, una vez que finalizó la experiencia. Sven, uno de ellos, declaró que sentía gratitud hacia sus secuestradores, a pesar de qué uno de ellos llegó a amenazarle con dispararle en la pierna para demostrarle a las autoridades qué iba en serio. Pero el caso más famoso es el de Kristin Enmark, mujer que tenía por aquel entonces 23 años, quien llegó a ofrecerle a Oloffson acompañarle a un viaje a cambio de qué soltase al resto de los rehenes. Una vez finalizada la experiencia declaró qué confiaba plenamente en sus captores, pero que no confiaba en las fuerzas de seguridad por si empleaban algún método violento. Lo cierto es que en una entrevista realizada a la BBC en el año 2016 (43 años después), Enmark confesó qué seguía en contacto con Oloffson. En dicha entrevista la mujer declaró lo siguiente "Confío plenamente en él. Viajaría con él por todo el mundo", afirmó a la cadena británica.

En el juicio hacia Oloffson y Olssen, ambos declararon que no culminaron su amenaza de matar a los rehenes porque "ahora eran sus amigos". Claro está, siempre existe la duda razonable de qué esas declaraciones se debieran al deseo de reducir su condena, que finalmente fue de 10 años para Olssen y 6 para Oloffson.
Síndrome de Estocolmo
Imagen cedida por el FBI del atraco perpetuado
por Hearst el 17 de Abril de 1974.
Al año siguiente de lo sucedido en la capital sueca, Patricia Hearst nieta del magnate millonario William Hearst, fue secuestrada por el Ejército Simbionés de Liberación, quien exigió a su familia que donase 6 millones de dólares a beneficiencia para su liberación. La familia cumplió dicha petición, pero Patricia no volvió a casa. Pocos meses después, recibieron una grabación en el que la chica les decía qué había decidido quedarse a luchar por la causa del Ejército Simbionés de Liberación y decidía cambiar su nombre por el de "Tania". No pasó mucho tiempo hasta que fue fotografiada tomando parte en el atraco a un banco, como parte del mismo colectivo por el que había sido secuestrada.

Un año después fue detenida. Allí reveló que había sido encerrada, vendada y abusada física y sexualmente durante meses, a la vez que era aleccionada sobre los ideales del grupo. Según su propia autobiogafía, el ansia de  supervivencia le hizo adoptar esa misma ideología.

¿Qué es el Síndrome de Estocolmo?


Bejerot fue asesor de la policía durante el Robo de Norrmalmstorg y tuvo la oportunidad de entrevistar tanto a los secuestradores, como a los rehenes y ello le llevó a proponer la existencia del síndrome que hoy nos ocupa. Según el mismo, para que este se desencadene, debería de darse la siguiente serie de circunstancias:


  • Que la víctima viva en una situación en la que esté retenida.
  • Qué se produzca un aislamiento de estímulos, por el cual el secuestrador termine siendo el único referente de emergencia y la única fuente de información.
  • Qué se produzca un "corpus ideológico", entendido esto como valores y cogniciones recubierto de un argumento concreto, ya sea político, religioso, social... que justifique la conducta de los secuestradores.
  • Qué exista contacto directo entre secuestrador y víctima, lo cual permita a esta última escuchar sus argumentos y motivaciones.
  • Qué la víctima presente un patrón de personalidad de pobre referencia interna y escasa habilidad de resolución de problemas. En términos más coloquiales, que sea una persona dependiente.
  • Qué la víctima genere inicialmente unas expectativas de peligro y estas se vayan diluyendo debido al comportamiento del secuestrador.

El psiquiatra hace otras matizaciones, tales cómo qué, en el caso de qué el secuestrador haga uso de la violencia física, será menos probable qué este fenómeno se produzca, además de qué (cómo se puede sobreentender del sexto punto antes señalado), qué muchos de estos factores son interpretados por la víctima de manera puramente subjetiva.

Cultura popular


Existen obras, algunas escritas con anterioridad a la hipótesis de Bejerot, que describen un proceso similar. Por ejemplo, en 1903, el autor catalán Mariá Vayera escribó una de sus obras más célebres "La Punyalada", que se centra en un joven que mantiene durante años una fuerte relación de amistad con otra persona que continuamente abusa de su autoridad sobre él.

Síndrome de Estocolmo
Imagen encontrada en cecyac.blogspot.com
El caso más famoso al que se suele hacer referencia es el de "La Bella y la Bestia", antiguo cuento de  hadas francés que alcanzó enorme popularidad cuando la productora "Walt Disney" realizó un largometraje animado del mismo en 1995. En esta historia (habiendo muchísimas variaciones en distintas versiones del cuento), una joven es retenida en un castillo encantado, cuyo dueño se ha convertido en una bestia quien la tiene presa. El pueblo marcha para allá para rescatarle, pero al llegar allí, la mujer se ha enamorado de su captor y trata de defenderle.

Por citar un caso mucho más reciente, la serie española "La Casa de Papel" (2017) alcanzó una gran repercusión internacional. En esta serie, un equipo atraca durante varias días una fábrica de monedas. A lo largo del atraco, surge un romance entre una de las trabajadores y uno de los secuestradores, quien teme que la atracción que siente ella hacia él se deba al "Síndrome de Estocolmo".

Pero entonces ¿Existe el Síndrome de Estocolmo? 


En julio de 2018 la revista "Clínica y Salud" publicó una revisión bibliográfica sobre el tema por parte de Lucía Ester Rizo-Martínez, de la Universidad de Guadalajara (Méjico). En ella queda patente que sigue existiendo un gran desacuerdo entre distintos autores acerca de si este síndrome es real o los fenómenos descritos pueden ser explicados por otros fenómenos. Incluso algunos trabajos aseguran que la incidencia estadística de este tipo de comportamientos ante estas situaciones, lo hace más una excepción que una regla.

Síndrome de Estocolmo
Fragmento de la serie "La Casa de Papel" (Alex Pina, 2017)

Llegados a este punto, la pregunta que podría hacerse es "Si el Síndrome de Estocolmo no es un proceso psicológico por él solo ¿Qué podría explicar lo sucedido en estos casos?" A continuación explicamos las principales teorías.


  • Trastorno por Estrés Postraumático Complejo (TEPC): el Trastorno de Estrés Postraumático es un fenómeno psicológico bastante estudiado, sobretodo después de lo acontecido después de la II G.M., básicamente describe una serie de síntomas que suelen ser comunes a personas que, en un momento específico de su vida, se han visto expuestos a una situación altamente estresante y amenazadora. No obstante, en aquellos a los que dicha situación se le ha prolongado durante un periodo importante de su vida, se ha observado una sintomatología propia, que ha obligado a diferenciarlos en otro criterio diagnóstico que se denomina "Trastorno de Estrés Postraumático Complejo". Entre estos síntomas propios se encuentran el presentar serios problemas para generar vínculos emocionales y alteraciones en la percepción y la conciencia, siendo habitual también que sus esquemas y sistemas de creencias se ven muy afectados desfavorablemente, llegando a convencerse, habitualmente, de que se merecieron pasar por dicha experiencia. Las situaciones que desencadenan lo que se denomina "Síndrome de Estocolmo" son suficientemente devastadoras y prolongadas en el tiempo como para que genere este tipo de trastorno. Esto ha llevado a algunos autores a pensar que aquellas personas a las que se les ha atribuído dicho síndrome, en realidad están padeciendo TEPC y el vínculo generado con el agresor es consecuencia de la reestructuración congnitiva que genera.
  • Disonancia Cognitiva: cuando nos vemos atrapados en una situación amenazadora, nuestro organismo genera sensaciones desagradables, tales como aceleración del ritmo cardíaco y respiratorio para qué, de esa manera, por una parte se genere el deseo de escapar y, por otra, tengamos mayor capacidad de hacerlo (en términos físicos, se entiende). No obstante, esto está diseñado para situaciones de corta duración (escapar de un depredador en la selva). El organismo no está preparado para mantener ese nivel de actividad un largo periodo de tiempo (de la misma forma que un coche puede ir a 400Km/h, pero si mantiene esa velocidad por un tiempo muy prolongado, será mucho más probable que produzca una avería que si va a una velocidad normal), de manera que, igualmente como mecanismo de autodefensa, cuando se intuye que no se puede escapar de la situación amenazante, nuestro cerebro tiende a racionalizarla para concebirla como no amenazante y que ello detenga la respuesta fisiológica. A este proceso se le conoce como "Disonancia Cognitiva". El ser humano, además, tiene una tendencia natural a reafirmar sus propios esquemas, así que una vez se haya adoptado este nuevo enfoque sobre la situación, buscará inconscientemente más y más argumentos que lo reafirmen. 

En resumidas cuentas, nadie puede pasar por una experiencia de este tipo (secuestro, abusos, esclavitud...) sin que tenga repercusiones psicológicas y es innegable que adaptarse a las demandas del medio es un mecanismo de supervivencia que se activa de manera inconsciente. No obstante, la evidencia que se tiene a día de hoy es insuficiente cómo para asegurar que la propuesta de Bejerot pueda deberse a un fenómeno psicológico independiente.

miércoles, 24 de octubre de 2018

Los médicos estornudan y los psicólogos se estresan

Una carta de una psicóloga describiendo sus problemas con la ansiedad reabre el debate acerca de la falta de empatía por terceras personas a qué psicólogos puedan tener el mismo tipo de problemas qué la gente que acude a ellos y la autocensura que puede aparecer en los propios profesionales de la salud cuando se ven en estas situaciones.

En julio del año 2017, a través del portal "Rasgo Latente", la psicóloga social comunitaria Iria Reguera Vigo publicó un artículo denominado "Soy psicóloga y sufro ansiedad", en el cual describe la experiencia vivida, desde un año atrás, en el que identificó en ella misma síntomas de un Trastorno de Ansiedad Generalizada y la manera en la que, al sucederle esto siendo ella una profesional de la Psicología, incidió tanto en la manera de lidiar ella misma con el problema, así como en la percepción de los demás hacia el problema.

Psicologo ansiedad
 La propia Reguera, quien asegura haber sido capaz de ayudar a amigos personales con problemas similares (cabe destacar que, debido a su especialidad, no trata profesionalmente este tipo de trastornos), emplea la expresión "En casa del herrero, cuchillo de palo", para hacer alusión de qué, a pesar de los conocimientos adquiridos durante sus años de estudio, se enfrentó a la mismas dificultades y procesos de autocensura y negación que muchos otros pacientes, incluso confiesa que le costó ser responsable con las indicaciones del médico debido a esto.

Para Iria el problema, en cierto sentido, ha sido doble, puesto que también ha tenido que vivir el estigma de que la gente pudiera poner en entredicho su capacidad cómo profesional al haber caído en uno de los problemas a los que supuestamente le han instruido para evitar. Si bien es cierto que el problema añadido de tener que disimular el padecer cualquier trastorno para no parecer débil es compartido por todos, para los profesionales de la salud puede estar magnificado, incluso para en lo referente a su autoestima, ya que esa concepción de que si padeces un trastorno era "un mal psicólogo", puede ser compartido por él mismo.

La metáfora del médico y el resfriado


Muchos psicólogos, desde el mismo momento en el que comienzan a estudiar, aseguran verse sometidos una y otra vez a las mismas situaciones estereotipadas, tales como pedir consultas gratuitas, la personas que piensan que los psicólogos son capaces de hasta leer la mente, en la misma proporción de los que tachan con vehemencia la ciencia psicológica de superchería y, por supuesto, aquellos que replican la escasa habilidad del psicólogo que en cualquier momento se muestra ansioso, estresado o muestra una expresión exacerbada. Ante este caso, el argumento más repetido es la metáfora con el médico, con la frase "los médicos también enferman".

¿Cómo es posible entonces qué un profesional de la psicología no sea capaz de prevenir, identificar y tratar un trastorno cuando le está sucediendo a él mismo? Para responder a esta pregunta, lo primero que hay que tener claro es la diferencia entre "síntoma" y "enfermedad". Una persona puede estornudar a consecuencia de un resfriado, pero igualmente lo puede hacer también a consecuencia de una alergia o que algo de pimienta se haya introducido en sus fosas nasales. De manera qué el mero echo de estornudar no es señal inequívoca de estar resfriado. Cuando se intenta saber si la persona que ha estornudado padece de un resfriado, al médico no le basta con mirar a la persona, sino que necesita realizar una serie de preguntas y pruebas para descartar el resto de posibilidades y confirmar la hipótesis.

Imaginemos ahora que la persona qué ha estornudado es el propio médico ¿Por el mero hecho de haber sido él, sería capaz de identificar, sólo con su ocurrencia si se trata o no de un resfriado? No. Igualmente debería de inspeccionar el ambiente en el que se encontraba, conocer los antecedentes y obtener determinadas pruebas. Siguiendo con este ejemplo, algunas pruebas médicas y procedimientos no pueden ser autoaplicadas, ni siquiera, por personas que saben cómo hacerlas. Por ejemplo, que un cirujano sepa cómo extirpar un apéndice, no quiere decir qué pueda (ni mucho menos que sea recomendable) extirpárselo él mismo, ya no por cuestión logística, sino también porque circunstancias como la anestesia provocan que posea la misma capacidad a un lado u otro de la mesa de operaciones.

Un médico puede saber cómo prevenir el resfriado y tomar medidas para evitar que esto pase, pero esos hábitos de vida sólo reducen la probabilidad de contraer la enfermedad, no son una garantía del 100%. De la misma manera, por mucho que condicione sus hábitos de vida, no hay nada en su mano que le impida padecer una alergia (pero si tomar medidas para que el impacto que dicha condición tenga en su vida sea lo menos nociva posible). De la misma manera, un profesional de la psicología conoce hábitos para tratar de prevenir situaciones estresantes, pero no hay que olvidar que estar las 24 horas del día pendiente de ello puede suponer, ya de por si, una situación estresante y al igual que el resto de personas, lo que está en su mano, es limitado. Por otro lado, al igual que en el caso de la alergia, hay circunstancias, cómo padecer una propensión genética a la depresión o a la ansiedad, que no pueden ser evitadas ni curadas y lo único que está en la mano quien lo padece es aprender a actuar de una forma en que esta condición le sea lo menos perjudicial posible. En otras palabras, estudiar cualquier ciencia de la salud, no altera ni tu sistema inmune, ni la forma en la que trabaja tu cerebro.

Cómo se ha mencionado en el párrafo anterior, para saber si un síntoma es causa de una determinada enfermedad, es necesario realizar determinadas pruebas diagnósticas y, en muchos casos, estas no son autoaplicables. En el caso del diagnóstico psicológico esta tarea no es más sencilla. Aunque en muchos casos no es necesario el empleo de tecnología, exteriorizar ante un profesional la vivencia de los síntomas y las circunstancias adyacentes puede dar resultados muchos más prácticos que la mera autoinspección.

Conclusión


La única manera de romper con el estigma social asociado a episodios circunstanciales de estrés o ansiedad, así como de determinados trastornos es la de conciencias y, ante todo, normalizar, cómo está normalizado el padecer un resfriado o una condición congénita como puede ser la diabetes. Son las personas en estas situaciones las que tienen que luchar por tener voz y contar sus experiencias para alcanzar esa normalización. De la misma manera, es importante que investigadores y otros profesionales inicien estas campañas de concienciación. En resumidas cuentas, que los propios profesionales normalicen su propia situación es un aspecto fundamental para avanzar en esta materia.